miércoles, 21 de diciembre de 2011

Amarte así… Capítulo 15

Llegamos al final de esta historia. Disfrutenlo! :)






El gris de la carretera dibujando su melena…
Entre la vida y la muerte se piensa tan diferente…
Y la luz se le apagó…

A los lejos oyó tantas voces, tantos sonidos, demasiada bulla. Y de pronto lo sintió…sintió el dolor lacerante…y recordó.

Intentó abrir los ojos desesperadamente pero no pudo…

-       La mascarilla de oxigeno…rápido!
-       Si, aquí está! –sintió como la colocaban en su rostro y se obligó a respirar.
-       Respira…respira. Rápido! A la clínica más cercana! –sintió una cálida mano en su cuello-. Sus latidos están regularizándose. De todas formas necesita atención. Ha perdido demasiada sangre.
-       Vamos!

Oyó como el vehículo arrancaba a velocidad espeluznante. Y aunque quiso despertar, quiso moverse y reaccionar no pudo. No podía. ¿Dónde estaba ella…?

-       Cómo está su esposa?
-       Hasta donde supe se divorciaron hace un tiempo. Bueno eso creí leer en los tabloides…
-       No me importa su vida personal, solo quiero saber…
-       Ok, ok, no te exaltes, preciosa.
-       Cómo está su esposa?
-       Lo que Andrew me dijo fue que se la llevaron en la primera ambulancia. Ella si estaba grave. Se llevó la peor parte.

Se le apagó la luz, tembló
y no llega la camilla, luché buscando una salida
para ir a escuchar su corazón

No, Dios! No! Tenía que ir con ella, debía estar con ella. No podía permitir que todo terminara así. Debía reaccionar…

-       Dios! Por qué cada día hay gente más loca en la calle? –mirando detenidamente a su paciente y suspirando pesadamente.
-       No debes tener miedo, yo te cuidaré…siempre –sonriendo cálidamente.
-       Gracias –dudó un momento antes de continuar pero lo hizo, no quería perder tiempo-. Después de terminar nuestro turno vamos a casa. Quiero estar contigo todo lo que resta de la noche, Alexandra.
-       Claro, princesa.

Con las manos confundidas
no me mantengo en pie
no llego hasta la niña de mi vida…

El típico sonido de las sirenas le taladraba el cerebro y aumentaba su impotencia al no poder controlar su cuerpo. Intentó tranquilizarse, tomó aire e intentó abrir los ojos. La luz del vehículo la cegó momentáneamente y parpadeó para mitigar la molestia.

-       Está reaccionando –dijo la rubia.
-       Si –sonriendo la morena.
-       Señora Volkova me oye?
Yulia miró a la joven rubia que estaba a su derecha y asintió con los ojos.
-       No se preocupe, todo está controlado. Estamos dirigiéndonos a la clínica que indica su carnet de seguro. Ellos ya la están esperando. Hemos estabilizado su estado y todo estará bien.
-       Lena…
Había sido tan solo un leve susurró y ambas chicas habrían podido hacer como si no hubieran oído pero al notar la desesperación en la mirada de la ojiazul, se miraron con angustia y fue la morena quien le respondió amablemente.
-       Su esposa también se dirige hacia el mismo lugar. Está siendo muy bien atendida no se preocupe. Tómelo con calma.
-       No…
-       Por favor, no se exalte. Todo está bien.

Quiso protestar pero no pudo. El cansancio y el dolor hicieron mella en ella y volvió a perder la conciencia.

Porque no habla no entiendo
hace un momento me iba diciendo
no corras tanto que tengo miedo.

Le tocaba guardia hasta el día siguiente y menos mal el día no pintaba tan mal, porque si no estaría cayéndose del cansancio. Metió dos monedas a la máquina de café y esta empezó a preparar un cappuccino con extra de leche.
-       Nada mejor que un buen café caliente para esta fría noche, no doctora Gólubev?
-       Hey, Katia! Qué tal la operación del 401? Todo bien?
-       Sí, todo bien Masha.
-       Ese niño ya es caserito, no? Esta vez que fue? –mientras recogía su vaso y  seguía a su amiga hacia la recepción.
-       Pues que metió la mano al tomacorriente y recibió una descarga fuertísima. De milagro lo único que le quedará es una bonita marca de quemadura en la mano. Ese café huele muy bien…
-       Abran paso! Abran paso!

La ambulancia volaba
entre la vida y la muerte, pensaba
que echaba tanto de menos su casa.

Ambas se alertaron y apresuraron el paso hacia la recepción. Al ver que la camilla ingresaba a toda velocidad, se acercaron:

-       Qué pasó, Pavel? –preguntó Masha-. Dios mío! Elena Katina! –reconociendo a su compañera de estudios.
-       Si doctora Gólubev. Hubo un tiroteo y esta señorita recibió un disparo. Está muy mal… -mirando tristemente a la pelirroja-. Su esposa llega en la siguiente ambulancia.
-       Directo a cirugía! Katia por favor, quédate aquí y espera la siguiente ambulancia. Vamos! –y antes de salir corriendo con la camilla y con el joven paramédico, le dejó su vaso a su amiga, quien se quedó algo sorprendida al verse dejada atrás.

Segundos después entraba la compañera de Pavel, Ania, totalmente agitada.

-       Ania! Qué pasó? –preguntó Katia acercándose a la joven.
-       Pues doctora no sabe que lio hay en el centro de la ciudad. Hubo un tiroteo después de la conferencia de la heredera Yulia Volkova. No tengo la información precisa pero sé que tanto ella como su esposa –señalando con la cabeza el lugar por donde se habían llevado a Lena- resultaron heridas. Pero la peor parte se la llevó la señorita Katina. Yo dudo que…hicimos lo que pudimos con Pavel, pero tuvo un paro y… -se le quebró la voz.
-       No digas eso. Sé que hicieron lo mejor posible. Ahora está con Masha y ella no dejará que nada le pase. Al parecer la conoce –recordando la reacción de su compañera al ver a la chica.
-       Oh Dios! Y eso no es todo, al parecer los delincuentes murieron. Ellos vendrán en la tercera ambulancia.
-       Si entiendo -bebió un sorbo de su café y sintió el exceso de leche en la bebida. Típico de Masha, pensó-. Creo que estás algo baja en presión, Ania, tómate esto –dándole la bebida.
-       Gracias doctora, es muy amable. Iré a los vestidores a descansar un poco, ha sido una noche espantosa y necesito tranquilizarme.
-       Claro, yo esperaré a la siguiente ambulancia –oyendo ya a lo lejos el particular sonido del vehículo-. Creo no tendré que esperar mucho –sonriendo.
-       Necesita algo doctora?
-       No te preocupes, ve a descansar.

Minutos después la heredera de los Volkov era ingresa a emergencias y Katia hizo lo que sabía: salvar vidas.

Amarga risa en la cama
imagina que es una diana
con todas esas agujas clavadas.

-       Rayos! No!
-       Su corazón sigue detenido doctora!
-       No! No! No te vas a ir Katina!
-       Doctora!
-       Prepara todo! No se puede detener más tiempo! –empezó con las masajes manuales mientras todo el equipo médico preparaba todo-. Vamos! Vamos quédate con nosotros, Lena! Vamos!
-       Doctora todo listo! –dándole los equipos a Masha.
-       1…2…3…Vamos! –y aplicó el primer toque.

