Catorceavo capítulo. Enjoy it!
Vamos Yul, tú eres mejor que eso.
Dijo Andy con voz paciente y comprensiva. Sin embargo, eso solo provocó que la morena soltara un pesado suspiro.
- No tengo mucha inspiración para esto Andy.
- Hace una semana no tienes nada más que “Buenas tardes”. Me estoy empezando a preocupar, la conferencia será la siguiente semana y solo faltan seis días.
- Lo sé, lo sé –tomándose la cabeza entre ambas manos.
- Yul…
La morena suspiró profundamente e intentó tranquilizar a su amiga.
- No es la primera vez que no tengo nada unos días antes. Solo será una introducción rápida. Lo demás serán preguntas, pero debo ser concisa.
- Pero…solo quiero…dime en que te puedo ayudar y lo haré, en serio –dijo algo triste Andy.
- Andy –sonriendo tiernamente y abrazándola-. No te preocupes, lo tendré listo para ese día.
- Está bien –y suspiró con resignación.
- Ahora solo ve a descansar. Marlene debe estar esperándote en casa. Ya es muy tarde –viendo el reloj y notando que pasaban de las diez de la noche.
- Ya la llame y le dije que podría demorar, que no me espere a cenar. Ella lo entiende, es parte de mi trabajo y yo entiendo el suyo –sonriendo.
- Me hace muy feliz que su relación haya prosperado tanto.
- No lo tuvimos fácil al inicio pero ahora estamos bien –sonriendo feliz.
- Me alegra tanto oírte decir eso –sintiendo una sana envidia por su amiga.
- No es que todo sea miel sobre hojuelas, pero creo que es normal. Toda pareja pasa por ello.
- Creo que a pesar de todo quien va a terminar pidiéndote consejo seré yo –riendo tristemente.
- Oh, Yul! Sabes que siempre estaré para ti.
- Gracias, pero es algo que tendré que hacer sola.
- Si. Aún no pierdes la esperanza? –viendo a su amiga con algo de tristeza.
- Podrías renunciar a Marlene ahora, si les surge una complicación tan enorme?
Andrea pareció pensarlo unos segundos pero después con total convicción respondió.
- Creo que me costaría superarlo. No se lo perdonaría tan fácilmente, pero no echaría tanto esfuerzo por la borda. De ninguna forma, lucharía por superarlo. Me veo finalizando mi vida a su lado. Quiero terminar mi vida a su lado. Ella es y será siempre el amor de mi vida. La conocí algo tarde, pero dicen que lo bueno se hace esperar. Esperé por ella y ahora está a mi lado –dejó de sonreír y continuó-. Pero si alguna vez ella deja de sentir que soy la persona que quiere a su lado no podría retenerla, verla feliz es mi felicidad. Si no sería más el motivo de su felicidad, podría dejarla ir, no sin luchar antes. Pero mientras yo sea la persona quien la haga feliz, seguiré a su lado, amándola, adorándola, abrazándola…tomando su mano y caminando a su lado.
Se volvió a ver a su morena amiga y la vio pensativa.
- Yul?
- Pues entonces me entiendes, Andy.
- Creo que si –dándose por vencida.
- Lena es el amor de mi vida. Desde que me di cuenta de ello supe que quería pasar el resto de mi vida a su lado. Si por mi inmadurez la perdí, lo acepto. Pero jamás dejaré de intentar recuperarla. Y más aún habiendo tantos motivos para hacer esa lucha.
- Sasha? –sonriendo.
- Es uno de los mejores motivos. Pero también el hecho de amarla, Andy. Sasha y el gran amor que siento por Lena son mis motivos. Quiero a esa mujer más que a mi propia vida y no descansaré hasta que me dé una nueva oportunidad.
- Pues suerte con ello –sonriendo.
- Gracias –sonriendo también.
- Entonces ahora si te dejo sola para que puedas seguir con tu discurso, señora presidenta.
Yulia soltó una carcajada, le dio un abrazo a su amiga y la dejo ir.
- Ahora a continuar.
A veces la vida te sorprende con eventos totalmente fortuitos que en su momento no llegas a comprender. Y quizás te tome años comprender el porqué de aquellos sucesos. Pero nunca debes de dejar de pensar que todo pasa por algo.
Y Yulia lo sabía. No lo comprendía pero sabía que alguna fuerza extraña del universo la había llevado a salir de su oficina después de haber apagado su laptop y había conducido hacia la casa de Lena.
Ahí estaba. Frente a su puerta. Sin saber si debía tocar o llamar para que Lena autorice su ingreso. En esas se encontraba cuando una luz la cegó y se cubrió los ojos para palear el dolor que le produjo.
Después escuchó que tocaron a su ventana y una vez sus ojos se acondicionaron a la luz, bajó un poco su ventana.
- Señora Yulia?
- Hola Joshua, buenas noches –saludando al vigilante de turno de la casa de los Katin.
- Me asustó un poco ver un auto que no conocía tanto tiempo parado aquí. Discúlpeme, no la había reconocido. Ha cambiado el viejo Mercerdes.
- No te preocupes, es tu trabajo y me alegra que cuides la casa donde vive mi hija así. Y con respecto al cambio de vehículo, si, ya era hora. Lo siento, es solo que…
- Viene a ver a la señora Lena? –sonriendo.
- Bueno…yo…
- No se preocupe, lo entiendo. Autorizaré su entrada y avisaré en la casa.
- No, no te preocupes. Yo llamaré a Lena mientras llego a la puerta.
- Claro, como usted diga –tomó su radio y habló-. León?
- Si, dime Joshua. Alguna complicación con el Audi?
- No, amigo. Es la señora Yulia, ha cambiado de vehículo.
- Oh, qué pena. Discúlpanos con ella, por favor.
- Claro que sí. Ella lo entiende.
- Ha venido a ver a la señora Lena?
- Así es, por favor abre la reja para que pueda pasar.
- Por supuesto –y terminó la comunicación.
- Hasta pronto señora Yulia. Cualquier cosa, aquí estamos para servirle.
- Muchas gracias. Hasta luego.
Sin embargo, mientras cruzaba la reja y saludaba a León con la mano, se preguntaba qué demonios estaba haciendo. Lena la iba a enviar a freír espárragos. Era casi medianoche, una hora poco ortodoxa para hacer visitas. Pero ya estaba allí. Si se daba vuelta o no llegaba a ver a Lena, los guardias se lo dirían temprano.
Sin darse cuenta llegó a la puerta principal de la casa de los Katin y para horror suyo Lena estaba esperándola en la puerta. No le quedó más que estacionarse, bajar del auto y acercarse a la puerta.
- Yulia, que sucede? Te encuentras bien? –visiblemente preocupada.
- Lena, buenas noches, yo…
- Oh, perdona, buenas noches –avergonzada de su falta.
- No, no te preocupes, yo…
- Estás bien?
- Si, si.
- Oh, qué bien –ahora más calmada-. Por favor, pasa, hace mucho frio –sonriendo.
- Gracias.
