jueves, 18 de octubre de 2012

Sobreviviendo - Capítulo 8: Las palabras que golpean

It's been a long time :( , espero que aún se acuerden de su servidora que ha tenido muchos problemas últimamente como para poder actualizar el fanfic. 
En fin, espero que aún sigan interesados y que disculpen esta enorme tardanza 

Gracias :D


CAPÍTULO 8: Las palabras que golpean

No era común que un empleado visitara a su jefa en su departamento y más aún al anochecer, pero al igual que Jesse St.James , Ralph era capaz de muchas cosas cuando se trataba de su familia. 

Santana no entendía exactamente qué era lo que buscaba su secretario con ella, hablaba sobre su hermana, sobre un abogado y cosas así, pero todo muy mezclado. Ambos se dirigían hacía un café cerca del edificio donde vivía la abogada, aunque a ciencia cierta, Santana hubiera preferido hablar en su departamento de no haber sido por aquella impertinente rubia que, recordándolo bien, seguía encerrada ahí. 

-No entiendo qué es lo que quieres Ralph, ¿quieres que sea la abogada de tu hermana? –Preguntaba Santana con nerviosismo. 

–Sí, o al menos que sea mi respaldo para yo poder ser el abogado de mi hermana, aún no acabo la carrera así que necesito un abogado que me respalde, es urgente, ¿sabe que pueden encerrar a mi hermanita en la cárcel? –Decía un consternado Ralph. 

–Tranquilo Ralph –Pedía Santana al ver que su secretario empezaba a llamar la atención de los presentes en el café –Me gustaría ayudarte, pero… 

La parte que le faltaba a ese "pero" era “no quiero mezclarme con tu familia”. Aunque más que querer era poder, la morena no podría resistir tener que volver a ver a Jesse St.James o a Rachel Berry, o en el peor de los casos, a ambos, después de tantos años, después de tantas heridas causadas, después de tanto dolor. 

–Por favor licenciada, sé que esto no es muy correcto, pero ella es mi hermana y tengo que ayudarla y no conozco a una mejor que usted para ayudarme –Rogaba Ralph al ver la expresión dubitativa de su jefa.

Santana no era una mala persona, tal vez un poco cruel, pero mala no era en lo absoluto. Ella sabía lo que era el amor fraternal y si fuera su hermano el que estuviera en algún problema judicial, no dudaría ni un minuto en mover mar y tierra para ayudarlo. Pero, lamentablemente, Ralph no tenía conciencia del gran sacrificio que le pedía a la mujer. Con toda la pesadumbre de su ser, Santana no podía ayudarlo, no podía arriesgarse tanto.

-Lo siento Ralph, pero no puedo ayudarte con lo que me estás pidiendo, ser tu respaldo judicial implicaría poner en riesgo mi nombre y el del bufete en caso de algún tipo de improviso y por lo que me dices sobre tu hermana, no hay mucho que se pueda hacer –Explicada Santana a su desesperado empleado – Y ¿ Por qué tu hermano Jesse no busca un abogado? 

–Su esposa no quiere que siga ayudando a Maddison, es una arpía esa tipa con la que se casó –Soltó con veneno Ralph, la morena se sorprendió para luego fruncir sus labios al escuchar un insulto al nombre de la castaña. 

-¿Tú le has dicho a Jesse que yo te ayudaría? … ¿Él sabe que tú trabajas conmigo? –Preguntó asustada la abogada ante la idea de estar cerca de los St.James. 

–No, él no sabe que estoy trabajando con usted, solamente le dije que buscaría ayuda pero, ya veo que usted no me podrá ayudar ¿cierto? –Dijo un indignado Ralph. 

–Lo siento, pero no puedo, aunque… -

Antes de que la morena pudiera terminar de hablar, el muchacho se paró con firmeza y, dejándola con la palabra en la boca, se marchó molesto del establecimiento.

“Mal agradecido” Pensó la morena mientras pagaba la cuenta del café.
Definitivamente esa sería una de las peores noches. Y al pensar en “peores” recordó que tenía a cierta persona encerrada en su departamento, una muy fastidiosa persona.

