Holas a todos
y todas las personas que siguen al pie del cañón como por ahí me dijeron
jejejeje.
Si, sé que he
demorado (Mayito tomó la posta en estos meses, gracias Mayito :D ).
Debo disculparme con uds, en serio siento la demora u,u pero tengo un buen motivo. Estuve buscando titularme y
me consumió todo mi tiempo. Pero… ¡lo conseguí! Y ahora que ya tengo más
tiempito les traigo un capítulo que en realidad no sé como lo vayan a tomar
porque esperaba sea más largo pero creo que ya han esperado mucho, asi que mejor les traigo este pedacito...algo peculiar me salió pero bueno...
Así que mejor
les traigo este pequeño bocadillo mientras llega el clímax de la historia…que
en realidad llegará cuando nuestra protagonistas sean mayorcitas ^^
Sin más, la
continuación.
Enjoy it! :)
No supo como
comenzó o qué fue lo que lo impulsó, pero Alessandra se quedó completamente
callada, y asustada, al ver como su mejor amiga empezó a rodar por los suelos
riéndose con toda la fuerza que podía.
Al pasar los
segundos se empezó a preocupar por el color sumamente rojo del rostro de Calynda
que seguía riendo a más no poder.
-
¿Debo llamar a la ambulancia?
Me preocupa que no respires desde hace como tres minutos y estás adquiriendo un
poco agradable color violáceo…
Nada.
-
¿Puedo saber que encuentras
tan gracioso? —cruzando los brazos en
clara actitud de molestia.
Calynda tomó
aire profundamente y se puso de pie. Aún trataba de contener las risas pero se le
hacía algo complicado. Dos minutos después por fin pudo hablar.
-
No es posible que no te hayas
dado cuenta de lo que me has contado —sonriendo.
-
Quizás si me ayudas pueda
darme cuenta —mirando a su amiga
totalmente confundida.
-
¡Le montaste
unos CUERNOTES al infeliz de tu ex! ¡¿Cómo es posible que no te hayas percatado
de ese PEQUEÑO detalle?! —volviendo a reírse pero esta vez más discretamente.
Los brazos de
Alessandra cayeron hacia ambos lados de su cuerpo y se quedó mirando un punto
en la pared de su habitación.
-
¿Alessandra?
Intentaba
llamarla Calynda pasando sus manos por delante de los ojos de su morena amiga,
sin conseguir llamar su atención.
-
No es gracioso. ¿Alessa?
-
Si… —susurró por fin la
ojiazul.
-
Pensé que te había dado un
infarto, no reaccionabas.
-
Así me sentí yo viéndote
rodar por el suelo mientras reías como desquiciada —y sonrió—. No me había dado cuenta.
Calynda se
quedó un poco desorientada y Alessandra se dio perfecta cuenta, se echó a reír
y le aclaró el panorama a su amiga.
-
Los cuernos —y vio la expresión de comprensión en Calynda—. En realidad no
es que me haga especialmente feliz darme cuenta de haberlo hecho. No me había
puesto a pensar en eso hasta ahora que lo mencionas…pero…me hace sentir un poco
mejor que no se haya ido limpio —y sonrió.
-
¡Exacto! Ahora solo debemos pensar
como soltarlo delicadamente por toda
la escuela y ya verás cómo se pone.
-
Caly… —tragó fuerte y continuo— no quiero más
problemas. Déjalo así, por favor. Solo quiero olvidar todo y seguir. Falta poco
para terminar el año y…
-
¡No se puede
quedar así, Alessandra! ¡Ese infeliz te hizo algo horrible y tú…! —algo
alterada.
-
Yo saldré con
una imagen no tan favorecedora de la escuela si es que ese rumor se esparce. Es
más, el lo tomaría como excusa para hacerse la victima pues fue antes de…eso…y…
-
No lo había
pensado así —reflexionando un poco más calmada.
-
No creas que
tampoco lo he pensando antes —cayendo en
su cama, con signos de agotamiento—. Pero cuando pasa el tiempo lo ves de otra
forma. Ya no es solo la venganza…es tratar de estar mejor. Tranquilidad…eso es
lo que quiero ahora.
-
Alessa —sentándose
a su lado y acariciándole el cabello.
-
Gracias por
todo. No sé qué haría sin ti —sonriéndole pero de nuevo se puso seria. Calynda lo notó inmediatamente.
-
¿Hay algo más
que quieras decirme? —dijo suavemente.
-
Hay algo que
ha estado carcomiéndome desde ese día.
-
¿Y eso es…? —animándola
a seguir hablando.
-
No estoy…no
estoy segura…que fuera…
Calynda lucia sumamente confundida mientras esperaba que Alessandra terminara con
su frase. Estaba empezando a perder un poco la paciencia pero su amiga lo
soltó.