El cuerpo de la pelirroja se estremeció en la camilla pero su corazón seguía detenido…

Mientras todos miraron el monitor de latidos. Nada…Masha esperó unos segundos y volvió a prepararse.

-       De nuevo! 1…2…3… -segundo toque.

Nada…el corazón a veces se rinde…a veces simplemente ha tenido suficiente…

Bromea sobre su suerte…
le hace sentirse más fuerte…
entre la vida y la muerte se piensa tan diferente…

-       Vamos Lena! No vas a ser la primera que tenga que mandar a los del sótano, –haciendo referencia a la morgue- nadie sale de mi quirófano con los pies por delante! 1…2…3… vamos!

Y la luz se le apagó, y su voz se le apagó…

-       Por favor! Por favor, donde están Yulia Volkova y Elena Katina? –preguntó desesperado Oleg Volkov en la recepción del reconocido nosocomio.
-       Buenas noches señor. Es pariente de esas personas?
-       Sí, soy el padre de Yulia y Elena es mi nuera.
-       Oh, bien. Por favor deme un minuto –y buscó los datos.
-       Oleg! Larissa! –la voz de Sergey Katin se oyó en toda la recepción.
-       Sergey! Inessa! –Larissa corrió al encuentro de sus amigos y abrazó fuertemente a Inessa.
-       Tienen noticias? –preguntó desesperada Inessa-. Saben algo de las chicas? Por favor, dime algo –con las lágrimas resbalando por sus mejillas.
-       Larissa, por favor…dinos que pasa? –preguntó Sergey con la voz quebrada.
-       Acabamos de llegar –separándose de la pelirroja mujer-. Le están dando la información a Oleg.
Sergey fue al lado de su amigo para informarse.
-       Oleg!
-       Amigo! –abrazándolo-. Aún no tenemos noticias. La señorita –mirando a la recepcionista- está buscando la información y…
-       Señor Volkova…
-       Por favor, díganos donde están nuestras hijas –dijo desesperado Sergey.
-       Señor…
-       Es el padre de Lena –dijo Oleg.
-       Claro, ambas señoritas están en los quirófanos del quinto piso. Las cirugías aún no terminan, será mejor que vayan allá y aguarden en la sala de espera. Las doctoras a cargo saldrán en cuanto terminen y podrán darles los resultados.
-       Por favor, díganos algo –rogó desesperado Sergey. Y lo estaba realmente. No se lo había dicho a nadie, pero el encargado de la policía que le comunicó la noticia le dijo que lamentablemente Lena se había llevado la peor parte y que se temían lo peor.
-       Lo lamento tanto, señor Katin, en el sistema no tengo nada registrado y tampoco me han comunicado nada. Me encantaría ayudarlo pero no tengo más información que las que acabo de decirles. Lo lamento –dijo muy apenada la recepcionista.
-       No se preocupe, vamos donde nos dijo –y Oleg se llevó a su amigo junto a sus esposas-. Vamos al quinto piso, allá podremos esperar resultados.
-       No les dijeron nada? –preguntó Larissa.
-       Nada, no tienen información, vamos –dijo Sergey.

Las dos parejas se dirigieron al lugar indicado a esperar noticias de sus hijas.

Se le apagó la luz tembló
se cerraron las cortinas
y escuchó pasar la vida y el
suave latir de un corazón

-       Doctora…
-       Es tan joven. Según supe tiene una pequeña niña y hace poco se separó de Yulia.
-       Ha hecho lo que ha podido. Creo que para todo lo que ha pasado ella…
-       Lo sé pero me hubiera gustado que…
-       Doctora –interrumpió un enfermero ingresando a la sala.
-       Si, dime Vadim.
-       Los padres de la paciente esperan afuera. Están muy nerviosos. También están los padres de la otra paciente.
-       La doctora Katia aún no sale de cirugía? –extrañada.
-       No, aún está terminando. Parece ser que la sutura está tomando más tiempo.
-       Pero todo bien? –preocupada.
-       Si, la señora Volkova está bien.
-       Vaya, al menos –suspiró Masha.
-       Qué pasó aquí? –preguntó el joven
-       Qué fue lo que no pasó sería mejor contar –suspirando.
-       Hizo lo que pudo, doctora –insistió la enfermera.
-       Bueno, vamos. Los padres de ellas esperan noticias. Por favor, Raya, ocúpate de todo.
-       Claro, doctora –sonriendo, le gustaba ser útil a la doctora.

Masha salió hacia el cuarto intermedio para quitarse todos sus implementos y encontró a Katia, apoyada en el lavamanos.
-       Cómo te fue? –preocupada de verla tan abatida. Pero cuando vio el rostro de su compañera, entendió que solo era cansancio.
-       Esa herida fue de entrada y salida. Y ha perdido tanta sangre. Es un milagro que tuviéramos tantas reservas para la transfusión.
-       Pero todo salió bien? –esperanzada.
-       Si, ella se recuperará. Aunque me costó mucho la limpieza y la sutura. Debía de hacerlo como si estuviera tallando en yeso…si algo se desviaba…Dios, que estrés! Y encima el hueso totalmente fracturado.
-       Eres la mejor en esto, así que todo iba a salir bien.
-       Y tú? Te ves como si hubieras correteado a un fórmula uno y no lo alcanzaste –acomodándole un mechón de cabello a su amiga y compañera de trabajo.
-       Doctora ya todo está… -Raya entró al cuarto y observó la escena con el ceño fruncido.
-       Si, Raya? –dijo Masha.
-       Solo decirle que hice lo que pidió. Todo está en orden –algo reservada.
-       Gracias, puedes ir a descansar. Vadim y yo seguiremos de guardia y si pasa algo lo atenderemos.
-       Pero doctora… -se resistía a dejar la habitación.
-       Ve, no te preocupes –sonriendo.
-       Si, permiso –y mirando a ambas se retiró.
-       Déjame terminar de asearme e iremos ambas, si? -con voz algo apenada.
-       Qué pasa? Tu no… -Katia quería saber antes para ayudar a explicar a los padres de la pelirroja, pero respetó el silencio de su amiga.
-       Por favor, déjame terminar esto y lo sabrás.
-       Claro –y se quedó esperando a su amiga.

