Mi más sinceras disculpas a los que aún siguen al pies del cañón como una vez me dijeron por ahi.
Como compensación les dejo un capítulo extenso...o bueno a mi me lo ha parecido al escribirlo.
¡Muchas gracias por su paciencia! Y también un agradecimiento especial a las personas que se toman unos minutos para dejarme unos comentarios :) siempre son lindas palabras que a una la motivan.
Muchas gracias por su tiempo y sin más, un nuevo capítulo :)
Enjoy it!
Pero como todos lo sabemos lo último que quedó en la cajita de la hermosa Pandora fue la esperanza. Y en el corazón de Mariana también era esta la que aún brillaba y le susurraba suavemente que no se rinda, que su oportunidad llegaría pronto, que Alessandra era su destino y su amor bonito. Su amor eterno y verdadero.
Suspiró mientras miraba su humeante taza de té de durazno y aspiraba su suave aroma. Dio un sorbo y dejando la taza nuevamente en la mesa, dio otra mirada al reloj.
No, no era que la estuvieran haciendo esperar. Más bien se trataba que ella hubiera llegado demasiado temprano. Bueno quince minutos antes se podría decir que era algo más temprano de lo acordado.
Otro suspiro salió de lo más profundo de su ser. Dio otro sorbo a su bebida y estaba regresándola a su mesa cuando oyó a alguien llamarla.
- ¿Mariana Cardelli?
La joven rubia levantó la mirada y al hacerlo, se encontró unos profundos ojos celestes que la miraban esperando una respuesta. Repasó el blanco rostro, la respingada nariz y delicados labios. Luego continúo su recorrido por el torso cubierto por una elegante chaqueta de cuero blanco que dejaba entrever la perfecta curvatura de los pechos y más abajo la estrecha cintura. Y finalmente el atuendo cerraba con unas elegantes calzas negras y botas del mismo color. La cuales, por cierto, también dejaban entrever unas hermosas e interminables piernas.
- ¿Terminaste tu inspección? —se escuchó decir a la muchacha que estaba frente a ella.
El rostro de Mariana se incendió de la vergüenza y se puso de pie para saludar a la recién llegada.
- ¡Perdóname! ¡Soy una maleducada! —totalmente avergonzada.
La joven castaña soltó una suave carcajada y le restó importancia a la situación. Se acercó más a Mariana y dándole un beso en la mejilla, se presentó:
- Maddalena Ascenzi. Aunque eso creo que ya lo sabes, Gemma me dijo que te había hablado de mí —mientras se sentaba y cambiaba su mirada por una un poco más cautelosa.
- Si, ella me habló de ti —también tomó asiento y se presentó adecuadamente—. Bueno ya lo sabes, soy Mariana Cardelli y…
- Y nos han armado una cita casi a ciegas —dijo acompañada de una suave sonrisa.
- Bueno… —no había porque negar la situación, ambas lo sabían: Gemma había armado eso adrede—. Si, Gemma es a veces un poco insistente y…
- Espera —deteniendo las palabras de Mariana— ¿quieres decir que tú no estabas de acuerdo? —algo sorprendida por las palabras de la joven rubia.
Mariana tragó grueso y bajó la mirada. No sabía que responder. Ella estuvo de acuerdo pero…
De pronto sintió como su mano era tomada delicadamente y sorprendida, posó la mirada sobre ambas manos. Calidez, las manos de Maddalena Ascenzi eran muy cálidas y no la hicieron sentir ninguna clase de incomodidad. A diferencia de Fabricio.
- Por favor, si no deseas estar aquí, yo lo comprenderé —dijo la joven castaña con mucha sinceridad en sus palabras—. Es más, no me tendría que enfadar con Gemma, porque siendo sinceras, fui yo la que le insistí mucho cuando supe que eran amigas —sonriendo suavemente.
- ¿Cómo? —la joven rubia se volvió a mirar a su interlocutora, sorprendida por esas palabras.
