Doceavo capítulo. Enjoy it!
Se acercó a su novia y la besó, sin ningún reparo, delante de todo aquel que estuviera alrededor de ella.
- Quizás deberías irte de viaje más seguido si al regreso me vas a besar así –sonriendo ampliamente y pasando sus brazos alrededor del cuello de la morena.
- Te beso así cuando quieras, solo pídemelo. Pero esta vez han sido demasiados días sin ti…te necesitaba –la apretó fuertemente contra ella y apoyo su frente en la de su castaña.
- Vamos a tu casa, ahí me tendrás a tu disposición…o si quieres vamos a la mía y…
- Ahí también te tendré a mi disposición? –sonriendo.
- Si, también, pero te tengo una cena preparada para ti exclusivamente…un jacuzzi…y algunas cositas más –riendo pícaramente.
- Vamos entonces.
Respondió la morena sonriendo cansadamente y es que el viaje la había agotado demasiado. Y más allá del viaje había sido el intentar acabar con todo lo antes posible para regresar a casa y ver a su niña amada.
Que no haría por esa castaña que le robaba el aliento? Tomo su pequeña maleta, se la colgó del hombro y empezó a caminar de la mano con su novia.
He vivido en la soledad
pero tu magia me ha sabido rescatar
con cada gesto de complicidad
la alegría de tu alma
derroto mi fragilidad
- Mi amor?
- Dime.
- Estas muy callada, vienes muy cansada?
- Si, en realidad si, bebé. Ha sido agotador.
- Si deseas puedo llevarte a tu casa y dejarte descansando.
- No, no, por favor. Si he hecho todo tan rápido es justamente porque quería regresar y estar contigo –apretando más fuerte la mano de Andrea-. No soporto estar tanto tiempo lejos de ti.
- Yo tampoco –y le dio un corto beso-. Mmm ya vengo iré a comprar algo que te mantendrá un poco más despierta hasta que comas y luego podrás descansar.
- Ok, te espero aquí sentadita –y se sentó en unas bancas que estaban cerca.
Andrea sonrió y se dirigió a un kiosco que había visto al unos cuantos pasos. Al acercarse empezó a elegir cual de todas las bebidas podría mantener un poco despierta a su chica para darle suficiente tiempo para que pueda comer.
- Me puede dar una lata de Coca Cola, por favor?
- Claro.
Una vez pagó, se volvió pero tropezó con alguien que se acercaba al mismo lugar.
- Lo…lo siento, no te vi –agachándose a recoger lo que se había caído al suelo.
- No te preocupes, todo esta bien.
Ambas se miraron y se sonrieron. Terminaron de recoger todo y Andrea le dio sus cosas a la rubia.
- Muchas gracias.
- No, no tienes nada que agradecerme. Tropecé contigo y creo que lo menos que podía hacer era ayudarte con tus cosas.
- En realidad yo debería pedir disculpas porque era yo quien debía caminar viendo al frente. Pero pensé que… -calló un segundo sin saber si decir la verdad o no- que alguien me seguía y por eso estaba distraída.
- Oh, no te preocupes. Mmm Andrea Siderov –extendiendo la mano.
- Nina, Nina Khlebnikov –aceptando su mano y dándole un beso en la mejilla, ante una sorprendida castaña.
Andrea se quedo en otra. Acaso no era ella…?
- Disculpa pero conoces a Yulia Volkova? –casi con miedo de preguntar.
- Claro, éramos muy amigas. Tu la conoces? –sonriendo.
- Si, trabajo para ella –algo sorprendida aun. Vaya, el mundo es un pañuelo, pensó.
- Oh, excelente! Entonces seguro nos veremos. Iré a visitar a Yul ahora que estoy aquí y a conocer a la bebé. Me ha dicho que es hermosa, tan hermosa como Lena y me gustaría conocerla.
- Si, es preciosa.
- Bueno debo irme. Ha sido un gusto Andrea –dándole su mejor sonrisa, ante lo cual la castaña se quedo algo desubicada.
- I…igualmente.
- Nos estamos viendo, adiós.
- Adiós.
Y se quedo viendo como se alejaba la rubia.
- Que dirá Lena cuando lo sepa?
- Cuando sepa que?
- Ah! Dios no hagas eso! –dándole un golpe en el brazo a su novia.
- Ay! Que cariñosa! –sobándose-. Demoraste mucho y vine. Quien era la rubia? –pregunto en un tono extraño.
- Una amiga de Yulia –sabiendo reconocer los celos en Marlene.
- Oh! –y se quedo callada.
- Eres una celosa! –y le jalo cariñosamente de la mejilla.
- Yo? Ja! –se hizo la indignada pero después bajo la mirada y sonriendo continuo hablando-. Es que eres tan perfecta que pienso que todos desearían tenerte a su lado…y…tengo mucho miedo de perderte…no sabes cuanto te quiero…y yo…
Tan solo oír esas palabras los ojos de la castaña se llenaron de lágrimas al saber que eso pensaba su morena de ella. El corazón se le estrujo y se lanzó a los brazos de su chica.
Eres la llama de mi corazón
aviva el fuego que se apaga en mi interior
con cada lagrima que ayer llore
hoy respiro tu aire que me llena de libertad
- Nunca, nunca más pienses así. Yo solo soy tuya y te quiero solo a ti. Lo entiendes?
- Andy, mi amor… -pero fue silenciada por el dedo de su amada sobre sus labios.
- Shhh…nada…solo tuya, entiendes? Solo tuya –y la besó con todo el amor que le tenia a aquella insegura morena que ahora le respondía apasionadamente el beso.
Tu me haces sentir
que puedo soñar
tu me elevas del suelo
y hasta el cielo puedo tocar
Al llegar al departamento de la castaña, Marlene no se pudo contener más, tiró las maletas a un lado, arrastró consigo a Andrea hacia sofá más próximo y se recostó sobre ella.
- Acaso no piensas hacer nada más? –con un tono pícaro.
- No mi castaña mujercita, nada más. Así estoy muy bien.
- Si no supiera que lo dices por el cansancio que te cargas…me sentiría ofendida –riéndose provocativamente.
- Jajaj si, es por el cansancio porque sino…no salías viva de esta –buscando la mejor posición sobre el pecho de Andrea.
- Amor, vamos, ve a ducharte, te daré de comer y podrás descansar mejor –instando a Marlene a levantarse.
- No, así estoy bien.
- Amor –acariciando los negros cabellos.
- Unos…minutos…más…
- Te estas quedando dormida –casi susurrando.
- Tienes –suspiro- razón –y haciendo acopio de todas sus fuerzas se levantó.
- Vamos, ve a ducharte –poniéndose de pie también y acariciándole la mejilla.
- Si. Te quiero –y dándole un pequeño beso se dirigió a la ducha.
Andrea sonrió y se dirigió a darle los últimos toques a la cena.
Al salir de la ducha suspiro y pensó en lo mucho que la conocía su novia.
- Hasta sabes que con una ducha ya recargo un poco las energías.
- Así es, si no fuera así no seria una buena novia, no?
- Dios! –saltando y llevándose una mano al corazón.
- Lo siento –sonriendo de su travesura.
- No entres así –secándose el cabello con la toalla.
- Así como? –acercándose a la cama y sentándose en ella.
- Como un fantasma –acercándose a la cama y sentadote del lado opuesto que su chica.
- Es mi habitación no? –riendo.
- Si pero…
- Y eres mi novia no? –acariciándole la espalda.
- Y eso que tiene que ver? –sintiendo escalofríos al sentir la mano tibia de Andrea.
- Tengo derecho a hacer lo que quiera con lo que es mío. O no? –sonriendo y besando la espalda de la morena.
- Hey! No me ibas a alimentar? –saltando lejos de la cama para controlarse.
- Para eso nada más me quieres, no? –mirándola ofendida.
- Jajaj no, como crees amor. Es solo que si no me controlo ahora…te ofenderás después por despreciarte la comida.
- También me conoces bien –sonriendo.
- Así es, si no fuera así no seria una buena novia, no? –devolviéndosela.
- Jajaj vamos, se nota que tienes hambre.
- De comida y muchas cosas más.
Andrea reía con ganas mientras llevaba a su novia hacia la cocina para darle la cena que con tanto amor le había preparado.
- Te gusto?
- Mucho. Pero más me gustará esto –mientras tiraba de su chica para que caiga a su lado en la cama.
- Jajaj veo que ya te sientes más fuerte.
- Contigo a mi lado –tomo el mentón de la castaña y mirándola fijamente- soy inmortal –y la beso.
- Te amo tanto –correspondiendo el beso.
- Y yo a ti.
Y se dispusieron a demostrarse su amor como tantas veces ya lo habían hecho.
Los labios rozando sus pieles, marcas de dientes por todo lados, el sudor, los gemidos, las palabras dulces y tiernas al oído…el rítmico vaivén de las caderas…el momento previo…la tensión ejerciéndose en los músculos cual cuerdas de violín…y finalmente esa explosión de emociones, sensaciones y sentimientos. Ese momento culminante en el que dos seres que se aman se sienten uno con ellos y el universo. Y casi puedes oír aquella vieja canción que reza…Y entre un te quiero y te quiero vamos remontando al cielo y no puedo arrepentirme de este amor…
- Nunca te arrepentirás, verdad? –acariciando el pecho de su morena.
- De qué o qué? –acariciando la cabellera de su niña.
- De estar aquí conmigo…haber dejado todo atrás y…
- Shhh, no sigas -se volvió para mirar a su hermosa castaña a los ojos y le respondió-. Nunca me arrepentiré de la felicidad que ahora tenemos. Nunca me arrepentiré de haberte elegido. Nunca, lo entiendes?
- A veces me siento algo insegura, sabes? –sonriendo.
- Al igual que yo.
- Debemos aprender a ser más seguras respecto a nuestros sentimientos.
- Danos tiempo. No llevamos ni un año juntas –dándole un beso y volviendo a recostarse.
- Un año…
- Así es.
- Nunca lo imagine, sabes?
- Yo tampoco –suspirando.
- Pero me encanta.
- A mi también, créeme -bostezando.
- Descansa.
- Buenas noches, amor.
- Descansa, mi vida.
En la habitación tan solo se oían pisadas yendo de un lado hacia otro. Pero no era un caminar de aquellos que se oyen a la afueras de las salas de espera de los hospitales. No, era un suave y rítmico ir y venir. Se podría decir que el dueño que aquellos pasos estaba…
- Estás bailando?
Se llevo una de sus manos a los labios haciendo un gesto para que su interlocutora guardara silencio.
- Lo siento –murmuró y sonrió mientras se apoyaba en el marco de la puerta para observar a sus dos amores moverse lentamente al ritmo de alguna canción que seguro estaría cantando la mayor en su mente.
Un pequeño suspiro se dejo oír en la habitación y ambas sonrieron. Entonces la morena se acerco a la pequeña cuna y con mucho cuidado dejo a Sasha en ella. La niña se agitó un poco pero luego de una caricia en la mejilla se quedo dormida de nuevo. Yulia la cubrió con la manta y se alejó silenciosamente. Una vez cerraron la puerta, suspiraron.
- Esto de ser mamá agota.
- Ya lo creo –sonriendo.
- No me imagino a ti, si eres tú quien la amamanta –tomando la mano de su pelirroja esposa mientras se dirigían a su habitación.
- Ya no tanto como al inicio, pero si. Me deja algo agotada.
