Treceavo capítulo. Enjoy it!
La zona estaba ligeramente despejada y Yulia comprendió porque Lena había indicado ese lugar como punto de encuentro: era bastante solitario.
Sus ojos empezaron a buscar por todo el lugar, tratando de encontrar la escultura central del lugar. Que no era otra más que el Galo moribundo.
Camino cerca de cinco minutos y miró su reloj.
- Ya pasaron los treinta minutos que Lena me dio –empezando a desesperarse por no encontrar la bendita escultura.
Pensaba en volver a llamar a Lena cuando de pronto visualizó un pie blanco a unos cuantos pasos suyos, se acerco y poco a poco el punto buscado fue hallado.
Se quedo observándolo unos segundos cuando una angelical risa la sacó de su ensimismamiento. Se volvió inmediatamente buscando de donde provenía. La había identificado perfectamente.
Desesperada rastreó todo su campo visual y fue casi detrás suyo que al fin pudo contemplar la más bella escena que sus ojos hubieran podido observar en mucho tiempo: Lena enseñando a caminar a Sasha paso a paso. Su pelirroja esposa llevaba pasito a pasito de las manitos a su pequeña hija. Mientras, la pequeña rubia soltaba carcajadas de alegría y triunfo al ya poder caminar, aunque con ayuda de su madre.
La pelinegra se fue acercando poco a poco, como temiendo que al acercarse el espejismo que se le presentaba frente a sus ojos, fuera a desaparecer.
De pronto las risas se detuvieron y Sasha fue consciente de la presencia de su otra madre. Fue un momento tenso.
La tensión fue rota por una soberana carcajada de la hija del matrimonio, que soltándose de su pelirroja madre, hizo el esfuerzo de ir caminando hasta Yulia, quien no pudo sino caminar hacia el encuentro de su hija y levantarla en sus brazos, cuando la pequeña solo habría podido tres pasos.
Dos lágrimas surcaron las pecosas mejillas de Lena. Los motivos eran diversos, iban desde el arrepentimiento hasta la emoción. No sabía que pensar, ni que sentir ahora que veía a Sasha aferrarse con tanta fuerza a su madre. Mucho menos sabia que sentir al ver a Yulia aferrarse tan fervientemente al cuerpecito de su pequeña hija.
Sentir el cálido abrazo de su pequeña hija, logró hacerla olvidar casi todo lo que había vivido en esos eternos días de no haberla podido ver.
- Sasha, mi niña, te extrañe tanto –susurró contra el oído de su pequeña.
- Ma…ma… -abrazando a su madre con todas las fuerzas de su pequeño ser.
- Hey, ya estás hablando –mirando los azules ojos de su niña totalmente emocionada.
- Hace una semana empezó a decir eso, aún no dice nada más pero algo es algo –dijo Lena haciendo notar su presencia.
- Lena…cómo estás? Lo siento, vi a Sasha y… -empezó a limpiarse las lágrimas disimuladamente.
- No te preocupes…yo…te dejo con ella, estaré sentada aquí cerca.
- Lena…-intentando retenerla.
- No, Yulia, no. Sasha es tu hija, no pienso negártela pero…tú y yo hemos terminado –seriamente.
- Lena…no me hagas esto por favor –suplicando.
- Es todo lo que puedo hacer por ti, lo siento, no me pidas más porque no puedo dártelo. Tómalo o déjalo –mirando fijamente a los ojos de la pelinegra.
- Lena…
- Disfruta este tiempo con ella, quizás después no tenga más humor para permitirlo. Ya regreso.
Y se retiró dejando a Yulia sin posibilidad de decir nada más.
- Creo que he perdido a tu madre, pequeña. Creo que ahora si me odia –refugiándose entre los rizos de su hija.
Dos años después…
- Mamita hoy veremos a mi mamá, verdad? –preguntó con voz inocente la pequeña rubia de ahora tres años.
Lena salió del baño, completamente lista para llevar a su hija a la fiesta de cumpleaños de su ex – esposa.
Si, ex – esposa. Hoy era la ex – esposa de Yulia Volkova.
No quería recordar en esos momentos el proceso de divorcio ya que le resultaba algo sumamente doloroso.
Yulia no se lo puso sencillo al inicio. No señor.
- Mi cliente quiere llegar a un acuerdo que espera, sea aceptado por su representada.
Se dirigió el abogado de Lena hacia el abogado de Yulia, Igor.
- Mi cliente está dispuesta a escuchar la propuesta y analizará si realmente está de acuerdo. No nos cerramos a ello, mientras se acuerde el derecho que tiene Yulia sobre su hija.
- Si, lo contemplamos lo suficiente.
- Entonces proceda a leerlo, lo escuchamos –mirando a Yulia, quien solo tenía ojos para Lena.
Mientras la pelirroja parecía perdida en otro lugar, solo mirando fijamente el escritorio que separaba a ambas.
- Que termine rápido, por favor –pensaba la pelirroja.
El abogado de la pelirroja procedió a leer el acuerdo que ellos planteaban. El cual a todas luces era un acuerdo que limitaría de alguna forma a Yulia en cuanto a su hija.
Visitas limitadas supervisadas y dos semanas al año con ella? Lena estaba loca? Cómo podría conformarse con tener a su princesa solo dos semanas al año. Si bien le estaba dejando el número de visitas al año en decisión de Yulia, a cambio estaba reclamando la custodia total.
Aseguramiento de su educación por un valor desorbitado de dinero anual? Lena podría pedirle todo el dinero del mundo pero para ella nunca sería suficiente. No tenía problemas con ello. Aunque no le gustó nada eso, sin embargo al oír que ese dinero iría a una cuenta a nombre de Sasha y solo serian retiradas cantidades a nombre de los gastos educativos de la niña, suspiró de alivio. Estaba empezando a figurarse ideas extrañas acerca de Lena.
A excepción de esas dos condiciones, Lena no pediría nada más? El abogado pareció tomar aire antes de continuar y Yulia se preparó, estaba segura que ahora venia lo relacionado con ellas.
La firma de la cancelación total de la deuda restante que tenia la empresa de Lena en cuanto se realizaran los dos pagos restantes, sin ningún tipo de condicionamiento adicional. Yulia pensó que era lo justo, no pensaba aprovecharse para nada de esa situación. Si por ella fuera no recibiría esos dos pagos adicionales pero no quería ofender a Lena de ninguna manera. Pues sabía que si lo sugería Lena se ofendería tremendamente.