La indirecta comprendida
una torpe despedida de
la niña de su vida…

-       Qué está diciendo?! –gritó alteradísimo Sergey.
-       Señor Katin, por favor, cálmese. Yo le entiendo pero…
-       Me entiende? Me entiende? Usted no…
-       Sergey, mi amor, por favor, dejemos hablar a la doctora. Por favor, continúe –demostrando una calma que estaba lejos de sentir, Inessa tomó la mano de su esposo.
-       Lena está en un estado muy delicado. Sufrió un paro cardiaco leve y por suerte logramos estabilizarla. La bala comprometió gravemente el hígado y la cantidad de sangre perdida fue demasiado grande. Todo eso ha sido demasiado…
-       Pero…por favor, díganos que ella se recuperará –suplicó Inessa.
-       Debemos ver su evolución en las próximas setenta y dos horas –susurró.
-       Necesitan sangre? –preguntó Sergey-. Mi hija y yo compartimos el mismo tipo, daré toda la que haga falta.
-       No se preocupe, teníamos reservas suficientes en el banco de sangre y pudimos restablecer la cantidad necesaria. Lena es fuerte, joven y muy saludable estoy segura que saldrá bien –y sonrió para calmar a los padres de la pelirroja, aunque por dentro sabía que no estaba siendo totalmente sincera.
-       Gracias doctora, perdone mi primera reacción pero…
-       No se preocupe, lo entiendo. Por favor, esperemos el tiempo que les indique. Veamos la evolución del hígado y cómo reacciona el cuerpo a la transfusión.
-       Gracias por todo –susurró Inessa-. Cuando podremos verla?
-       Se les indicará en su momento. No se preocupe. Ahora me retiro, con permiso.
Sergey e Inessa cayeron sentados en las sillas más próximas con los rostros desencajados de la preocupación.
Minutos después los padres de Yulia llegaron a su lado para preguntar por su nuera.
-       La doctora dice que debemos esperar los próximos tres días. El hígado está demasiado comprometido y la sangre perdida fue demasiada. Además, Lena…sufrió un infarto leve. Pero un infarto al final y al cabo.
-       Se recuperará, ya verás Sergey –lo animó Oleg, quien ya venía más calmado después de saber que Yulia estaba bien y se recuperaba favorablemente.
-       Gracias, amigo. Cómo está Yul? –preguntó el padre de Lena.
-       Gracias a Dios se recupera favorablemente. La bala le fracturó el brazo, fue de entrada y salida pero con rehabilitación saldrá bien. Podremos verla en unos momentos. Nos avisarán.
-       Inessa, tranquila. Lenita se recuperará, están en las mejores manos. Sé que la doctora que la atendió estudio con las chicas, nos lo dijo la doctora que atendió a mi Yul. Está en excelentes manos –sonriendo a su amiga.
-       Gracias Lari, gracias –y se apoyó en el abrazo de la madre de Yulia.

La vida no es mala y la muerte no se equivoca. Nunca. Siempre hay algo que aprender detrás de todo.

Días después…

-       Estoy bien mamá, no te preocupes.
-       Ay mi Yul. Déjame consentirte, mi niña.
-       Pero para eso tienes a Sasha, mamá –riendo.
-       Eso es otra cosa, mi amor. Mi angelito es mi adoración pero tengo suficiente amor para consentirlas a las dos.
-       Por favor, mamá, ahora si puedo ir a ver a Lena? Necesito verla.
-       Pero mi amor, ella sigue dormida –algo triste por la situación de su nuera.
-       Pero…estoy…mamá necesito verla. Necesito comprobar con mis propios ojos que está recuperándose como me vienen diciendo. Yo…después de todo lo que pasó…quiero estar a su lado. Han pasado ya cuatro días y aún no puedo verla.
-       Si tú estás así, imagínate como está mi pequeño angelito. Sasha las extraña como no tienes idea –suspirando.
-       Por qué tampoco me la traes? Estoy desesperada encerrada entre estas cuatro paredes, muy lindas por cierto, pero…no por eso…necesito verla mamá. Si le pasa algo y yo no estoy a su lado…
Alguien tocó la puerta y Larissa se acercó a abrirla.
-       Buenos días Katia.
-       Buenos días señora Volkova. Hola Yulia, como has amanecido? –dijo la doctora entrando al cuarto.
-       Hola Katia, aquí discutiendo con la señora Volkova –con eso se ganó un jalón de orejas de su madre-. Mamá!
-       Está de terca que quiere levantarse a ver a Lena. Ya le dije que sigue dormida pero quiere verla.
-       Quiero saber cómo está, por favor, entiéndeme.
-       Te entiendo, morena –dijo sonriendo-. Lena se encuentra aún dormida. No ha podido despertar aún, pero no está en coma. Parece que su cuerpo se está tomando un descanso para recuperarse. Sin embargo, hoy temprano conversé con la doctora Masha y me dijo que hay mucha mejora. En cualquier momento tu esposa debe estar dándonos una sorpresa.
-       En serio? –con los ojos iluminados de esperanza.
-       Sí, claro, que sí. No te diría esto si no fuera cierto. Ahora ella está conversando con los padres de Lena. Ellos también están más aliviados.
-       Muchas gracias! Lo oíste mamá? Lena está mejorando! Está mejorando! –sonriendo después de muchos días.
-       Claro que sí, mi amor, ya ves? Solo debemos tener paciencia.
-       Escucha a tu madre, Yulia. Ahora yo tengo que revisar esa herida, déjame ver ese brazo.
-       Claro –dijo sonriendo la pelinegra.

Mientras en la habitación de Lena, sus padres oían atentamente a Masha.
-       Los siguientes días son cruciales para la recuperación de Lena. Si bien tenemos mucho progreso debemos seguir al mismo ritmo que estos últimos días.
-       Claro que si, cuente con ello doctora –asintió Inessa.
-       Lena se está recuperando a pasos agigantados. Es increíble, tiene una voluntad enorme. Aunque no me sorprende que sea así, tiene mucho porque luchar –mirando la foto de Yulia y Sasha que habían colocado los padres de la pelirroja en el esquinero de la habitación.
-       Yulia y nuestra nieta la esperan ansiosas –dijo Sergey con voz algo emocionada-. Y nosotros ni que decir, es nuestra hija menor. Siempre fue mi consentida…verla así… –estaba a punto de quebrarse pero la mano de Inessa lo ayudó y solo sonrió.
-       Bueno, creo que hoy Yulia podrá venir a verla. La doctora Katia me indica que ya se podrá levantar y dar algunos pasos. Aunque para venir a ver a Lena lo hará en silla de ruedas.
-       Estamos seguros que a Lena le hará mucho bien la presencia de Yulia. Se quieren tanto –dijo Sergey acariciando el cabello de su hija.
-       Si –susurró sonriendo Masha.