Una vez frente a la puerta de su habitación, es la pelirroja quien abre la puerta y entra antes que su esposa. Yulia tan solo demora en entrar y cerrar la puerta cuando se siente prisionera entre la puerta y el cuerpo de su esposa.
- Lena? –sintiendo unos labios recorrerle lentamente el cuello.
- No te gusta?
- Jejej ejem…si pero… -poniendo las manos en la caderas de la pelirroja.
- Te extraño tanto –apoyándose en el pecho de la morena.
- Yo también –abrazándola.
- Ya estoy bien…
- Eso me pareció entender cuando me acorralaste -sonriendo.
- Eres muy inteligente –riendo suavemente.
- Lo soy. Soy tan inteligente que te elegí a ti para ser mi esposa.
- … –y soltó un triste suspiro al recordar el verdadero porque de esa decisión.
- Lena?
- Te quiero.
- Y yo a ti –se separó un poco, tomó de la mano a su esposa y se dirigieron lentamente hacia la cama.
Ambas se sonrieron y Yulia se fue al baño después de darle un beso a su pelirroja. Para cuando salió de este, encontró las luces apagadas, a Lena dormida y sonrió pensando que la más entusiasta se había quedado dormida.
Se recostó y una vez iba a cerrar los ojos sintió como Lena la cubría con su cuerpo. Entonces sonrió.
- Pensé que estabas dormida gatita.
- Nada de dormir, esta noche…serás mía –sonriendo pícaramente.
- Oh, vaya. Sabes eso es algo…que será imposible –poniéndose seria.
- Por qué? –susurrando mientras besaba el cuello de su esposa.
- Porque no puedo ser tuya solo esta noche.
- Y eso es porque…?
- Siempre lo he sido –sonriendo y abriendo los ojos.
- Te amo Yul –mirándola a los ojos.
- Y yo a ti Lena, y yo a ti -besándola.
Sintiendo las manos de su pelirroja esposa colarse por debajo de la camiseta no pudo quedarse atrás y metió sus manos por debajo del pantalón apoderándose de aquellos hermosos y firmes glúteos. Los masajeo a su antojo hasta que oyó un gemido escapar de los labios de Lena.
Cada vez era más intenso. Cada vez era más hermoso. Y cada vez era más placentero, la excitación las estaba alcanzando y sus calientes cuerpos pedían más que tiernas caricias. En un abrir y cerrar de ojos se despojaron de sus ropas y suspiraron de alivio al sentir el contacto de sus pieles.
Lena continúo besando el cuello de su esposa, bajando hasta encontrar sus pequeños pero bien formados pechos. Fue por uno y luego el otro. Fue saboreándolos como quien saborea un dulce. Solo a segundos de haber empezado su tarea estos respondieron endureciéndose ante tales caricias. Para aquel entonces Yulia estaba en su propio paraíso, muriendo de placer.
- Lena…Lena…yo…yo…
- Calma mi amor, yo sé lo que quieres…yo lo sé…
- Lena… -suspirando.
Oyendo los pedidos de su niña, la pelirroja fue descendiendo hacia su intimidad. Sin embargo, no perdió oportunidad de dejar un reguero de besos ahí por donde pasaban sus labios. Fue solo un roce y tenia a su entera disposición a su mujer, podía sentir la piel de su morena erizarse, sentía como se venía mientras su traviesa lengua jugueteaba con su inflamado clítoris, pero la pelirroja quería hacerla sufrir un poco. Así como siempre lo hacia Yulia con ella y es que después de mucho tiempo era Lena quien estaba tomando las riendas de la situación. Y vaya que le estaba gustando.
Volvió a subir hasta el amado rostro de su morena y empezó a morder aquellos dulces labios que sabia le pertenecían únicamente a ella. Aquel pensamiento la excitó. Saber suya a Yulia, únicamente suya, de su propiedad…la excitó mucho más de lo que ya estaba. Su excitación la llevo a ensañarse con los ya sonrosados pezones de su esposa.
Yulia no podía más, la lengua de su pelirroja buscaba nuevamente su sexo y cuando llego se encontró con toda su pasión a punto de explotar. Bastaron unos leves toques para que la dejara a un paso del que hubiera sido el mayor orgasmo de su vida. Pero Lena se detuvo y la miró. Vio una malévola sonrisa en su rostro. Entonces sin pensar siquiera le imploró que continuara.
- Lena…por favor…no te detengas…
- Quiero verte Yul…quiero verte cuando…cuando explotes gracias a mi –subiendo y colocándose encima de su esposa nuevamente.
- Lena…has de mi lo que quieras pero…hazlo…-abrazándola.
- Eres mía –y la beso.
Y mientras devoraba sus labios se acomodo entre las piernas de su pelinegra, tratando de hallar la mejor posición. Cuando la encontró un gutural gemido salió de ambas gargantas. Y entonces empezó ese dulce y a la vez apasionado baile de caderas del cual solo ellas conocían el ritmo exacto a seguir.
Lo movimientos se volvían más intensos, más bruscos, más salvajes. Lena quería meterse dentro de su esposa, quería sentirse en lo más profundo de su ser y quedarse ahí. Que nadie la sacara y vivir siempre dentro de su niña. De su amada morena.
- Ahhhh Lena…
- Yul…Yul…ahhh!
- Te amo…Mmm!
- Yul te amo…te amo tanto…ahhhh!
Tan solo unos minutos después ambos cuerpos se contrajeron violentamente, ambas gritaron sus nombres en la cima de sus placeres y la pelirroja se derrumbó sobre la morena. Había sido una explosión de locura y amor que subió varios grados la temperatura de la habitación.
Una vez que sus respiraciones casi recuperaron su ritmo normal, Lena besó tiernamente a Yulia, se sonrieron y la pelirroja volvió a recostar su rostro en el pecho de su amada dando un profundo suspiro. Se quedaron abrazadas el resto de la noche, dándose todo el amor del mundo, como deseando recuperar todo el tiempo perdido hasta entonces y jurándose en silencio que no se separarían nunca.
El día estaba soleado. Había decidido no ir a la oficina y tenia muchas ganas de pasear con su hija. Y eso era lo que estaba haciendo.
- Ya esta cerca el cumpleaños de tu mami Yul, mi amor –abrazando fuertemente a su hija mientras seguía mirando los escaparates de las tiendas.
Sasha la miro con una clara expresión en el rostro de quien pregunta que es cumpleaños y Lena rió con aquel gesto.
A sus diez meses Sasha era muy expresiva y eso le encantaba a su pelirroja madre ya que eso le permitía tener una comunicación mas transparente con ella. Lo que no podía decir con palabras lo hacia mediante gestos y expresiones.
- Es la celebración de su nacimiento y es por ello que le regalare algo especial. Por cierto, dentro de poquito celebraremos el tuyo, mi princesa.
Sasha soltó una risa y beso a su madre en la mejilla, como quien afirma que entendió.
- Eres muy inteligente. Eso lo sacaste a mí –riendo y de pronto se quedo pensativa-. Jajaj quizás quien reciba el regalo seas tú, mi amor.
Ahora Sasha la mira extrañada.
- Jajaj quizás te hagamos un hermanito? –riendo pícaramente a sabiendas que la niña tanto no entendería.
Sasha volvió a reír y después fijo su mirada en un enorme peluche de oso en el escaparate de la juguetería por la que ahora estaban pasando. Lena se dio cuenta y sonriendo siguió hablando con su hija.
- Jajaj ya tienes demasiados, amor. Otro día, si? –sonriendo.
La niña hizo un puchero y aquello derritió a Lena.
- Dios, eso lo sacaste a Yulia. Vamos por ese oso antes que vuelvas a hacer eso. Traes de las alas a tus abuelos cada que lo haces y ellos…
- Miren a quien tenemos aquí. Ni mas ni menos que a la señora de Volkova…o mejor dicho a la aun –remarcando esa palabra- señora de Volkova –en un tono claramente sarcástico.
Lena se volvió extrañada al oír aquello y al hacerlo sintió un escalofrió recorrer toda su espalda. Hizo un recuento veloz en su mente tratando de recordar quien seria esa mujer pero al no lograr recordar nada, respondió dudando de si querría realmente saber quien seria.
- Perdón, nos conocemos?
La rubia rió sarcástica y estruendosamente, llamando la atención de cuanto transeúnte pasaba por ahí. Una maliciosa sonrisa se dibuja en sus labios y no responde directamente a la pregunta hecha por Lena.
- Así que esta es la bastarda que has usado para obligar a Yuli a quedarse a tu lado? De nada te servirá pelirroja tonta. De nada.
Sasha esconde su pequeño rostro apoyándolo en el hombro de su madre y se aferra fuertemente a esta. Siente miedo de aquella mujer. Quizás un presentimiento en su joven mente le dice que esa mujer no esta haciendo sentir bien a su mama. O quizás recuerda aquella horrible sensación sentida justo horas antes de nacer.
Lena siente el miedo en su hija y la abraza protegiéndola. Siente deseos de salir corriendo. No quiere oír más a aquella desconocida mujer. Siente que…siente que…
De pronto su cuerpo de tensa. Un frío estremecedor se apodera de su alma y siente como se apaga la llama que había luchado tanto por mantener encendida.
- Así que eso fue lo que sucedió con Arkadi.
- Así es Yul –conteniendo el aire mientras esperaba la reacción de la morena.
Esta llego después de casi diez segundos. La morena suspiró y mirando a la castaña sonrió sinceramente.
- Siempre quise que fueras parte de mi familia oficialmente. Es por ello que me alegró tanto tu noviazgo con Arcadi. Además, que es el un gran chico…quizás sea por eso que me tome mi tiempo hasta querer oír la historia.
- Entiendo, no te preocupes.
- No, al contrario, no te preocupes tú –sonriendo más.
- Yul…
- Me basta saber que ahora eres feliz. Te he llegado a considerar mucho Andrea…me importa que seas feliz.
- Créeme que lo soy –sonriendo de oreja a oreja.
- Nunca pensé que la amiga hetero de mi esposa fuera a…-soltó una carcajada-. Lo siento pero es que no puedes negarme que es para sorprenderse.
- Lo sé. Yo tampoco me lo esperaba, simplemente pasó –riendo también.
- Como les va?
- Bien, bien. Es decir, casi vivimos juntas. Una semana en mi casa otra en la que la suya. Otra cada una en su casa. Me gusta así.
- Es decir, ya se conocen los peores defectos de la convivencia y aun así…todo va bien.
- Así es. Aunque si te soy sincera me gustaría vivir realmente con ella. Siento que…
- Ya es hora de sentar cabeza,
- Así es.
- Debes tomar en cuenta que ella ya…
- Lo sé. Sé a que te refieres…pero eso fue antes. Ahora esta conmigo y yo si soy primeriza en todo esto –con algo de fastidio. La ponía algo mal recordar a Andrey, el ex de Marlene. Y lo que más le molestaba era que ella y el tuvieran nombres parecidos. Andrea y Andrey.
- Lo siento no quise…–viendo como el color del rostro de su amiga posaba del rojo ira al verde celos.
- No –respiró para calmarse-. No te disculpes. Ya habíamos hablado de esto con Marlene. Debemos controlar los celos. Como dice aquella vieja canción…Tengo que respetar lo ya vivido…pero a veces es algo difícil. En alguna ocasión nos hemos encontrado a su ex en la calle y aunque lo deseo controlar, me es imposible no sentir algo de…
- Celos?
- Si… –poniendo roja de vergüenza- al verlos charlando tranquilamente…yo…
- Te entiendo –tomándole la mano y recordando ella misma aquellos tiempos cuando ocasionalmente se encontraban con David en algún lugar. Era terrible tan solo respirar el mismo aire del hombre que casi la deja sin el amor de su vida.