El abogado de Lena suspiró pesadamente al leer la petición de la firma del divorcio sin ningún condicionamiento adicional que el acuerdo de custodia total y pensión educativa de su hija. Yulia comprendió que el abogado había tenido que batallar con Lena, estaba seguro que era de aquellos que quería extraerle a Yulia hasta la última gota de sangre. Pero sonrió, Lena no había cambiado, nunca sería lo que ella pensó que era: una mujer interesada en su dinero. Y así lo fuera, Yulia podría darle lo que ella quisiera siempre y cuando siguiera casada con ella.
Pero sabía que eso no funcionaria con Lena, su niña era demasiado decente y orgullosa para eso.
Entonces se dio cuenta que el zorro que tenia por abogado su, aún, esposa había terminado. Se había perdido unos minutos en sus pensamientos.
Fue entonces cuando Igor le tomó la mano y respondió mirándola.
- Mi cliente y yo debemos analizar su propuesta, Elena, nos daría unos…
- Por favor, déjenme unos momentos a solas con mi esposa –dijo Yulia atropelladamente.
Todos se quedaron mirando a la pelinegra, incluyendo Lena, quien había regresado su atención a lo que sucedía alrededor.
- No tenemos nada que…
- Por favor, Lena, solo unos minutos.
Aquella suplica dicha tan suavemente surtió como analgésico en Lena. Quien al ver la mirada tan angustiada de Yulia cedió ante la petición.
- Está bien, por favor Stephen, Igor, déjennos unos momentos a solas.
Igor, ni siquiera espero ninguna otra indicación puesto sabia que Lena estaba en su derecho de pedir cualquier cosa. Sin embargo, Stephen, el abogado de Lena, se resistió unos segundos antes de ceder y retirarse de la oficina.
Una vez a solas, Yulia se puso de pie y se acercó a Lena. Sin que la pelirroja de lo esperara, la ojiazul se puso de rodillas frente a ella y le tomo las manos.
- Por favor, no nos hagas esto.
- Yulia… -visiblemente incómoda.
- Haré lo que tú quieras Lena, todo será como quieras y en el momento que tú quieras pero…no nos hagas esto. No quiero separarme de ti ni de mi hija.
- Ya es tarde para esto Yulia, ya es tarde para nosotras –mirando hacia un lado.
- No, nunca es tarde. Tú me lo demostraste, nunca es tarde para nada, menos aún para nuestro amor que…
- Ya no te amo, entiéndelo –mirando fijamente los ojos de Yulia.
- Eso no es cierto, un amor como el nuestro…
- Se murió, ya no está, se fue. Entiéndelo por favor –soltándose y caminando hacia la ventana del lugar.
- Lena…
- Quiero el divorcio, sin complicaciones, sin problemas. Podrás ver a Sasha cuando quieras, solo quiero asegurarme que nunca tendré problemas para que me acompañe en mis viajes y lo demás. Empezaré a viajar mucho dentro de un mes y deseo llevármela conmigo a donde vaya. Será bueno para ella conocer el mundo, después de todo es tu hija y necesita estar al tanto de sus responsabilidades desde pequeña.
- Voy a trabajar lo suficiente como para que ella no tenga que hacer nada hasta cuando sea necesario. No quiero que cargue con esas responsabilidades, a penas es una niña. Quiero que tenga la misma infancia tranquila que mis padres se esforzaron por darme.
- Estoy totalmente de acuerdo, pero también es bueno que sepa que hacemos, es bueno que nos conozca en todos los ámbitos para que comprenda que si a veces no podremos estar con ella es porque estamos labrando un mejor futuro para ella. Quiero que vea el mundo.
- Tienes razón pero si estamos juntas será mucho mejor. Le podremos mostrar lo mejor de ambas, quiero envejecer contigo, mi amor. Te amo, Lena. No me dejes, por favor –abrazando su cintura desde la espalda.
Se quedaron unos minutos así, sin decirse nada.
Hasta que Lena suspiró y se separó de Yulia.
- Por favor, en nombre de ese amor que me dices tener…déjame libre, yo…necesito estar lejos de ti…yo…
- Yo te necesito a mi lado.
- No, creo que no, si así fuera no…no hubieras podido soportar todo lo que yo soporte durante los dos primeros años de nuestro matrimonio. Piénsalo, Yulia, piénsalo. Tu también quieres ser libre, se que lo deseas. Te doy la oportunidad, no quiero nada más que lo que sé le corresponde a nuestra hija, solo eso.
- Lena…
- Mi abogado se comunicará con el tuyo si es que aceptan nuestra propuesta, adiós.
Tomó sus cosas y se retiró, dejando a Yulia en el limbo de la locura y la tristeza.
- Mamita? –Sasha se había acercado a Lena y jalándola de su saco había logrado llamar su atención.
- Lo siento, mi cielo, que sucede? –poniéndose a la altura de su hija y acariciando su rizos.
- Veré a mamá hoy, verdad? –sonriendo ante la idea.
- Si, así es. Hoy tu mamá Yulia cumple años y quiere tenerte a su lado en un momento tan especial –sonriendo.
- Habrá torta? –sonriendo ampliamente.
- Sí, claro que sí.
- Y tú también estarás con nosotras, mamita? –mirando ilusionada a su hermosa madre.
- Mi amor, ya sabes que no puedo –intentando sonreírle lo más apenadamente a su hija.
- Por qué? Nunca puedes estar con nosotras o mamá Yulia nunca está contigo –empezando a formarse una lagrimita en los azules ojos de la heredera Volkova – Katina.
A Lena se le rompía el corazón al ver a su pequeña así, pero poco podía hacer por evitarlo. Lo único que podía hacer era abrazar a su pequeño cielo y susurrarle cuanto la amaban.
- Mejor, mi cielo? –sonriéndole tiernamente.
- Quédate conmigo y con mamá hoy, por favor? –usando su monumental puchero.
Elena no pudo hacer nada y terminó cediendo.
- Mamá! –gritó la pequeña Sasha mientras corría al encuentro de Yulia.
La pelinegra al oír a su pequeña se dio la vuelta y empezó a buscarla por todas partes. Cuando finalmente la encontró abrió los brazos para recibirla y dar vueltas de felicidad con ella.
- Mi vida, que bueno que estás aquí! Te he extrañado tanto! –besándola por todo el rostro.
- Mamá! Mami! Feliz cumpleaños! Te quiero mucho! –abrazaba fuertemente a su pelinegra madre.
- Gracias mi cielo –fue cuando reparo que Lena se acercaba a paso lento hacia ellas -. Hola Lena –sonriendo tímidamente.
- Hola Yulia, feliz cumpleaños –también sonriendo algo nerviosa.
- Gracias, por favor pasemos. Tomate algo con nosotras antes que…
- Mami! Mi mamita Lena se quedará con nosotras! Toda la noche! –dijo sonriendo la pequeña parlanchina, comprometiendo inmediatamente a su madre, quien se encendió hasta igualar al color de su cabello.