- Hemos coincidido en algunos lugares y aunque tú nunca has reparado en mí, yo en ti si y muchas veces —siendo ahora su turno de ponerse roja como la grana y por consiguiente soltar la mano de Mariana, totalmente avergonzada por aquella confesión.
- ¿Estás hablando en serio? —sin podérselo creer aún y mirando a la chica que ahora tenía la mirada baja.
- No tendría porque mentir —algo avergonzada aún pero ahora mirándola a los ojos a la joven rubia.
- Vaya —totalmente sorprendida.
Los segundos de extraño silencio se vieron interrumpidos cuando una de las meseras de lugar se acercó a la mesa para ofrecer la carta a la recién llegada. Maddalena agradeció con una sonrisa y le pidió que le diera unos minutos. Pero la joven mesera se negaba a retirarse, ante lo cual la castaña se vio obligada a preguntarle:
- ¿Algo más? —muy suavemente.
- ¿Eres Maddalena Ascenzi, verdad? —esperanzada.
La joven castaña comprendió y asintió con una cálida sonrisa.
- Yo…me preguntaba si…
- Te prometo un autógrafo y una foto antes de retirarme ¿te parece? —muy diplomáticamente y sin dejar de sonreír.
- ¡Muchas gracias! —y se retiró feliz dejándole la carta a la joven castaña.
- Vaya. ¿Y tus novias siempre han tenido que lidiar con esto? —preguntó Mariana disimuladamente mientras daba otro sorbo a su té, ya completamente frio.
La pregunta hizo sonreír a Maddalena, quien ya miraba el interior de la carta.
- Pues mis dos anteriores novias también eran del mismo ambiente que yo y por ello creo que ya sabíamos a que nos ateníamos. ¿Te preocupa? —sonriendo ante la idea.
Mariana se atoró con el sorbo que volvía a darle a su bebida. Lo cual provocó la risa de su acompañante.
- Tranquila, solo era una broma —tomándole la mano de forma delicada, nuevamente.
- Si —respondió sonriendo la rubia.
Nuevamente unos segundos de silencio y cuando Maddalena iba a decir algo, la mesera volvió a aparecer.
- ¿Tienes listo tu pedido? —con una sonrisa de oreja a oreja.
- Sí, claro. Por favor, un café cortado. ¿Deseas algo más Mariana? —mirando a su acompañante.
- No, no gracias —también sonriendo.
- Listo, ya regreso con tu pedido —y se retiró rápidamente.
- Entonces no me respondiste —continuo la joven castaña.
- ¿Acerca de qué? —devolviéndole una mirada extrañada.
- Si realmente no deseas estar aquí —poniéndose algo seria por primera vez desde que llegara. Pero dentro de esa seriedad, Mariana pudo detectar una actitud pacífica y bastante agradable. Sabía que aunque le dijera que deseaba irse, no se enfadaría con ella.
- Si no hubiera deseado venir, créeme que no estaría aquí —respondió sencillamente y con una sonrisa terminó de beber todo el contenido de su taza.
- Es cierto —sonriendo también mientras recibía su pedido. Esta vez la mesera no se quedó mucho pues el lugar empezaba a llenarse.
- ¿Cómo lo sabes? —sorprendida.
- Eres tan transparente —sonriendo, mientras le daba algunos sorbos a su bebida—. Eso me gusta de ti.
- No sé si tomarlo como un halago o como… —volviendo a sonrojarse y dándose cuenta que era la primera vez que una chica la abordaba tan directamente. Ese pensamiento la hizo sentirse más nerviosa aún.
- ¿Deseas quedarte aquí o prefieres ir a algún otro lugar? —pregunto suavemente Maddalena.
- Como lo prefieras —respondió sinceramente.
- ¿Te gustan los parques de diversiones tradicionales?
- ¿Tradicionales? ¿Cómo así? —preguntó extrañada.
- ¿Te atreves a acompañarme? —sonriendo.
- ¿A dónde? —ahora más confundida.