Una vez que se instalaron en la biblioteca de la casa de Lena y tenían por delante dos tazas de té muy caliente, se sentaron frente a frente y Yulia dudó. No se sentía con los pantalones suficientes como para decir lo que había pensado.
- Yulia, que sucede? A qué debo esta visita? –sonriendo.
Una señal. Yulia. Nunca más Yul, mi amor, mi cielo, cariño.
- Hace mucho que no me llamas Yul.
Y Lena lo comprendió.
Cuando León la había llamado a su anexo y le había dicho que Yulia estaba dirigiéndose a la casa, una sensación un poco extraña le recorrió la espalda y el corazón se le saltó un latido. Pensó que podría haberle sucedido algo y saltó de la cama. Fue a ver que Sasha estuviera bien y después bajó corriendo las escaleras a esperar a Yulia. Al verla entera, pensó que no estaba herida pero podría haberle sucedido algo. Y ahora lo comprendía. Había llegado el día y no sabía que podría pasar.
Vio a Yulia ponerse de pie y acercarse al gran ventanal que daba directo a los jardines de la casa.
- Sasha dentro de poco cumplirá cinco años.
- Y es una niña muy feliz.
- Pienso que podría serlo más aún.
- Yulia…
- Cuando llegue aquí pensé que podría estar cometiendo un error. Pero después recordé que mi peor error había surgido de haber callado cuando debí haber hablado, de haber hablado cuando debía callar y oírte, de haber dejado paso al orgullo cuando debí dejar que sea mi corazón quien gobernara mis actos. Deje al amor en último lugar, Len y no sabes cuánto me arrepiento de ello. Porque aunque me di cuenta e intenté remediarlo, ya había cometido demasiados errores que tarde o temprano tendría que pagar caro. Y los pagué perdiendo lo que más amaba en esta vida.
Lena no sabía que decir y más que eso no quería decir nada que propiciara que Yulia siguiera hablando. Temía lo que podría decirle. No quería oírlo.
- A veces las cosas pasan por algo, Yulia.
Otra señal. Ahí estaba. Entonces lo decidió: aunque sabía que no había agua, se iba a lanzar a la piscina.
- Si, así es Len y yo aprendí mi lección. Si la vida quiso enseñarme algo, lo comprendí, lo aprendí y se lo agradezco. Pero ahora lo único que quiero es hacer todo lo posible por recuperar al amor de mi vida y la luz que ilumina mis días –y se volvió a mirar a Lena. Encontrándose con unos sorprendidos ojos verdes que la miraban fijamente.
Pasaron unos incómodos segundos hasta que Lena se puso de pie y se dirigió a la puerta diciendo:
- Creo que no es el momento, la hora, ni el lugar para… -sintió el suave toque de Yulia, tomándola por el brazo y volviéndola hacia ella.
- Ningún momento será el adecuado si esperamos que suceda. Somos nosotros quienes elegimos el momento y yo lo he elegido: ahora –hablando tan calmadamente y mirando a los ojos de su amor.
- Yo no deseo hablar de esto Yulia.
- Estos días han sido…han sido tan solo un pequeño atisbo de lo que podríamos llegar a tener, Len. No lo ves así?
- Te lo dije, no significaba eso. Solo quiero que Sasha no sienta que…
- Si, lo sé. Sé que fue lo que me dijiste. Dijiste que era por Sasha y te creo. Te creo Len. Sé que amas a nuestra hija y que solo quieres que sea feliz. Y si su felicidad involucra tener que verme, lo harás. Pero eso no es todo, verdad? Porque si fuera así no te harías participe de esos momentos, no estarías con nosotras, como lo hiciste después de separarnos. Ahora estás con nosotras, disfrutas con nosotras, buscas esos momentos tanto como yo…
- Sasha es tan feliz y quiero estar a su lado cuando ella sonría como cuando nos tiene a ambas juntas, eso es todo.
- Puedes decirlo viéndome a los ojos, por favor?
- Yulia…-susurró y se volvió a mirarla- no sigas con esto, por favor. Te voy a hacer daño y de verdad que no lo deseo.
- Siempre preocupándote por los sentimientos de los demás. No sabes cuánto adoro eso de ti.
- Y de qué sirvió, Yulia?
- Len…
- De qué sirvió amar tanto, dejando de lado lo que yo sintiera por hacer feliz a quien amaba. No sirvió de mucho cuando quien yo amaba se fue con otra persona, sin importarle en nada lo que yo podría sentir. El dolor que podría infligirme y romper un juramento tan sagrado como el de la fidelidad. Si, lo sé! Firmé un contrato dándote permiso para ponerme los cuernos. Pero creí, quise creer que ese odio y ese rencor podría apalearse con el amor que te ofreciera. Y qué pasó?
- No sigas por favor.
- Qué paso, Yulia?
- Te defraude de la peor forma. Traicioné tu confianza y con ello te perdí.
- Si lo sabes, entonces no insistas.
- Lena ha pasado tanto tiempo y yo aún te sigo amando.
Ahí estaba, lo había dicho y el mundo no se había terminado…aún.
- Pero yo dejé de amarte hace tanto, Yulia. Hace tanto que ya no recuerdo como era.
Bien, ahora sí, la Tierra podía tragársela y ella sería feliz si pasara.
- Entonces dame una oportunidad de conquistar nuevamente tu corazón y tu confianza. Solo dame una oportunidad y te prometo que te haré muy feliz. Una vez me amaste, si fue amor de verdad no puede haber muerto.
Segundos de eterno silencio. Aquel que precede y sucede a la tormenta más desastrosa. Yulia no sabía si la tormenta había pasado o recién se desataría.
- Lo siento, pero no. No quiero volver a pasar por lo mismo, nunca más.
Yulia como quien ve a la tormenta cerca y no se hinca, no se dejó convencer por el temor de la mujer de su vida.
- Porque tienes miedo, temes que te vuelva a fallar y eso no volverá a suceder. Te lo juro con mi vida, Lena. Eres el amor de mi vida, ese con el cual quiero pasar el resto de mis días. Amanecer contigo todo los días, abrazarte, darte un beso, decirte que te amo e iniciar el día con ganas de conquistar el mundo para ponerlo a tus pies. Criar junto a ti a nuestra hija, hacerla una persona de bien. Quizás darle una hermanita, una pequeña que tenga el cabello rizado y muy rojo, como el tuyo. Unos ojitos verdes que me volverán loca y me tendrán a sus pies. Y que junto con su hermana sean la luz de nuestras vidas –acariciando el rostro de Lena y deteniéndose en sus mejillas-. Lo que me pidas será tuyo. Mi corazón, mi alma, mi vida. Pídelo y será tuyo. Por favor, dame una oportunidad más.
A veces decir no, es tan complicado. Cuando te ofrecen el oro y el moro, es tan difícil decir no.
Lena buscó dentro de su corazón alguna razón para decir no y solo encontró una. La cual no sabía si sería suficiente para que Yulia desistiera. No había ninguna razón más y tampoco era necesaria alguna más. Era tan contundente. Pero la terca pelinegra no lo entendía o no lo quería entender.