- Eso es cierto? –pregunto sonriendo tontamente Yulia.
- Bueno…yo…ella me lo pidió…pero le advertí que debía conversarlo contigo. No deseo incomodarte de ninguna manera –avergonzándose.
- Tu nunca podrías incomodarme Lena, lo sabes.
- Yulia yo…
- Por favor, pasemos. Este día ha empezado de maravilla. Toda mi familia junta, que más podría pedir.
Y juntas, las tres, entraron a la mansión de los Volkova.
Una vez dentro, los padres de Yulia se apoderaron de su nieta y no la dejaron ni un solo momento. Lo que obligó a Lena a permanecer a solas con Yulia
Ambas nerviosas y sin nada más que decir, solo pudieron conversar acerca de los negocios. Hasta que llegó Andrea acompañada de Marlene y el ambiente se pudo relajar.
Yulia miraba cada cierto tiempo a Lena, quien reía ante las ocurrencias de sus amigas. Sobre todo de Marlene, quien no había perdido ni un ápice de su natural personalidad bromista en todo ese tiempo.
- Sé que ahora ocupas la gerencia de Marketing, Marlene. Te felicito por ello. Andy está muy orgullosa de ti –dijo Yulia en sincera voz.
- Gracias Yulia –respondió la morena.
- Marlene se ha esforzado mucho por ello y en cuanto papá decidió que yo podría ayudar más ahora en el área de Finanzas me pidió un nombre para el puesto que yo dejaría. No habría otra persona más cualificada que Marlene, no podría estar más tranquila con nadie más.
- Amiga, sabes que jamás te fallaría.
- Lo sé.
- Mi niña es una cajita de sorpresa, cuando me lo dijo estaba toda nerviosa y hasta asustada –empezó Andrea, mientras le acomodaba los rizos a su novia-. Sin embargo, yo siempre confié en que lograría seguir aportando en su trabajo.
- Después de la maestría solo restaba una oportunidad así para que pudieras demostrar más aún de lo que eres capaz Marle, no tienes porque avergonzarte.
- No es eso…es solo que ya sabes cómo me pongo cuando hablamos de mi –sonrojada.
- No es preciosa? –dijo Andy riendo mientras le tomaba de las mejillas a su morena.
Lena se sentía feliz de ver tanto cariño de parte de sus amigas. Pero la sensación de incomodidad se hacía presente. No es nunca las hubiera visto en ese plan. Era solo que…
Anhelo…
Y soltó un suspiro.
Silencio…
- Lena, te encuentras bien?
Y ahí la tenía, era Yulia quien tiernamente le había preguntado si se encontraba bien. Se la quedó mirando cual si la viera por primera vez.
Como aquella primera vez en la escuela…
Hacía ya tantos años…
Tan pronto como se dio cuenta de ello sacudió la cabeza y frunció el ceño. Qué demonios le estaba pasando? Hacía demasiado tiempo no se sentía así.
- No, no. Es decir, si. Me encuentro bien. Solo algo cansada –y sonrió suavemente.
Todas se le quedaron mirando unos segundos y fue en ese momento que se dio cuenta que tanto Yulia, como sus amigas se le habían quedado mirando fijamente.
Andy se puso derecha y se alejó un poco de Marlene, ante lo cual Lena temió haber sido demasiado obvia. Pero no pudo decir nada ya que su hija entró a la velocidad de la luz al cuarto donde estaban y se le lanzó encima.
- Mamita!
Solo pudo sonreír ante ese gesto y abrazó fuertemente a su pequeña.
Larissa hizo su aparición un segundo después.
- No puedo creerlo. Tiene el doble de resistencia que Yulia…
- O tú tienes la mitad de aguante ahora, mamá –pico la morena a su madre, quien en respuesta le dio un cariñoso jalón de orejas.
- Me estás diciendo vieja, Yulia?
- No mamá, como crees? –riéndose.
- Ah, más te vale.
Todos rieron.
- Tía Andy! Tía Marle!
Y las mencionadas abrieron los brazos para recibir a la niña.
La tarde pasó tranquila hasta que los invitados empezaron a llegar. Yulia no había querido nada grande, solo amigos cercanos y familiares.
Todo fue perfecto, y lo que más disfruto fue la presencia de su hija y Lena.
Lena.
Ahora que había podido estar con ella más tiempo, había notado como es que la hermosa pelirroja había madurado mucho lejos de ella. Su nueva actitud la hacía verse mucho más hermosa que nunca. Estaba bellísima, demasiado.
Sabía que jamás dejaría de amar a Lena, pero también había aceptado que ella había dejado de amarla y no la culpaba. Había sido una maldita rata con ella.
Es más, se sorprendía que la tratara con un mínimo de educación y cortesía, cuando ella había sido todo menos eso con ella.
Como había podido ser tan tonta para haber despreciado el amor de Lena como lo hizo en el pasado? Como había podido tratarla tan cruelmente como lo hizo?
Dios santo, si la amaba con locura.
Como había podido hacerle tanto daño a la persona que más amaba en el mundo?
Sus sentimientos habían sido tan intensos y ella había tenido tan poco control sobre ellos que…
Se había sentenciado ella misma.
Y ahora solo le quedaba vivir con las consecuencias de sus acciones.
Mirando. Amando de lejos a una hermosa y cada vez más madura Lena.
Siempre la amaría, siempre. Aunque ella ya no la quisiera más.
- Yul? Hija? Estás bien? –le preguntó su madre al verla tan concentrada mirando a Lena.
- Eh? Si, si mamá. Lo siento. Estaba…pensando en muchas cosas.
- Te entiendo –y fijo la mirada en Lena-. Nunca debiste dejarla ir. Es una chica increíble.
- Ella ya no quería seguir a mi lado, mamá. Qué más podría hacer? La amo demasiado como para retenerla a mi lado en contra de su voluntad –dirigiendo su mirada al suelo, en clara actitud de derrota.
- Yul, hija.
- Al menos tengo a Sasha, mamá. Esa niña es mi vida –subiendo la mirada y dirigiéndosela a su hija, que correteaba de un lado a otro de la sala.
- Es la luz de nuestra vida Yul, es la luz de esta casa. Es una lástima que sea hija única, al igual que tu.
- Mamá? –mirándola extrañada.
- Solo digo que me hubiera gustado que Lena y tu tuvieran una niña más y así Sasha podría tener lo que tú no –terminó Larissa con una sombra de tristeza en los ojos.
Yulia comprendió que su madre se lamentaba no haberle podido dar más hermanos. Sonrió y abrazó a su progenitora.
- He sido tan feliz, mamá. Papá y tú me han dado la mejor vida que he podido tener.