- ¡Vamos! —tomó de un sorbo el contenido de su tasa, levantó la mano para llamar a la mesera que las atendió y mientras buscaba en su cartera una billete para pagar la cuenta, pensaba que esta vez debía ser espontanea. Algo le decía que solo así podría llegar a Mariana. No pensaba desaprovechar aquella oportunidad. Llevaba esperando mucho tiempo por Mariana Cardelli, mucho tiempo.
Cuando la chica que las atendía llegó, Maddalena se tomó la foto prometida, le dio el autógrafo, pagó la cuenta y salió del local de la mano con Mariana. Quien se sorprendía cada vez más acerca de la actitud de la joven castaña.
- ¿Has traído auto? —preguntó la castaña sonriendo.
- Si, lo tengo en el estacionamiento de la cafetería —algo confundida
- Podemos ir en el mío, si así lo deseas. Te traeré de regreso para que recojas el tuyo—prometió.
- Está bien —sonriendo.
- Entonces vamos —dándole otra sonrisa a la joven rubia.
Mientras en la casa de los Figueroa – Cardelli.
- No puedo creer que hayan borrado todos los videos de aquel día —dijo con frustración Alessandra, mientras daba de golpes a su cama y era observada por una también frustrada Calynda.
- Es increíble, nos hicieron esperar tres días para decirnos que ya los habían borrado —susurró Calynda.
- Mataría a alguien en este mismo momento —al borde del llanto.
- Calma, por favor. No llores porque yo también lo haré —recostándose al lado de su amiga.
- Bueno, entonces nunca sabré quien era ella. A menos que se me presente delante mío y me lo diga. Pero ya ha pasado tanto tiempo que dudo que suceda —riéndose un poco de la situación—. Si es de la escuela ya debe saber lo que pasó con…ese…y no querrá siquiera acercarse —suspirando pesadamente.
- No te pongas así. A lo mejor un día, el que menos esperes, se presenta frente a ti…
- Y no sabré que hacer —frustrada.
- ¿Cómo? —confundida.
- No sabré que hacer. Si quería esos videos era para prepararme mentalmente como reaccionar —suspirando.
- Entiendo —comprendiendo ahora si completamente la situación—. Alessa ¿quieres salir a dar una vuelta?
- Si, es mejor. ¿Adónde deseas ir? —pensando que definitivamente que su amiga la conocía tan bien que sabía que necesitaba respirar un poco.
- He oído que ha llegado un parque de atracciones de gitanos y quería ir a ver de que trataba —mirando a su amiga.
- Me han hablado de eso. ¿No crees que debemos llamar a tu Rafael para que nos acompañe? —refiriéndose al novio de su amiga.
- Tienes razón, lo llamaré —sonriendo mientras tomaba su móvil y llamaba a su novio.
Dos minutos después ambas salían rumbo a la casa del joven novio de Calynda para ir juntos, los tres.
- Te referías al parque de gitanos —sonriendo cuando bajaba del auto, mientras Maddalena le abría la puerta del vehículo.
- ¿Ya lo conocías? —preguntó algo desanimada la castaña.
- No, pero había oído hablar de esto —suavemente.
- ¡Oh! Si deseas retirarte, te prometo que nos vamos —preocupada.
- No, para nada. Tenía muchas ganas de venir a conocer como es —sinceramente.
- ¡Excelente! Entonces vamos —tomando la mano de Mariana e ingresando al lugar.
Dicen que el tiempo pasa rápido y más aun cuando te diviertes. Y tanto Alessandra como Mariana podían dar fe de ello.
La joven morena se estaba divirtiendo muchísimo con Calynda y su novio. Este último siempre le había caído muy bien. Era extremadamente gracioso y un caballero. Nunca se había sentido excluida cuando salían los tres. Sin embargo, cuando estaban haciendo cola para la sala de espejos, pudo visualizar a lo lejos a una figura conocida. Se sorprendió tanto que llevaba un momento siendo llamada por sus amigos que tuvieron que sacudirla para poder llamar su atención.
- ¿Qué sucede? —sorprendida por la sacudida que acababa de darle Calynda.
- Te estábamos llamando y no nos hacías caso —dijo su amiga algo extrañada.