- Por favor, podrías intentar comprender que no se trata solo de miedo? Yulia deje de amarte hace mucho y si te soy sincera no quiero hacer nada por intentar revivir algo que fue demasiado doloroso. Perdóname, pero no. Si me amas, como dices hacerlo, por favor respeta mi decisión. Nunca más y es mi última palabra.
Silencio. Más silencio devorando todo lo poco que quedaba de esperanza en el corazón de la ojiazul. Había dicho no. Lena había dicho no y aunque era una posibilidad, en algún momento tuvo la esperanza de oír decir un sí. Un sí que iluminaria su existencia y pondría a su alcance el paraíso en la Tierra.
- Por favor, es demasiado tarde y tanto tú como yo tendremos oficina mañana…
- No te preocupes, te entiendo –sonriendo tristemente.
- Yulia…
- Lena, me ha quedado claro. No hay más que decir.
- Está bien.
- Perdóname por quitarte tiempo de descanso. Me retiro. Gracias por todo.
- Buenas noches.
Vio salir a la pelinegra con una actitud de derrota total: hombros caídos, mirada baja, lento caminar. Y no podía hacer nada.
- Lo siento, Yul. Es mejor así –y una lágrima resbalo a través de su mejilla.
No iba a regresar a su casa. De ninguna forma, sus padres se darían cuenta si se los llega a encontrar. Prefirió regresar a su oficina y quedarse a descansar ahí. Era lo mejor.
Sin embargo, sentada en su gran sillón y con la laptop prendida sin poder hacer nada más que mirar el protector de pantalla con fotos de Sasha se preguntaba qué es lo que estaba haciendo con su vida.
- A dónde estás yendo, Yulia?
No tenía mucho sentido seguir ilusionándose con la idea que alguna vez Lena pudiera regresar a su vida. Aquella noche la pelirroja se lo dejó bastante claro: nunca más.
- Y tendrás que aprender a vivir con eso Volkova. La margarita dijo no.
Pero no por eso podía echarse al abandono. No, ella no era así. No quería comparar, porque no había punto de comparación pero una vez sobrevivió al desastre de Nina en su vida. Podría hacer un esfuerzo mayor para sobreponerse a no tener a Lena. Claro que lo haría. Nadie decía que sería fácil, pero lo haría.
- Nadie se ha muerto de amor. Aunque ganas no me faltan. Vamos Volkova! La vida sigue y tú tienes mucho por lo que vivir.
Miró una vez más los preciosos ojos de su hija, su herencia para su pequeña. Sonrió y comenzó a deslizar sus largos dedos sobre las teclas de la pequeña máquina.
Mientras Lena no podía dormir. Seguía pensando en lo que acababa de suceder. En todo lo que Yulia le había dicho.
- Maldita!
La había tentado demasiado. Cuanto hubiera dado porque esa promesa hubiera llegado unos años antes…tan solo unos años antes…
- Porque tienes miedo, temes que te vuelva a fallar y eso no volverá a suceder. Te lo juro con mi vida, Lena. Eres el amor de mi vida, ese con el cual quiero pasar el resto de mis días. Amanecer contigo todo los días, abrazarte, darte un beso, decirte que te amo e iniciar el día con ganas de conquistar el mundo para ponerlo a tus pies. Criar junto a ti a nuestra hija, hacerla una persona de bien. Quizás darle una hermanita, una pequeña que tenga el cabello rizado y muy rojo, como el tuyo. Unos ojitos verdes que me volverán loca y me tendrán a sus pies. Y que junto con su hermana sean la luz de nuestras vidas. Lo que me pidas será tuyo. Mi corazón, mi alma, mi vida. Pídelo Lena, pídelo y será tuyo. Por favor, dame una oportunidad más.
Se había visto tentada de decir que si, muy en el fondo. Difícilmente podía hallar dentro suyo aquel viejo sentimiento que había unido tiempo atrás a Yulia, parecía que algo hubiera muerto dentro suyo, pero sentía una tentación de…
- Ya, basta Elena. Su tiempo ya pasó.
Qué era eso que la empujaba a dudar? Aquel sentimiento que la llevaba a verse tentada por la oferta de Yulia? Porque siendo sincera con ella misma quiso decir si, aunque fuera para probar una pequeñísima parte de ella quiso decir si.
- Qué me pasa? Por qué me vienes a tentar después de tanto tiempo Volkova?! Por qué?!
Enterró la cara en la almohada decidida a dormir, pero una hora después se dio por vencida y decidió dar un paseo por su jardín.
- Me falta un poco de aire.
Sentarse en el jardín, aspirar el helado aire de la ciudad y darse cuenta que preferiría tener al lado una cálida compañía. Una compañía que le dijera cuanto la quería, que estuviera con ella siempre y que quisiera construir una vida con ella. Que la amaba por ser ella…
- Estoy describiendo lo que Yulia me acaba de ofrecer...rayos…
Quizás solo era…
- Soledad…
Quizás más de dos años sola era suficiente…
Quizás sus heridas ya estaban curadas…
Quizás ya estaba preparada para compartir su vida con alguien más…
Quizás…
Quizás esa persona fue, es y seria siempre la misma que había amado tanto hace tiempo.
- Quizás ya estoy demasiado cansada y necesito irme a dormir.
Cuanto tiempo puedes amar sin ser correspondido? Cuánto tiempo amarías a una sola persona sin que ella muestre señales que sentir algo por ti? Peor aún, cuánto tiempo seguirías amando a esa misma persona cuando a todas luces ella te ha superado?
Existen tantas historias con ambos extremos en cuanto a las respuestas que se pueden dar a estas preguntas. Tantas historias conocidas y sin conocer.
Esta es tan solo una de tantas, una de muchas cuyo final aún no está escrito…o sí?
- Señora Lena? –vía el teléfono de su oficina.
- Si, dime Alex.
- La señora Yulia…
- Pásamela, no hay problema –suspirando pesadamente.
- No, yo…bueno…ella…
- Qué sucede? –preocupada.
- Le juro que quise pasarle la llamada directamente pero ella me dijo que solo…
- Alex, tranquila. Me puedes decir que paso, no te preocupes –extrañada con la actitud de su tan eficiente asistente.
- La señora Yulia acaba de llamar y me dijo que por favor le dijera que desea almorzar con Sasha desde hoy hasta el jueves, puesto tendrá una conferencia el día viernes.
- Entonces…? –extrañada porque no entendía la situación.
- Ella me pidió que se lo dijera y que estará enviando por Sasha a su casa con su propia movilidad. Que si usted deseaba que el guardaespaldas de su pequeña la acompañara no habría problema pero que por favor, diera la autorización para que la pudieran recoger. Intente comunicarla con usted pero me dijo que estaba con el tiempo algo apretado y que por favor le diera el recado. Ella llamaría más tarde para confirmarlo.
Lena entendía la actitud de Yulia: quería empezar a poner distancia de por medio. Y aunque su parte razonable se alegró con ella, había algo dentro, muy dentro que no estaba precisamente alegre.