- Yul…
- He sido muy feliz, no tengo nada que reclamarles.
Larissa sonrió y abrazó mucho más fuerte a su pequeña pelinegra.
El resto de la velada pasó entre felicitaciones y brindis en nombre de la pelinegra. Yulia estaba feliz, sin embargo, seguía doliéndole que Lena le mostrara una amable frialdad. Lo comprendía.
Todo termino cerca de las cuatro de la madrugada, cuando el último invitado se retiró.
- Bueno Yul, ha sido un placer, como siempre, compartir contigo este día –dijo Andy abrazando fuertemente a la pelinegra.
- Para mí siempre es una delicia tenerlas en casa chicas, se han convertido, ambas –mirando también a Marlene- en grandes amigas para mí.
- Si, si, Volkova, pero no apachurres mucho a mi mujercita, que yo nada más la aprieto asi –respondió riéndose Marlene. Yulia también se rió, soltó a Andy y abrazó a Marlene.
En esos momentos Larissa aparecía en el gran salón de aquella enorme mansión.
- Se van, hijas?
- Si Lari, ya debemos irnos. Es algo tarde.
- Pedí que les prepararan una habitación. Vamos, quédense. Desayunaremos mañana todos en familia y ustedes son parte de la familia –tomando las manos de ambas.
Andy y Marlene se miraron y sonrieron. Fue la castaña quien habló.
- No sabes lo felices que nos hace oír eso Lari. Nos quedamos gracias.
- Todos, mamá?
- Si, Sasha y yo también nos quedaremos. Digo, si no te incomoda, tu mamá nos invitó a quedarnos y…
Yulia negó con la cabeza y abrió los brazos a su hija, quien ni corta ni perezosa corrió a los brazos de su madre.
- Para nada. Al contrario, Lena, no sabes lo feliz que me hace oír eso.
Larissa sonrió en complicidad con Andy y Marlene, y las chicas entendieron lo que estaba tramando.
- Por cierto, Lena.
- Si, dime, Larissa.
- Hablé con tus padres hoy por la mañana. Luego que felicitaran a Yulia, me quede conversando con Inessa.
- Si? –sonriendo al saber que la amistad entre su madre y su ex – suegra continuaba.
- Sí. Inessa estaba bastante feliz y me dijo que en realidad estaban llegando a Rusia ayer a las 11 de la noche.
- Cómo? Pero ellos estaban en Italia y… -la pelirroja se quedó desconcertada. No sabía que sus padres estaban de regreso tan pronto.
- Sí, yo también me sorprendí. En realidad su intención era llegar para la fiesta de esta noche pero lamentablemente el tiempo no estuvo muy bueno en Milán y se cancelaron todos los vuelos de hace tres días.
- Oh, vaya. No lo sabía.
- Vienen a desayunar con nosotros más tarde…bueno en realidad, será casi un almuerzo dadas las horas que nos estamos yendo a descansar.
- Si, es cierto –la apoyó su hija.
- Bueno, vamos, les mostraré sus recamaras. Yul, por favor, muéstrale la suya a Lena, está al lado de la tuya.
- Mamá! –había empezado a comprender, al igual que Lena, que es lo que estaba sucediendo.
- Qué sucede, mi niña? –haciéndose la inocente.
- Sabes bien que sucede.
- No, mi amor. Creo que te hace falta un poco de descanso. Lenita, por favor, acompaña a mi hija a descansar. Conoces su habitación, la tuya es la siguiente.
- Gracias, Lari –algo apenada con la situación.
Ambos grupos se dieron las buenas noches y se dirigieron a sus habitaciones. El particular grupo guiado por Larissa no pudo aguantar reírse un poco de la situación:
- Larissa, si que las pusiste en un aprieto.
- Necesitan un empujoncito. Inessa y yo nos encargaremos que se frecuenten más: ellas dos regresaran. Se los prometo chicas.
- Sería excelente –dijo sonriendo Andy.
- Si, de esa forma nuestro bebé tendría un par de madrinas que también serian pareja.
Larissa se quedo de piedra, al igual que Andy, al oír lo dicho por la morena.
- Dije algo malo? –algo incómoda con las miradas.
- Están embarazadas? –dijo sonriendo Larissa.
Andy se rió y procedió a explicar la situación.
- Hemos decidido casarnos a fin de año y luego de ello iniciar el mismo tratamiento que siguió Lena para poder tener un bebé.
- Eso es excelente! –y las abrazó.
- Si, en realidad sí. Ya es bastante el tiempo que llevamos juntas y queremos hacerlo oficial. Además, de darle una estabilidad legal y sentimental a nuestro bebé.
- Y cuál de las dos lo llevará? –mirándolas a ambas.
- Yo –dijo emocionada la castaña-. Así lo decidimos, ya que Marle tendría más complicaciones para dejar tanto tiempo la oficina. Sin embargo, Yulia nos tiene a mí y a Natasha –refiriéndose a la segunda asistente de Yulia.
- Eso es excelente.
- Eres la primera en enterarte Lari, por favor, aún mantenlo en secreto, si? –pidió la morena.
- Claro que sí! Dios! Que alegría! –y las volvió a abrazar.
Mientras el otro grupo…
- Mamá puedo dormir contigo? –preguntó inocentemente Sasha.
Yulia casi se tropieza de la emoción. Recuperó el equilibrio y se agachó para cargar a su hija.
- Claro que si, princesita, claro que sí –y continuo caminando hacia su habitación.
Lena se quedo pensando en la petición de su hija. Solo pedía dormir con ella cuando sentía miedo o estaba insegura. Miró alrededor y se dio cuenta: Sasha no recordaba haber dormido en esa casa, es por eso que no se sentía segura.
- Mamita también puede dormir con nosotras?
Eso casi hace tropezar a Lena, quien se sostuvo de la baranda de la escalera para no caer al piso.
Yulia la miró de reojo y después simplemente sonrió a su hija:
- Si así lo deseas. Pero está algo cansada, mejor la dejamos dormir a solas para que tenga toda la cama para ella sola, no lo crees así Sasha?
- Tienes razón, mamá –y mirando a Lena-. Mamita no te molesta, verdad?
Lena miró a su hija y negó.
- No, mi amor, por supuesto que no.
Sasha sonrió y la vida se les iluminó a ambas mujeres.
Llegaron a la habitación que usaría Lena y Yulia se detuvo frente a la puerta.
- Si necesitas algo, cualquier cosa, solo tienes que llamar a mi puerta. Es la que está a la derecha –sonriendo a Lena.
- No te preocupes. Creo que…aún recuerdo como es la casa.
Yulia se sonrojo ante el amable rechazo de Lena.