- Pero más allá de eso…creo que nos llevábamos bien. Además, por encima de cualquier problema esta el hecho que la amo. La amo más que a nadie en este mundo –sonrojándose ligeramente.
- Hey no tienes porque avergonzarte. Es maravilloso sentirse así –pensando en su esposa.
- Si.
El sonido de uno de los celulares las saca de sus pensamientos.
- Es el mío –dice la morena sacando el suyo.
- Ok.
- Bueno?...Si papa…Aquí en la cafetería de la vuelta…Así, es…Oh, vaya…Si, si, no nos falta mucho…En quince minutos estamos allá…Ok…Nos vemos –y colgó.
- Sucedió algo? –preocupada.
- No, solo que ya empezaron a llegar los aspirantes para el puesto libre en Marketing.
- Ah, ok. Entonces apresurémonos para entrevistarlos.
- Si.
Toda la tarde entrevistando candidatos. Vaya que a veces era bastante aburrido. Algunos eran muy buenos y a otros…tan solo verlos llegar tenia ganas de agradecerles por la visita.
Fue un día realmente agotador. Ansiaba llegar a casa y estar con su familia. Lena y su hija eran lo único que podría darle energías para seguir funcionando.
Suspiró.
Ansiaba que llegara la hora de salida.
- Andrea? –por el teléfono.
- Si, dime Yul.
- Cuantos faltan? –cruzando los dedos para que no fueran muchos.
- Tres. Hago pasar el siguiente?
- Si, hazlo pasar.
Menos mal que ya casi terminaba.
Dos horas después salía de la oficina con Andrea. La dejaría en su casa antes de ir a la suya.
Se detuvo en una florería y compró un arreglo de rosas blancas. Se lo daría a Lena por que si. Después de todo no se requería de una fecha especial para demostrarle a su esposa cuanto la amaba.
Una vez llego a su cada entro a toda prisa, subió hacia su habitación y no la encontró por ninguna parte. Luego se dirigió hacia el cuarto de su hija y tampoco las encontró allí.
Se dirigía nuevamente hacia su cuarto pensando en donde estarían sus niñas cuando se topo con una de las encargadas de las habitaciones.
- Buenas tardes señora Yulia.
- Oh, hola.
- Con permiso.
- Espera! –asustando a la mujer.
- Dígame, en que le puedo ayudar? –algo nerviosa pues casi nunca había cruzado palabra con Yulia.
- Sabes donde están mi esposa y mi hija?
- Oh, creo que salieron desde temprano. La señora Lena dijo que saldría de compras con la niña. No la he visto regresar, a lo mejor aun están paseando.
- Gracias –dirigiéndose hacia su habitación.
- No hay de que –continuando su camino.
Entro a su habitación y mientras avanzaba se iba quitando la ropa.
El celular!
Busco su teléfono móvil entre su ropa regada en el suelo y una vez lo hallo, marco el tan conocido número.
- El número que ha marcado se encuentra fuera del área de cobertura. Si desea puede intentarlo mas tar…
- Al diablo! –colgando.
Donde se habría metido su esposa como para que la cobertura del móvil no alcance. Bueno, en todo caso no tenía muchas opciones y tendría que esperar a que apareciera.
Se dirigió hacia la ducha y preparo el baño para poder relajarse de tan estresante tarde.
- Es lo que me hacia falta –al acostarse en la tina de agua tibia.
Media hora después y con la piel como la de una pasa, salió del cuarto de baño. Secó su cuerpo con una mullida toalla y se colocó la bata de baño.
Se dirigió de nuevo hacia su habitación para buscar algo cómodo que ponerse. Y fue al abrir el cajón del mueble donde guardaban la ropa que su sorpresa fue extrema.
- Qué diablos pasa aquí?
Revisó los otros cajones y fue lo mismo. Luego, salio corriendo hacia la habitación de su hija y se encontró con la misma historia: faltaba mucha de la ropa de ambas.
Emprendió una loca carrera hacia la cocina para preguntarle a la ama de llaves y no obtuvo ninguna respuesta útil.
- No señora, no vi a la señora Lena salir con maletas ni nada.
Fue lo mismo con cada empleado que interrogó. Se intentó calmar pensando que quizás Lena habría salido de emergencia con su hija a visitar a algún cliente fuera de Moscú y que pronto la llamaría.
Pero fue inútil, estaba muy preocupada. Que les habría pasado a su mujer e hija?
Se dirigió nuevamente a su habitación y busco algo de ropa para abrigarse. Empezaba a sentir como el frío le calaba los huesos. Luego al dirigirse hacia su estudio, una de las encargadas de cocina le pregunto si deseaba cenar pero se negó, decidió esperar a su esposa.
Una vez en el estudio se sirvió una copa de brandy para calentarse el cuerpo. Luego se recostó sobre su sofá favorito y tomo el libro que estaba leyendo. Esperaría un par de horas más. Solo un par más, después podría empezar a voltear Moscú para hallar a sus amores.
- Señora Yulia. Señora Yulia.
Escuchaba a lo lejos. Pero se dio vuelta y no hizo caso.
- Señora Yulia. Señora Yulia.
Fue abriendo de a poco los ojos y se sobresaltó al darse cuenta que no estaba en su cama.
- Lo siento señora pero…
- Que pasó?
- Se quedo dormida aquí. He venido a limpiar la biblioteca y…
- Lena? Mi hija? –recordando porque se quedo en el estudio.
- No lo se señora.
- Demonios…que hora es?
- Las diez de la mañana.
- Ok, gracias.
Y luego se dirigió rápidamente hacia su habitación pero encontró todo igual. Sin embargo, al recorrer la habitación distingue en su mesa de noche un papel, que anoche por la baja intensidad de la luz de la lámpara no distinguió. Se acercó y lo tomó en sus manos.
Todo se detiene. Siente como su corazón deja de latir y la respiración es inútil Su cerebro ha dejado de pensar. El papel cae de sus manos lentamente. Al llegar al suelo se pueden distinguir las letras escritas con la delicada caligrafía de Lena. Letras que acaban de revelar a Yulia que es lo que esta pasando. Letras en color de tinta negra.
"Te dije que jamás te lo perdonaría.
PD: Krystina te envía saludos"
Letras que le acababan de revelar que Lena la había abandonado, llevándose consigo a su hija.
Cuando sientes que todo aquello por lo que luchaste de un momento a otro empieza a carecer de importancia ¿cómo puedes seguir adelante?
Cuando sientes que la persona con la cual creías pasarías el resto de tu vida ha hundido en tu corazón el puñal de la traición ¿cómo puedes sobrevivir al dolor?
Ella lo había hecho. Seguía viviendo. O al menos eso creía. Se lo decía su corazón con cada latido. Pero...dolía. Y dolía demasiado.
Todo había comenzado, y terminado, con aquella mujer. Sus dolorosas palabras se le habían clavado como espinas en el alma. Y sin que nadie pudiera hacer nada por detenerlo, se estaba dejando desangrar.
Sin poderlo evitar, empezó a rememorar, detalladamente lo que había sucedido aquel día.
El día había empezado como venia siendo desde hace algún tiempo atrás: de manera maravillosa y con Yulia despertándola con un tierno beso. Beso que fue interrumpido por los suaves sollozos de Sasha.
- No te levantes, mi amor, yo la traeré.
- Eres un encanto -y dándole un beso dejó ir a la de azul mirar.
Un minuto más tarde, Yulia traía a una aún sollozante Sasha.
- Tiene hambre -susurró la ojiazul.
- Oh, dámela -dijo la pelirroja sentándose en la cama y apoyándose en el respaldar de la cama.
- Aquí la tienes -separándose de Sasha y colocándola en brazos de Lena.
- Qué sucede, princesa? -recostando a la pequeña ojiazul en sus brazos y acariciando suavemente los rubios rizos.
Un puchero ya conocido por parte de la pequeña Volkova, le confirmó a la pelirroja que la pequeña rubia quería su desayuno. Sin prisa pero sin demora procedió a destaparse el camisón y a darle de comer a su pequeña.
- Gracias a Dios, no llora tanto.
- Es muy bien portada. Se parece mucho a ti -observando embelesada la escena.
- Pues estos caireles rubios y esos zafiros no te dan mucha razón -sonriendo mientras seguía acariciando los suaves rizos de su hija.
- Y estos rizos -acariciando el cabello de la pequeña-, esta hermosa carita -pasando su mano suavemente por el suave rostro- y estas hermosas orejitas? De quien las pudo haber sacado?
- Pues...
- Y ni que decir de ese carácter. Fue una suerte que el amor de mi madre por mi haya sido superior a la poca paciencia que siempre ha tenido. Yo fui un huracán y nuestra hija es una suave brisa matinal.
- No fuiste nada fácil, eh? -sonriendo.
- Eso ha sido un doble sentido, pelirroja -besándola suavemente-. Sasha es un ángel comparada conmigo. Es como tú, mi amor.
- Tiene mucho de las dos...pero a la vez es única.
- Es cierto.
Una vez que la pequeña terminó de comer se quedó dormida luego que Yulia le sacara el aire.
- Recuéstala a mi lado Yul -volviendo a recostarse en la cama.
- No te vas a levantar aún? -sorprendida por ver a Lena recostada en la cama.
- Hoy no hay mucho que hacer en la oficina y me tomaré el día libre.
- Vaya, de haberlo sabido... -mientras colocaba a Sasha al lado de su esposa.
- Lo sé, amor. Tienes muchos pendientes. No te preocupes -sonriéndole.
- Iré a bañarme.
- Yo dormiré unas horas más.
- Está bien, descansa.
Algunas horas después Lena paseaba por un reconocido centro comercial con Sasha en sus brazos. Mientras revisaba la mayor parte de tiendas pensaba en lo feliz que era al lado de su familia.
- Ya esta cerca el cumpleaños de tu mami Yul, mi amor –abrazando fuertemente a su hija mientras seguía mirando los escaparates de las tiendas.
Sasha la miró con una clara expresión en el rostro de quien pregunta que es cumpleaños y Lena rió con aquel gesto.
A sus diez meses Sasha era muy expresiva y eso le encantaba a su pelirroja madre ya que eso le permitía tener una comunicación más transparente con ella. Lo que no podía decir con palabras lo hacía mediante gestos y expresiones.
A sus diez meses Sasha era muy expresiva y eso le encantaba a su pelirroja madre ya que eso le permitía tener una comunicación más transparente con ella. Lo que no podía decir con palabras lo hacía mediante gestos y expresiones.
- Es la celebración de su nacimiento y es por ello que le regalaré algo especial. Por cierto, dentro de poquito celebraremos el tuyo, mi princesa.
Sasha soltó una risa y besó a su madre en la mejilla, como quien afirma que entendió.
- Eres muy inteligente. Eso lo sacaste a mí –riendo y de pronto se quedo pensativa-. Quizás quien reciba el regalo seas tú, mi amor -sonriendo ampliamente.
Fue el turno de Sasha de mirar a su madre extrañada y pensativa.
- Quizás te demos un hermanito –sin perder la sonrisa del rostro, a sabiendas que la niña tanto no entendería.
Pero Sasha volvió a reír y después fijo su mirada en uno de los escaparates de la juguetería por la cual pasaban en esos momentos. Lena al darse cuenta, volvió la mirada y sonrió. Había entendido perfectamente porque el enorme peluche de oso en el escaparate había llamado la atención de su hija.