- Está bien Alex, no te preocupes. Si la señora Yulia vuelve a llamar dile que tiene autorización.
- Claro, señora Lena.
- Y por favor, llama a casa y dile a Niko que Yulia pasará por Sasha en estos días. Que por favor acompañe a mi niña el mismo.
- Claro que sí.
- Gracias –y terminó la llamada-. Así que así estaremos Yulia –y continuó con su trabajo o al menos lo intentó hasta que una hora después su móvil sonó-. Bueno?
- Hola Lena, soy Yulia.
La pelirroja casi se cae de su silla pero mantuvo la compostura y acomodó. La pelinegra la había sorprendido.
- Lena? –extrañada.
- Hola Yulia. Si, dime, en que puedo ayudarte?
- Lo siento, hace unos momentos hablé con tu asistente y le dije que…
- Si, Alex me pasó el recado.
- Lo siento, estaba algo atareada y le pedí que te lo dijera.
- No te preocupes. Todo está coordinado, Niko acompañará a Sasha para que pueda llegar contigo tranquila y sin contratiempos.
- Gracias, es importante para mí. Entonces, enviaré a mi movilidad para que recoja a Sasha para que almuerce conmigo estos días.
- Claro.
- Gracias Lena, hasta luego.
- Hasta luego –y escuchó el sonido inconfundible de una llamada terminada del otro lado-. Grrrrrr –respiró profundamente y dejó el móvil en el escritorio-. Sacas lo peor de mi Volkova y si, no te preocupes entendí perfectamente que estoy excluida de la invitación.
Y se recostó hasta el máximo de su cómoda silla reclinable cubriéndose los ojos con ambas manos.
Y todos los días fueron lo mismo, menos el mismo día de la conferencia, asi que decidió ir a su casa y comer con su pequeña.
- Mamiiiiiiiiiiiiiiiiii! –corriendo a los brazos de la pelirroja.
- Pequeña! –tomándola en sus brazos y abrazándola fuertemente. Luego miró a la niñera y le indicó con la mano que ella se encargaría, entonces la joven se retiró dejando solas a madre e hija.
- Hoy ya no iba con mi mamita Yulia, no?
- No, mi amor, hoy tu mamita Yulia tiene mucho por hacer. Es un día muy importante para ella y está algo atareada –caminando con la pequeña rubia en brazos hacia su habitación.
- Sí, me lo dijo ayer. Le di mucha suerte –sonriendo sin dejar de abrazar a su mamá.
- Qué bueno, princesa! Eso es lo que tu mamita necesitaba.
- Si! –pegando su pequeña nariz con la de su mamá.
- Señora Lena, está en casa. Almorzará con Sasha? –le preguntó una de las personas encargadas de la casa.
- Si, por favor pon un plato más para mí. Hoy almorzaré con mi princesa –sonriendo.
- Claro que si –dirigiéndose a dar la indicación en la cocina.
Después de disfrutar el almuerzo con su princesa, decidió que no regresaría a la oficina. Habían pocos pendientes y Alex podía con ellos. Llamó para indicárselo pero su asistente le dijo algo que la dejó inquieta.
- Como dices?
- Si, seguridad dijo que era un hombre un poco desgarbado, alto, rubio, de tez muy clara y pidió hablar con usted.
- No dijo quién era?
- No, insistió mucho, pero Seguridad sin identificación ni autorización expresa de usted no lo dejarían pasar, entonces se retiró muy enfadado. León llegó poco después que se fuera así que no pudo verlo.
- Ok, gracias Alex, cualquier otra cosa me das una llamada y… - se quedó callada al ver la portada del diario que se encontraba a su lado.
- Señora Lena?
- Alex, por favor, si ese hombre regresa dile a León que el mismo se encargue de atenderlo y que revise los videos de seguridad de cuando ese hombre intentó ingresar.
- Los videos de seguridad?
- Si, por favor, indícale ello discretamente y que después de verlos me llame.
- Claro que sí –tomando nota-. Algo más en lo que pueda ayudarle?
- Eso es todo. Encárgate tu misma de todo lo demás, por favor.
- Claro que sí, no se preocupe.
- Gracias.
Lena cortó la llamada y tomó el diario con ambas manos.
- No puede ser. Cómo pudo…?
Cuando empezaba a leer la gran portada del diario, el teléfono que tenía a su lado empezó a sonar. Lena se sobresaltó y sin dudarlo lo tomó.
- Bueno?
- Oh, vaya, estoy de suerte.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al oír esa voz. Nunca podría olvidarla. Nunca.
- Oh, Lenita veo que te ha comido la lengua el gato. No vas a saludarme? Creo que el tiempo te ha hecho perder las formas. O te has vuelto tan vulgar como tu adorada Volkova?
- David…
- El mismo que viste y calza –riendo-. Intenté hacerte una visita de cortesía en tus oficinas pero no me dejaron ingresar. Debes indicar que para la próxima me tiendan una gran alfombra de bienvenida. Después de todo estuvimos muy cercanos, no?
- Qué es lo quieres?
- Hay Lenita que mal educada. Yo que llamaba para…
- David, que es lo quieres? No tengo tiempo para tus llamadas de cortesía –retomando el control de la situación después de la sorpresa inicial.
- No te portes asi, Lena. Solo quería saludarte.
- Ok, ya lo hiciste. No vuelvas a llamar, recuerda que tienes una orden de restricción para conmigo y mi familia. Te acercas un poco y regresaras directo a donde saliste.
- Escúchame bien Katina…!
- No, escúchame tú a mí. No quiero que vuelvas a llamar, ni acercarte a mí o a mi familia. Sabes muy bien que puedo regresarte al sucio lugar de donde saliste en menos de lo que te imaginas. Lo sabes bien. Ya no estás tratando con la niña estúpida que engañaste muy bien hace tanto tiempo.
Silencio. Un corto silencio al cual le sucedió una fuerte carcajada del otro lado de la línea.
- Vaya que has sacado las garras, princesa.
- No soy tu princesa.
- Siempre lo serás, hermosa. Solo quería llamarte y oírte antes de irme. Si, como lo oyes, me iré y jamás de volverás a ver, ni a saber de mi. No te preocupes más, solo quería despedirme.
- Entonces adiós –con toda la intención de colgar.
- Sabes, preciosa, este hotel, donde tu ex – mujer dará su conferencia está muy bien. Creo que entraré a darle una mirada. Quizás deba darme ese último gusto antes de dejar la patria. Seguro que las noticias estarán interesantes hoy por la noche. No te las pierdas. Adiós, querida Lena. Hasta nunca.
Nuevamente el sonido de llamada cortada sonó del otro lado de la línea, dejando a Lena desconcertada. No entendía bien lo que David había querido decirle hasta que vio otro de los titulares del diario.