- ¿Te encuentras bien, Alessa? —preocupado Rafael.
- Si, solo que vi algo que…ya regreso. Los encuentro a la salida —y salió corriendo dejando a sus amigos sorprendidos.
- ¿Qué fue eso? —preguntó al aire Calynda.
- No lo sé —respondió Rafael mientras llevaba a su novia dentro de la carpa.
- Me alegro que te estés divirtiendo —sonriendo sinceramente Maddalena.
- ¡Sí! Siempre quise venir a un lugar así y me encanta. ¡Es tal cual me habían dicho! —sonriendo.
- ¿Y puedo saber quién te lo había dicho, Mariana? Hasta donde sé no nos movemos en estos círculos —sonó una voz algo sarcástica detrás de ellas.
Mariana sintió su corazón dar un brindo mortal queriendo salirse de su pecho y lentamente volvió su mirada hasta el lugar del cual había provenido esa voz.
- Alessandra… —mirándola incrédula.
- ¿Qué haces aquí? Este no es lugar para nosotras. Nuestros padres…
- Disculpa, pero he sido yo quien la ha traído —dijo Maddalena interviniendo.
Alessandra por fin prestó atención a la joven castaña que acompañaba a su prima. La chica era solo algunos centímetros más alta que las primas Cardelli, siendo que Alessa misma le sacaba dos o tres centímetros a Mariana. Tenía que reconocerlo, era muy guapa y le parecía haberla visto en algún lugar. De pronto se fijó en las manos unidas y algo poco racional se incendió en ella. El golpe fue tan inesperado que se asustó y reaccionó de una manera poco inteligente.
- ¿Y tú quien eres? —bruscamente.
- Disculpa, mi nombre es Maddalena Ascenzi y soy amiga de Mariana —educadamente.
- Alessandra Cardelli, prima de Mariana —si podía nunca usaba su primer apellido.
- Alessa ¿pero qué haces aquí?
Pequeño detalle que se le había pasado olímpicamente a la morena, quien sintió el sonrojo invadir su rostro y desviando la conversación continuo.
- Creo que es poco apropiado que vengas sola a estos lugares, Mariana. Cualquier paparazzi puede aprovecharse de la situación y…
- Nuevamente perdona mi interrupción, Alessandra, pero ella ha venido conmigo y prometo llevarla a su casa sana y salva. No corre peligro de ningún paparazzi. Ya he venido antes y es totalmente seguro. Son extranjeros y casi no nos conocen así que no hay peligro —sonriendo conciliadoramente.
- Tu no entiendes la situación ¿sabes quienes somos? ¿Acaso no sabes que…? —fue interrumpida por una totalmente enfadada de Mariana.
- Basta Alessandra. No entiendo porque tienes esa actitud. Tú también estás aquí y nadie ha dicho nada. He salido con Maddalena porque así lo deseaba y me encanta este lugar. Los malditos paparazzi lo único que podrán mostrar es que estamos paseando con nuestros amigos, porque imagino que tu estarás aquí con los tuyos ¿no es así? —preguntó mordazmente, dejando callada a su prima. Tomó un respiro y continuo un poco más conciliadoramente—. Lo imaginaba. Por favor, no te preocupes por mí, ¿sí? Maddalena me llevará a casa y no pasará nada. La nona ya me advirtió acerca de lo que mencionas. Tendré cuidado, tu también tenlo por favor —se acercó a darle un beso en la mejilla a su prima y se fue, jalando de la mano a Maddalena.
- ¿Qué fue eso? —preguntó Maddalena sorprendida.
- Ella es mi prima y…
- Lo sé, sé quién es. Pero ¿a qué se debió ese espectáculo de celos que nos acaba de montar? —dijo inocentemente.
- ¿Celos? —preguntó sorprendida Mariana. No había tomando de esa forma lo que había sucedido. ¡Oh, por Dios! ¿Alessandra celosa? La idea fue tan abrumadora que sintió un mareo.
Maddalena se dio cuenta del mareo de la rubia y la abrazó para evitar la caída.