- Es cierto. Lo siento. En ese caso te quedas en tu casa Lena.
- Gracias Yulia –sonriendo.
Yulia también correspondió la sonrisa y se sorprendió al ver a Lena acercarse lentamente a ella. Los músculos de espalda se le tensaron y un contingente de revoltosas mariposas levanto vuelo en su estómago.
- Buenas noches, mi amor –susurró Lena.
Yulia a penas podía creerlo…Lena iba a…iba a…
Pero la ilusión de Yulia termino al no sentir el ansiado beso sino oír la suave risa de su hijita.
- Buenas noches mamita –y le devolvió el beso a Lena.
Vio a Lena sonreír derretida y luego entrar a su habitación.
Yulia no sabía si reír o llorar, así que optó solo por apretar contra si a su hijita y dirigirse hacia su habitación.
Al ingresar a la habitación escuchó el sentido bostezo de su pequeña.
- Tienes ya mucho sueño, princesa.
- Si, mami –recostándose en su hombro.
- Vamos a cambiarte y te acostarás, si?
- Si, mamita.
Yulia sonrió ante el cariño desmesurado que le mostraba su hija. A pesar que no estaba todo el tiempo que lo deseaba con ella, no sentía para nada que su pequeña se mostrara distante con ella.
La recostó sobre la cama y fue por su pijama. Después de mucho tiempo tenía el placer de preparar a su pequeña para dormir y arroparla.
Una vez que la pequeña se quedó profundamente dormida, Yulia suspiró y se metió a la ducha. Mientras las refrescantes gotas de aguas apaciguaban sus contradictorios sentimientos, pensaba como es que podía haber creído que Lena la besaría.
Una voz interior le decía que lo había pensado porque lo había deseado.
Sonrió.
- Nunca dejaré de amarte Lena.
Salió de la ducha, secándose el cuerpo con una mullida toalla y se colocó su camisón. Dio un último vistazo a su pequeña y finalmente cayó rendida junto a ella. Abrazándola y deseando con ese abrazo protegerla de todo el mal del universo.
- Qué es lo que has dicho, papá? –preguntó Yulia con la mandíbula casi en el suelo y con voz en cuello.
Lo mismo sucedía con toda el resto de la mesa que miraba con expresión confusa al patriarca de los Volkova. A excepción de Larissa, y Yulia se dio cuenta de ello.
- Mamá? Tu lo sabías?
- Bueno hija… -Larissa no quiso decir mucho y su hija comprendió.
- Estás seguro, papá? –preguntó la morena casi con miedo de haber oído bien a su progenitor.
- Así es hija: he decidido dimitir definitivamente. A partir de la siguiente semana tú serás la nueva cabeza de la familia.
- Por qué no mis tíos? Cualquiera de ello está perfectamente capacitado para…
- Todos estamos de acuerdo en esto, hija. Ya fue discutido en directorio. Nadie se opuso. Todos ven en ti lo mismo que tu madre y yo: el temple, el coraje y el amor por nuestra empresa. Corporación Volkov entrará de la mano al nuevo siglo contigo, hija mía –y sonrió depositándole toda la confianza del universo en su heredera.
- Papá… -no sabía que decir.
Oleg tomó asiento y su esposa le tomo la mano sonriendo. Fue entonces que una voz completamente inesperada se hizo oír de entre todo el silencio que había dejado tal anuncio.
- Felicidades Yul –sonriendo.
- Len…
- Sé que harás todos lo necesario para corresponder la confianza que Oleg está depositando en ti. Creo que es una excelente decisión. Felicidades –entonces se puso de pie y le dio un fuerte pero corto abrazo.
Yulia se sintió en el cielo por cortos dos segundos. Lena la estaba felicitando. Más que ello, creía que era la persona adecuada para llevar a cabo lo que se le estaba encomendando. Eso era una excelente señal.
La pelinegra sonrió y correspondió el abrazo. Que tan solo fue el primero de los siguientes que recibió de toda la mesa.
La tarde pasó tranquila, en medio de la gran parrillada que habían organizado post – fiesta de cumpleaños de Yulia. Todos celebrando el nuevo anuncio y felices de la decisión tomada.
Solo Yulia se quedaba pensativa de vez en cuando. Sentía el peso de la gran responsabilidad que le estaban dando, pero era una mujer de retos. Le encantaban y sabia que con un poco de organización podría asumir el que ahora le encargaban.
Sonrió.
- La vida es buena, hay que vivirla.
- Es cierto.
- Lena! Dios, me asustaste –llevándose la mano al corazón.
- Tan fea estoy? –riéndose y ofendiéndose a la vez.
- No, no –tratando de enmendarse desesperada.
- Calma, calma. Sé que te tome desprevenida.
- Tú me puedes tomar como…ay no…
Lena la miró sorprendida pero luego estalló en carcajadas. Yulia suspiró agotada.
- Sonó malísimo.
- Si, realmente si –sonriendo de la ocurrencia pero con el rostro totalmente enrojecido.
- Lo siento, estaba pensando un poco y bueno…ya lo sabes.
- Vuelas a un mundo donde nadie te puede alcanzar… -susurró nostálgica.
- Lena…
- Tu padre ha tomado una buena decisión, no debes preocuparte –cambiando de tema.
- Gracias.
- No debes darlas.
Silencio. Nuevamente ese silencio incómodo. Y es que cuando las palabras que deseas decir no pueden ser pronunciadas…o no deben ser pronunciadas…el silencio se adueña de la situación. Y que puedes hacer? Quizás solo darle paso y dejar que cual dueño del momento pase y se apodere de todo. Quizás…
- Ya debo irme. Mañana tengo un día bastante cargado en la oficina y…
- Claro, deseas que te lleve? –se ofreció Yulia.
- No te preocupes, traje mi auto. Gracias –sonriendo.
- Las acompaño.
- Ok.
Una vez Lena y su pequeña se hubieron despedido de todos, Yulia las acompañó hasta el vehículo.
- Nos vemos princesa.
- Si, mamita. Te quiero muuuuuuucho –dándole un beso a su morena madre.
- Yo también –y le colocó el cinturón de seguridad.
- Conduce con cuidado y cualquier cosa me llaman. Tengo mi móvil conmigo –le dijo a la pelirroja.
- No te preocupes, adiós.
- Adiós.
- Adiós mamita –agitando la mano.
- Adiós princesa –devolviendo el gesto.
Y aquellos ojos azules se quedaron viendo el horizonte hasta que el auto que llevaba a las mujeres de su vida desapareció de su vista.
No sabía si hacerlo o no. Estaba indecisa. Pero ya venía dándole vuelta a la idea varias veces. Y la verdad era que prefería que Lena la mandara a freír espárragos en sartén de palo, en lugar de carcomerse el cerebro con la duda.