- Heredera Volkova anunciará hoy…el anuncio será en el Hotel…Dios, no, no te atreverías David…no serias tan…
David le había hecho demasiado daño en su vida. Había destrozado su felicidad cuando por fin la había logrado al lado de su amada ojiazul. Cuando por fin la había tocado con la punta de los dedos. Cuando había alcanzado por fin el corazón del amor de su vida. Y ahora había regresado y ella había entendido perfectamente el mensaje.
No lo permitiría. No dejaría que le hiciera daño a Yulia, nunca más. Nunca más.
Tomó las llaves de su auto y salió corriendo de su casa. Niko la vio correr hacia su auto y se acercó a ella.
- Señora Lena, puedo ayudarla?
- Niko! Por favor, cuida de Sasha. No permitas por nada del mundo que esté sola o que salga de casa.
- Sucede algo? –preocupado.
- Sí, bueno, no lo sé. Has visto los diarios hoy?
- Si, el que llegó hoy a su casa.
- El titular de hoy hablaba de Yulia y de un hombre importante que salió de la cárcel.
- Si.
- No tengo mucho tiempo pero ese hombre nos hizo mucho daño a Yulia y a mí, lo has leído seguramente. Bueno, él acaba de llamarme, está cerca del hotel donde está Yulia, temo que haga una tontería y…
- Señora cálmese, por favor. La señora Yulia está bien resguardada y…
- No! No lo entiendes. Él…
- Por favor, cálmese.
- Solo iré a ver que todo esté bien y regresaré lo antes posible –respirando profundamente-. Por favor, no le quites la mirada de encima a Sasha. Ahora está tomando su siesta, anda y cuídala.
- Sí, pero usted no puede ir sola.
- No te preocupes, en el camino llamaré a León para que me mande a alguien y que me alcance allá.
- Segura que está bien?
- Si, no te preocupes. Me voy.
Niko vio como Lena subió a su auto y salió rápidamente de la propiedad. Después ingresó rápidamente a la casa y subió al cuarto de la heredera de Lena.
- Sucede algo, Niko? –la niñera de Sasha se acercó a él cuando lo vio entrar a la habitación con un rostro que expresaba clara preocupación.
- La señora Lena me ha encargado que vigile a la princesa hasta que ella regrese.
- Pasa algo?
- Parece que alguien que les hizo daño salió de la cárcel. No lo sé muy bien. Puedes ir a la sala de descanso y traerme el diario, por favor Dani?
- Claro, te quedas con Sasha?
- Si, no me muevo hasta que la señora regrese.
- Ya vengo.
Niko esperó a que la niñera saliera y habló por la radio.
- Joshua?
- Si, dime Niko.
- Activa alerta amarilla. Parece que ha surgido un pequeño problema.
- Qué sucede? –preocupado.
- No lo sé exactamente, en treinta minutos te podré confirmar con mayor precisión.
- No me alarmes.
- Solo despliega a todos y que estén alerta. Nadie entra a esta casa sin el control de rango amarillo.
- Entendido, yo me encargo de comunicarlo. En cuanto tengas más precisión me avisas.
- Si.
Quince minutos después Niko reunía a todo el personal de la casa y daba alerta roja de seguridad en la casa de los Katin. Luego de haber coordinado todo y desde la habitación de Sasha, llamó a León.
- Amigo tenemos un problema.
Mientras pisaba el acelerador del vehículo, Lena pensaba que ya poco importaban sus dudas, ahora se daba cuenta de muchas cosas. Lo más importante era que su hija no se viera privada de la maravillosa presencia permanente de su otra madre. Si ella la había perdido, no iba a permitir que su hija también lo hiciera. Sasha no tenía porque pagar los errores de ambas.
- Como pude ser tan tonta? –recriminándose a sí misma.
Sabes no pido nada más
Que estar entre tus brazos
Y huir de todo el mal
Que a todo he renunciado
Por estar junto a ti
Era increíble como estando tan cerca de la felicidad, esta se le había escapado entre los dedos cual si de agua entre los dedos se tratara. La vida se le había pasado por delante y ella no había sido capaz de hacer mucho por tomarla. Durante los últimos años mantuvo los puños cerrados cuando las cosas se ponían complicadas. Fue cobarde cuando debió ser valiente. Se retiró cuando debió pelear y hoy era cuando pagaba las consecuencias de su cobardía.
Sabía perfectamente que se había dejado llevar por el orgullo. Un orgullo que, al menos a ella, no la hizo feliz. Un tonto orgullo que no la esperaba en casa, no la abrazaba, ni le decía que la quería.
- Yul…ojala no sea muy tarde para nosotras…
Y aceleró aún más la velocidad.
Sabes no dejo de pensar
Que estoy enamorado
Te quiero confesar
Que soy solo un esclavo
Que no sabe vivir sin tí
Aquel día, desde el momento en que había despertado, Lena había estado en su pensamiento. No era que cada día no la pensara.
No. No era eso.
Todos y cada uno de los días de su vida, desde que la había conocido, la tenía en sus pensamientos. Más aún desde que se habían separado.
Suspiró.
- Len… -mirando el cielo desde la ventana de la habitación del aquel magnifico hotel en donde daría por fin la conferencia para la cual venia preparándose tanto.
- Señora Yulia?
La voz de su guardaespaldas personal la sacó de sus pensamientos, impidiéndole pensar en las posibilidades de respuestas.
- Dime Dimitri –volviéndose para responderle al alto y fornido hombre que la cuidaba.
- Ya es hora, Andrea la espera en la sala de conferencias y me acaba de informar que todo está listo.
- Ahora voy.
- Está bien, señora.
Cuando su guardaespaldas salió, Yulia se miró una vez más al espejo y practicando una última vez esa falsa sonrisa que la acompañaba desde hace algún tiempo, salió rumbo al centro de conferencias donde haría el tan esperado anuncio.
Cuando llegaste tú
Te metiste en mí ser
Encendiste la luz
Me llenaste de fé
Tanto tiempo busque
Pero al fin te encontré
Tan perfecta como te imagine
Tenía a todo si equipo técnico a su lado. Listo para ayudarla por si en algún momento lo necesitara. Más aún sus dos asistentes estaban prestas y capacitadas para ayudarla en cualquier pregunta que no tuviera contemplada.
Toda la sala se sumió en silencio al verla aparecer. Tomó asiento en su lugar en la mesa central de la sala, pudo observar la gran cantidad de periodistas que esperaban por sus palabras.
- Muy buenas tardes a todos. Lamento los minutos que han tenido que esperar. Pero ahora podemos empezar señores –dijo Andrea-. La señora Volkova procederá a hacer el anuncio por el cual ustedes han sido cordialmente invitados el día de hoy.
Todos los rostros se veían expectantes. Todos esperaban las palabras de Yulia, mientras la lluvia de flashes no paraba.
- Muy buenas tardes a todos. Tal como lo acaba de decir tan gentilmente Andrea, empezaremos –tomó aire y empezó-. Señores, se perfectamente cuanto es que han esperado este anuncio oficial del consorcio. Y si, es cierto: mi padre se retira oficialmente del frente, por motivos muy personales. Solo les podría decir que él piensa que ya es hora de disfrutar su vida con mi madre. A tiempo completo –sonriendo y haciendo que todos los presentes también sonrieran-. Y si, también es cierto que yo me quedaré al frente, como la mayoría lo ha supuesto correctamente. Pueden empezar con las preguntas –sabiendo que la parte fácil del día había pasado.