Escuchó como la puerta de la habitación de descanso para doctores se abría. Unos pasos se detuvieron a su lado y sintió una mano acariciar un rostro.
-       Estás cansada. Por qué no vas a descansar? –sonriendo al ver adormilada a su amiga.
-       Mi turno termina al mediodía aún. Falta poco, pero antes debo revisar a Lena y si todo va bien podré ir a descansar tranquila a casa.
-       Has puesto el alma en este caso –sin dejar de acariciar los cabellos de su amiga, la cual abrió los ojos lentamente y la miró.
-       Lena siempre fue una chica algo tímida en la escuela y Yulia la más popular. Me sorprendió cuando supe que se habían casado. Nunca pensé que Lena podría…es decir…
-       Que le gusten las chicas? –sonriendo.
-       Si. Y si te soy sincera de haberlo sabido antes… -dejando clara la intención de sus palabras con una sonrisa pícara.
-       Ya! Eres incorregible! –riéndose de la sugerencia de su amiga.
-       Es que siempre me atrajo, no puedes imaginarte lo linda que siempre fue. Aún con gafas y esos rizos salvajes que se maneja. Qué suerte tiene Volkova!
-       Y por qué nunca te le acercaste? No eres precisamente tímida.
-       Lena siempre fue reservada. La cerebrito de la clase. Me intimidaba muchísimo y la verdad no era un momento en el cual yo me hubiera asumido, para ser sincera. Me eché un novio para ver qué pasaba y fue después de terminar la escuela, durante mi primer año de la universidad que conocí a…bueno, tú sabes a quien. Nos conocemos desde esa época.
-       Si, a Nina. La modelo que te rompió el corazón.
-       Eso fue en esa época. Ahora ya está superado. Pero el hecho es que recién en ese momento reconocí que lo mío son las chicas.
-       Y vaya forma de enterarme –riendo al recordarlo.
-       No era mi intención que fuera así –también riendo al recordar-. Nadie te dijo que te aparecieras así como así en mi departamento.
-       Asumí que al tener la llave podría hacerlo y más aún si te habías desaparecido todo el día. Y no respondías el teléfono ni…
-       Ok, ok, ya lo había entendido. Por eso jamás lo he vuelto a hacer –apretándole la nariz.
-       Más te vale.
-       Pareces mi hermana mayor –riendo.
-       Acostúmbrate –recostándose sobre el sofá libre.
-       Ya estoy acostumbrada. Por cierto, como va el tema con Ruslan?
-       Todo bien. Está en su congreso de cardiólogos en New York. Regresará este fin de semana.
-       Ahora entiendo porque has tomado tantas horas estos días.
-       Obvio! Quiero el fin de semana libre! No lo he visto en quince días, es demasiado! –riendo.
-       Me gusta mucho Ruslan. En estos años que llevas con él lo he llegado a conocer. Te quiere y te cuida mucho.
-       Créeme que a mí me gusta más. Lo quiero mucho, tanto que…
-       No! –levantándose de golpe con una sonrisa en su rostro.
-       Si! –riendo y aún recostada.
-       Cuando?! –emocionada.
-       En cuanto regrese se lo diremos a todos y obvio tú estarás en esa reunión. Tú eres parte de mi familia.
-       Y tú parte de la mía. Me alegro tanto por ti –y se recostó a su lado para abrazarla.
-       Doctora Masha! La paciente del 701 ha… –ingresando intempestivamente al cuarto y encontrándose con la escena.
Masha se levantó de un brinco y se acercó a Raya.
-       Qué dices? Qué pasó? –cuando vio que la enfermera no respondía sino que le dirigía una mirada algo violenta a Katia, le tomó el rostro y la obligo a mirarla-. Hey! Raya que pasó?
La enfermera sacudió la cabeza para reaccionar y dio el recado.
-       Elena Katina, su paciente principal, ha despertado y la están solicitando en su habitación.
-       Gracias! Ya regreso Katia!
-       Si, ve con cuidado –y vio salir corriendo a su amiga para luego recostarse nuevamente. Oyó cerrarse la puerta y se predispuso a dar una pequeña siesta.
-       Usted la ama?
Katia se sobresaltó y de un brinco se sentó en el sofá. Miró al frente y se encontró con la pequeña castaña. Quien la miraba fijamente esperando una respuesta y entendió por fin que era lo que pasaba. Sonrió.
-       Claro que sí. La conozco desde hace mucho.
-       Sabe a lo que me refiero –haciendo puños con las manos.
-       Si y te estoy siendo sincera.
-       Pero usted tiene novio y…
-       Yo amo a Masha…la amo como la hermana que no pude tener y ella me corresponde de la misma forma.
-       Pero…
-       Tienes hermanas o no, Raya?
-       Sí, pero…
-       No te llevas así con ellas? –poniéndose de pie.
-       Yo…no las veo mucho. Están en Londres.
-       Bueno yo adoro a esa loca que acaba de salir. Así que si le haces daño te las verás conmigo.
-       Cómo? –sin entender.
-       Vamos niña! A por ella! Su corazón está libre o vas a esperar que alguien venga y se la lleve. Yo que tú me pondría las pilas, nunca se sabe –dirigiéndose hacia la puerta.
-       Usted sabe algo? Por favor, dígamelo.
-       A veces hay que arriesgar para poder ganar. Solo te digo que calzas en su prototipo –sonrió a la enfermera y salió de la habitación pensando que ya era hora que su amiga tuviera a alguien que se la mereciera. Y la enfermerita que le acababa de plantar cara le caía bien para su amiga.

Mientras Masha había llegado a la habitación de Lena y al entrar se encontró con un cuadro totalmente familiar: los padres de Lena llorando de emoción de poder ver a su hija ya despierta. Se adentró en la habitación y carraspeó su garganta. Una vez tuvo la atención de todos:
-       Por favor, les pediría me dejen a solas con la paciente unos minutos.
-       Pero… -el padre de la pelirroja se resistía a dejar a su hija, ahora que por fin había despertado.
-       Señor Katin solo serán unos minutos, por favor –sonriendo-. Le prometo que terminaré lo antes posible.
-       Papá…por favor…no te preocupes. Atiende la indicación…de la doctora –susurró Lena.
Una vez todos se retiraron de la habitación, Masha pudo iniciar a examinar a Lena y quince minutos después…
-       Bueno, no hay pérdida de memoria, como me habían dicho habías sufrido en un accidente anterior –Lena hizo una mueca-. Tampoco hay complicaciones con la vista, ni la herida…todo va progresando de acuerdo a lo previsto.
-       Eso es bueno –aún hablando bajo.
-       Cómo te sientes?
-       Un poco agotada…y adolorida…imagino que pasará…
-       Si, llamaré a la enfermera para que te coloque algo para el dolor –y tocó un timbre al lado de la cama de Lena-. Con el paso de los días esa dosis irá disminuyendo porque el dolor irá desapareciendo con el curar de las heridas. Tuviste mucha suerte, esa bala…
-       Solo pensé en proteger a Yul…y según mis padres me dijeron, lo conseguí. Eso es suficiente para saber que hice lo correcto –un poco a la defensiva.
-       No te lo estoy reprochando –sonriendo-. Tan solo te iba a decir que si esa bala iba unos centímetros más a derecha…la historia hubiera sido otra. No era tu hora, Lena.
-       Lo siento, mis padres me dieron una pequeña regañina por ese tema y por ello creo que me puse a la defensiva. Perdón, tú me salvaste la vida y…
-       Era mi deber y lo menos que podía hacer por una antigua compañera de la escuela –sonriendo.
Sintió la mirada evaluadora de la pelirroja y le pareció natural. Lena intentaba recordarla y lo consiguió.
-       Claro! Masha Gólubev –después se sonrojó-. Lamento no haberte reconocido antes. Estaba un poco confundida.
-       No te preocupes, es normal.
-       Gracias. Entonces todo va bien? Cuando podré ver a mi hija y a Yulia? Cuando podré irme a casa? –ansiosa.
-       Parece que cada vez estás mejor. Ya puedes hablar más seguido sin agitarte como hace unos minutos.
-       Quiero verlas –sonriendo-. Estoy algo ansiosa.
-       Cuando vine para aquí me encontré a Yul siendo traída por sus padres. Les pedí que esperaran hasta que terminara. Así que tu morena está afuera esperando ansiosa verte –guiñándole un ojo a Lena y logrando una sonrisa de parte de ella.
-       Ojalá…todo lo que pasó…
-       Mejor díselo a ella, estás evolucionando bien. Seguro estarás unas semanas aquí para vigilarte pero estás recuperándote.
-       Gracias –sonriendo.
-       Ahora hago pasar a toda tu tribu, que debe estar a punto de derrumbar esa puerta.
Y era cierto, todos estaban a la salida de la habitación expectantes. Cuando Masha los dejó ingresar, todos se reunieron alrededor de Lena, y no pudo evitar notar que Yulia se quedaba un poco atrás de todo. Algo confundida, cerró la puerta y se encontró con Raya.
-       Me llamaba doctora –sonriendo.
-       Si, por favor, aplícale esto a Lena –dándole un papel.
-       Hasta que desaparezca el dolor y disminuyendo la cantidad diaria?
-       Si. Lena aún tiene algunos dolores, es lógico. Pero no quiero que sufra más, así que por favor, en cuanto lo consigas aplícaselo.
-       Claro que si doctora.
-       Gracias, nos vemos –alejándose.
-       Doctora! –llamándola y acercándose a Masha.
-       Si, dime –algo sorprendida.
-       Ya se retira, no es así? –nerviosa y apretando fuertemente su libreta contra su pecho.
-       Si, acaba de terminar mi turno –extrañada.
-       Yo quería saber si tiene planes para esta noche –completamente sonrojada.
-       Yo… -sintiéndose completamente sorprendida.
-       Yo…si usted…si lo desea…querría invitarla al cine o a cenar –dándose cuenta que la doctora estaba en shock quiso retirar lo dicho-. Bueno solo si usted lo desea, no tiene porque…
-       Claro –reaccionando antes que la enfermera retire su invitación.
-       Si? –sorprendida.
-       Si –riendo-. Tengo muchas ganas de ver esa película nueva de X-Men y comer una buena pizza. Hace tiempo que no lo hago.
-       Conozco una excelente pizzería en el centro. Haré las reservas –feliz a morir y con una enorme sonrisa en el rostro que así lo demostraba.
-       A las seis en el cine del centro y después a cenar te parece? –con su mejor sonrisa de Casanova.
-       Sí, claro que si –casi derritiéndose.
-       Nos vemos –despidiéndose con otra sonrisa.
-       Hasta más tarde –con una sonrisa de boba en el rostro y sin moverse de su sitio hasta que vio desaparecer a la doctora en el ascensor. Dio la vuelta y chocó contra algo.
-       Hey, tranquila –riendo.
-       Lo siento doctora, solo…
-       No te preocupes. Bien hecho –guiñándole el ojo.
-       Cómo?
-       Lo escuche todo. Muy bien, si sigues en esa línea pronto serás parte de la familia –y estalló en risas cuando vio el tinte rojísimo que adquirió el rostro de la enfermera.
-       Yo…
-       No le hagas daño, por favor –poniéndose repentinamente seria-. La adoro y solo sigue adelante si es serio.
-       Siempre la he querido, solo que…
-       Eres algo tímida, lo sé. Solo quiérela y tenle paciencia. Es muy especial pero sé que valdrá la pena.
-       Gracias –y se retiró muy contenta a cumplir el encargo de Masha.
Mientras Katia siguió su camino tarareando una conocida canción.
-       Rumor has it, rumor has it…