Seguía amando a Lena tal cual lo había hecho desde hace tanto tiempo. Solo que ahora sentía que ya no era la misma jovencita impulsiva que después de haberle hecho el amor a Lena, se aferró a la pelirroja de manera obsesiva y posesiva. Con una actitud de feroces celos cada vez que cualquiera se acercara a su hermosa novia.
No ya no era esa joven. Ahora sentía su amor calmo, tranquilo, maduro, pero mucho más intenso que antes. Se moría por abrazar, besar y vivir al lado de su, ahora, ex – esposa. Y ni que decir de su deseo de vivir cada día de su vida viendo crecer a su pequeña heredera. Esa niña era su vida.
Quería a ambas de nuevo en su vida y si Lena le diera tan solo una oportunidad, se aseguraría de no defraudarla.
Tenía que reconquistar a Lena. Ya habían pasado dos años desde el divorcio y deseaba que Lena hubiera calmado sus demonios contra ella.
De por si notaba a la pelirroja mucho más calmada y hasta menos reticente a verla. Aunque también tenía en cuenta que ello se debía a que Lena no quería ver a su pequeña hija afectada por una actitud belicosa entre sus madres.
Suspiró.
- Que sientes por mí, mi amor? Me…seguirás amando? O ya solo soy alguien que fue parte de tu pasado?
Y antes de arrepentirse tomó su móvil, marcó el tan conocido número y espero la respuesta del que sabia sería el amor de su vida.
- Aló, buenas tardes?
- Hola, buenas tardes, Lena –dijo poniendo su mejor sonrisa la pelinegra, aunque sabía que la persona con quien hablaba no la veía.
- Yulia? Vaya que sorpresa. Dime en que te puedo ayudar? –con un aire tan profesional que Yulia casi se arrepiente de haber llamado. Pero ya estaba decidida: iba a recuperar al amor de su vida.
- Bueno, estaba pensando…hace mucho tiempo que no puedo almorzar con Sasha –y contigo, pensó pero no lo pronunció- y bueno…yo…quería saber si…
- Claro, que si Yulia. La enviaré con Niko a tu oficina o a donde me digas.
- Niko? –tratando de hacer memoria pero no logró recordar quien diantres era Niko.
- Es quien que casi siempre nos moviliza cuando no deseo manejar.
Lena soltó una sonora carcajada al darse cuenta que la pelinegra había olvidado por completo al gigantesco hombre de más de metros de alto, al cual la ojiazul había llamado gorila, con toda la razón del mundo.
- Oh! Si claro que lo recuerdo. El gorila que cuida a mi princesa cuando tú no puedes.
- Bueno, no puedes quejarte. Me sugeriste que sería bueno que la niña tenga a un particular para ella. Solo tomé en cuenta tu sugerencia –sonriendo porque recordaba claramente la mirada llena de celos que le había lanzado su ex – esposa cuando había visto sonreír a Sasha tan alegre con el guapo guardaespaldas.
- Cuando sugerí ello, me refería a León. El guardaespaldas de tu padre –muy feo pero cariñoso con Sasha. La niña se había robado el corazón de todos los trabajadores de ambas empresas. Incluyendo al personal de seguridad.
- Bueno, León es imposible que deje a papá. Es su incondicional y nunca me atrevería ni a mencionarlo a mi padre.
- Sé que Sergey no se hubiera opuesto…
- Ni León tampoco. Pero me pareció que Niko era una buena opción. Revisé su expediente contigo, así que tampoco me puedes acusar de haber elegido sola.
Yulia inmediatamente notó que Lena estaba empezando a tomarse en serio la ridícula discusión acerca del guardaespaldas y no era eso lo que ella quería.
- No deseo discutir acerca del gorila que cuida a mi hija, se que lo hace bien. Y confió plenamente en tus elecciones Lena…
- Aja –sabiendo que Yulia iba a otro lado.
- Así que dejémoslo así.
- Está bien –sonriendo al haberse equivocado y notar que Yulia cedía-. Entonces a donde te mando a Sasha?
- Recuerdas ese restaurant…-y le mencionó uno de sus favoritos cuando eran novias- verdad?
Lena se quedó callada unos segundos. Segundos que parecieron años para Yulia.
- Claro, estará allá en una hora. Te parece? –sonando completamente normal.
- Si, está bien –decepcionada.
- Hasta luego, Yulia.
- Hasta luego.
Una vez Lena hubiera colgado, Yulia cayó rendida en el cómodo sofá de su oficina.
- Pensé…pensé que la indirecta sería totalmente clara. Es que acaso ya no nos entendemos a ese nivel, mi amor? –le preguntó la pelinegra a la nada.
Mientras en la oficina de la pelirroja.
- Por qué me haces esto, Yulia? Por qué intentas abrir viejas heridas cuando ya todo está tranquilo en mi corazón?
Yulia estaba sentada esperando a su hija en el restaurant acordado, cuando vio en la puerta al mentado gorila con su hija en brazos. Levantó la mano y cuando sintió la mirada de Niko en ella, la bajó.
- Mamá! –gritó fuerte Sasha, mientras se abalanzaba sobre Yulia, quien la recibió gustosa en brazos.
- Hola princesa –besando la frente de su preciosa hija.
- Buenas tardes señora Volkova –saludó el guardaespaldas.
- Buenas tardes –sin mirarlo.
- La señora Elena me pidió que le preguntara si usted llevaría a la señorita Sasha a su casa o…?
- Yo llamaré a Lena para ello.
- Como usted diga. Me retiro.
- Si, gracias por traer a mi hija.
- Es mi trabajo, señora. Con permiso.
Cuando Niko se retiró Yulia pudo relajarse y dejar de estar a la defensiva.
Suspiró.
Si no fuera porque sabía que Lena era completamente alérgica a los hombres, en cuanto a relaciones se refería, se pondría verde cada vez que la veía con ese tipo, ahora ya podía controlar esos sentimientos. Antes era imposible.
Pero su pelirroja sonreía tan alegre y sincera cuando los veía conversar. Parecía estar tan cómoda al lado de ese tipo que…
Los celos no la dejaban pensar con claridad. Lena jamás se fijaría en…
Era ridículo.
Todo se había puesto patas arriba cuando Sasha le había contado de forma completamente inocente que en alguna ocasión habían confundido a Niko con su padre, puesto que ambos eran rubios y de ojos azules. Pero que Lena había aclarado oportunamente la verdad.
- Mami?
- Princesa? –regresando la atención a su hija.
- No me haces caso –poniendo el puchero debilidad de Yulia.
- Lo…lo siento, princesa. Que sucede? –derritiéndose.