- Qué sucederá con todos los proyectos caritativos que deja su padre a medias? –preguntó un periodista que Yulia sabía perfectamente no era precisamente un devoto de los Volkova.
- Mi padre no deja nada a medias, señor. Yo seguiré ocupándome personalmente de todos sus proyectos y de los míos, por supuesto. Ninguno de los proyectos financiados por nosotros se quedará a medio camino. No es estilo nuestro hacer ese tipo de cosas.
- Como lo hizo con su matrimonio con Elena Katina? –insistió el periodista.
- Mi matrimonio no fue, ni nunca será un asunto que deba tratar de manera pública, señor Záitsev. No sabe que los trapos sucios se lavan en casa? –respuesta con la cual dejó callado al impertinente periodista.
- Señora Volkova se ha especulado mucho acerca de las consecuencias que puede traer el hecho que usted haya tomado el control de sus empresas justo ahora que los responsables del fraude que sufrió hace años su ex - suegro, Sergey Katin, han sido liberados.
- No entiendo su pregunta –pero realmente si la entendía ya que en los pocos segundos que había tenido para pensar su esquiva respuesta, recordó que aquello era cierto. Se había enterado aquella misma mañana y ya había dado las indicaciones para que su hija esté protegida al cien por ciento, sin que Lena se dé cuenta.
- Se piensa que en esta posición usted estará más protegida dadas las amenazas que ellos lanzaron contra usted y su familia.
- Sea más claro –ya entendía por donde iban esas preguntas.
- Que usted podría ahora tener el poder necesario para hacerlos regresar a la cárcel, dado que no han salido precisamente por haber cumplido su condena, sino más bien por buena conducta.
- No fui yo quien los obligó a realizar sus actos criminales, ni quien los puso en la cárcel, menos quien dictaminó su sentencia. Creo que todos tenemos claro que ellos son y han sido los únicos responsables de sus actos. Y si han salido antes de tiempo, solo es responsabilidad de las autoridades pertinentes. Si regresan no seré yo quien haya movido un solo dedo para ello.
Las dos preguntas siguientes giraron en torno a su relación con Lena pero Yulia respondió que no deseaba hablar de su vida personal. Al ver que no obtendrían más de la pelinegra, los periodistas cambiaron de tema.
Una hora después Yulia regresaba a su habitación, totalmente exhausta y sedienta. En cuanto vio una botella de agua corrió hacia ella para vaciarla inmediatamente.
- Señora Yulia, si me hubiera pedido una botella más se la hubiera conseguido –habló Dimitri.
- No te preocupes, Dima –entrecortadamente, después de haber acabado con el medio litro de agua en menos de cinco segundos–. Si no terminábamos pronto yo iba a dar por finalizada la conferencia. La garganta ya me duele demasiado y…
- No se preocupe, señora. Si le duele mucho puedo conseguirle un analgésico en la recepción.
- Te lo agradecería mucho, Dima. Aún quedan cuarenta minutos antes que el helicóptero llegue y no creo poder soportar una hora más de vuelo con este dolor.
- Está bien, señora. Regreso en diez minutos, enviaré a Tolia para que la cuide mientras me ausento.
- No te preocupes, Tolia y Andy deben estar muy ocupados con las coordinaciones para mi vuelo a París. Debo estar en unas horas allá y no será fácil en estas épocas.
- Pero señora…-resistiéndose a dejar sola a Yulia.
- Por favor Dima, son solo unos minutos. Puedo cuidarme unos minutos. Anda por ese analgésico, mi garganta y yo te lo agradeceremos inmensamente.
- Como diga, señora. Regreso en unos minutos –aún con cierta resistencia.
- Está bien.
Mientras Dima salía de habitación avisando por radio que la primera persona que estuviera libre acudiera a la habitación de Yulia; ella terminaba de dar cuenta de otra de las botellas de agua que había en la habitación.
Pasaron solo treinta segundos de tranquila soledad y de pronto un portazo sonó tras de Yulia.
- Dima qué…? Quien eres tú? –sorprendida, puesto que no reconocía la espalda de la persona que había cerrado la puerta tan estruendosamente.
- Qué rápido olvidas, Volkova!
El corazón de Yulia se saltaba un latido, el color desaparecía de su rostro y las pupilas de sus ojos se contraían a su máximo nivel mientras aquel extraño giraba para mostrarle su rostro a la pelinegra.
- Cresswell…
Solo que ahora se veía mucho más acabado. Se podía decir que la cárcel lo había envejecido. Parecía que por el hubieran transcurrido quince largos años y no los casi cinco que realmente habían pasado. Se notaba como el encierro había terminado con el atractivo de aquel joven. Y también se imaginaba cuanto había aprendido en sus años, encerrado, para haber pasado por entre su seguridad sin que ellos dieran cuenta de su presencia.
- Oh! Sí que me recuerdas Yulia Volkova, por tu expresión puedo asegurarlo –sonriendo con sorna.
- Qué…qué estás haciendo aquí?
- Por qué tartamudeas, Volkova? Acaso me temes? –sonriendo más aún.
Yulia digirió lentamente esas palabras. No le daría gusto a ese canalla. No podía dejarse llevar por la sorpresa del momento. Entonces recordó un pequeño detalle: tenía frente a ella al principal responsable de haber perdido a Lena. No. Aquello no era totalmente cierto. Ya lo había aceptado. La única responsable fue ella con sus celos, su desconfianza y su falta de fé en el amor de Lena. El personaje que ahora enfrentaba era simplemente el catalizador de todos aquellos sentimientos. Dio un profundo respiro y por fin pudo sentir la confianza fluyendo por sus venas. No había nada que temer. Solo mucho que odiar. Mucho.
- Por qué tendría que temerte Cresswell? Acaso harás alguna tontería como…matarme? –devolviendo la misma sonrisa a su eterno rival.
Rival? Rival. Era irónico pensar en que Cresswell fuera su rival, sobre todo teniendo en cuenta que ninguno de los dos tendría oportunidad de terminar el resto de sus vidas al lado de Lena. Ambos la habían perdido. Y ella era la que más merito había hecho por ello, pero el resultado final para ambos era el mismo.
- Parece que lees el futuro, Volkova.
- Hazlo entonces –dándole por su lado-. Hazlo de una vez y termina con esta extraña visita.
- No será tan fácil.
- En cualquier momento regresará mi guardaespaldas y…
- Tu guardaespaldas está tomando un siestecita en compañía de una señorita que tú conoces muy bien.
- No sé de que hablas –aunque tenía una leve sospecha pero…como podría ser?
- Quizás el nombre de Krystina te suene conocido.
- También se une a la fiesta? –intentando sonar lo más despreocupada posible, aunque maldecía que su presentimiento se hubiera materializado. Esos estaban ahí para vengarse y no se sorprendería si Marcus estuviera ayudando a Krystina a reducir a Dima.