Durante varios minutos mantuvo una actitud que no era para nada propia de ella, algo alejada de toda aquella alegría sentida por la mejoría de Lena. Y solo miraba algo retraída todo lo sucedido, hasta que fue la pelirroja quien la llamó.
-       Yul…
La voz le llegó desde algo lejos a la morena y tuvo que espabilarse para poder reaccionar. Cuando se dio cuenta, todos la miraban.
-       Si, dime Lena –sonriéndole algo apenada.
-       Estás bien? –algo preocupada.
-       Gracias a ti, si. Estoy bien –acercando la silla poco a poco con apoyo del brazo bueno, hasta llegar al lado de la cama de la pelirroja. Todos se hicieron unos pasos atrás para darles más privacidad.
-       Me alegro –sonriéndole.
-       Nos preocupaste mucho. Estuviste algo delicada –tomándole la mano y acariciándosela.
-       Sabes que me gusta mantener la expectativa –soltando un suspiro al sentir la grata caricia y apretando la mano de Yulia entre la suya.
-       Es algo injusto pero lo más importante es que ya estás bien –mirándola a los ojos-. Estás con nosotros nuevamente. Es lo más importante.
De pronto hubo una duda en los ojos de Lena y Yulia lo comprendió.
-       Ellos…no…solo te puedo decir que no podrán hacer más daño. Y solo fue por sus impulsivas acciones –con voz apagada.
-       Todo quedó aclarado? –refiriéndose a temas formales.
-       Si, lo único que le quedo de duda a la policía fue como apareciste allá. Pero Niko, el guardaespaldas de nuestra hija, lo aclaró todo.
-       Niko…quiso acompañarme pero yo no quería dejar a Sasha a merced de cualquier inconveniente. No sabía nada de Marcus y quizás…
-       No te preocupes. Cresswell dijo la verdad: Marcus se fue de la capital en cuanto piso la calle. Sabemos que está con su familia en Perm. Calificó de tontería lo que hizo Cresswell y no sabía nada.
-       Al menos no debemos preocuparnos por ello –sonriendo.
-       Si…yo…me alegro mucho que tú ya te encuentres bien, Lena. Temí tanto que… -una delicada caricia sobre sus labios le indicó que debía detenerse.
-       Ya pasó, todo está bien y… -susurrando.
-       Y nosotras tenemos mucho que conversar. Pero será cuando estés bien –besando la mano de Lena.
-       Yul…
-       Con calma, mi amor, tenemos toda la vida por delante –sonriéndole delicadamente mientras seguía besando la palma de sus manos.
-       Hemos perdido tanto tiempo por mi necedad…
-       Calma pelirroja, aquí estoy, no me iré nunca. Tenemos mucho tiempo –y se acercó lentamente para besar delicadamente los labios que le habían sido vetados hacia tanto.
Lena lo vio venir y al sentir el contacto, solo pudo imprimir un poco más de fuerza. Levantó la palma de sus manos y acarició el rostro de Yulia, quien sonriendo se separó y beso la punta de la nariz del que, siempre supo, era el amor de su vida.
Pasos atrás las madres de nuestras protagonistas rompían en llanto de felicidad, aferrándose a los hombros de sus esposos. Mientras estos estrechaban sus manos en clara actitud de satisfacción.
Volverían a ser una familia, como nunca debieron dejar de serlo. Porque la familia es para siempre.


Los días transcurrieron con normalidad y calma. No volvieron a tocar el tema de ellas ni del futuro. Pero todos sabían que en cualquier momento podrían conversar tranquilamente y les darían la sorpresa. Por ahora todos estaban concentrados en las terapias de las chicas y en sus recuperaciones.
Yulia fue a la primera que dieron de alta, sin embargo debía seguir dos meses más con el cabestrillo. Lena, debía seguir unas semanas más internada.

Tres meses después la pelirroja volvía a su casa por su propio pie y era recibida por una alegre Sasha, que había salido corriendo al encuentro de su pelirroja madre.
-       Mamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiita!!!!!
-       Mi amor! Ya estoy aquí, como te lo prometí –arrodillándose para abrazar a su hija, pues aun no podía cargarla.
-       Si mamita –abrazando fuertemente a su madre. Solo había podido verla por tiempos limitados mientras se recuperaba.
-       Ahora ya estoy bien, estoy mejorando y nada nos podrá separar más.
-       Señora Lena, me alegro de verla tan recuperada.
-       Gracias Niko, muchas gracias a ti por cuidar a mi pequeña, se que movilizaste todo aquel día.
-       Solo…hice mi trabajo.
-       Pero lo hiciste muy bien, chico –dijo Sergey, quien ya estaba al lado de Lena.
-       Así es –confirmaba Inessa.
-       Muchas gracias -apenado.
Y todos ingresaron a la casa de los Katin, donde Lena por fin respiraba aroma a hogar, después de tanto tiempo.