- Tengo hambre –incrementando el gesto.
- Errr mi amor, ya pedí poco antes que llegaras con postre incluido. En cualquier momento deben traernos tu platillo favorito.
- Siiiiiiiii!!!! –y se lanzó a los brazos de su madre nuevamente.
- Pequeña mía –sonriendo y olvidando sus pensamientos.
Mientras en la puerta del restaurant a donde habían llegado Niko y Sasha:
- Señora Lena? Pero…? –balbuceaba el guardaespaldas al ver a su jefa bajar de su vehículo.
- Hola Niko –sonriendo y entregando las llaves al encargado del establecimiento.
- Señora Lena si usted me hubiera dicho yo hubiera pasado por usted…yo…
- No te preocupes, decidí venir en último momento.
- Sí, claro. Yo la puedo ayudar en algo? Podría ir a dejar su vehículo a su oficina, regresar por usted y la señorita Sasha…?
- No te preocupes. Muchas gracias de todas formas. Puedes regresar a casa, yo iré directamente allá llevando a Sasha.
- Como usted diga señora –poniéndose muy derecho.
- Nos vemos –ingresando al local.
Lena buscó con la mirada a su hija y a Yulia. Las encontró rápidamente cuando se acercaron a ayudarla. Sonrió negando la ayuda que el joven mesero le ofrecía y se dirigió a la mesa donde veía a su hija disfrutar con verdadero deleite un plato muy grande para su tamaño.
- Está disfrutando el almuerzo, mi princesita? –susurró cálidamente Lena hacia su hija.
Yulia al oírla casi se atraganta, hizo un esfuerzo por guardar la compostura y se puso de pie para saludar a la pelirroja.
- Lena, pensé…
- Hola. Interrumpo? –sonriendo.
- Claro que no…tu nunca…
- Mami! –Sasha le tendió los brazos intentando abrazar a su madre, quien solicita se sentó a su lado y le dio un beso en sus rubios rizos.
- Cómo estás mi pequeña?
- Mamita! Mira ya voy por la mitad y no me he llenado aún! –contenta.
- Qué bueno mi amor!
Yulia se sentó y presurosa pidió la carta nuevamente para Lena.
- Gracias –cuando el encargado de su mesa se la tendió-. Espero no interrumpir tu cita –dirigiéndose a Yulia.
- No, no, claro que no. Tú siempre serás bienvenida, somos una familia –hablando seriamente.
- Gracias –e hizo su pedido.
Y así fueron los últimos dos meses para aquella pequeña familia: Yulia invitando a Lena a salir con Sasha de por medio y Lena aceptando a pesar de sus iníciales resistencias.
- Va a volver con ella, verdad, señora? –se atrevió a preguntar alguna vez Niko, mientras conducía a casa de los Katin y veía a Sasha dormida en los brazos de su madre.
- Qué? –totalmente desconcertada ante la pregunta y el atrevimiento del hombre.
- Lo siento señora, perdóneme jamás debí de hacer esa pregunta. Yo… -y se estacionó lo más alejado posible de la autopista-. Lo siento.
- Eso es algo que no te incumbe.
Y lo dijo tan firmemente que dejó delimitada la línea entre ella y su guardaespaldas. Había sospechado algo así pero no quería creerlo. Llegó a auto convencerse que solo se trataba de camaradería, tal cual la tenía con todos sus colaboradores. Había cometido un error. Claro que había visto las chispas que saltaban entre Yulia y Niko cuando estaban cerca el uno del otro. Parecían dos machitos rabiosos a punto de saltar uno encima del otro en cuanto alguno se distrajera.
- Usted sabe que…
- No digas algo de lo cual te puedas arrepentir, Niko. Tienes un buen trabajo. Un trabajo que realizas de manera excelente y en el cual puedes permanecer cuanto tú quieras. No lo eches a perder.
Niko abrió los ojos, gesto que no pudo ser apreciado por los lentes oscuros que llevaba, y luego soltó un suspiro.
- No sabe lo que daría por haberla conocido antes –fue lo último que dijo y volvió a arrancar el auto.
En un arrebato de furia estrelló el diario contra la puerta de su oficina. Un segundo después Andrea asomaba su rostro y contemplaba la expresión enojada de su jefa.
- Uy, creo que no estamos con el humor precisamente rebosante de alegría.
- Andy! –notando su presencia recién-. Lo siento, te hice daño? –acercándose.
- No te preocupes, llegué justo a tiempo para no denunciarte por abuso laboral –riendo e ingresando a la oficina.
- Lo siento –sonriendo.
- Qué sucedió? –recogiendo el diario y abriéndolo-. Oh! Ya comprendo –mirando a Yulia de forma comprensiva.
- Estoy arta de esos titulares –bufando de cólera.
- Bueno, Lena y tú son libres de…
- Andy! –deteniéndose antes de decir algo de lo cual podría arrepentirse.
- Calma, te entiendo – llevándola de la mano hacia un sillón para conversar.
- Sabes bien como es que me siento respecto a esto –dándole una mirada de desprecio al diario.
- Lo sé. Pero debes entender que ustedes dos son libres para hacer lo que deseen de sus vidas personales…y también que este es uno de esos diarios que deberían dedicarse a escribir novelas…se inventan unas –mirando la fotografía de Lena y su chofer riendo amistosamente y anunciando la próxima boda.
- Son demasiado cercanos para mi gusto.
- Ay, Dios! Yul! Lena tiene lo de hetero, lo que tú de mansa paloma.
- Hey! No me ayudes tanto! –riendo.
- Yul, sabes que Lena en estos momentos está sola.
Clic! Y Andrea se dio cuenta que había metido la pata. Hasta el fondo.
- En…en estos momentos?
- Errrrrr bueno, tengo un día complicado. Te dejo reflexionando y… -levantándose para irse.
- Alto ahí.
- Yulia, por favor –cubriéndose el rostro con ambas manos.
- Habla ahora –quitándole ambas manos y mirándola fijamente.
- Prometí no comentar nada.
- Tu novia no se enterará.
- Lena?
- Tampoco –firmemente.
- Lo juras por Sasha? –suspicazmente.
- Si –con total convicción.
- La pediatra de Sasha hace un año invitó a salir a Lena. Ella no se negó y bueno…estuvieron saliendo hasta hace unos meses.
- Y…? –conteniendo las ansias asesinas y el terrible dolor que se apodero de su pecho.
- Lena terminó con ello.
- Por…?
- Pregúntaselo a ella, ni mi novia, ni yo lo sabemos.
- Entiendo –soltando a su amiga.
- Yul, deberías hacer lo mismo.
- No quiero, ni tengo la más mínima intención de hacerlo.
