Mmmm creo que hice la publicación cuando estaba de amanecida en la oficina, porque la he leido y creo que le faltó un mejor control de calidad xD.
Vuelvo a publicarlo, editado, corregido y mejorado. No ha cambiado mucho, pero las correcciones me hacen sentir que les estoy dando algo un poco más trabajado.
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Holas a todo@s ... los que siguen por aquí ^^ que a lo mejor después de semejante abandono no deben ser muchos…lo siento u.u.
Como recompensa este capítulo es larguísimo y se
devela al menos una incógnita que dejó el capitulo anterior. En serio DISCULPEN
la demora, pero ahora me han tenido como esclava…después de mis vacaciones no
me han dejado pero ni respirar en la oficina.
Por otro lado, ¡les tengo una sorpresa! Si ven el menú
de “Acerca de mi” podrán notar que hay alguien más. Por favor, démosle una
calurosa bienvenida a Mayito. Ella es una EXCELENTE autora que ahora también
compartirá sus historias con nosotros aquí. Créanme es INCREIBLE. Por eso me decidí
a invitarla (y actualiza con más frecuencia que yo =P). Me ha dejado encantada
con su fic, un shipper de Brittana para variar :D lo disfrutaran :D. En cualquier momento empezará a publicar.
Bueno, sin más, con ustedes la conti.
Mientras se dirigía a clases a través de
los pasadizos de la escuela pensaba que no habían sido unos días precisamente
tranquilos después de la carrera donde había ganado la chaqueta de capitana de
natación.
Recordó lo que había sucedido ese día…
Si, había disfrutado su momento de triunfo. Había pensado que quizás ahora podría
obtener un poco de la atención y el respeto de su morena prima. Ya que no había
sucedido, se había conformado con la sensación de admiración que le estaban
dedicando los demás miembros del club de natación.
Y horas más tarde, en su casa al verla llegar con la prenda, Chiarita se le
había trepado a los brazos y había preguntado todo al respecto. Gabrielle al
oír la historia, lanzó un suspiro de resignación y le había advertido:
-
Eres increíblemente sociable, hija, ¿por qué
Alessandra y tu no pueden llevarse bien?
-
Bueno —riendo para suavizar la situación— creo que
Alessa no soporta un poquito de competencia. Y puedo ser todo lo tolerante y
sociable que digas, pero no puedo dejar de dar lo mejor de mi solo por no
incomodarla.
-
Tienes razón —soltando otro suspiro de resignación
al darse cuenta que su hija tenía razón—. Cuando vea a Cinzia le preguntaré si
todo está bien.
-
No tienes por qué hacerlo —respondió riendo
Mariana—. Fue solo una competencia sin importancia y Alessa no parecía tan molesta.
Ella me provocó y acepté su reto. Olvídalo, mamá. Aunque si hablar con tía
Cinzia te deja más tranquila, adelante —encogiéndose de hombros.
-
¿Por qué lo haces tan fácil, eh? —riendo también.
-
Mi hermana es tan inteligente, mami —dijo Chiara
mientras miraba con atención los detalles de la prenda de su hermana sentada en
sus piernas.
-
¡Pequeño monstruo tienes que ser muy buena en
todos y más en deportes! Si no te torturaré sin piedad —dijo en broma la joven
rubia, mientras procedía a torturar con cosquillas a su hermana menor.
Gabrielle sonrió contenta al verlas lo unidas que se veían a pesar del poco
tiempo que llevaba la pequeña Chiarita en casa y viendo eso casi se olvidó del
asunto.
Sacudió su cabeza y pensó que tenía que
despejar su mente porque por la tarde tenía un importante examen y si no se
concentraba otra vez tendría problemas para recuperar el primer puesto a nivel
de alumnos de su año.
Sin embargo, las miradas que le
estaban lanzando todos disimuladamente
desde que había llegado, no le ayudaban mucho.
No se había puesto más la chaqueta
para no seguir echando leña al asunto de la competencia y aún así, podía oír
los murmullos en los pasillos por donde pasaba para llegar a su salón. Aceleró
un poco más el paso, la primera clase era Literatura Inglesa y no quería
perderse la lección del día, la maestra era bastante exigente.
-
¡Mariana!
—era la voz de Gemma interrumpiendo sus pensamientos.
-
Hola Gemma
—deteniéndose a un paso de ingresar al salón.