Tengo un pobre corazón
que a veces se rompió
se apagó pero nunca se rindió

Aquella noche, después que Lena acostó a Sasha, oyó como un vehículo ingresaba a su casa y se estacionaba en la puerta. Se asomó a su ventana sintiendo un poderoso deja vù acerca de ese momento. Al ver quien era entendió. Sonriendo, se sujetó más la bata y bajó lentamente al recibidor.
-       Por favor, espere en la biblioteca señora Yulia. Ahora llamaré a la señora Lena.
-       No es necesario, Olya. Puedes retirarte a descansar. Yo atenderé a Yulia.
-       Necesita algo más, señora Lena?
-       No te preocupes, yo me encargaré. Hola Yul –sonriendo.
-       Hola Len –también sonriendo.

Entre estrellas de cartón perdí la ilusión
que llegara un ángel me levante
y que me pida que lo ame

Una vez estuvieron instaladas en la privacidad de la biblioteca de la casa de Lena, iniciaron su charla.
-       Por la tarde, llamé a tu madre y me dijo que tal como lo había afirmado Masha, hoy te darían de alta.
-       Si, mis padres fueron a recogerme y todo salió bien.
-       Te sientes mejor?
-       Si, desde hace una semana ya puedo caminar lo suficiente. Ya no me agito con mover un dedo –riéndose.
-       Me alegro mucho.

Y de pronto un día de suerte
se me hizo conocerte
y te cruzaste en mi camino
ahora creo en el destino

Tenerte por siempre conmigo
pero más suerte es quererte tanto
que tu sientas lo mismo

De pronto se quedaron calladas, mirando el crepitar de las llamas en la chimenea.

Unos minutos después fue Lena quien rompió el silencio.
-       Imagino que has estado algo ocupada –dándole entrada al tema que había estado carcomiendo sus pensamientos: Yulia había dejado de ir a verla durante los dos meses finales de convalecencia.
-       Sí, eso también.
-       Yul…
-       Lo siento, Lena. No tengo ninguna excusa.
Lena sintió encogerse su corazón. Acaso había sido demasiado tarde y lo dicho en su recuperación solo había sido para no alterarla?

Volvía a sentir la misma inseguridad de años anteriores. No podía, no podía volver a caer así. Había luchado tanto por superar aquello. Y aunque estaba segura de amar a Yulia, las cosas ya no serian las mismas. Ambas habían madurado y debían seguir así.

Dicen que este loco amor
no tiene solución
que tu mundo y mi mundo no
que tu mundo y mi mundo no

-       No tienes porque sentirte comprometida de ninguna forma por lo que pasó –poniéndose de pie y acercándose a la ventana.
La fría nieve moscovita caía en las afueras. Continuó.
-       Sé que quizás en la clínica te sentiste algo comprometida o quizás que me debías algo por…
-       No digas eso. Yo…
-       Solo quiero que sepas que no debes sentirte así. Lo hice porque así lo creí correcto. Porque así me lo dictó mi corazón –sonriendo tristemente al pensar que quizás si había perdido definitivamente la posibilidad de ser feliz al lado de la mujer que siempre había amado.
-       Lena…
-       Ve tranquila Yul –volviéndose a verla-. Todo está bien.
-       En serio? –acercándose y mirándola fijamente.
-       Claro –sonriendo delicadamente.

Entre estrellas de cartón perdí la ilusión
que llegara un ángel me levante
y que me pida que lo ame

-       Entonces porque mientras tu boca sonríe, tus ojos se cristalizan y estás temblando? –acariciando las blancas mejillas de la pelirroja.
-       Por favor, no me hagas esto –cerrando sus ojos con fuerza.
-       Tenía miedo –y abrazó a su amor con todas sus fuerzas.
-       … -aquello dejó sin palabras a Lena. Miedo.
-       Pensé que quizás…hay algo…lo siento, como te dije no tengo excusa. Solo tuve miedo de ahogarte, presionarte, no lo sé. Quería que tuvieras un tiempo libre y pensaras las cosas detenidamente.
-       No hay nada que pensar –rodeando la cintura de la pelinegra con sus brazos mientras descansaba el rostro en su hombro.
-       Creo que ahora ya no estamos en edad de hacer las cosas sin pensarlas. Ahora tenemos que pensar mucho.
-       Quizás como haremos las cosas sí, pero yo no tengo más dudas.
-       Estás segura?
-       Más que nunca –besando el hombro de su amada.
-       Será para toda vida, esta vez no te dejaré ir, Lena. Aunque me lo ruegues.
-       Así lo espero.
-       Te amo Lena, nunca dejé de hacerlo.
-       Y yo a ti mi Yul, y yo a ti.
El beso llegó provisto de dulce pasión. Uno como el que inició todo hacia ya tantos años. Pero esta vez con la seguridad que los sentimientos y las decisiones eran mutuas.

Y de pronto un día de suerte
se me hizo conocerte
y te cruzaste en mi camino
ahora creo en el destino

Tenerte por siempre conmigo
pero más suerte es quererte tanto
que tu sientas lo mismo

El amor no solo es sentimiento juvenil. Quizás así nazca en nuestros días de juventud, porque no puedes decidir a quién amar, pero si puedes decidir hacer las cosas bien. No por impulsos locos, sino pensando en el bien del otro. Por eso más que un sentimiento, es una decisión. La decisión de luchar por aquello que crees te hará feliz y si un día te hizo feliz, es porque lo amaste y quizás…tan solo quizás se encuentra cubierto de cotidianidad. Límpialo, lústralo y cuídalo a diario. Verás como vuelve a brillar como cuando empezaste a sentirlo. No se aprende a valorar algo por lo que no se ha luchado.

Vamos encontrando respuestas…poco a poco. Tiempo al tiempo. Aunque a esto ya le falte poco…

-       Podrías volver a hacerme el mismo ofrecimiento que rechace en este mismo lugar hace un tiempo –susurró la chica de verdigris mirar en el pecho de la ojiazul, mientras descansaban una al lado de la otra en el sofá más grande de aquella cómplice biblioteca.
Después de hacer unos segundos de memoria, Yulia sonrió y procedió.
-       Dame la oportunidad de conquistar nuevamente tu corazón y tu confianza. Dame una oportunidad y te prometo que te haré muy feliz, curaré todas las heridas que yo misma causé. Una vez me amaste, si fue amor de verdad no puede haber muerto.
-       No ha muerto, solo se cubrió de cotidianidad y tristeza –sonriendo un poco melancólica.