- Ya tienes demasiados, amor. Otro día, si? –sonriendo.
Al entender que su pelirroja madre no complacería su pequeño capricho, hizo un monumental puchero. Al cual Lena respondió sonriendo abiertamente, a la vez que sentía derretirse ante el gesto de su pequeña.
- Dios, eso lo sacaste de Yulia. Vamos por ese oso antes que vuelvas a hacer eso. Traes de las alas a tus abuelos cada que lo haces y ellos…
- Miren a quien tenemos aquí. Ni más ni menos que a la señora de Volkova…o mejor dicho a la aún –remarcando esa palabra- señora de Volkova –en un tono claramente sarcástico.
Lena se volvió extrañada al oír aquello y al hacerlo sintió un escalofrió recorrer toda su espalda. Hizo un recuento veloz en su mente tratando de recordar quien seria esa mujer pero al no lograr recordar nada, respondió dudando si realmente querría saber la respuesta a su pregunta.
- Perdón, nos conocemos? –dejando clara su confusión con el tono de sus palabras.
La rubia rió sarcástica y estruendosamente, llamando la atención de cuanto transeúnte pasaba por ahí. Una maliciosa sonrisa se dibujó en sus labios y sin responder directamente a la pregunta hecha por Lena atacó sin medida.
- Así que esta es la bastarda que has usado para obligar a Yuli a quedarse a tu lado? De nada te servirá pelirroja tonta. De nada.
En medio del torbellino de sus pensamientos sintió claramente como Sasha escondía su pequeño rostro en su hombro y se aferraba fuertemente a ella. Entendió perfectamente que su pequeña hija sentía miedo de aquella mujer. Quizás Sasha podía sentir que esa mujer le estaba causando un mal sentimiento.
O quizás...
No terminaba de entender la sensación de temor que invadía su cuerpo. Pocas veces en su vida se había sentido así.
Tan insegura.
Tan temerosa de una persona.
Tan...
Tenía tantos deseos de salir huyendo. No quería seguir oyendo a aquella desconocida.
Siente que…
Siente que…
De pronto su cuerpo de tensa. Un frío estremecedor se apodera de su alma y siente como se apaga la llama que había luchado tanto por mantener encendida.
- Krystina –sus labios tiemblan al pronunciar aquel nombre.
- Vaya! Pensé que jamás me recordarías. Me quitaste el placer de hacerte recordar la grata ocasión cuando nos conocimos -sonriendo maliciosamente.
Claro que lo recordaba. Lo acababa de recordar. Yulia y esa mujer...
Yulia...
Sasha!
Su niña estuvo en peligro por culpa de aquella mujer y de...
Yulia...
Sintió lo temblores de parte de su hija, recordó el insulto y aquello fue suficiente para hacer que de aquella amable personalidad no quedara nada. Nadie se metía con su hija.
- Bueno no se qué placer encuentras en el hecho que mí -remarcando aquella palabra- esposa te haya querido negar en un intento desesperado por no perderme -quien sonreía ahora era ella.
La sonrisa del rostro de la rubia se borró. Pero no se dejaría vencer tan fácilmente.
- Escúchame bien pelirroja desabrida: Yulia me quiere a mí, solamente a mí. Y regresará conmigo en cuanto yo así lo decida. Está a tu lado por pena, lástima y por esa estúpida mocosa que tú...
No pudo seguir hablando ya que la palma de la mano de Lena se estrelló estrepitosamente contra su mejilla, haciéndola perder el equilibrio y cayendo pensadamente al suelo.
La rubia apenas lo podía creer. No lo vio venir. Esa mujer acababa de darle el golpe de su vida. Nunca nadie se había atrevido tan siquiera a...
- En tu mísera vida te atrevas a volver a insultar a mi hija! Con ella no te metas, entendiste?! Grábatelo bien en tú mentecita: con mi hija nunca más te vuelvas a meter! Ni tampoco con MI mujer! Lo oíste MI mujer! Porque Yulia es MIA! A poco creíste que eras algo importante en su vida. No fuiste nada más que un pasatiempo con el cual olvidar que...
- Que tú no eras lo suficiente mujer para complacerla! Ella buscó en mi lo que jamás pudo, ni podrá, encontrar en ti!
- Así? Pues para eso están las amantes, no? Para dos o tres horas de vez de cuando. Sin embargo, las esposas...-riéndose, aunque por dentro el dolor la estuviera carcomiendo- Yulia está a mi lado porque así lo quiere. Yo no la retengo, cuando ella quiera se puede ir. Y si no se ha ido es porque ella así lo desea.
- Katina yo...
- Nunca más te acerques a mi familia. Nunca más lo intentes porque no sabes de lo que soy capaz por defender lo que es mío. No quieres verme enfadada, créeme. No quieres verme así. Desaparece y nunca más vuelvas. De lo contrario, no respondo de mis actos.
E inmediatamente, aquella furiosa pelirroja se retiró, dejando a una entre asustada y rabiosa Krystina, aún en el suelo. Quien cuando intentó reaccionar, se puso de pie dispuesta a buscar a la pelirroja, mas no la pudo encontrar por ningún lado.
Y tampoco pudo ser de otra manera puesto que Lena había salido corriendo a refugiarse en su auto.
Su corazón aún estaba a mil cuando se pudo sentar en el asiento del piloto. Decidió respirar unos minutos y luego se volvió a ver su hija.
- Sasha, mi amor -dijo llamándola.
La pequeña, sentada en su silla especial para andar en el auto, se volvió a ver a su mamá e hizo un amago de sonrisa y después se volvió a ver a la ventana, mientras se llevaba el pulgar a la boca.
Lena sabía perfectamente que su hija se había asustado, que el ataque verbal de aquella mujer la había afectado, aunque esta no entendiera bien de que se trató.
Se bajó del auto, abrió la puerta trasera y se sentó al lado de su hija. Tomó su mano delicadamente, la que la pequeña no tenia en la boca, y le habló dulcemente.
- Mi amor, no te preocupes. Todo está bien. Mamá está aquí.
Sasha se volvió nuevamente a ver a su mamá y una suave lagrimita cayó por su mejilla. A Lena se le rompió el corazón. Sacó de la seguridad de la silla a su pequeña hija y la abrazó contra sí.
- No te hará daño, nunca nadie te hará daño, mi amor. Mamá siempre te va cuidar. Te lo prometí desde el primer momento en que supe que te estaba esperando. Nunca nadie te hará daño...-Ni siquiera tu mamá Yulia, agregó mentalmente.
A los pocos minutos Sasha se quedó dormida en los brazos de su madre. La pelirroja aprovechó para dejarla nuevamente en su sillita y dirigirse a casa. Tenía muchas cosas que hacer. Muchas cosas que pensar.
De resto de aquel día solo recordaba cómo llegó a su casa y como en menos de media hora había empacado la ropa suficiente para que Sasha y ella pudieran sobrevivir unos días. No olvidó sus tarjetas, pero pensó inmediatamente podrían rastrearla cuando las usara, así que decidió pasar por el banco para retirar una fuerte cantidad de dinero. Le haría mucha falta, pensó.
La travesía hasta salir de la ciudad había pasado como en una nube, y ahora se encontraba en su segundo día de viaje. Sabía que en unas horas más llegaría a su destino.
- Solo un poco más y podré descansar. Me veo horrible –se dijo asimisma mirándose en el espejo retrovisor del auto.
Dos días durmiendo poco, manejando casi veinte horas diarias, atendiendo a Sasha y tratando de no perderse en sus pensamientos mientras sus manos estaban al volante…
Lena sentía que enloquecería. En que bendito momento se la había ocurrido irse en auto?
- En el momento en que sabias que necesitabas estar tan cansada como para no despertar durante varios días en cuanto lleguemos –se respondió ella misma.
Volvió a mirar por el espejo retrovisor para vigilar a su hija, quien alegremente jugaba con su muñeco favorito.
- Sasha, mi amor -la llamó la pelirroja.
La pequeña rubia se volvió a mirar a su mamá.
- Dha?
- Cómo estás, mi amor? -algo preocupada por su hija. Sentía haberla arrastrado con ella, pero no era capaz de abandonar de su hija, por muy mal que se sintiera. Así que la idea de dejarla con Yulia jamás cruzó por su mente.
La pequeña le sonrió a su mamá y logró que Lena también sonriera.
- Qué es lo que quiso decir con eso?
- Lo que escuchó, señora: no pudo hacer nada al respecto –terminó de decir aquel hombre uniformado, para luego volver la vista hacia su computador, aunque era claro que no estaba haciendo nada porque hace más de cinco minutos que ni siquiera cambiaba de página al documento que revisaba.
- Usted…!
Pero Yulia falló en el intento de írsele encima a aquel grandulón. Una fuerza superior a ella la había retenido en el suelo. Cuando se volvió a ver quien era la persona a la que golpearía, después de hacer pedazos a aquel oficial, se encontró cara a cara con Oleg.
- Papá…
- Será mejor que calme a su hija, señor, se puede meter en problemas por falta de respeto a la autoridad –Yulia casi podía respirar el fastidio de aquel hombre al tratar con ella. Podía sentir claramente su desprecio por las personas que tenían preferencias por tener pareja de sus mismos sexos.
Oleg clavó sus azules ojos en aquel hombre y con mirada paciente le respondió:
- La autoridad, en este caso, no hace el menor intento de infundir el respeto que está exigiendo hacia quienes hacen posible su subsistencia.
El hombre se quedo callado y cuando iba a replicar, apareció al parecer un hombre de cargo mayor.
- Que sucede oficial Kozlov?
El mencionado sonrió de medio lado y lanzó su acusación.
- Los señores al parecer no han podido entender que en esta ocasión no podemos hacer mucho por ayudarlos –dijo con aire de suficiencia.
- Pero cual es el prob…? Oleg? Oleg Volkov? –preguntó el hombre al reconocer al padre de Yulia.
- Después de muchos años mi amigo –sonriendo mientras soltaba a Yulia para darle una mano de saludo al oficial.
La cara de terror que puso el oficial que los estaba atendiendo podría haber hecho reír a Yulia sino fuera porque no estaba de buen humor y no lo estaría hasta saber donde se habían metido su mujer y su hija.
- Qué puedo hacer por ti, Oleg?
- Mi hija ha tenido unas complicaciones con su esposa y esta ha desaparecido. No sabemos nada de ella ni de su hija desde hace algunos días y ciertamente, estamos muy preocupados.
- Oh, vaya! –entendiendo perfectamente la situación-. Acompáñenme a mi oficina y podremos hablar más detenidamente del tema.
Dos horas después, Yulia se recostaba en el asiento del copiloto, totalmente exhausta después de haber contado por centésima vez como es que su esposa desapareció.
Casi no prestaba mucha atención a lo que ocurría alrededor suyo. Lo único que deseba era desaparecer. Desaparecer y dejar de sentir dolor.
- Me está matando…
- Yul, hija.
Miró a su lado y ahí estaba su padre. Unas cálidas lágrimas recorrieron su mejilla y se lanzó hacia los brazos de aquel hombre que siempre había sido su héroe.
- Donde está, papá? Donde está?
Oleg no sabia que hacer. Nunca había visto a su hija así. Por primera vez en mucho tiempo tan siquiera la veía llorar. Sabia que lo que estaba pasando era difícil y no podía hacer nada más que acompañarla y apoyarla en todo lo que pudiera.