- ¿Te encuentras bien? ¿Qué sucedió? —preocupada.
- Solo fue…un pequeño mareo —tratando de recuperarse.
- Será mejor que te lleve a tu casa. Estás pálida y creo que necesitas descansar. Quizás ha sido demasiada actividad por hoy.
- ¡No! —se dio cuenta que había alzado la voz—. Lo siento, no quise decirlo así. No deseo irme. Dame unos minutos, simplemente fue el coraje. Alessa se portó algo grosera contigo y eso no me gustó nada —enfadada.
- Yo más bien diría que estaba celosa —dirigiendo a Mariana un asiento cercano—. ¿Tienen una relación muy cercana? Sé que los Cardelli se caracterizan por ello —suavemente.
- ¿Por ser celosos? —tomando asiento suavemente y riendo.
- No, por ser muy unidos —sonriendo también—. Son todo un icono de lo que la familia debe ser. Es decir, las familias italianas de por si tenemos ese estereotipo pero ustedes son como una de las banderas de él —sentándose al lado de la rubia, mientras sonreía.
- No había tomado conciencia de eso hasta que lo has mencionado ahora. ¿Así nos miran desde “afuera”? —remarcando esa palabra y refiriéndose a los que no eran parte de su círculo de amigos.
- Tampoco es que sea de tan afuera. Pero es cierto, mi familia no es precisamente del mismo circulo que la tuya. Ustedes se mueven en textiles, los Ascenzi nos movemos en la industria de la madera. Y respondiendo a tu pregunta, si, así los vemos los que no somos tan cercanos a ustedes —sonriendo cálidamente.
- ¿Perteneces a esos Ascenzi? —sorprendida.
- Si. ¿Los conoces? —también sorprendida.
- Sí, he oído de tu familia. Creo que están en negociaciones para abrir nuevos mercados en América, ¿no es así?
- Si, así es —sonriendo tristemente.
- ¿Qué sucede? —dándose perfecta cuenta que el tema no era agradable para Maddalena.
- Este es el año sabático que le pedí a mi padre antes de irme a estudiar a la escuela de negocios de Harvard. Después de esto tendré que irme a América y estudiar para luego asumir “mi responsabilidad” en la empresa —y suspiró con cansancio.
- Tú no quieres eso —afirmando más que preguntando.
- Así es. Quisiera seguir con mi carrera de modelo. Me gusta mucho esta vida. Ir de un lado para otro y conocer gente. Vivir de la moda. Sé que suena un poco frívolo pero me gusta mucho. Incluso he pensado en crear mi propia línea de ropa. Me gusta mucho diseñar. Pero ya ves que creo que no podré —sonriendo tristemente.
- ¿Lo has conversado con tus padres? —preguntó suavemente.
- Si y su decisión fue tajante: un año para hacer lo quiera de mi vida y luego regreso a estudiar. No puedo negarme. Soy hija única, soy la prima mayor y ellos confían en mí. Toda la familia confía en mí. Mis tíos y primos pequeños. Mi tía espera que le caliente el asiento a mi pequeño primo hasta que el también pueda asumir sus responsabilidades. Aunque es mi padre quien tiene la mayoría de las acciones —suspirando con frustración.
- Eso…eso es pedirte demasiado. Solo tienes…diecisiete, dieciocho años y ellos…
- Dieciocho —sonriendo y agregó—. Es parte de las responsabilidades. Sabes que grandes beneficios también requieren grandes sacrificios —sonriéndole cálidamente a la rubia.
- ¿Qué puede ofrecerte Harvard que las universidades de aquí no tengan? —preguntó suavemente Mariana.
- Toda mi familia ha estudiado ahí. Es tradición —riéndose de la situación.
- Entonces las pasarelas solo te podrán disfrutar hasta el fin del año escolar —más para ella misma que para la castaña.
- Si, así es. Queda tan poco —susurrando tristemente.
- Si, es cierto —también algo triste.