-
No estoy
segura que fuera un hombre —y se cubrió el rostro con ambas manos.
Calynda se quedó estática y confundida. ¿Habría entendido bien? ¿Alessandra le
acababa de decir que creía haberse besado con una mujer? Y además…abrió los
ojos enormemente ¿le había dicho que había sido increíble?
-
¿Qué? —susurró
casi sin aliento.
-
Creo que era
una chica…yo sentí sus…ya sabes… —haciendo un gesto dibujando sus pechos.
Para Calynda el
gesto fue demasiado gráfico y cayó derrumbada en la cama, al lado de su amiga.
Demasiada información. Alessandra le había sido infiel a su ex – novio y había sido con una mujer.
-
Tu vida es
una novela. Una novela de esas que deberían prohibir por la salud mental del
país.
-
Y que lo
digas —casi riéndose.
-
Una mujer…
-
Si…
-
Y dijiste que
había sido increíble…
-
Lo fue —recalcó
poniéndose sumamente roja.
-
Ya decía yo
que tanta fanaticada…entre una de ellas…tenía que haber una que consiguiera
algo así…
-
¡Gracias por
hacerme sentir tan segura, eh! Ahora no podré mirarle la cara a ninguna de las
junior del equipo —sarcásticamente.
-
Eres una
rompecorazones —molestándola.
-
No es mi
intención —a la defensiva.
-
Pero lo eres —riendo.
-
Basta —también
riendo.
-
¿Y estaba
buena? —burlándose y mirando a los ojos de su amiga.
-
¡Si serás! —dándole
un suave golpe en el brazo, pero después riéndose respondió—. Bastante bien —volviendo
a hacer el mismo gesto de hace unos momentos en sus pechos.
-
¡Descarada! —sentándose
y lanzándole una almohada, mientras se burlaba.
-
Ya —también
riéndose y sentándose frente a su amiga.
-
¿Crees que te
van las chicas? —poniéndose algo seria.
-
¿Vas a salir
corriendo si te recalco que no me disgustó para nada ese beso? —dudando.
-
Si no he
salido corriendo cuando me has mostrado tu parte pervertida, no creo que lo
haga ahora —ofendiéndose.
-
Lo siento —sonriendo
suavemente—. Solo quería asegurarme. Eres muy importante para mí.
-
Habla, que me
estás haciendo perder la paciencia —fingiendo molestia.
-
Sí, me gustó
mucho. Aunque al principio, no te lo negaré, me asusté muchísimo. Pero…ella…sí
que sabia besar. Nunca había visto fuegos artificiales y todo eso de lo que
hablas cuando me cuentas de Rafael y tu —sonriendo.
-
Eso es porque
lo amo —sonrojándose un poco.
-
Bueno yo no
sé quien era esa niña pero…creo que si despertó en mi algo que creí que no
sentiría jamás. Si bien con Antón me sentía bien, nunca fue tanto así. Ni
siquiera aquella vez —soltando un suspiro de frustración.
-
Mi niña —abrazándola.
-
¿Quién podría
haber sido? —pensando.
-
Ojalá pudiera
ayudarte a saberlo… ¡las cámaras! —gritó emocionada y sobresaltando a su amiga.
-
¿Cómo? —confundida.
-
¡Me dijiste
que la casa de tu abue tiene cámaras por todos lados!
-
¡Es cierto!
¡Acompáñame! —brincando fuera de la cama y poniéndose a velocidad los zapatos.
-
No tienes que
pedirlo —sonriendo mientras se ponía los zapatos y seguía a su amiga.
Ambas salieron
corriendo para subirse al auto de Alessa con rumbo a la casa de la abuela de
esta última.
-
La besaste…
Mariana asintió abrazando
fuertemente un cojín que tenía entre sus brazos.
-
Mariana…
-
¿Sí? —poniéndose
totalmente roja.
-
Condenaste tu
alma —sumamente seria.
-
¿Eh? —algo
sorprendida de la afirmación de su amiga.
-
Estoy
sumamente decepcionada —saliendo del sofá y empezando a ponerse los zapatos
ante la atenta y sorprendida mirada de su rubia amiga.
Fue un segundo,
solo uno solo que le costó a Gemma irse sobre Mariana y atacarla con cosquillas por donde cayera.
-
¡Eres una
sabandija! ¡Qué bien guardadito te lo tenias, eh! —riendo y molestando a
Mariana, quien no sabía ni cómo detener el ataque de su amiga.
-
Basta…basta… —entre
risas— por favor, no aguanto —sin lograr nada.
Solo un minuto
después el ataque se detuvo.
-
¡Eres una sinvergüenza,
Mariana! ¡Casi te lo montas con tu primita y a lo incógnito! ¡Alessandrita no
supo ni que fue lo que la atropello! —riendo estrepitosamente y aún arrinconando
a su amiga entre ella y el sofá.