- Yul…
- Si he de quedarme sola, así sea Andy. La única mujer en mi vida, será mi hija, Sasha –acercándose a la ventana de su oficina.
- Me tienes a mí, a tu familia y tus amigos.
- Sabes a lo que me refiero –mirándola tristemente.
- Lena…ella…Yul…tú…debes intentar…
- Si no es ella, no será nadie más. Siempre la voy a amar.
- Hay tantas personas por el mundo Yul. Buenas personas…cuando… -dudando- cuando Marle aún no se decidía por mí…la mejor decisión que pude tomar es haberle dado una oportunidad a tu primo. Es un hombre excepcional. Si Marle no hubiera regresado, estoy segura que hubiera terminado amándolo profundamente.
- El te quería mucho.
- No tanto como parece desvivirse por su esposa y eso está muy bien –riendo.
- Andy.
- Lo ves? No solo puede ser una sola persona. No quiero decir que Lena no sea la mejor. Muchos daríamos el alma con tal de verlas regresar. Pero son ustedes quienes toman sus decisiones. Lena se ha hecho muy independiente y segura de sí misma. Ha crecido mucho como persona y como profesional. Además de ser una excelente madre.
- Lo sé, es la mejor. En tantos sentidos. Su único defecto y error fue haber estado conmigo.
- Yul! –golpeando suavemente su hombro.
- Hizo de mí una mejor persona y no supe valorarlo. Me dio lo mejor y tampoco supe apreciarlo.
- Creo firmemente que todo pasa por algo en esta vida. Si ha tenido que suceder así, es por algo.
- Créeme que ya aprendí mi lección.
- Tú crees?
- La persona que habla contigo, no es la misma de hace tres años. Y lo sabes.
- Si, lo sé. Lo mismo podría decir de Lena. Quizás las personas que sean ahora ya no sean las mismas de las cuales se enamoraron hace tanto tiempo.
- Sabes que he estado tratando de acercarme a ella?
- Si.
- Cada vez que la veo, que conversamos, que compartimos momentos…cada día me convenzo mucho más que incluso siendo quien es ahora sigue siendo la persona con quien me gustaría pasar el resto de mis días.
- Entiendo cómo te sientes. Y lamento decir que eso es realmente amor. El tiempo pasa y los cambios que se dan en la persona que amas, solo hacen que la ames más.
- Amas mucho a Marlene –sonriendo.
- Es mi vida. Todos los días agradezco a Dios haberla puesto en mi camino.
- Entiendes entonces lo que siento por Lena. Ella será para siempre…aunque no esté a mi lado.
- Yul –abrazando a su amiga y tratando de reconfortarla en algo.
En otro lado de la ciudad…
- Ay, qué dices? –sonrojándose.
- Anda Marle! Que ya es hora! A no ser que quieras que te de un empujoncito? –riéndose.
- Lena –gruñendo por lo bajo.
- Andy es muy guapa. E increíblemente dulce. Todos los sabemos. No va faltar la que se te quiera adelantar y…
- Ya basta! Ya se lo pedí, contenta? –totalmente avergonzada de haber pisado el palito, pues había prometido aún no contarlo.
- En serio? –con los ojos brillando.
- Si –mirando fijamente unos papeles.
Lena dio un chillido y se fue encima de Marlene, quien solo pudo abrir los brazos para disminuir el impacto del golpe.
- Qué alegría! Entonces para cuando? –separándose un poco.
- Fin de año. Andy ya está empezando a preparar todo.
- Y no me habías dicho nada? –haciéndose la ofendida.
- Iba a ser una sorpresa. Se los íbamos a contar dentro de poco. Estábamos esperando la confirmación de los familiares de Andy.
- La familia de Andy? Pues que no era…
- Si, no tiene padres…padres biológicos que conozca, si a eso te refieres. Pero hay dos chicas con las se trata cual si fueran hermanas. Así que mi niña estaba esperando que le confirmaran que vendrían a fin de año. Se lo habían prometido y según sus últimos correos y llamadas ya todo está listo. Estarán aquí a fin de año para asistir a nuestra boda. Claro que ellas no lo saben.
- Es maravilloso! Cuando piensan anunciarlo?
- Quizás dentro de dos semanas.
- Sabes que puedes contar conmigo en lo que necesites, verdad?
- Sí, claro que sí. Y después de regresar de la Luna de Miel, créeme que te tomaré la palabra –sonriendo.
Lena la miró sospechosamente. Y después abrió los ojos desmesuradamente y volvió a lanzarse sobre su amiga.
- Un bebé, verdad?
- Si –brillándole los ojos.
- Que felicidad! Por fin mi hija tendrá una compañera de juegos!
- Si, es lo mismo que pensamos Andy y yo. Pero…sus primos no es que la tengan muy abandonada –sonriendo y recordando las reuniones de los pequeños Katin con Sasha. Eran fiestas donde Lena y sus hermanos terminaban hechos polvo, pero bien valía organizarlas por ver a esos pequeños felices.
- Sí, pero no es lo mismo. Ellos se adoran como los hermanos que son y mis hermanos babean por mi hija…
- Bueno, la vida solo les ha dado varones a tus hermanos. Es normal, que tanto ellos como sus primitos vayan como esclavos detrás de Sasha –riéndose.
- Los hermanos se aman por naturaleza. Los amigos, los verdaderos amigos, tienen un lazo tan fuerte como los hermanos sin los lazos sanguíneos que los unen. Lo que yo encontré en ti, quiero para mi hija.
- Sabes que también te quiero, amiga.
- Y yo a ti.
Un minuto de silencio y Marlene lanzó la pregunta.
- Lena, hay algo que…
- … -ya se imaginaba lo que iba a preguntarle y no deseaba responder aquello.
- Lena…
- Marle…
- Por qué?
- No lo sé. Ni yo misma lo sé.
- Aún…?
- No –poniéndose de pie y alejándose.
- No? Pues entonces no deberías.
- Es tan malo querer darle esos momentos de unión familiar a mi hija? –mirándola.
- No, no, no es para nada malo. Al contrario, pero sabes que Yulia está yendo con otras intenciones y tu aceptación la está haciendo ilusionarse.
- Ya he hablado de eso con ella.
- Qué le dijiste? –sorprendida.
- Le dije que eso solo es por Sasha.
- Y qué te respondió?
- Solo me sonrió y asintió. Ella está sobre aviso. Sabe que no hay posibilidad de un nosotras como pareja.
- Estás segura? –dudándolo.
- Si, más que nunca –con firmeza.
Sin embargo, Marlene dudó. Dudó porque veía la duda en los verdi - grises ojos de su amiga. Pero también se preguntó a que se debía esa duda.

0 comentarios:
Publicar un comentario