Y de pronto un día de suerte
se me hizo conocerte
y te cruzaste en mi camino
ahora creo en el destino

-       No permitiré que vuelva a suceder –besando el rojo cabello de su amada-. Te prometo con mi vida, Lena, que eres el amor de mi vida, ese con el cual quiero pasar el resto de mis días. Despertar contigo todo los días de mi vida, abrazarte, darte un beso, decirte cuanto te amo e iniciar el día con ganas de conquistar el mundo para ponerlo a tus pies. Criar junto a ti a Sasha y hacerla una persona de bien. Darle una hermanita, una pequeñita que tenga el cabello rizado y muy rojo, como el tuyo. Unos ojitos verdes-grisáceos  que me volverán loca y me tendrán a sus pies. Y que junto con su hermana sean la luz de nuestras vidas. Mi corazón, mi alma, mi vida son tuyos. Me das una oportunidad más, Lena?
-       Una y mil más, mi amor. Una y mil más –subiendo a besar una vez más esos labios que siempre amó.
-       Puedo quedarme? –sonriendo en medio del beso.
-       Claro que si –riendo de forma pícara -. No creo que mi padre tenga en mente con la idea de castrarte –riendo y deteniendo el beso totalmente.
-       Nos aseguraremos que eso no pase –riendo. Mientras en su mente se hacía a sí misma la silenciosa promesa de respetar a Lena hasta el momento que pudiera volver a decir que era suya. Ante su familia, amigos y el mundo.
Minutos después ambas descansaban en la cama de la pelirroja, esperando el amanecer de un nuevo día, juntas.

Tenerte por siempre conmigo
pero más suerte es quererte tanto
pero más suerte es quererte tanto
y que tu sientas lo mismo…

-       Mami? Eres tú?
Yulia empezó a tomar conciencia de quien era esa voz y una vez su cerebro la reconoció por completo, sus ojos se abrieron inmediatamente. Y se sentó en la cama, miró a todos lados hasta enfocar su mirada en Sasha.
-       Princesa…
-       Qué pasó, mami? Por qué duermes con mamita? –confundida.
Yulia no quería que fuera así pero ahora que su pequeña ya se había enterado, tenía que decírselo naturalmente para no sobresaltarla.
-       Ven aquí, amor –señalando su regazo.
Sasha ni corta ni perezosa se trepó al abrazo de su madre.
-       Tu mamita Lena y yo…
-       Estaremos juntas en adelante, princesita –completó la voz un poco soñolienta de Lena.
-       Mamita! –sin salir de los brazos de Yulia.
-       Buenos días, mi princesa –levantándose y dándole un beso en la frente a su hija-. Buenos días, amor –dándole un beso en los labios a Yulia, provocando las suaves risitas de Sasha.
-       Buen día, Len –sonriendo pletórica la morena.
-       Entonces mami Yulia y tu estarán juntas siempre? –mirando fijamente y dudosa a ambas.
-       Si, amor, siempre –acariciando las suaves mejillas de su hija.
-       Y yo? –preguntó insegura la pequeña.
-       Tú siempre estarás con nosotras, pequeña –dijo Yulia, y abrazó fuertemente a su hija-. Seremos la familia que siempre debimos ser.
Sasha derramó una lagrimita que hizo estremecer de miedo a ambas, para luego soltar risas de alegría mientras se aferraba al abrazo de sus madres.

La noticia fue recibida con enorme alegría por todos los Katin, cuando las tres bajaron a desayunar tomadas de las manos, con Sasha al medio. Fue un día de fiesta y los Volkov se unieron tan solo una hora después. Andy y Marlene no podían faltar. Un gran día.

-       Y entonces, para cuando? –preguntó Andy.
Ambas se miraron y fue Lena quien lo dijo.
-       Nosotras queríamos pedirles que…bueno…sabemos que…
-       Vamos Lena, dilo. Tenemos confianza, no? –aseguró Marlene al notar cierta inseguridad en su amiga.
-       Sí, pero…
-       Lo que Lena quiere decir es que si no les molestaría que volvamos a jurar nuestros votos junto a ustedes.
Tanto Andy como Marlene se quedaron mudas luego de oír a Yulia. Pero minutos después Andy, se acercó a Lena y la abrazó fuertemente.
-       Nada me gustaría más, Lena. Si no fuera por ti y Yul, yo jamás habría podido conocer a Marle –estiró la mano para tomar la de su pareja y sonriéndole continuó-. Hagamos de ese día especial, algo doblemente especial.
-       Segura? –preguntó Lena.
-       Si, sabes cuánto te quiero amiga? Seguro que sí. Hagámoslo, celebremos estas felicidades juntas.
Las dos parejas sonrieron y lo anunciaron a las familias. La celebración estalló y se prolongó todo el día.

Cuatro meses después…

-       El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia, no es jactancioso y no es arrogante. No se porta indecorosamente, no busca lo suyo, no se irrita y no toma en cuenta el mal recibido. No se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta –recitó el juez amigo de la familia elegido para celebrar la ceremonia-. Ahora, ante sus familias y amigos, pregunto sobre su intención. Andrea y Marlene ¿vienen a contraer matrimonio sin ser coaccionadas, libres y voluntariamente?
-       Si, vengo en libertad –pronunció Marlene.
-       Si, vengo libremente –dijo a su vez Andy.
-       Elena y Yulia ¿vienen a contraer matrimonio sin ser coaccionadas, libres y voluntariamente?
-       En total libertad –dijo Yulia firmemente.
-       Totalmente libre y por propia voluntad –a su vez respondió Lena.
-       Así, pues, ya que desean contraer matrimonio, unan sus manos, y manifiesten su consentimiento ante Dios, sus familias y amigos.

Me fui el día más triste del mundo
y tuve que descubrir cómo vivir
sin ti cada segundo

Ambas parejas se volvieron hacia ellas y se tomaron de las manos.
-       Yo, Andrea Siderov, te recibo a ti, Marlene Záitsev, como esposa y me entrego a ti, prometiendo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida –con la voz cargada de emoción.
-       Yo, Marlene Záitsev, te recibo a ti, Andrea Siderov, como esposa y me entrego a ti completamente, prometiendo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida. Y más allá –sonriendo.

Me fui a caminar en el frio
a veces para aprender como volar
hay que saltar al vacío.

Luego, las miradas se centraron en Yulia y Lena, quienes dieron inicio a recitar sus promesas:
-       Yo, Yulia Olegovna Volkova, te recibo a ti, Yelena Sergeyevna Katina, como esposa y me entrego a ti, prometiendo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos y cada uno de los días de mi vida –con tanta seguridad que los ojos de Lena se cristalizaron y tuvo que tomar un respiro fuerte para decir sus votos.
-       Yo, Yelena Sergeyevna Katina, te recibo a ti, Yulia Olegovna Volkova, como esposa y me entrego a ti, prometiendo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida –sonriendo emocionada.
Los padres de Yulia, Lena, Marlene y las amigas de Andy suspiraron de alivio.

Y aprendí tanto de lo que quiero ser
y no hubo día en que no pensara en ti
nunca deje de buscar como volver
y lo he logrado por ti

-       Por favor, los anillos.
Sasha se apresuró a acercarse a sus tías y entregó los anillos al juez:
-       El Señor bendiga estos anillos qué van a entregarse una a la otra en señal de amor y de fidelidad –luego se los devolvió a la pequeña rubia, quien a su vez los acercó a Marlene y Andy, que iniciaron el final de la ceremonia.
-       Marlene Záitsev, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti –y puso la alianza en el dedo anular de Marlene, quien apenas podía sostener las lágrimas de emoción.
-       Andrea Siderov, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti –colocando la alianza en el dedo anular de Andy, para luego besar el mismo y sonreírle a su amada.