- Pero no nos preocupemos por eso —sonriendo—. Quiero disfrutar este tiempo y si es posible que sea contigo. ¿Me dejarás, Mariana? —mirándola esperanzada.
Mariana se perdió unos momentos en aquellos ojos celestes como un cielo limpio después de un día de lluvia y sonriendo le respondió.
- Veamos a donde nos lleva todo esto. ¿Te parece?
- Si es contigo, voy a donde sea —poniéndose de pie y extendiéndole la mano a la rubia, quien no dudo y la tomó.
Ambas continuaron su paseo. Pero aunque Mariana intentó distraerse, no pudo sacar de su mente las palabras de Maddalena
- Lo sé, sé quién es. Pero ¿a qué se debió ese espectáculo de celos que nos acaba de montar?
¿Qué había querido decir con eso la joven y adorable castaña?
Horas más tarde una joven morena se encontraba recostada en su cama preguntándose qué demonios había hecho.
Se había plantado frente a su prima y le había reclamado que hacía en un lugar al ella misma había acudido. La cara de Mariana y su acompañante había sido un poema. Pero esa sorpresa solo duró unos minutos. Hasta que la puso en su lugar y se fue con la joven que la acompañaba.
Y claro que había reconocido a la acompañante de su prima.
- Maddalena Ascenzi —masticando el nombre.
La conocía. Claro que la conocía. Había sido una de las chicas de las que Antón había estado persiguiendo antes de salir con ella.
Sabía que era una de las mejores modelos del medio, era joven, agradable, inteligente, una de las pocas que no era dada a los escándalos, con padres tan bien acomodados como los Cardelli y sobre todo era gay.
- Es gay…abiertamente gay.
Y los ojos de Alessandra se abrieron desorbitadamente. Brincó de su cama, se colocó una chaqueta decente, tomó las llaves de su auto y sin decir nada salió corriendo hacia su bebé. Lo encendió y salió manejando como alma que lleva el diablo.
Al llegar a la casa de su tío Cesare, se identificó en la puerta y la dejaron pasar. Apenas llegó, tocó la puerta y fue recibida por su tía Gabrielle.
- Alessandrita, que gusto verte hija —la recibió alegremente su tía, mientras la abrazaba.
- A mí también me da gusto tía —sonriendo sinceramente y correspondiendo al abrazo.
- Pasa por favor. Y dime a que debo tu visita —mientras dirigía a Alessandra a la sala de estar.
- ¿Se encuentra Mariana? —preguntó apresuradamente.
- Si, está en su habitación. Llegó hace unos minutos —respondió Gabrielle sumamente sorprendida. ¿Alessa y su hija habían retomado su amistad? Ese pensamiento la hizo sonreír.
- ¿Puedo subir? —pregunto cautelosamente.
- Claro que sí. Vamos —dijo y emprendió a subir las escaleras que llevarían al cuarto de su hija mayor.
Mariana se encontraba concentrada en su móvil cuando la puerta de su habitación sonó y escucho la voz de su madre.
- Marianita ¿puedo pasar? —se escuchó del otro lado de la puerta.
- Si, adelante —sonriendo mientras apretaba el botón enviar. Al ver que la confirmación de recepción se marcaba en afirmativo, levantó la mirada y se encontró con su madre y…si, su prima.
Alessandra vio perfectamente la expresión de Mariana: era de sorpresa total. Un poema. Sonrió y saludó.
- Hola Mariana —con fingida inocencia.
Mariana miró a su madre y luego a Alessandra. Y lo supo. No sabía quien estaba más confundida si su madre o ella. Solo le quedó seguirle la corriente a su prima.
- Hola Alessa. ¿En qué te puedo ayudar? —sonriendo.
- Las dejo solas. Cualquier cosa que necesiten, por favor, me avisan. Estaré en la biblioteca y sabes el anexo, hija —mirando a Mariana—. Te quedas en tu casa, hija —mirando a Alessandra y saliendo de la habitación.
Ambas esperaron unos minutos a que los pasos de Gabrielle ya no se oyeran y se miraron.