***

Brittany estaba un poco aturdida y confundida, llevaba cerca de 1 hora y 30 minutos sentada quietamente en el sofá de la licenciada López pensando en los recientes sucesos. El primero, su intento fallido por invitar a salir a la abogada; el segundo, ser echada del departamento de la mujer y el tercero, la repentina aparición del secretario de la morena, quien –cabe resaltar- había dejado a la rubia bailarina sola y encerrada en su departamento sin ninguna explicación. En un primer instante pensó en abandonar el recinto, pero luego pensó que no sería algo prudente ya que por “algo” la morena la había dejado adentro ¿no?

Después de dejar pasar unos minutos más en el sofá, la rubia llegó a la conclusión que Santana no volvería pronto. Se dirigió hacia la puerta y antes de girar la perilla notó algo más, las llaves del departamento seguían colgadas en la pared, es decir, que si ella se iba, Santana no podría entrar nuevamente; lo que ocasionaría seguir siendo del poco agrado de la morena. 

Brittany examinó la situación por unos minutos, irse o quedarse. Pensó en todos los pro’s y contra’s , y después de tantas conjeturas, decidió quedarse y esperar, para su buena suerte, podría esperar toda la noche ya que ese día era su día libre en el club nocturno.

“¿Ahora que hago?” Se preguntó con pereza antes de dejar caer pesadamente su cuerpo en el sofá. Encendió la televisión y no encontró nada atractivo de ser visto. Miró por la ventana y -aunque la vista fuera majestuosa- las cerró casi al instante a causa del fuerte frío que empezaba a correr. Miró por segunda vez, el living del pequeño lugar para terminar con su mirada fija en el estrecho corredor oscuro que, obviamente, conduciría a las habitaciones.

“¿Voy o no voy?” La mente de la rubia luchaba con sus deseos de conocer algo más sobre la vida de aquella terca mujer contra el debido respeto que merecía el espacio personal de la morena. 

Britt se mordió el labio inferior con nerviosismo y después de tanta lucha mental, decidió sucumbir a sus deseos. Miró a ambos lados cerciorándose de encontrarse sola “Diablos, obviamente que estás sola” Se recriminó ante tal gesto para luego adentrarse en el oscuro pasillo. 

No había nada fuera de lo común en aquel pasadizo, solo algunos cuadros artísticos y unos floreros al lado de unas esculturas. En definitiva la morena tenía muy buen gusto. 
Con algo de temor la rubia abrió la primera puerta del corredor para encontrarse con una pequeña biblioteca/oficina. La bailarina se acercó al primer estante para ver los libros contenidos ahí y, tal vez así, conocer algunos de los gustos de la abogada. Desafortunadamente al pasar unos segundos, notó que todo en esa habitación eran puros artículos relacionados íntegramente a las leyes. Santana era abogada, eso era algo que Brittany ya sabía a la perfección. 

La rubia cerró la pequeña oficina y continuó su recorrido para toparse con las siguientes dos puertas que eran solamente el baño y un cuarto de huéspedes. 

Brittany, ya sin ningún temor al abrir puertas, tomó la perilla de la cuarta habitación del corredor. “Bingo” susurró la bailarina al ver que había llegado a la habitación de Santana. Era un espacio moderado, pero sí muy acogedor. Una gran cama en el medio, la rubia no pudo resistirse a sentarse y soltar una sugestiva sonrisa al sentir la comodidad del colchón; frente a la cama un armario, Britt trató de abrirlo inútilmente ya que se encontraba cerrado con seguro.“¿Qué tendrás ahí dentro Santana?” Pensó la rubia después de forcejear un poco con el seguro. Al girarse visualizó una pequeña mesa de noche al lado de la cama, de nueva cuenta se acercó y trató de abrir el cajón para llevarse el mismo resultado que con el armario. 

Un tanto frustrada la rubia regreso a la puerta de la habitación con intenciones de salir, no sin antes darle un último vistazo al lugar “Es un enigma Licenciada López” dijo antes de regresar al pasillo, aún quedaba una última puerta. 