También sabía que Yulia no le había contado todo. Era obvio que había algo que tanto su hija como Lena les habían ocultado y era precisamente aquello lo que había llevado a la pelirroja a huir del lado de su hija.
Momentos después sentía el alivio que solo le podría haber ofrecido desahogarse en el cálido abrazo protector de su padre.
- Hay algo de lo que quiero hablarte, papá.
Y Oleg se prestó a oír lo que sea que su hija decidiera contarle.
El aire impregnado del olor de los aromáticos árboles que rodeaban a la casa de campo de los Volkov inundó el olfato de la pelirroja esposa de la heredera de aquellas tierras.
- Ahora que lo pienso…tú eres la siguiente heredera de todo esto, mi pequeña –mirando por el espejo retrovisor a pequeña rubia, que estaba completamente maravillada con lo que observaba a través de las ventanas del auto.
Desaceleró un poco al ya divisar la enorme casa de campo de su…
- De mi futura ex-esposa.
Tan solo pronunciar esas palabras sintió un dolor indescriptible atravesarle el corazón. Pero era una decisión que ya no tenia que tan siquiera considerar. Seria un hecho dentro de nada.
Al acercarse a la puerta de la casa pudo observar como Teresa se encontraba barriendo la entrada con gran paciencia y dedicación.
Al parecer la anciana mujer pudo oír el sonido del auto acercándose y levanto la mirada. A lo lejos, Lena pudo divisar la sonrisa de la nana de Yulia.
Una vez se detuvo frente a la entrada de la casa, Teresa se acercó lo más rápido que sus ya cansadas piernas le permitieron.
- Niña Lena! Niña Lena! Pero que sorpresa! –mientras se acercaba con los brazos abiertos.
- Hola Tere.
Una vez sintió los cálidos brazos de la noble mujer rodearla, una lágrima rodó por su mejilla. Hacia mucho que necesitaba algo así.
- Nadie me aviso que vendría. Donde está la niña Yulia? Vino sola? Trajo a la pequeña princesa?
- Muchas preguntas a la vez Tere –mientras se separaba lentamente de aquel maravilloso abrazo.
- Mi niña, porque está llorando? –preguntó muy preocupada la anciana mujer.
- Es solo por la nostalgia, Tere. Hacía mucho que no venia y créeme que extrañaba mucho esto –mirando todo alrededor.
La nana miró hacia los asientos traseros del auto y en cuanto divisó unos caireles rubios moverse insistentemente, probablemente intentando liberarse de la seguridad de su silla, corrió hacia la pequeña Volkova.
Una vez la libero de su encierro, la pequeña le sonrió abiertamente.
- Pero mírela no más, mi niña Lena…esta princesita está enorme!
- Pues sí, ha crecido demasiado rápido –volviéndose para observar como la anciana le regalaba todo tipo de cariños a su hija.
- Está hermosísima! Esta idéntica a usted!
- Creo…creo que si –sonriendo apenada.
- Tiene todos los colores de mi niña Yulia. Pero no cabe duda que quien se llevará la gloria será usted, niña Lena.
Lena sonrió definitivamente había tomado la mejor decisión al dirigirse hacia ahí.
- Hay alguna habitación disponible para nosotras, Tere?
- Esa pregunta me ofende, niña Lena.
- Lo siento Tere –sonriendo a modo de disculpa.
- La habitación principal siempre está lista para recibirla.
Un escalofrió recorrió la espalda de la pelirroja. No quería esa habitación.
- Mmm podría ser que esta vez no quisiera usar esa habitación. Seria eso un problema?
La anciana visiblemente sorprendida prefirió guardar sus preguntas para horas más adelante. Podía notar el sufrimiento que denotaban aquel verdigris mirar. Algo había sucedido, lo sabía. Algo muy grave.
- Por supuesto que no, mi niña. De ninguna manera seria un problema. La niña Sasha dormirá con usted?
- Sí, claro. No quiero separarme de ella.
- Entiendo, a todas las primerizas nos pasa eso. Aún recuerdo cuando mi Dmitri nació. No quería despegarme de él ni un momento.
- Si, así me siento con Sasha –acariciando los rizos de su hija.
Horas después salía de la habitación dejando a Sasha totalmente dormida. Su pequeña estaba realmente cansada.
- Y yo también.
Pero deseaba comer algo ligero para poder soportar la ducha que sabía que necesitaba después de tan agitado día. Sabía que debía comer bien para poder alimentar a Sasha.
Al entrar a la cocina encontró a Tere calentando lo que parecía ser un estofado, uno de aquellos que Lena adoraba. De pronto su estomago emitió un sonido que dejo claro que moría de hambre.
- No sabía que tenía tanta hambre –apenada.
- Pero si era obvio niña. Seguro no ha comido desde el mediodía, el último pueblo está a esa distancia.
- En realidad no he tenido mucha hambre en estos días. Solo comí lo necesario para que Sasha no sufra de carencia de leche –sentándose en una de las sillas de la mesa de aquella hermosa cocina.
- Ya va siendo hora de destetarla, niña –mientras movía lentamente el guiso en la cacerola.
- Lo sé. Pero…hace poco lo intentamos…fue demasiado. No puedo verla llorar –recordando como su hijita había sufrido en esos breves momentos en los que se había negado a alimentarla con leche de su pecho -. Detesta el biberón, solo lo tolera cuando es otro líquido que no sea leche.
- Pero si no es ahora, cuando será? –sonriendo al comprender el sentimiento de la pelirroja.
- No lo sé. Creo que es un asunto para el cual no tengo cabeza ahora mismo –lamentó haber dicho esa palabras ya que sabía que era la entrada perfecta para que la nana de Yulia empezara con el interrogatorio.
Poniendo un plato de estofado de carne con papas asadas frente a ella, Tere ocupó la silla de enfrente. Lena agradeció y empezó a dar cuenta de aquel delicioso platillo.
Fue cuando iba casi por la mitad cuando Tere decidió empezar a preguntar.
- Qué sucedió?
Lena pasó con dificultad el pedazo de comida que masticaba en aquel momento, mientras intentaba pensar en algo rápido que responder.
- No intentes inventarme algo niña, porque sabes que no te creeré nada. Esos ojos y esa expresión en tu rostro me dicen perfectamente que estás pensando y que está pasando pero prefiero oírlo de tus propios labios.
Lena se quedo mirando el vaso de limonada que tenía en su mano derecha.
- Sabes perfectamente que puedes confiar en mí, niña –acariciando la mano izquierda de Lena, tratando de darle la confianza que sabía que necesitaría para hablar.
- Yulia me engañó –confesó mientras una lágrima se deslizaba lentamente a través de su pálida mejilla. Bajó la mirada y esperó lo que fuera que la anciana mujer diría.
Un silencio sepulcral se instaló por unos segundos en la habitación.
- Estás segura? –cautelosamente.
- Si, lo vi con mis propios ojos…a ella y a su amante –sabia que la duda estaría presente con Tere y lo comprendía.
- Que hizo niña Yulia? –lo decía como si estuviera frente a ella. Lena se sintió reconfortada alspan lang= saber que le creía.
- No lo sé. No sé qué pasó…fue hace un tiempo pero…yo no lo recordaba.
- Cómo? –confundida y sorprendida.
- El día que nació Sasha fui a ver a Yulia…y cuando entré a su oficina…ella…y…estaban… -el nudo en su garganta le impidió continuar.
De pronto sintió los cálidos brazos de la anciana rodearla. Se aferró a ella y lloró todo lo que restaba por llorar.
- Me sentí tan mal que el parto se adelanto…Sasha estuvo en peligro…me dieron a elegir entre mi hija y yo…si le hubiera sucedido algo a Sasha yo…
- Llore mi niña, llore.
- Yo la amaba tanto…tanto…ella siempre fue mi vida…ha sido la única persona a quien…siempre he amado…
Una hora después Tere cobijaba a una Lena completamente agotada y dormida. Se sentó a su lado para velar su sueño por unos momentos, mientras acariciaba sus rizos y entonaba una suave canción de cuna.
Minutos después salía de la habitación con dirección a la biblioteca. Se acercó al escritorio y tomó una foto de Yulia ente sus manos y susurró:
- Que hiciste, niña Yulia? Que hiciste? Ella te amaba realmente, acaso no lo sabías? Y ahora tu hijita…
Miró el teléfono, pero recordó las palabras de Lena poco antes de caer dormida.
- Por favor, no le digas que estoy aquí, por favor. Necesito unos días para pensar que haré. Estoy tan confundida.
- Claro que sí, niña Lena, aquí encontrará la paz que busca y las respuestas que necesita –susurró a la nada.
- Vamos a ver…así…así…pasito…otro pasito…vamos otro más…aja, muy bien mi amor…ehhhh! –y luego soltó una carcajada al ver poner un puchero a Sasha: la pequeña se había caído sentadita-. Ven aquí, mi amor –acercándose a su hija y levantándola del pasto-. Lo estás haciendo muy bien, mi vida. Dentro de poco ni quien te alcance –juntando su frente con la de su hijita.
Sasha tocó la nariz de su mamá y sonrió. Entendía que su mamá la estaba felicitando.
- Estás creciendo demasiado rápido, lo sabes? –rozando su nariz con la de su hijita -. Por qué? Por qué no te quedas pequeñita? Así siempre estarías en los brazos de mami –sonriendo.
- Dha? –también sonriendo.
- Niña Lena, el desayuno está listo –le gritó Tere desde la puerta de la casa.
- Ahí vamos Tere –sonriéndole a la anciana mujer-. Bueno señorita vamos por su desayuno.
Los días pasaron cual tiempo en el reloj de arena. Lena sabia que se acabaría su plazo, la arena terminaría de caer: debía regresar. Pero aún no se sentía con los ánimos de hacerlo.
- Nunca tendrás los ánimos de hacerlo –se dijo asimisma.
Pensó en todas las charlas que había tenido con Tere. Al ser tan mayor sus consejos, sabía, eran atinados y llenos de amor tanto para ella como para Yulia. Pero sobretodo pensando en el angelito que tenían por hija.
- No puedo…no puedo…perdóname mi amor, perdóname –mirando a Sasha dormir en su cama.
Levantarse temprano, arreglarse, tomar su maletín, encender el auto, tomar el ascensor y oír el saludo de Andrea. Todo era los mismo de siempre, pero nada igual.
Lo días en su existencia se seguían arrastrando sin Lena a su lado. Era difícil, demasiado difícil.
- Yulia tienes al señor Smith por la cuatro.
- Ahora le respondo Andy.
Lo mismo de siempre: hablar con los clientes, calmarlos respecto a la crisis bursátil que se había venido en los últimos meses. Si bien su empresa era las pocas que habían tenido pérdidas mínimas, siempre había clientes y socios algo paranoicos.
- No te preocupes John, todo está bien. Nuestras acciones están bien posicionadas. No…no, para nada. Puedes revisar en cualquier momento los informes que enviamos mensualmente…si, así es…no te preocupes, para eso estamos. Hasta luego.
Era insoportable. Al cumplirse la jornada laboral salió corriendo hacia su casa. No quería saber nada más del mundo. A penas podía soportar dar el ejemplo: a pesar que su vida se estuviera derrumbando ella no podía flaquear.
Y seguía pensando que el día se arrastraba en su existencia.
- Mi patética existencia.
Apagó el auto y se recostó en el asiento.
- Dios mío, hasta cuando harás que Lena regrese?
- Señora Yulia? –la llamó el chofer que había salido a recibirla.
- Oh, Dima. Lo siento no te oí.
- No se preocupe señora, limpio el auto?