- ¿A qué debo esta visita Alessa? —pregunto suavemente la joven rubia.
- ¿Sabes que Maddalena Ascenzi es gay? —directo a la yugular.
Mariana miró su prima detenidamente y suspiró. Se lo esperaba. Era lo último que había hablado con Maddalena antes de despedirse de ella: ella no había hablado con su familia acerca de sus preferencias…aún. Y la joven castaña solo le había sonreído y le había dicho que estaba bien. Que no había apuros, que eran amigas y solo eso…por ahora.
- Si, lo sé. ¿A qué viene esa pregunta, Alessandra? —preguntó en contraataque.
- ¿Lo sabes y has aceptado salir con ella? —sorprendida.
- Somos amigas. Sus preferencias sexuales no tienen nada que ver en nuestra amistad —y pensó que por ahora eso no influiría en su amistad. Aunque sabía perfectamente a donde quería llegar con ella la joven castaña—. ¿Por qué lo preguntas?
- ¡La prensa te comerá viva Mariana! ¡Te desollará con todo y huesos si sigues saliendo en ese plan con ella! —empezando a alzar la voz.
- Por favor baja la voz que mi padre y Chiarita están descansando. Y cálmate —susurrando.
- Lo siento —avergonzada.
- Primero nunca me ha importado lo que la prensa publique de mí. ¿Qué soy la única Cardelli con cabello rubio y ojos grises? ¿Qué el novio anterior de mi madre tenía los ojos así? ¿Que mi madre se encontró casualmente con él justo el año anterior a mi nacimiento? ¡Por favor, Alessandra! Soy inmune a eso y nunca me ha importado. Y pensaba que a ti tampoco. Mientras no sea cierto no me va afectar —mirándola algo decepcionada.
- Solo quería saber que estuvieras al tanto de todo. Maddalena Ascenzi…
- Maddala —la misma castaña le había pedido que empiece a llamarla así— es una persona increíble. Una chica solo un poco mayor que ambas que tiene muchas más responsabilidades que cualquiera de las dos. La admiro ¿sabes? Es una persona digna de admirar. Empezaré a relacionarme más con ella. Apoya a una fundación de niños con cáncer y me interesa mucho ayudarla. Quizás tu y nuestros primos también…
- Cuenta conmigo —ni siquiera la dejó terminar de hablar.
- Está bien —sonriendo.
- ¿Entonces todo está bien? ¿Estás al tanto que probablemente sus intenciones contigo no sean precisamente solo conseguir más fondos para su fundación o una simple amistad? —preguntó dubitativa.
- Eso no debe preocuparte. Si así fuera, sería mi problema —mirando fijamente a su prima e intentando saber qué había detrás de todo ese espectáculo.
- Mariana…yo…
De pronto la puerta de la habitación de la rubia fue abierta intempestivamente y una pequeña figura entró dando brincos con dirección hacia la joven morena.
- ¡Alessa! —entró corriendo.
Detrás de ella entró Gabrielle notablemente avergonzada.
- Lo siento, chicas. Solo le dije que Alessandrita había venido de visita y…
Alessandra se agachó y cargó a la pequeña Chiarita, quien le rodeó el cuello con sus frágiles bracitos.
- No te preocupes, tía. En realidad iba a ver a este pequeño terremoto en unos momentos más.
- ¡Alessa, te extraño mucho! ¿Por qué no vienes? —escondiendo su rostro en el cuello de su joven prima.
- Mi pequeña princesa he estado algo ocupadita. Sabes que tengo los exámenes de ingreso a la universidad y debo estudiar mucho.
- ¿Cómo va ese tema, Alessandrita? —preguntó Gabrielle.
- Bien tía. La primera fase la he pasado rápidamente. Ahora debo terminar mi ensayo. El asesor me dijo que debía hacer algunas correcciones en el modelo de negocios que estoy presentando y eso sería todo. Además, no debo descuidar las notas pues necesito mantener un promedio elevado para no tener complicaciones al final.