-
¡Por fin te
veo! —deteniéndose al lado de su amiga.
-
Ya faltan
diez minutos para que inicie la clase. ¿Dónde más podría estar? —riendo
mientras ingresaba al salón y se dirigía a su carpeta de siempre, al lado de
Gemma.
-
¿No lo sabes,
verdad? —mirando angustiada a su amiga.
-
¿Qué tengo
que saber? —preocupada al ver la mirada de Gemma.
-
Alessandra…hay
un rumor…que creo que no es rumor…ella…Antón… —mirando alrededor y como lo
esperaba, todos estaban mirándolas, bajó aún más su voz y obligó su amiga a
acercar más su oído a su boca— tu prima y Antón…dicen que ellos…que él…
-
¿Qué dices?
—sin aliento porque a pesar que Gemma no había dicho nada ya se imaginaba que
había pasado.
-
Parece que tú
prima…
-
¡Hey!
¡Cardelli! ¿Es cierto lo que dicen de tu prima, Alessita? —preguntaba gritando
desde el otro lado del salón uno de sus compañeros. Haciendo un énfasis
lujurioso en el nombre de la morena.
Mariana no respondió inmediatamente,
se quedó petrificada al ver el obsceno gesto que hizo el chico. Tampoco se dio
cuenta cuando de repente lo tenía entre el suelo y sus puños, obligándolo a
intentar repetir lo que había dicho.
-
No te atrevas,
nunca más —con fuego en la mirada.
Todos miraban la escena estupefactos.
No podían creer que la siempre pacifica y correcta Mariana Cardelli hubiera
saltado cual tigre sobre su presa sobre el muchacho y lo hubiera tumbado de un
solo movimiento, hasta tenerlo como lo tenía en esos momentos.
-
¿Me oíste?
—sacudiéndolo para obligarlo a responderle.
El muchacho estaba tan en shock que
solo atinó a sacudir afirmativamente la cabeza y tratar de huir por donde
pudiera, una vez que Mariana lo soltara.
-
¿Oyeron
todos? —gritándole a todos sus compañeros—. ¡Ni una palabra ni mucho menos
murmullos acerca de mi prima!
Muchos asintieron, mientras otros se
retiraban hacia sus asientos como que con ellos no era la cosa. Gemma se acercó
lentamente y tirándola del brazo se la llevó fuera del salón.
Cuando llegaron hacia uno de los
jardines más próximos dejó de arrastrar a la furibunda rubia.
-
¿Sabes lo que
acabas de hacer, verdad? —mirándola dubitativa.
-
Solo le di
una lección a ese malcriado —cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.
-
No tienes
remedio —suspirando con resignación.
-
¿Qué? —sin
entender a su amiga.
-
Acabas de
defender a la chica que retaste hace unos dias. A tu prima.
-
¿Y? —no
lograba comprender.
-
¡Esto lo hará
peor! Ya imagino el titular del boletín del próximo lunes: ¡Las primitas
Cardelli! Y estoy segura que será un artículo amarillista acerca de tu prima y
su aventura con Antón…
-
¡Calla! ¡No
es cierto! —tratando de irse, pero Gemma, la detuvo tomándola del brazo.
-
Sabes que es
cierto —hablándole suavemente.
Mariana no lo quería creer pero una
voz muy dentro de ella le decía que si, que era muy probable. Le dolía tanto
admitirlo, recordar lo que había sucedido el día de su cumpleaños. Si ella no
hubiera llegado a tiempo…
-
Sabes bien
porque no quiero creerlo —mirando con los ojos llenos de dolor a su mejor
amiga.
-
Pequeña
—abrazando a la rubia e intentando calmar los sollozos que acababan de empezar.
Mientras en la casa de los Figueroa —
Cardelli, una desolada Alessandra se encontraba arrepintiéndose de sus más
recientes decisiones.
-
Soy tan
tonta…creyendo que… —susurró a la nada.
Tendida en su cama sin fuerzas para
levantarse solo miraba la fresca lluvia primaveral escabullirse por entre las
rendijas de su ventana. Se preguntaba en que estaría pensando cuando dio el
primer paso para todo el desastre que se había desatado desde hace unos días. De
pronto volvió su mirada furiosa y recordó nuevamente quien era la culpable.
-
Maldita
Mariana…ojalá jamás hubieras nacido… —masticando las fuertes palabras.