Estoy contigo otra vez
Y entiendo cual es el rumbo
sonrío y puedo creer que puede ser
que tu y yo estamos juntos

Luego, el juez dirigió su mirada hacia Yulia y Lena.
-       Por favor, los anillos.
Nuevamente Sasha se acercó para entregar los anillos al juez y luego a sus madres. Quienes felices le sonrieron llenas de felicidad:
-       Yulia Volkova, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti –poniendo el anillo en el dedo anular de la mano de su morena. El mismo que hacia algunos años atrás había marcado el inicio de una etapa complicada en sus vidas. Pero que ahora simbolizaba el inicio de una etapa muy diferente. Los mismos anillos que siempre simbolizaron su amor.
-       Elena Katina, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti –colocando la alianza en el dedo anular de Lena.
-       Por el poder que me concede el estado y su consentimiento, las declaro unidas en matrimonio. Pueden sellar su compromiso con un beso.

Y ahora que estamos aquí
se ha vuelto todo tan claro
confieso que estando lejos aprendí
que quiero estar a tu lado

Las cuatro compartieron un tierno beso y sonrisas.

Los asistentes se pusieron de pie y aplaudieron. Después de todo, conocían las historias de las chicas y sabían que esa felicidad no había sido gratis. Se lo merecían.

Volví el mejor día de mi vida
no fue difícil pues se que siempre hay una luz encendida
Y vi que ya estabas esperando
tome tu mano y dijiste suavemente, porque tardaste tanto

-       En qué piensas? –moviéndose lentamente al ritmo de la música.
-       En lo mucho que te amo, Len, y lo feliz  que soy–besándola.
-       No eres la única. Yo también soy la mujer más feliz del mundo. Tengo todo lo que amo, que más podría pedir? –devolviéndole el beso a su esposa.
-       Quizás una hermanita para Sasha? –riendo suavemente.
-       Mmm excelente idea, linda, excelente idea. Y sería mejor ponernos a trabajar en ello hoy mismo –besando apasionadamente a su esposa.
-       Cuando quieras, mi amor, cuando quieras –riendo y correspondiendo el beso de su esposa.

Y aprendí tanto de lo que quiero ser
y no hay día en que no pensara en ti
nunca deje de buscar como volver
y lo he logrado por ti

Mientras tanto, a unos pasos de ellas, Andy y Marlene planeaban, casualmente, lo mismo.
-       No veo la hora de verte con tu pancita, mi amor –acariciando el rostro de su esposa, mientras se movían al ritmo de la música.
-       Y yo no veo la hora de tener a nuestro bebé con nosotros –apretando a Marlene más fuerte contra ella.
-       Eres…lo mejor que me ha pasado, Andy. Hoy he jurado ante nuestras familias y amigos que te amaré hasta el último día de nuestras vidas y así será –besando suavemente a su amada.
-       Mi amor…
-       Te amo cada día más…y sé que siempre será así.
-       Estás muy romántica hoy, mi vida.
-       Sé que generalmente suelo ser un poco ácida, pero no puedo evitar derretirme cuando me miras así como lo haces ahora.
-       Y como lo hago? –sonrojada pero riendo.
-       Cómo si fuera lo más valioso para ti –susurrando.
-       Lo eres –sonriendo.
-       Y tú para mí –besando a su esposa.

Estoy contigo otra vez
y entiendo cual es el rumbo
sonrío y puedo creer que puede ser
que tu y yo estamos juntos

Después, de haberse despedido de todos los asistentes a su boda y una vez solas en la habitación de su hotel, ambas salieron al balcón que daba directamente al centro de la ciudad, se miraron y sonrieron en complicidad.

-       No puedo creer que se fugaran sin despedirse –y suspiró la pelinegra.
-       Bueno…yo si lo puedo creer, querían dejarnos el trabajo de agradecer la recepción a nosotras –riendo un poco, para luego caer en unos minutos de silencio. Silencio que rompió la pelinegra.
-       Lena no sé tú pero yo…es un poco vergonzoso pero…
-       También me siento así –sonrojándose.
-       Ha pasado mucho tiempo, verdad? –bastante colorada.
-       Sí, mucho tiempo –suspirando.
-       Si no lo deseas…yo entiendo…yo también…
-       Yul te he dicho lo hermosa que estás esta noche? –acercándose y tomando un mechón del largo cabello de su esposa, empezó a jugar con él.
-       Si, algunas veces durante la ceremonia y la fiesta –con una gran sonrisa en el rostro-. También sabes que estás –tomando aire- increíblemente hermosa –rodeando la cintura de Lena con sus brazos y acercándose a su rostro.
-       Creo que me lo has dicho un par de veces –sonriendo picara.
-       Unas cien al menos, creo yo –también riendo-. Nunca me cansaré de decírtelo. Y tampoco jamás dejaré de pensar en lo afortunada que soy al tenerte a mi lado. La vida ha sido buena conmigo al darme una oportunidad más para amarte. He…he cometido tantas locuras. Algunas mas imperdonables que otras y aún así…
-       Shhhh olvídalo. Olvídalo así como yo también lo he hecho. Si queremos ser felices, vamos a superarlo.
-       Si, solo quería
decirte…o ltimo dhacerte saber lo afortunada que me siento que me hayas perdonado y…eso es todo. No sé como agradecértelo.
-       Yo si lo sé –acercándose peligrosamente al rostro de su esposa.
-       Dímelo y será tuyo.

Y ahora que estamos aquí
se ha vuelto todo tan claro
Confieso que estando lejos aprendí
que quiero estar a tu lado

Lena tomó la mano de Yulia y la condujo a la cama. Se sentó en ella e hizo que la ojiazul se sentara a su lado. Poco a poco, cual si fuera la primera vez que lo hiciera unió sus labios con la morena.
-       Estás segura, Lena? –apoyando su frente en la de la pelirroja.
-       Si, te necesito y mucho –con la voz cargada de pasión.
-       Yo también amor pero…tengo…te deseo tanto, que temo perder el control y… -acariciando las suaves y ahora rojas mejillas de Lena.
-       Quien va a perder el control seré yo si no me haces tuya ahora. No me has tocado durante todo este tiempo y créeme Yul…entiendo porque no lo has hecho. Pero ahora mismo quiero ser una contigo.
-       Sasha no estará sola por mucho tiempo si seguimos así -riendo.
-       No me opongo –también riendo.
-       Ni yo.

Y fueron cayendo a la cama suavemente. Allí confirmaron su amor y todos los demonios de su relación fueron exorcizados. Y es que solo dos almas que se aman tanto como ellas, tienen el valor para perdonar y olvidar con la única finalidad de seguir amándose. Gracias a la fuerza del amor.

Y es que cuando se espera tanto por el amor es muy difícil dejarlo escapar. Y ambas lo sabían.

Lena había esperado a Yulia por más de diez años y Yulia había esperado a Lena...toda la vida.

He ahí amigos la única respuesta a todas nuestras preguntas. Solo el amor es capaz de hazañas como las que logro con ellas dos.

Solo por amarse así…

Amarte así, así, hasta morir
ni la eternidad me alcanza para
agradecer que hoy puedo amarte
hasta fundirme en este amor
hasta llenarte el corazón...


Amarte así
Amarte así
Amarte así...
FIN
Lima, 13 de noviembre del 2011

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