- Si, por favor – respondió saliendo de su automóvil.
Necesitaba darse una ducha, quizás aquello la ayudara un poco. Se dirigió arrastrando los pasos hacia su habitación. Aquella que había compartido con su esposa durante mucho tiempo.
Tomó el pomo de la puerta y lo giró casi con miedo.
Temía no volver a encontrar a Lena esperándola.
Temía que siguiera sin regresar.
- Eres cobarde Yulia…tu eres la responsable.
Empujó la puerta y el maletín cayó al suelo.
Sintió el verdigris mirar sobre ella y su cuerpo se estremeció en un escalofrió.
- Lena…
Deseaba correr a abrazarla, besarla y estrecharla contra ella hasta que fundieran en una sola. Pero ver hielo en los verdes ojos de su amada la congeló en su lugar.
- Tenemos que hablar.
- Entonces…hoy ha regresado? –pregunto la castaña.
- Si, me llamó hace una hora.
- Está bien?
- Dentro de lo posible.
- A que te refieres? Le pasó algo a ella o a la niña?
- No, es solo que…recordó el día que dio a luz.
Se dibujó la comprensión en los ojos de su amada castaña.
- Entiendo –mirando al suelo-. Es por ello que se fue?
- Si, así es.
- Me imagino que ahora…
- Debe estar conversando con Yulia. Dijo que habían muchas cosas que debían aclarar.
- Pero como la oíste?
- Estaba serena. Me imagino que se alejó para eso y para meditar que iba a hacer.
- Entiendo…no quería reaccionar como Yulia lo hubiera hecho.
- Yo no he dicho es…
Se acerco al sofá donde estaba sentada Marlene y se sentó sobre sus piernas.
- Lo sé. Yo lo he dicho, y lo he hecho porque conozco a Yulia –sonriendo cálidamente antes de darle un tierno beso.
- Prometimos no dejar que sus problemas también nos afecten a nosotras –nerviosamente.
- Y estamos haciendo un bueno trabajo, no lo crees? –acariciando el brazo de su amada.
- Si. Te amo, castaña hermosa.
- Y yo a ti mi bella morena.
Se quedaron adorándose unos segundos antes que Andrea pronunciara las mágicas palabras:
- Quieres venir a vivir conmigo?
Marlene se quedó mirándola con una expresión entre confusión-terror-alegría-shock. Expresó tantas cosas en tan poco tiempo que Andrea temió haber dicho algo malo y se retractó.
- Bueno…solo era una idea…es decir, no creas que te estoy presionando. De ninguna manera…-alejándose de Marlene.
- Espera.
La morena tomó de la mano a la castaña y volvió a sentarla en sus piernas. Tomó su rostro con ambas manos y mirándola fijamente le respondió.
- Perdóname…
Los ojos de Andrea se llenaron de lágrimas al pensar que Marlene le iba a inventar algo para decirle que no.
- No te preocupes, yo…
- No, déjame terminar –tomó una honda respiración y mirando a los ojos de su amada-. Solo me tomaste por sorpresa, pero créeme que la idea ha estado rondando por mi cabeza desde hace mucho tiempo. Para cuando nació Sasha ya lo había pensando en alguna ocasión pero simplemente no se había dado la oportunidad de decirlo. Y ahora se presentó este problema con nuestras dos mejores amigas.
- Marlene…
- Nunca habrá mejor momento que ahora. Cuando puedo traer mis cosas, mi amor?
- Marlene! –abrazándola fuertemente.
- Te amo.
- Y yo a ti.
- Entonces cuando, cara?
- Hoy mismo si es posible –dándole un apasionado beso.
- Y los niños?
Andrea se quedo helada ante aquella pregunta.
- Niños?
- Yo quiero una pequeña castañita con unos ojitos color miel, igualita a ti corriendo por toda la sala de una enorme casa.
- Niños? Casa? –tragó fuerte.
- No quieres niños, cara? –sintiendo que había metido la pata asustando de esa manera a su novia.
- NO!
- Entiendo, no te preocupes, yo…
- No, no. No es lo que piensas –abrazando fuertemente a su niña-. Tonta! Claro que los quiero y si son tuyos con mayor razón! Solo me sorprendiste. Te quiero!
- Entonces? –sonriéndole.
- Haré lo posible por darte esa pequeña versión de mí en miniatura. Pero nunca se sabe eso hasta mucho después. Si fuera morena?
- Siempre y cuando simbolice nuestro amor en su tierno rostro la amaré tanto como amo a su madre. Además, tendré una aliada para juntas poder cuidarte y amarte toda la vida –juntando su frente con la de Andrea.
- Marlene…cuando?
- Déjame terminar la maestría, quiero estar contigo todo el tiempo. Apoyarte hasta el último detalle. No quiero perderme de ningún momento de la vida de nuestra hija y quiero mimarte todo lo que te mereces.
- Entonces dos años? –sonriendo.
- Si. Así también tenemos tiempo de buscar una casa más grande y espaciosa. Podrías ir viendo ese tema también.
- Tú sabes que siempre apoyaré tus locos proyectos. Más ahora que tienes menos tiempo.
- Si, lo sé. Que haría sin ti, cara?
- Eso mismo me pregunto yo –besando la nariz de la morena.
- Que humilde eres.
- Lo sé. Sabes que me encanta que me hables en italiano?
- Lo sé.
- Agradezco que Lena te envíe de vez en cuando allá solo porque has aprendido a hablar ese idioma a la perfección. Porque por lo demás, tu ausencia es algo que no tolero.
- Yo tampoco me siento bien lejos de ti. Ese es el secreto de mi alto desempeño.
- Cómo? –riendo.
- Hago todo de la manera más rápido y lo mejor posible para terminar lo antes posible. De esa manera puedo regresar a tu lado lo antes posible.
Ambas sonrieron. Se amaban, que más importaba? Una vez Lena lo había pensando. Verdad que lo recuerdan? Las tres peores palabras cuando uno está enamorado: tenemos que hablar.Ahora Yulia lo sentía en carne viva. Ella tan solo deseaba correr a los brazos de aquella mujer a la que amaba con desesperación y sin embargo, sabía no podía. Acaso aquella podría ser la misma sensación que Lena sentiría antes cuando ella llevaba a cabo su venganza? Así de impotente se habría sentido su hermosa pelirroja? Esas ansias poderosas de abrazarla, besarla, estrecharla contra su cuerpo y hacerla suya, hasta convencerse que realmente había regresado. Que había vuelto a ella… A ella? No, no podía estar segura de ello. No estaba segura de nada. Ahora entendía a Lena. Ahora comprendía como ella podría haberse sentido antes.No tenía perdón de Dios. Y aunque Lena algún día la perdonara, ella jamás se perdonaría. Jamás.- Has regresado –murmuró tan bajo que creyó que nadie más que ella lo había oído.
- Si, para desgracia tuya lo he hecho –se equivocó, Lena la había oído y perfectamente.
- Lena…yo…
- Yulia…
No me pidas perdón, te lo ruegoyo soy culpable lo mismo que túlos dos hemos perdido el cieloy una sonrisa. Ambas se quedaron en silencio.Lena pensando en donde habían quedado todos aquellos argumentos y diálogos que había venido preparando durante todos esos días lejos de Yulia.Y Yulia pensando cuánto tiempo más resistiría sin caer de rodillas a pedirle perdón a Lena, incluso sin que esta dijera nada. Sabia se lo debía. Se lo debía tanto. En medio de aquellos caóticos pensamientos el eco de una inocente risa le recordó a alguien más.- Sasha? –pregunto preocupada.
- No sé porque lo preguntas. Hasta pareces preocupada –sonrió sarcásticamente, para luego regresar su mirada hacia la ventana de la habitación.
- Puedes acusarme de muchas cosas Lena, pero no de no preocuparme y menos de no amar a mi hija.
- No siempre fue así –ahora miró al suelo, quizás recordando el momento en el que Yulia accidentalmente descubrió su embarazo.
- Creía que ya te había pedido perdón por ello –sintiendo una vez más remordimiento por aquella mala reacción.
- Y crees que hay perdón para ello? –mirándola nuevamente.
- Lena yo…estás bien?
- Si, mejor que bien créeme –y sonrió para darle más credibilidad a sus palabras.
- Y Sasha? –sabia que detrás de esa fingida sonrisa, Lena le ocultaba algo.
- También está bien. Me puedes acusar de muchas cosas Yulia, pero sabes que nunca podrás hacerlo de ser mala madre.
- Yo nunca…-intentando aclarar la situación.
- Está en un lugar seguro, no te desgarres las vestiduras atormentándote con ello –regresó su mirada hacia los jardines de la casa, la ventana sobre la cual se apoyaba le daba total acceso a ellos.
- Por qué no la has traído? –insistió un poco más.
Entonces, cuando Lena le devolvió una mirada inyectada de sangre supo que había presionado más de lo que debió haberlo hecho. Pero en su desesperación por ver a su hija, no midió las consecuencias de presionar tanto a Lena porque le diga dónde estaba.Por otro lado, Lena veía confirmadas una de sus tantas sospechas: la única y verdadera preocupación de Yulia era su hija. Y no es que estuviera mal, pero le dolía tanto. Dolía tanto confirmar sus sospechas. Ella nunca había importado: solo había sido un medio para conseguir un fin.- Porque no quería exponerla a nuestra platica.
- Y esa es?
- De verdad tengo que decírtelo? –sonriendo tristemente pensando en que era irónico que fuera ella, quien tanto había luchado por su relación, quien la terminara.
No me pidas perdón, te lo ruegove que de nada nuestro esfuerzo valióel mar se enfureció y mi barca,cayó hasta el fondo. - Crees que después de haberme pasado casi dos semanas sumida en la desesperación de buscarte a ti y a mi hija hasta debajo de las piedras…- tomó aire – Lena por favor hablemos calmadamente.
- Basta Yulia, ya no tienes que fingir más.
- Fingir? Lena estás…estás equivocada!
- Tan equivocada como cuando creí que todavía teníamos una oportunidad después de todo?
- No, nosotros seguimos teniendo oportunidades. Muchas. Solo debemos hablar. Lo que tú crees que viste…
- TE VI! – estalló, no podía soportar tanto cinismo de parte de aquella mujer, aquella mujer a la que creía haber amado-. TE VI, MALDITA SEA! Nadie me lo contó…te vi yo misma…como besabas…como acariciabas…como…esa mujer…-no lloraría, no más.
- Yo no hice nada…ella se me aventó. Yo…te juro que intente apartarla pero…-intentando acercarse cautelosamente a su esposa.
- Siempre es lo mismo Yulia. Todos dicen lo mismo. Intenta ser original –irónicamente.
- Lena! –desesperada, estaba a punto de perder el control, el orgullo, la dignidad.
- Qué?! –perdiendo la paciencia.
- Perdóname…por favor, perdóname –cayendo de rodillas.
Aceptar que la vida es distintatodo cambia cuando pasa el amorel vacío que se siente en el almano lo reemplaza ningún corazón. Una parte suya había deseado eso: verla de rodillas suplicándole perdón. Pero otra deseaba que lo negara todo, que insistiera en su inocencia, que clamara por ella, que le dijera que jamás había habido nadie más después de ella. Que al igual que para ella, para la ojiazul nunca hubiera habido nadie más después de ella. No lo soportaba, una vez al verla besar a su amigo fue horrible. Sintió como el mundo se derrumbaba a sus pies. Y ahora esto.Además no era suficiente, no, era demasiado fácil. Así no seria, la quería ver destruida, rogando, suplicando, arrastrándose por ella. Por un beso…por una caricia…por su amor…así como ella lo hizo antes. La diferencia era que ahora se sentía con todas las de ganar. La vida había sido generosa. Justicia poética. Para ella.- Nunca…no puedo –cerrando sus ojos a la realidad. Dolía, lastimaba a Yulia pero también le dolía a ella. No quería, no quería sentir, no quería ese dolor. Ella ya no la amaba. Por qué dolía?