Maldita fuera su prima por salir a
defender a su maldita amiga…
Maldita fuera por retarla, sabiendo
que el ímpetu de su sangre la haría seguirle el juego…
Maldita fuera por haberle ganado el
reto y haberse llevado su más grande insignia de gloria…
Maldito fuera Antón por haberse aprovechado
de su debilidad y…
Cerró los ojos fuertemente y deseó no
recordar, pero las imágenes de lo que había sucedido en los últimos días
regresaron como una enfurecida estampida que no dejaría piedra sobre piedra a
su paso.
Recordó todo desde que salió furiosa
del coloso deportivo, luego de perder el reto de su prima.
Aventó con fuerza su maletín deportivo hacia dentro de su auto, se metió
con la misma violencia y arrancó a una velocidad espeluznante.
Ni siquiera respetó la señal de alto que le indicaban a la salida de la
escuela, sino que casi se lleva de encuentro a los vigilantes.
No quería estar cerca de nada que le recordara la humillación que había
sufrido hace unos minutos atrás.
Su desabrida primita le había ganado en su propio terreno. Había roto su
marca y encima se había llevado su chaqueta de capitana. Ahora no era nada más
que una simple integrante del equipo de natación. Había sido un desastre. Un
verdadero desastre.
Tan concentrada iba en sus pensamientos que no se dio cuenta que estaba
manejando por la contraria, hasta que un enorme tráiler casi la embiste y si no
fuera por los buenos reflejos del chofer de este, ahora quienes estarían
lamentando algo serian sus padres. Corrección su madre.
Maldito fuera Armando Figueroa, si él no existiera…si él no existiera…
Se estacionó al borde de la pista, temblando de ira, miedo y desesperación.
Tomó su móvil y marco el tan conocido número.
-
¿Bueno, mi amor? —la varonil voz de su novio le
respondió al otro lado de la línea.
-
Antón… —susurró al borde del llanto.
-
¿Dónde estás? Te busqué por todos lados
—preocupado.
-
Yo…yo… —el llanto no le dejó hablar.
-
Calma, aquí estoy yo. Por favor, calma y dime
dónde estás. Iré enseguida.
-
Gracias —miró alrededor y le dio la dirección de
un café donde tendrían privacidad y podrían conversar.
-
Estaré allí en unos minutos, por favor, espérame.
-
Si —y escuchó como la llamada terminó.
Con mucho cuidado volvió a encender el vehículo y se dirigió al punto de
encuentro. Quince minutos después veía a su guapo novio ingresar apresuradísimo
por la puerta y buscarla desesperadamente con la vista.
Cuando levanto la mano para que el la viera, corrió hacia ella y Alessandra
no pudo menos que arrojarse a sus brazos.
-
Preciosa —estrechando fuertemente el frágil cuerpo
de su morena novia.
-
Fue horrible —rompiendo en llanto.
-
Calma —mirando alrededor y notando que no estaba
tan concurrido el lugar. Se llevó consigo a su chica y ambos se sentaron.
Levantó el rostro de Alessandra con ambas manos y sonriéndole la besó
tiernamente.
Segundos después los sollozos de la guapa morena remitían ante el cariño de
su novio.
-
¿Mejor?—mostrándole su mejor sonrisa.
-
Sí, mucho mejor —sonriendo tristemente.
-
No debiste irte así, te estuve buscando como loco
en todo el campus. O debiste llamarme antes de salir así. Sabes que siempre
cuentas conmigo —dándole un beso en la frente.
-
Lo siento —apoyándose en el amplio y fuerte pecho
del muchacho—. Solo pude pensar que lo que había pasado y sin darme cuenta
termine fuera del colegio.
-
No me dejes atrás —acariciando los cabellos de su
novia.
-
Nunca más —sonriendo. El orgullo, el primer lugar
y la chaqueta quedaban olvidados en los brazos de su novio.
Antón había sido tan suave, tan lindo,
tan dulce. Y no es que nunca lo hubiera sido. Es solo que ese día fue especial.
Por eso no dudo un segundo cuando él le sugirió ir a un lugar donde estuvieran
más cómodos y fuera más privado.
-
Vaya —exclamaba con real admiración Alessandra al
ver la decoración tan bien elegida del departamento.
-
Sí, mi amigo es un poco exigente con sus gustos.