- Si, es cierto. Evalúan eso también —recordando sus tiempos de jurado—. A pesar de ser admitidos la fase final es verificar los promedios elevados al finalizar la escuela. He visto a algunos quedarse solo por eso. Un punto entre tu promedio antes del examen y después del examen pueden determinar que ingreses o no.
- Mamita fue jurado hace tiempo. ¿Sabías eso Alessa? —preguntó Chiarita.
- Sí, claro que lo sabía, pequeña. La tía Gabrielle es toda una leyenda en nuestra escuela. Es una de las cinco mejores alumnas de todos los tiempos.
- No es para tanto —sonrojándose.
- No tienes porque menospreciarte, mamá —agregó Mariana, reforzando la afirmación—. Todos lo sabemos. Papá adora hablar de ese tiempo, dice que siempre estuvo enamorado de la joven que le superaba siempre en sus calificaciones.
- ¡Marianita! —avergonzada.
- ¡¿Qué?! —riendo—. Es cierto.
- Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii —también riendo Chiara.
Alessandra sonrió ante el espectáculo y algo dolió dentro de ella. Dejó en el suelo a su pequeña prima y dándole un beso en la pequeña frente se despidió.
- Vendré pronto, preciosa. Solo dame tiempo para asegurar la universidad y me tendrás tanto tiempo junto a ti que te aburriré —sonriendo—. Ahora debo irme.
- ¿Te vas, Alessandrita? —preguntó Gabrielle.
- Si, ya debo retirarme. Mañana debo ir temprano a dejar un nuevo avance de mi informe —sonriendo a su tía.
- Está bien.
- Te acompaño a la puerta, Alessandra —susurró Mariana.
- Si. Adiós, tía —y abrazando a la mujer se retiró.
Ambas se dirigieron hacia la puerta de la casa en total silencio. Una vez llegaron al porche de la casa se miraron y sonrieron.
- Ten cuidado —susurró Mariana.
- Si, manejaré con cuidado —respondió Alessandra.
- Nos vemos —sonriendo.
- Si. Adiós —dirigiéndose a su auto.

9 comentarios:
Holaaaaaa; qué rico que vuelvas por aqui, desde hace rato había leido en face que estabas en proceso de edición y esperaba capitulo rápido, hasta pensé en ofrecerme a editarlo, jajajajajaja... Me gusta mucho que hasta el momento no sé qué rumbo le vas a dar a la historia, puesto que estás construyéndole muy buenas bases.... Me encantan los celos disfrazados de Alessa y ojalá tenga que presenciar más escenas de esas para que se peyizque y no pierda el amor de su primita, aunque déjame decirte que Maddala me ha caido super bien, se nota que es un bombón y que no quiere jugar con Mariana, asi que solo resta esperar a ver qué pasa, por lo que te ruego que esa espera no sea tan larga
la espera valio la pena !!!!! Ojala que no nos hagas esperar tantop tiempo para el proximo capitulo !!!!!!!!
bieeeeeen que alegriaaa!! y me vuelves a dejar en ascuas!!
Siii q valio la pena esperar todo este tiempo, o.O celos d Alessa no me lo esperaba, jeje tok q Alessa vea + sobre eso para q le den +++ y asi se ponga pilas d aceptar lo q siente x su primita, Y wow al parecer la amiga d mariana si la convencio jeje y no esta mal su media cita ciega, ^^ super, y un gusto volver a leer un capitulo d esta historia, Espero q te encuentres bn Cris, cuidate.
exceelente capituloo,, porfa no nos hagas esperar muchooo !! cuidate (:
cuando otro?¿?¿?¿?
HOLA !!!! ESPERO QUE SUBAS PRONTO UN CAPITULO !! FELIZ AÑO NUEVO !!! TE VAS TARDANDO BASTANTE EN SUBIR UN NUEVO CAPITULO !!!
Plis otro capi... Qe sea de regalo de Santa y Reyes!! Jaja
hola de nuevo!! cuando volveras a subir un nuevo capitulo !!! que tal castigo que nos estas dando !!! NO TE DEMORES !!!!!!!!!
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