Tomó la brillante perilla de la última habitación y la giró con determinación. Era un desván, lleno de cajas empolvadas y a punto de reventar por el exceso de peso. “Espero que no sean más cosas de abogados” Pensó al tirar del interruptor de la lámpara que colgaba en el reducido lugar. Estornudó un par de veces ante la polvareda que causaba el sacudir aquellas cajas. 

“Familia” – Decía el título de la primera caja que se encontraba repleta en su mayoría de fotos de una familia de 4 personas, una mujer , un hombre y dos niños , uno de ellos era Santana. Se veían aparentemente felices pero la rubia podía ver en los ojos de los dos adultos una capa de falsedad mientras que en la de los niños un aire de tristeza. 
El resto de fotos eran de la morena junto a un hombre, quien Brittany supuso era su papá debido al fuerte cariño y amor que demostraban, otras cuantas junto a un muchacho alto y fornido, supuso también, era su hermano y en un pequeño sobre amarillo, unas pocas fotos junto a una guapa señora, quien la rubia denominó como la mamá de Santana debido al gran parecido físico, aunque no podía encontrar el mismo lazo de amor que demostraban Santana y su papá en las demás fotos. 

La rubia solo dibujó en su rostro una triste sonrisa al imaginarse la clase de familia en la cual había crecido la morena.

“William McKinley High School” –Era el nombre que indicaba la caja siguiente, aquella estaba llena de papeles, exámenes en su mayoría en los cuales la latina tenía unas calificaciones envidiables. 
“Hermosa e inteligente” pensó la rubia para proseguir a cerrar la caja al notar que solo había papeles con registros de notas. 

“Cheerios” –Decía la tercera caja. Lo primero que la rubia pensó fue que la latina tenía una ligera obsesión con los cereales Cheerios como para tener una caja dedicada a eso; idea que cambió radicalmente al notar que todo lo que se hallaba en la caja eran artículos de porrista, pompones, un viejo uniforme el cual la rubia sacudió para verlo en su totalidad, “Lo que daría por verte nuevamente en este uniforme” Susurró la bailarina al ver la diminuta longitud de la falda y sus pliegues. 

Un poco más al fondo halló fotos de un escuadrón de porristas, entre ellas la morena con una pretenciosa sonrisa, otras más junto a una rubia mujer con su megáfono, imaginó que era la entrenadora. “Hermosa, inteligente y popular, sí que fuiste un sueño en la secundaria” Rió Brittany al terminar de esculcar en esa caja. 

“Club Glee” –Era la caja más grande de todas, y por ende, la más pesada también. La mujer frunció su ceño al no entender el significado del título. La rubia se disponía a abrir caja cuando a los lejos escuchó un murmullo, era una voz familiar que hizo que inmediatamente diera un pequeño salto de susto.

“¡Brittany! ¡¿Sigues acá?!” La voz de Santana se oía cada vez más alta así que la rubia apiló las cajas con rapidez, no sin antes coger de aquella gran última caja un disco un poco sucio que estaba sobre todas las cosas, para luego apagar la luz y salir del desván. Se limpió como pudo las manos polvorientas para esconder aquel disco que traía bajo su polera, para tomar un respiro regresar al living junto a Santana. La morena vio a la bailarina salir de corredor y de inmediato arqueó una ceja mientras cruzaba sus brazos esperando una explicación. 

-¿Me puedes decir que hacías ahí? –Preguntó con fastidio la latina. 

–Yo… nada… fui… fui al baño –Contestó una nerviosa Brittany, Santana no parecía creerle demasiado. 

-¿Estás segura? No luces como alguien que acaba de ir al baño –Dijo notando la marcas de suciedad en la ropa de la rubia, pero a decir verdad, Santana se encontraba muy cansada como para pelear en el momento –Como sea, disculpa por dejarte acá, pero … no quería que Ralph te encontrara, no quería que pensara algo equivocado. 

–¿Y todo se arregló con él? –Preguntó Brittany mientras la morena desviaba su mirada. 

–Algo así … pero ya es tarde y … ¿no tendrías que estar trabajando en el club? –Preguntó una confundida Santana. 

–Hoy tengo el día , o mejor dicho, la noche libre –Expresó la ojiazul con una gran sonrisa –Así que … ¿por qué no vamos a tomar algo? –Ofreció la rubia mientras acortaba la distancia con la abogada. 