- Ese cobarde huyó en cuanto pisó la calle –dijo David sacando de sus pensamientos a la pelinegra.
- No sé de que hablas –desentendiéndose de la situación.
- Marcus se fue del país en cuanto salió de la cárcel.
- Vaya, que bien por él.
- Basta de pláticas Volkova. Sé perfectamente que no tengo todo el tiempo del mundo y por eso a lo que vine.
- Y eso es…?
- A…
De pronto la puerta se abrió estrepitosamente, derrumbando a David en el acto y dejando ver a una agitada pelirroja, quien observaba toda la escena estupefacta.
Cuando Lena se dio cuenta que había derrumbado a David, solo tuvo dos segundos para meditar aquello. Inmediatamente después su pensamiento se enfoco en buscar a Yulia. Levantó la cabeza y al darle una rápida mirada a toda la habitación la halló frente a ella. Entonces sintió como un gran peso liberaba su corazón. Solo sonrió levemente y sin pensarlo dos veces corrió hacia los brazos de la pelinegra.
Cuando llegaste tú
Te metiste en mí ser
Encendiste la luz
Me llenaste de fé
Yulia se había quedado sorprendida al ver a David desplomarse por la gran fuerza con que la puerta se abrió. Lo vio caer estrepitosamente al suelo, luego levantó la mirada y su sorpresa rebasó todos los límites que ella misma pudiera imaginarse. Frente a ella estaba Lena, quien parecía examinar la magnitud del daño ocasionado al abrir de esa manera la puerta de la habitación. Para su total alivio notó la desapasionada mirada que le dirigió a David. Luego, levantó la mirada y una vez que sus miradas conectaron, todo lo demás desapareció. Solo abrió los brazos y la pelirroja se arrojó hacia ellos.
Tanto tiempo busque
Pero al fin te encontré
Tan perfecta como te imagine
Al sentir por fin el calor de los brazos de la mujer que aún amaba, y que estaba segura amaría toda su vida, Lena pudo respirar tranquila. Había temido tanto no llegar a tiempo y hallarse con alguna escena horrible. Había temido tanto…
Pero ahora la tenía en sus brazos y se juró asimisma que haría hasta lo imposible por mantenerla ahí. Si habría quedado algún rastro de odio en su corazón, estaba segura estaba totalmente expulsado. No había cabida para el odio o el rencor. Nada de ello. Solo había cabida para el amor. El gran amor que siempre sentiría por Yulia. Solo esperaba que la ojiazul la siguiera amando, como se lo había afirmado la última vez que se habían visto. Aunque no había pasado ni una semana de ello.
Además, la esperanza la alentaba a pensar en ello por la forma en que Yulia la aferraba a su cuerpo. Se atrevía a pensar que su contacto no le era desagradable. Es más, pareciera que estuviera tan feliz como ella.
Sabes te quiero confesar
Que te encuentro irresistible
No dejo de pensar que haría lo imposible
Por quedarme cerca de tí
- Estás bien?
Al fin pudo vocalizar algunas palabras. Y es que realmente le urgía saber que Yulia estuviera bien. La sola idea de imaginar que David la hubiera podido dañar la enfermaba.
- Si, gracias –respondió en voz baja la de azul mirar.
- Temí tanto…
- Cómo lo supiste? –su mente al fin estaba volviendo a trabajar y se preguntaba cómo es que Lena hubiera podido llegar en un momento como aquel.
- Me llamó hace unas horas…temía no poder llegar a tiempo…intente llamarte pero…
- Pero que tierna escena tenemos aquí!
Ambas sintieron un escalofrío recorrer su espalda. Aquella sedosa voz fue reconocida por ambas inmediatamente. Cómo olvidarla?
Lena se volvió lentamente, sin dejar de cubrir a Yulia en ningún momento, y por fin encaró nuevamente a quien junto con su memoria, le trajo de regreso la tristeza y la soledad de no tener a Yulia a su lado.
- Krystina.
- Nunca te olvidarás de mí, no es así, pelirroja?
- Que haces aquí? –pregunto la ojiazul.
- Mi amor! Esa no es manera de tratar así al amor de tu vida. Acaso no recuerdas como me llamabas antes? –guiñándole un ojo a Yulia.
- No sé de que hablas Krystina. Hace mucho que no sabía de ti y créeme que he sido muy feliz con ello –tomando el brazo de Lena e intentando protegerla con su cuerpo, pero sin conseguirlo. Lena seguía empeñada en protegerla de cualquier cosa.
- Bueno ahora eso no importa porque…-de pronto la rubia se quedó callada y miró hacia el suelo.
David se estaba intentando levantar y se apoyaba en ella para lograrlo.
- Eres un inútil! Cómo es posible que hayas perdido tanto tiempo?! Solo tenias que matarla y listo!
Se notaba que la mujer estaba enloquecida. Sus verdes ojos estaban desorbitados y el tic nervioso en los labios, como obligándose a sonreír, daban cuenta de su estado mental. Que podría haberle sucedido en todo el tiempo que transcurrió desde la última vez que la vio, se preguntaba Yulia.
- Algo…algo…me golpeó…yo…
- Fue tu querida Elena Katina. Vino a rescatar a su princesa. No son tan tiernas? –luego volvió su fiera mirada hacia las dos- Son tan tiernas que me dan nauseas.
- Krystina ha sido un ingrato placer verte nuevamente –miró a David- y a ti también Cresswell, pero Lena y yo nos retiramos…
- Ustedes no…no se van a ningún lado –susurró David con las pocas fuerzas que le restaron cuando por fin pudo ponerse de pie.
- No veo porque debemos quedarnos a verle… -avanzando hacia la puerta
Sin embargo, Lena no pudo terminar la frase ni pudo llegar a la salida de la habitación, pues Krystina sacó el arma que escondía en alguno de los bolsillos de su abrigo.
- Ahora si puedes ver porque deben quedarse, pelirroja estúpida?
- Lena, déjame –consiguiendo por fin ponerse delante de Lena.
- Yul…
- Krystina, por favor, guarda eso. No tienes porque arruinar tu vida de esta manera –intentando razonar con la enfurecida rubia.
- Que no tengo por qué? Óyete Volkova! Oye lo que dices!
- Krystina…
- Me destruiste la vida! Te amaba! Yo si te amaba! No me importaba ser la segunda en tu vida! Y cuando decidí probar el supuesto amor que me sentías…
- Jamás dije que te amara –hablando lo más suavemente que la situación se lo permitía.
- Es cierto. Jamás lo dijiste con palabras pero lo hiciste con tus caricias, con tus besos, con…
- Basta, por favor, no te hagas daño. Olvídate de mí, ha pasado tanto tiempo. Haz tu vida, eres joven, hermosa y tan inteligente, no arruines tu vida de esta manera. Deja esa arma y vete.
Yulia intentaba razonar con la rubia y después de esas últimas palabras parecía que había logrado hacer asomar algo de la cordura de la desequilibrada mujer. Sin embargo, la presencia de David volvió a imponerse para tomar control de la situación.