Alessandra no pudo
responder inmediatamente porque trataba de recuperar la respiración y cuando lo
logró, se zafó del abrazo que estaba prisionera y se sentó en su sofá.
-
No tenías
porque hacer que casi todo el barrio se enterara —susurró.
-
¿Por qué no
me lo contaste antes? —cambiándole de tema.
-
Bien, bien, cámbiame
de tema. Pero no lo vuelvas a hacer —dijo señalándola y luego pasó a
acariciarse la nuca, tratando de buscar una respuesta coherente a la pregunta
formulada por su amiga—. Realmente no hemos podido conversar del tema…porque…no
lo sé. Siempre se me pasaba decírtelo.
-
No es algo
poco trascendente como para que se te pase
—reclamándole.
-
Lo sé, lo sé.
Pero por algún motivo siempre se me olvidaba. Hemos tenido unas semanas bien intensas,
no me lo podrás negar —mirándola profundamente.
-
Es cierto —reflexionó
la castaña—. Igual no es excusa.
-
Ok —riendo.
-
¿Cómo te
sentiste? —preguntó suavemente.
-
Te lo había dicho:
increíble. Fue maravilloso —mirando un punto inexistente en el piso de su taller.
-
Bueno,
entonces confirmamos lo que ya sabíamos: te van las chicas —como diciendo algo
que es obvio.
-
Desde que sé
que me gusta Alessandra, no lo he dudado más. Y creo que por eso me has estado
buscando citas con modelitos desde que
lo sabes —mirándola acusadoramente.
-
Esas niñas sí
que estaban bien —luego se dio cuenta de lo que había dicho y se aclaró la
garganta ante la mirada sorprendida y divertida de su amiga—. Oye hasta las
heteros podemos emitir juicios sobre otras chicas. ¡Ya! Deja de mirarme así —dándole
un tierno golpe a su amiga.
-
Ok, te creeré
—sonriendo.
-
Ya, ya —restándole
importancia—. Lo importante de todo esto es que bueno…ya lo confirmaste y por
la cara que pusiste estoy segura que hasta casi tienes un org…
-
¡Calla! —lanzándole
un cojín para evitar que su amiga siga diciendo tonterías.
-
¡Qué
agresiva! —riéndose.
-
Estas
hablando tonterías —también riendo.
-
Marianita ha
sido tu primer beso, —pensó un poco— al menos eso es lo que sé hasta ahora. A
no ser que se te haya olvidado contarme algo —mirándola suspicazmente.
-
No, no, estás
en lo cierto. Continua —riendo.
-
Tu primer
beso, con la persona que te gusta y de pasada has comprobado que te van las
chicas. Ha sido todo de un golpe. ¿No sentiste un mazazo en la cabeza? —riéndose.
-
No te burles —riendo—.
En realidad en lo único que puedo pensar es que…bueno…
-
¿Uh? —extrañada
por la repentina vergüenza que manifestaba su amiga.
-
Es que Alessa…ella…
-
¡Cierto!
¿Cómo reaccionó? —preguntó con curiosidad pero al ver como Mariana se ponía roja
como una cereza, se empezó a reír—. Ok, creo que tu primita se prendió un poco,
¿verdad?
Mariana asintió y
se puso más roja de lo que ya estaba.
-
¿Quién diría que
detrás de esa carita de inocencia total se escondería toda una fiera,
Marianita? —riéndose y provocando más sonrojo, si fuera posible, en su amiga.
-
Ya basta —susurró.
-
Entonces
podemos deducir que… ¡Espera! —se detuvo como recordando algo—. ¿Tu prima se dio
cuenta que eras tú?
Mariana miró
fijamente a su amiga y burlándose un poco le respondió.
-
¿De veras
crees que Alessandra me dirigiría la palabra si supiera que era yo?
-
Tienes razón.
-
Pero si sabe
que era una mujer —soltó lo más rápido que pudo.
-
¿Qué? —sin
aliento.
-
Cuando…cuando
estábamos en eso…ella…ella bajo las manos y…bueno las pasó…por… —y miró hacia
abajo, señalándose los pechos con la mirada, ante lo cual Gemma se tumbó a reír
sobre el sofá.
-
¡Tu prima te
metió mano! ¡Oh, Dios! ¡¿No me digas que también ya no eres virgen?! Debo ir por
una prueba de embarazo —saltando fuera del sofá y dirigiéndose a la puerta de
la habitación.
Mariana saltó detrás
de su amiga para detenerla, mientras reía por la reacción de Gemma.
-
Basta, basta.
¿Estás loca? —riendo mientras llevaba a su amiga de nuevo hasta sentarse en el
sofá.