–¡Oh! Ya recordé porque la estaba echando de mi casa Señora Pierce, ¿me haría el favor de retirarse? –Refutó la morena apuntando con firmeza hacia la salida de su departamento. 

Segundo intento fallido para la rubia en una sola noche. Nuevamente con la mirada hacia el suelo, Brittany llegó hasta la puerta siendo secundada por la morena, ambas se miraron por un momento y Santana sintió una gran incomodidad ante los ojos azules de la bailarina, prefirió ignorarlos y desviar su mirada hacia la pared.

-Buenas noches, Brittany –Se despidió Santana un poco apenada sin motivo, ver el rubor en las mejillas de la latina hizo sonreír ligeramente a la rubia. 

–Buenas noches Santana –Contestó la bailarina – Y déjame decirte que eras una hermosa porrista –Soltó inesperadamente un beso en la mejilla izquierda de la morena antes de partir velozmente hacia el ascensor dejando totalmente perpleja a la morena. 

Santana se quedó parada en el marco de su puerta por varios minutos, atónita en su totalidad. Aunque no sabía que era lo que más la tenía en ese estado, ¿el hecho de que Brittany supiera sobre su pasado como porrista? Ó ¿El beso que soltó en su mejilla y que, de una rara forma, aún quemaba en su piel? 

A decir verdad, ninguna de las dos opciones le agradaba a Santana.

Flashback: 3er año de preparatoria.
-¿Cuánto más vas a seguir evitándome? –Rachel había acorralado a Santana después de varias semanas de intentarlo. 

–No te estoy evitando y si me permites, tengo clases que atender –Contestó la morena tratando de no mirar a la castaña. 

-¿Qué ha pasado? ¿Sigues así por lo del beso? –Susurró Rachel haciendo que la latina mirara preocupada hacia todos lados –Olvidemos eso, estábamos ebrias, no fue importante –Ese comentario causó un fuerte golpe en el ego de la morena cantante. 

-¿Crees que me importó ese horrible beso? –Se burló Santana –Ya ni siquiera recuerdo eso, solamente… ya estamos a mano, yo te dí tus consejos, tú cumpliste con tu parte, no tenemos porque seguir pretendiendo que somos amigas –Afirmó la morena mientras jugaba con su cola de caballo. 

–Pero, a mí me gustaba pasar tiempo contigo, además que… -La castaña acomodó su cerquillo en señal de incomodidad –lo que pasó en tu casa, no sabía que podías ser tan gentil con alguien –Dijo la pequeña diva con sinceridad haciendo que la expresión de la morena se relajara un poco. 

–Eso solo fue porque me sentía culpable de que te golpearan, solo fue eso –Respondió Santana a la defensiva –Tú sigue siendo la fastidiosa Rachel Berry y yo seguiré siendo Santana, la que te tortura diariamente ¿entendido? 

–Y ¿por qué no admites que eres Santana la chica que no me soltaba mientras nos besábamos? –Dijo Berry con sarcasmo mientras Santana fruncía el ceño. 

-¡¿QUÉ USTEDES… QUÉ?! – Ninguna lo había notado, ninguna había notado la presencia de un furioso Finn Hudson en la puerta de aquel salón de clases. 

–Finn, no sabía que estabas ahí –Dijo una atemorizada Rachel Berry al ver a su novio con la boca abierta. 

-¡¿Qué ha pasado entre ustedes?! –Preguntó el quarterback molesto, mientras la latina veía con cierta gracia aquella escena. 

–Anda Berry, dile lo que pasó –Decía Santana con voz de arpía, aunque dentro de ella, lo hacía para demostrarle a Finn que su novia la prefería a ella. 

La pequeña castaña miraba alternamente a ambos, no sabía que hacer, estaba Santana a su izquierda y su novio a su derecha, no era fácil decidir que hacer, no era fácil decidir nada en ese momento.

-Santana… ella… ella me besó –Mintió una tartamuda diva –No tiene importancia amor, vámonos –Pidió la castaña mientras arrastraba a su novio fuera del aula, y dejando atrás a una decepcionada latina. 


Fin flashback. 

CONTINUARÁ... 

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