Cuando llegaste tu
Te metiste en mi ser
Encendiste la luz
Me llenaste de fé
Tanto tiempo busque
Pero al fin te encontré
Tan perfecta como te imaginé
- Quería partirte la cara con mis propias manos, Volkova. Pero el tiempo apremia y tendré que conformarme con hacerlo a la antigua escuela –entonces sacó su propia arma de entre sus ropas y apuntó a la ojiazul con ella.
- Cresswell…
- Te morirás como la perra que eres Volkova –colocando su dedo en el gatillo.
- David! Suelta eso! Por favor no le hagas daño a Yulia! Ella jamás te hizo nada…-gritó desesperada la pelirroja.
- De que hablas Lena?! Ella nos separó! Pudimos haber sido tan felices…tan felices…yo te amaba…te amaba tanto. Hubiera pasado por alto tu aventura con esta mujer, hubiera olvidado todo si tan solo te hubieras quedado conmigo.
- David…yo…yo siempre fui sincera contigo. Siempre. Sabias que amaba a Yulia, siempre lo supiste.
- Pero si ella jamás te hizo caso! Jamás reparó en ti hasta que te transformaste en la belleza que eres ahora…ella jamás te vio como yo siempre lo hice –derramando una lágrima de desesperación.
- David…olvídate de mí y has tu vida. Acabas de salir de la cárcel…no arruines más tu vida –dejándose llevar por la lágrimas de angustia por la situación.
- Te equivocas en ello, Elena, porque ahora tengo todo listo para desaparecer antes que siquiera se den cuenta que Volkova pasó a mejor vida –limpiándose los rastros húmedos del rostro y reponiéndose inmediatamente.
- Quedamos en que tú te encargarías de Yulia y yo de Katina, David –habló por fin Krystina.
Ambos se miraron como discutiendo con los ojos los últimos detalles de sus acciones.
Fue entonces cuando Lena tomó la mano de Yulia y la miró fijamente. La ojiazul correspondió esa mirada y sin palabras acordaron lo que harían. Era cuestión de segundos los que le restaban para hacer lo imposible por huir.
Como aguja en un pajar
Te busque sin cesar
Como huella en el mar
Tan difícil de hallar
Sin pensarlo siquiera una vez más, Yulia se dirigió a toda velocidad hacia los dos que impedían su salida. Si no intentaba algo tanto Lena como ella morirían ahí. Tenía que buscar una oportunidad…al menos para Lena.
Fue entonces cuando David se dio cuenta de la situación. Segundos después lamentó haberse distraído aquellos valiosos segundos. Aquellos dos segundos en donde esas cuatro vidas definieron su destino.
Se oyeron cuatro disparos en aquella habitación.
Tanto tiempo busqué
Pero al fin te encontré
Tan perfecta como te imaginé
El dolor que sintió en su brazo, fue nada en comparación al que inundo cada partícula de su ser al sentir aquel peso sobre su cuerpo perdiendo fuerzas rápidamente y desmoronándose sobre ella. Poco pudo hacer para mantenerse pie con el dolor de su brazo malherido extendiéndose por todo su cuerpo. Poco a poco cayó al suelo, con el cuerpo de la mujer que amaba entre sus brazos.
- Señora está bien? –era Dimitri quien le hablaba. Se veía desarreglado, con hilos de sangre cayendo por su cabeza y llegando hasta su blanca camisa.
Sin embargo, Yulia no prestó más atención esa la voz. Oía mucho ruido alrededor. Alguien mencionó una ambulancia, pero ella solo tenía enfocada la mirada en Lena, quien también la miraba profundamente.
- Por qué? –sin hacerle el menor caso a la sangrante herida que tenía en el brazo.
- Pensé que lo sabías –susurrando con las pocas fuerzas que le quedaban.
- Lena…-la herida empezó a punzarle con feroz insistencia.
- No digas nada…por favor –no tenía más fuerzas para seguir hablando y deseaba decir tantas cosas. Ante lo inminente, se lamentaba no disponer de más tiempo y frente a la impotencia su mirada se llenó de una salina acuosidad.
- Pero…
- Sabes? He sido una completa tonta…-dejando resbalar amargas lágrimas a través de su rostro.
- Yo también –mientras luchaba por mantenerse despierta pues la pérdida de sangre empezaba a cobrar estragos en su cuerpo.
- Desde que…-un acceso de tos con sabor a cobre no le permitió seguir.
- Necesitas ir a…-reaccionando al percatarse de la gravedad de la situación.
- Déjame hablar…por favor…-luchando por algunos segundos más.
Yulia levantó la mirada sin hacer caso y vio a Dima correr de un lado a otro. Después observó los cuerpos inertes de David y Krystina tirados en el suelo.
- Yul…-intentando llamar su atención. No tenía mucho tiempo y había tanto que decir.
- Lena…debes ir a un hospital. La ambulancia…-el dedo de Lena posándose en sus labios no le permitió seguir hablando.
- Te quiero tanto….nunca deje de amarte…
- Yo…Lena…yo…-aterrándose ante el posible significado oculto de esas palabras.
- Desde que te deje…solo…solo he tenido una…una vida a medias –cada vez se le hacía más difícil hablar, pero quería decirle a Yulia todo lo que sentía. Presentía que no tendría otra oportunidad. David nuevamente había triunfado. Nuevamente le había quitado la oportunidad de intentar ser feliz al lado de la mujer que siempre había amado.
- Lena…-le toco el vientre y al ver la mueca de dolor de su amada, miró hacia la zona y pudo observar, horrorizada, la magnitud herida- por favor no sigas…tienes que…-las lágrimas no le permitieron continuar.
- Una vida a medias…una vida donde solo Sasha ha logrado mante…mantenerme a flote…Yul…perdóname…
- No tengo nada que perdonarte, mi amor, nada. Yo también te amo, Lena, te amo –tomando la pecosa mano con la suya y besándola.
- Yul…creo que…las dos…hemos sido unas tontas…-intentando sonreír.
- Si…-luchando contra el desmayo que se intentaba adueñar de su cuerpo.
- Lo siento…-dejándose vencer finalmente.
- Lena no…
- Por favor…cuida a nuestra hija…y…dile…que la amo…
- Lena…no me hagas esto…por favor… –comprendiendo que aquel era el final.
- Te amo…Yul…-susurró con el que pensaba sería su último aliento. Finalmente le pareció sentir que las fuerzas y la vida se le escapaban entre los dedos.
Yulia vio como aquel verde mirar, antes lleno de vida y que siempre guardaba hacia ella una mirada de adoración, se cerraba sin poder hacer nada para evitarlo. La muerte no perdona, ni tampoco se equivoca.
Finalmente, en medio de aquel cóctel de confusión, dolor y lágrimas, mientras sentía como su corazón moría junto a la mujer que amaba, la oscuridad se apoderó de ella.
Sabes no pido nada más
Que morir entre tus brazos...

0 comentarios:
Publicar un comentario