-
¿Y tú por qué
no me dijiste nada de eso? ¿Sabes que es una posibilidad, verdad? —mirándola fijamente.
-
No pasó nada
de eso —riendo—. No te alarmes.
-
Mariana…dime
la verdad por favor…si debemos ir a la farmacia, lo haremos… —mirándola seriamente.
-
Ya, basta. No
pasó nada de eso —riendo.
-
Explícate —cruzando
los brazos en señal de disgusto.
-
Una vez que
pasó eso —y se miró los pechos nuevamente— ella se detuvo y me separó de su
lado. Estaba algo exaltada y no es para menos —defendiendo inconscientemente a
su prima—. Entonces se enfadó y cuando intentó prender las luces, la detuve y
salí huyendo. Eso fue todo.
-
¡Eres una Casanova!
—riéndose de la situación.
-
No digas eso —sonrojándose
pero con una tímida sonrisa.
-
Ósea…que tu
primita…se podría decir que si le van las chicas… —pensando.
-
Ella no sabía
que era una chica hasta que pasó…lo que pasó…no puedo asegurar eso que dijiste.
Aunque sería lo…más…que realmente fuera así —suspirando.
-
De eso solo
te podrás enterar si sigue comportándose como la persona civilizada que se
portó cuando salieron de la oficina de la entrenadora —lanzándole una
indirecta.
-
Ya, ya, ya
entendí que estás llamando incivilizada a mi niña preciosa, bella, tan tierna
ella —para provocar a su amiga y riéndose de la cara de indignación de Gemma.
-
No sé de quién
estás hablando porque la Alessandra que yo conozco es de todo menos eso… —enfadada.
-
No seas así,
no la conociste cuando éramos niñas…era muy diferente —suspirando con
nostalgia.
-
No, no la
conocí en esa época. Recuerda que llegue un año después que ustedes ya no fueran
cercanas —mirando profundamente a su amiga.
-
No siempre
fue así…es extraño…nunca llegaré a saber que pude haber hecho para que…
-
¡STOP! —poniéndole
un dedo en la frente a la rubia.
-
¿Qué? —confundida.
-
¿Por qué
crees que hiciste algo? —molesta y bajando el brazo.
-
Eso es lo que
no sé y por como siempre me esquiva esa
pregunta creo jamás lo sabré —suspirando con frustración.
-
Marianita déjalo
ir. Debes vivir, apenas estamos empezando a vivir. No puedes estancarte con una
persona que sabes que es poco probable que te corresponda.
-
Tienes razón
pero…
-
Sal con otras
personas. Que no sean Fabricio. Ya sabemos que el pobre no tiene oportunidad —suspirando
de pena por el chico.
-
Está bien, te
dejaré armarme una cita y si no me gusta huiré despavorida y te culparé por el resto
de tu existencia —cruzando los brazos y retando a su amiga.
-
Llamaré a la
super modelito que te conseguí —sacando a la velocidad de la luz su celular del
bolsillo.
Y Marianita sintió
que había abierto la caja de Pandora.
Continuará...

3 comentarios:
WOW FUE ETERNA LA ESPERA jejejee pero esta muy bueno el capitulo ^^ si valio la pena esperar, espero q el siguiente capitulo no demores tanto *-* ... Sera q Alessandra se dara cuenta x las camaras? hay ya quiero saber jejeje, UYY sera q Mariana si podra seguir con otras chiks?.. Q bacano tener esas amigas eso si es tener una gran amiga
Últimamente, con todos los fanfic que leo, me he dado cuenta que soy un tanto obsesiva, en este caso esto quiere decir que entre más leo, más quiero leer, conocer los detalles y devorarme la historia, pero por Dios, le has dado fuerte a mi obsesión cuando mencionaste que el climax llegará cuando estén más mayorcitas. Esto quiere decir, para mi entendimiento, que esto va para largo, lo cual es rico, porque tendremos historia que nos entretenga bastante tiempo, pero de nuevo, ahi aparece mi obsesión, si ves, esto es toda una contradicción; en fin, tan linda Mariana, esperemos a conocer a la modelo y ver qué le depara el futuro a Ale... Te felicito enormemente por tus grados, se lo dificil que es culminar, los últimos pasos siempre son los más difíciles... 27? qué bn, por fin alguien de mi edad por estos lares, porque seriamente me estaba empezando a sentir un poco vieja... Finalmente, poquito porque es bendito, así que estaré esperando para que nos bendizcas nuevamente, un abrazo Srta Corazón.
creo k la espara a valido la pena pork ya merito alessa se dara cuenta kien la beso y ya me imagino la cara pork a eso le a estado uyendo por mucho y a ver marianita con la super modelo k pasara habra escenas de celos sera interesante. Me sorprendiste esto se pone cada vez mejor
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