- Lena –poniéndose de pie, aterrada.
- No puedo Yulia. No puedo por tantas cosas…
- Pero Lena…podemos superar esto…nuestro amor…
Ambas se quedaron calladas. Deja vú. No me pidas perdón, te lo ruego que yo he pecado lo mismo que túcada vez que lo intentamos de nuevotermina en llanto. - Es irónico, verdad? –murmuró la pelirroja.
- Se llama justicia poética. Ayer tú, hoy soy yo quien recurre a esto para evitar perderte. Porque eso es lo que pasará a continuación, verdad? Me vas a dejar –y aunque no quería oírlo, sabía que Lena había ido a eso, a terminar lo que ella empezó: el fin de su relación.
- No puedo seguir a tu lado cuando…no podría…siempre lo recordaría…yo…
- Lena –acercándose.
- No! –estirando los brazos para detener a Yulia-. Si algo le hubiera pasado a Sasha…cuando nació…si algo le hubiera ocurrido…tan solo haberla puesto en peligro…
- No crees que yo también me he arrepentido innumerables veces por ello? –deteniéndose frente a ella y tomando sus manos entre las suyas-. Por favor, Lena, escúchame. Escúchame, entiéndeme y perdóname. Sé que no podrás ahora…pero no podemos rendirnos ahora. Ya no somos solo nosotras dos.
La manera como tú me lo pidesno tiene sentido comúnes como pedirle a la tierraque no que no, de más vueltas al sol. - No puedo, no puedo porque ya no te amo –y soltó las manos de Yulia.
Una vez había pensando sentir dolor real cuando al ver a Lena en brazos de otro, su corazón se había roto en mil pedazos. Había creído que eso era dolor. Nunca se imaginó que volvería a ocurrir. Y que esta vez seria ella la que llevaría a Lena a repetir ello.Si, lo reconocía ella era la culpable. Solo ella.- Me lo merezco.
Lena sintió como el corazón se le encogía al oír aquello. No quería oírlo. No quería. Yulia se daba por vencida. Eso solo podía significar algo: Yulia quería deshacerse de ella. Las lágrimas empezaron a correr a través de sus mejillas. - Me lo merezco pero no lo acepto. Nunca. Nunca te dejaré ir Lena. Ni a ti ni a Sasha. No importa lo que digas: mi hija y tú no se van.
- Intenta impedírmelo –las lágrimas se detuvieron en seco. La rebeldía y la rabia empezaban a aflorar.
- Mírame hacerlo.
No me pidas perdón, te lo ruegoentendamos que ya todo acabóes que tú y yo nos herimos tantoque ya no puedo. Si alguien le hubiera dicho que ella, por voluntad propia se enfrentaría a Yulia. Cara a cara. Luchar como dos fieras. Se hubiera burlado de aquella persona.Jamás lo hubiera creído. Ella la había amado tanto que creía poder perdonarle todo. Quizás muchas cosas con más dificultad que otras. Pero siempre la hubiera perdonado.- Una vez me pediste que te dejara tranquila, que no vuelva jamás a pedirte nada, mucho menos amor. Felicidades Yulia, hoy has conseguido lo que siempre has buscado: eres libre. Después de todo siempre lo has sido –y se forzó a sonreír.
Yulia la miro extrañada. A que se refería Lena?- Ahora me dirás que no lo recuerdas? –sarcásticamente.
- No sé de que hablas. Desde que estabas embarazada dejamos en claro que olvidaríamos todo y empezaríamos de nuevo –realmente confundida.
- Quizás el nombre de tu gran amigo Igor te refresque la memoria –con aquel nombre Lena iluminó las memorias de Yulia.
- Entonces con más razón aún entenderás cuando te digo que jamás te dejaré.
- Vamos Yulia se razonable: nuestro matrimonio fue un tratado comercial. Tú ponías el dinero y yo el prestigio que necesitaba tu empresa.
- Siempre hablaste del amor que jamás dejarías de sentir por mí, no lo niegues. Me lo juraste.
- No lo negaré. Siempre te amé pero ya no más. Como podría seguir amándote después de todo lo que ha pasado?
- Y que sucede conmigo? Con lo que yo siento?
- No tiene porque importarme –mirando hacia otro lado. No quería ver qué efecto habían causado esas últimas palabras en Yulia.
- Como puedes decirme eso? –tomó de los brazos a Lena, estaba empezando a desesperarse.
- Por qué debería importarme? Cuando decidiste vengarte de mi, nunca te importe! Nunca! Me lastimaste sin importar lo que me pasara. Nunca te importó cuanto me lastimabas, cuanto me doliera tu indiferencia…como mi dignidad fuera pisoteada cada vez que te pedía perdón y cada vez fuera a manos tuyas.
Que vuelva a quererte,tu ya no puedes, ser mi amor. - Lena…yo estaba mal…no pensaba…creía que me habías traicionado.
- Creías que te había traicionado, creíste! Tu si me traicionaste!
- Y que piensas hacer? Privarme de ti? De tu cuerpo? De tu amor? Humillarme así como yo lo hice contigo? –cuando vio como Lena levantaba su mirada y la dirigía hacia ella. Cuando vio ese fuego en su mirar. Cuando vio los demonios del inframundo reunirse en aquella mirada, lo comprendió. Lo comprendió todo y deseo no haberlo hecho. Un escalofrió recorrió su espalda-. No te atreverías.
- Por que debería tener compasión contigo?
- Lena…es…es…
No, no, no, no me lo pidasque te vuelva a querer no hay razón. - Es mi hija. Solo mía. Tú no la quisiste. Nunca la quisiste. Tus palabras fueron claras: no quiero hijos tuyos –pudo observar como las pupilas de la ojiazul se contraían de manera antinatural -. Lo recuerdo perfectamente Yulia. Como olvidar esas palabras? Yo solo quería hacerte feliz. Quería tener entre mis brazos un ser…un ser en cuyas venas…corrieran juntas tu sangre y la mía. Un pedazo tuyo creciendo dentro de mi vientre. Si no podía tenerte nunca más, al menos podría tener en nuestra hija, una parte tuya. Te amaba más que a mi vida…con locura…fuera de razón…me olvide de mí y eso es algo que jamás me perdonaré. Ni mucho menos te lo perdonaré a ti –masticando la rabia con las que pronunciaba cada palabra.
- Entonces esto no es por Sasha, es una absurda venganza tuya! No puedes ser así de egoísta! Es nuestra hija! No tiene porque pagar nuestros errores! –sacudiendo a su aún esposa.
- Egoísta?! –empujándola, tratando de liberarse inútilmente-. Te atreves a llamarme egoísta?! Tú? Tú que no has hecho otra cosa que pensar solo en lo que tu sentías? Solo pensaste en ti, yo solo pensé en ti! Cuando entraba yo? Cuando importé yo?! Cuando Yulia, cuando?!
- Siempre! Siempre me importaste! Es que no lo entiendes?!
- Qué?! Qué debo entender?! –no comprendía a que se refería. Y tenía la sensación que no deseaba comprenderlo. Pero la idea de que se acercaba una revelación se hizo realidad en segundos.
- Estaba loca de rabia! De dolor! De CELOS! Entiendes? CELOS! Cuando vi la oportunidad de tenerte nuevamente para mí, la tomé, la tomé con todas la fuerzas de mi ser! Me aferre a ese pedazo de hierro ardiente que mi padre me alcanzaba! Me aferré con locura! Si! Quizás al inicio me horrorice ante la idea de casarme contigo pero fue por el bajo concepto que tenia de ti en ese momento! Pero después no me importó! No me importó! Te tendría para mí! Serias mía! Que importaba si tenía que pagar millones por ello! Que importaba si tenía que ser de aquella forma! Serias mía! Solo mía! La sola idea que ese desgraciado te hubiera tocado me desquiciaba, Lena! Entiéndelo! Tú eras mía! Solo mía! Tu eres solo mía! –la abrazo con desesperación-. Eso querías oír? Pues óyelo! Óyelo! Me volví loca de desesperación al saber que te había perdido! Me tenías en tus manos, siempre ha sido así! Cuando paso aquello con ese maldito de Cresswell, me destrozaste! Me juré que jamás podrías volverlo a hacer! Te volvería loca, quería que estuvieras loca por mi y solo así podría hacerte el mismo daño que tú me habías hecho!
- Yulia…-asustada.
- Y entonces me dijiste que querías un hijo –se aferró aun más a Lena y lágrimas de miedo rodaron a través de sus pálidas mejillas-. Un hijo! Entonces pensé seria solo otra de tus ideas para volver a tenerme en tus manos…un bebé, por Dios! Tú sabías cuanto deseaba tener un hijo contigo! Pensé…pensé que querías tenerme en tus manos nuevamente…un hijo de por medio me haría una marioneta en tus manos…y así es. Me tienes en tus manos, Lena. La sola idea de perderte a ti y a mi hija…no puedo. No quiero…no quiero tan solo imaginarlo! Son mi vida! No te voy a perder Lena! Sasha y tu son mías! Jamás las perderé!
No me pidas perdón, te lo ruegoyo soy culpable lo mismo que túlos dos hemos perdido el cieloy una sonrisa.A penas sintió como Lena escapó del abrazo que la retenía en sus brazos. Lentamente la sintió pasar a su lado. Quería ir tras ella, no podía abandonarla. No de nuevo. Sería una pesadilla. Pero su cuerpo la traicionó. Sus brazos y piernas estaban paralizados.
Cuando lograron responder, cuatro palabras la dejaron nuevamente en su sitio.
- Ya nos has perdido –susurró la pelirroja desde la puerta.
La puerta de la habitación se cerró y segundos después el motor de un auto le indicó que Lena había terminado definitivamente lo que ella empezó.
Sus piernas no dieron más. No podía sostenerse sobre ella misma. Sus rodillas tocaron el suelo y su último pensamiento fue que deseaba despertar de aquella pesadilla.
- Qué sucedió, Oleg? –pregunto angustiada Larissa.
- No lo sé, mi amor. Solo lo que te conté: el ama de llaves me llamó de manera urgente porque halló a Yulia desmayada, yo llamé al doctor camino aquí y también te llamé a ti.
- El doctor llegó primero, por lo visto.
- Si, estaba atendiendo a Yulia cuando yo llegué.
- Me mata la angustia de no saber qué le pasó a nuestra hija.
- Tranquil…-fue cortado por la voz del doctor descendiendo de las escaleras de las habitaciones.
- Oleg, Larissa, no se angustien. Yul está bien, solo fue un desmayo.
- Pero por qué sucedió? –preguntó Oleg acercándose al galeno.
- Quizás el estrés de los últimos días. Yulia ha estado sometida a él?
- Si, bastante –respondió Larissa recordando los últimos días.
- Bueno ahora solo necesita algo de descanso, alimentarse bien y no tener más preocupaciones.
- Gracias doctor, lo acompaño –dijo Oleg dirigiéndose con el galeno hacia la puerta.
Mientras Larissa subía corriendo a la habitación de Yulia. Entró sigilosamente y se acercó a la cama. Observo a su hija aún durmiendo y notó perfectamente los rastros de lo que había mencionado el doctor: cansancio y tristeza.
- Mi amor, que sucedió? –acariciando el rostro de su amada hija.
- Lena…Lena…no…no te…vayas…-susurró en sueños las pelinegra.
- Creo que Lena regresó y tuvieron una discusión.
- Oleg! Me asustaste! –mirando a su esposo frente a ella.
- Lo siento –esbozando una triste sonrisa.
- No te preocupes, mi amor. Me decías que Lena había regresado? Cómo lo sabes?
- Los empleados me lo acaban de decir. Dicen que Lena regresó hoy, espero a Yulia toda la mañana y que cuando nuestra hija regresó tuvieron una discusión muy fuerte.
- Y donde está Lena? –preocupada.
- Parece ser que después de discutir un buen rato aquí, se fue, sin decir nada a nadie. El ama de llaves me dijo que tan pronto como Lena salió de la casa en su auto, oyó un ruido en el cuarto y cuando entró vio a Yulia en el suelo.
- Pero que pudo haber sucedido? Que pudo haber provocado que Lena se fuera así? Sin decir nada y llevándose a mi nieta consigo. Y ahora…dejar a Yulia en este estado –mirando a su esposo profundamente. La culpabilidad inundó los ojos del hombre que amaba y decidió preguntar con firmeza -. Hay algo que me estás ocultando Oleg y quiero saberlo ahora mismo…
- No tienes…no tienes porque enfadarte con papá, mamá…yo…
- Yulia, mi amor! –sobresaltándose Larissa y dirigiendo toda su atención a su hija.
- Mamá…papá…
- Aquí estamos cielo.
- Como te sientes, pequeña?
- Me he sentido mejor –sonriendo tristemente y cerrando los ojos con fuerza.
- Yul, mi cielo –acariciando la mejilla de su hija.
- Mamá…papá no tiene la culpa de nada. Yo le pedí que no dijera nada.
- Pero…mi amor…por qué? No tienes confianza en mí? –triste.
- No, mamá. No se trata de eso.
- Entonces? –preocupada.
- Se trata de vergüenza.
- Cómo? –mirando a Oleg, tratando de buscar una respuesta.
- Yo…engañé a Lena…es por ello que ella me abandonó: lo descubrió.
- Yul…hija…pero…cómo pudiste? –sumamente triste al oír aquello.
- Hay cosas…que nunca podré entender porque hice mamá.
- Yul –acariciando la húmeda mejilla de su hija.
- Eso fue antes que Sasha naciera, pero esa mujer se apareció en mi oficina…Lena nos vio y por ello…el parto se adelanto…todo parecía casi irreal. Habíamos mejorado tanto en cuanto Lena quedo embarazada…y esa tuvo que regresar…
- Pero hija, por qué no la sacaste de tu vida totalmente?
- Lo hice mamá, pero ella tercamente regreso y lo hizo en el peor momento –recordando aquel horrible episodio.
- Pero…cuando nuestro angelito nació…Lena y tú se veían…tan…
- Bien?
- Si –con clara confusión en el rostro.
- Lena no recordaba nada del día del parto y yo me aproveche de esa situación. Debí haberle dicho la verdad pero me acobardé…y cuando lo recordó me abandonó. Se fue con nuestra hija y ahora…-cerrando los ojos con dolor.
- Qué? Qué pasó, hija? –asustada.
- Lena quiere el divorcio y lógicamente quiere quedarse con mi hija…está muy herida…y yo…lo entiendo…pero no puedo aceptarlo –rompiendo en llanto.
- Hija…-abrazándola con todas sus fuerzas.
- La amo, mamá, no quiero perderla, la amo demasiado! –aferrándose con fuerza al cálido abrazo de su madre – Y mi hija! Qué voy a hacer sin ellas?!
- Yul…yo…-mirando desesperada a su esposo, buscando ayuda o que decir a su pequeña.
- Te vamos a apoyar hija, te apoyaremos en todo. Tranquila –uniéndose al abrazo.
Yulia pensó que no merecía nada de lo que tenía, no merecía tan maravillosos padres, no se merecía a Lena, ni a su hija…no se merecía nada de lo que la vida le había dado…pero no renunciaría fácilmente a todo ello.
- Calma, mi amor, calma –susurraba tiernamente Inessa al oído de Lena.
- No sé cómo pude decirle todo eso mamá…yo…yo…sentía que la odiaba y yo…
- Aún la amas?
- Demasiado, la amo a pesar de todo…pero también siento que la odio. Que la odio con todas las mismas fuerzas con que siempre la amé –llorando desesperadamente.
- Llora mi amor, llora todo lo que quieras. Aquí estoy yo para apoyarte en todo lo que decidas. Si sigues en pie de separarte de Yulia…yo…solo podré apoyarte en todo lo que gustes.
- La has aprendido a querer, no es así? –un poco más calmada.
- Se lo ganó cuando salvó a Sergey y cuando supimos que iban a tener una hijita. Esa niña es un angelito del cielo, hija, por ella yo te pediría que reconsideres tu elección pero…también respeto tu decisión.
- Mamá…yo…
- Tómalo con calma, hijita, ahora estás con la cabeza algo caliente por haber descubierto la falta de Yulia. Pero quizás en un tiempo más…
- Crees que pueda perdonarla? Tu lo harías? Tu perdonarías alguna falta de ese tipo a papá? –mirando fijamente a los ojos de su madre.
- Creo que tendría que vivir algo así para poder responderte, hija.
- Entiendo –recostándose en el pecho de su madre.
- Piénsalo bien, hija, piénsalo muy bien.
- Si, mamá –durmiéndose poco a poco.
- Mi pequeña…es un dolor que entiendo perfectamente…pero preferiría no recordarlo –suspirando.
Dos toques en la puerta la hicieron salir de sus pensamientos.
- Adelante –susurrando bajito.
- Ine, mi amor? –asomándose por la puerta.
- Ya está dormida, Sergey, pasa.
- Si, lo mismo venía a decirte, la princesa se canso de hacerme correr por todo el jardín y se quedo dormida.
- Qué bueno, ambas necesitan descansar –mirando a Lena tiernamente.
- Te mencionó algo de Yulia?
- Sigue decidida a divorciarse.
- Es una decisión que no nos compete finalmente.
- Lo sé, pero también sé que con el tiempo es probable que se arrepienta. Ama demasiado a esa chica como para sacarla de su vida así nada más, mi amor.
- Sé que ambas se aman con toda el alma Ine, pero ya son adultas y no podemos obligarlas a hacer nada en contra de su voluntad. Podemos aconsejarlas pero quienes finalmente tomarán esa decisión serán ellas.
- Es cierto.
- Te quedas con ella? –acariciando la mejilla de su hija.
- Si me quedaré un momento más –sonriendo.
- Te amo –besando suavemente a Inessa.
- Y yo a ti –correspondiendo con una sonrisa.
Inessa se quedo acariciando los suaves rizos de su hija hasta que estuvo segura que la pelirroja estaba profundamente dormida.
- No me cuelgues por favor –susurró de manera suplicante.
Cerró los ojos con fuerza. Quería colgar, no deseaba escuchar ni una sola palabra más pero…
- Lena, solo…solo déjame verlas un momento, por favor –siguió susurrando.
- Estás loca –fue todo lo que pudo decir, de la manera más hiriente posible pero lo hizo.
- Si, lo estoy. Me está volviendo loca no tenerlas a mi lado –comenzando a perder la esperanza de volver a ver a tener a su hija y su mujer de regreso en sus brazos.
- No es mi problema –totalmente fría.
- Lena…por favor…las necesito…las amo…
- No es mi problema Yulia –pero sí que lo era porque había algo dentro de ella que le decía que acepte, al menos una vez más.
- Qué es lo quieres? Dilo y será tuyo. Lo que sea con tal que me dejes verlas una vez más.
Eso hizo enfadar a Lena.
- Por quien me tomas? Crees que me puedes comprar con…?
- No, no por favor. No me malinterpretes –tratando de aclararlo desesperadamente, temiendo que Lena cuelgue-. No lo malinterpretes por favor, solo quise decir…solo quise decir que haré lo que tú quieras, como tú quieras, cuando lo quieras…cualquier cosa con tal de verlas una vez más, abrazarlas y conversar contigo. Lena por favor, te amo y nuestra hija es la luz de mi vida. No me prives de ella…por favor.
- Dentro de treinta minutos en…
Yulia anotó rápidamente la dirección y escuchó como Lena colgó. Suspiró de alivio y miró el papel donde había anotado la dirección que Lena le había dictado. Era un enorme parque cercano al centro de la cuidad pero la indicación era bastante clara: en la escultura central de la zona norte.
La pelinegra volvió a suspirar antes de pensar que tendría que caminar mucho porque el acceso a vehículos no se daba en esa zona indicada.
Tomó las llaves de su auto, salió de su oficina y se acercó a Andrea.
- Andy.
- Si, dime en que puedo ayudarte Yulia? –sonriendo.
- Saldré un momento, por favor si alguien me busca diles que es probable que no regrese hoy a la oficina.
- Está bien –dudando y recordó- pero hoy tienes algunas reuniones. Las cancelo?
- Si por favor –sonriendo ante la eficiencia de Andrea.
- No te preocupes yo me encargo de ello.
- Gracias, hasta mañana.
- Hasta mañana Yul.
- Salúdame a Marle, adiós.
Andrea se sorprendió de ver a Yulia de mejor humor, quizás algo relacionado con…
El sonido de su celular interrumpió sus pensamientos.
- Bueno?
- Amor de mis amores…
- Y espero el único –sonriendo al reconocer tan frecuente voz.
- El único hasta siempre.
- Y ahora porque tan feliz mi amor? –sonriendo.
- Por qué? Debe haber un motivo en especial?
- Solo pregunto –riendo suavemente.
- Pues si tengo que el mejor motivo de toda mi vida.
- Cual será?
- El amor de la mujer que amo con todas las fuerzas de mi alma, corazón y vida.
- Afortunada será la susodicha –haciéndose la ofendida.
- La afortunada soy yo por tenerla a mi lado.
- Eres tan linda cuando te lo propones –derritiéndose.
- Amor mío, me distraes tan fácilmente…que si no fuera tan importante el motivo de mi llamada me la pasaría cantándote todo lo que de ti me encanta.
- Ya sabía que esto no era gratis –riendo.
- Sabes que no es así –apesumbrada.
- No te me pongas así, venga dime que necesitas.
- Saber si Yulia salió de la oficina.
- Acaba de hacerlo, pero tu como lo sabes? –extrañada.
- Lena también acaba de salir y lo ha hecho con Sasha en brazos...
- Y eso quiere decir…?
- Me dijo que no regresaba hoy y que si oía alguna noticia de “mujer mata a su esposa”, que la fuera a ver a prisión –tratando de tomarlo como broma pero se temía que fuera cierto.
- Estás bromeando, verdad? –sorprendida.
- No –seriamente.
- Es probable, Yulia salió algo contenta.
- Dudo que suceda…Lena está muy enfadada…pero ojala se arreglen. Se lo merecen después de pasar por tanto…necesitan ser felices -suspirando.
- Estoy totalmente de acuerdo contigo, mi vida.
- Y hablando de ser felices…tú y yo dejamos un asunto pendiente esta mañana…
- Así? Pues no lo recuerdo –riendo entre dientes.
- Así, pues será un placer para mí hacerte recordar…

0 comentarios:
Publicar un comentario