Siempre podemos venir aquí a estudiar o tomarnos unas copas entre nosotros. Y
soy uno de los pocos privilegiados que tiene una copia de su llave —atrayendo a
su novia hacia él, mientras regaba suaves besos por todo el blanco cuello.
-
Si —suspirando de placer. Por dentro sabía que no
debería dejar a Antón llegar tan lejos porque cuando lo detuviera, el se
mostraría enfadado y toda la magia desaparecería.
Pero Antón no se llegó a enfadar porque ella no pudo detenerlo y es que ese
momento lo necesitaba. Necesitaba sentirse cerca de alguien y ser amada.
Se entregó al apuesto deportista que le había robado el corazón y no pensó
en más. Hasta la mañana siguiente cuando al despertar casi al mediodia, se dio
cuenta que Antón se había ido y las cosas no volverían a ser las mismas.
-
Fui una
completa estúpida. Debía haberlo imaginado —se decía asimisma, mientras se
revolvía entre sus sábanas.
Su madre le había dado una gran llamada de atención cuando había llegado a
su casa, pero decidió callar, solo oír y aceptar su castigo por haberse
desaparecido el día anterior. Toda la tarde intentó contactar a Antón a su
móvil, correo y su casa pero no pudo hablar con él.
Al día siguiente, haciendo uso de una fuerza que no tenia, se presentó en
la escuela y lo buscó. Cruzó pasadizos
llenos de susurros que sabia iban dirigidos a ella. Todos las miraban y
hablaban de ella. Lo sabía, pero no lo importó, lo único que quería era ver a
su novio.
Por fin lo encontró con sus amigos de siempre. Se acercó a él y lo abrazó
como siempre lo hacía. Sin embargo, la respuesta del joven fue muy diferente a
otras ocasiones. Sin previo aviso la empujó bruscamente lejos de él.
Alessandra dio una cuantos traspiés para no caer por el fuerte empujón y
cuando logró mantener el equilibrio, le dirigió una mirada confundida.
-
¿Antón? —con la voz a punto de quebrarse al ver la
mirada vacía y llena de burla del joven que tenia frente a ella.
-
No molestes, Cardelli.
-
Antón… ¿Qué sucede? Ayer te llamé muchas veces
cuando… —calló al volver a percatarse que los amigos de Antón seguían ahí y
oían muy atentamente todo—. ¿Podemos conversar en privado, por favor?
-
No hay nada de que conversar —riendo—. Pero ¿qué
decías? ¡Ah, sí! Me llamaste muchas veces… ¿cuándo despertarse en mi
apartamento? Bueno vamos, dilo, ¿cuándo fue que despertaste? Lo ven chicos que
no presumía —señalándose asimismo y riéndose. Acción que acompañaron sus
amigos.
-
Antón… —sin poderse creer que lo que veía. Su
corazón se hizo añicos delante de todos aquellos que se burlaban junto con el
chico que amaba y al cual…
Miró fijamente a Antón y en ese momento se percató que del rostro del chico
había desaparecido cualquier rastro de la ternura y de pasión que le había
mostrado el día de ayer. ¿Cómo no se había dado cuenta de todo eso? Pero no
terminó ahí, su rostro se quedó lívido ante las siguientes palabras del joven.
-
¿Qué? No me busques más Cardelli, para mí el juego
se terminó. ¿Sabes? ¡Te cuento! Fue una apuesta, una jugosa apuesta que ahora
cobraré. ¿De verdad crees que me interesa ir por ahí presumiendo a la
princesita de hielo de los Cardelli? Preferiría mil veces darle una buena
mordida a tu prima: Marianita —hizo un sonido y un gesto obscenos— esa sí que
está para lucir. A por ella antes de irme de aquí y tendré dos estrellitas
Cardelli en mi álbum de coleccionables—y guiñándole el ojo se fue con su grupo
de amigos que ahora preguntaban por detalles y reían con lo que Antón les
contaba.
El corazón de Alessandra terminó de resquebrajarse y sin importarle si
alguien la vería las lágrimas empezaron a correr como torrentes por sus
mejillas.
-
Antón…
Se preguntaba si era posible sentir tanto dolor sin morir en el acto.
Porque en ese momento sintió que podía desaparecer y nada le importaría.
Durante varios minutos se quedó en el mismo lugar, inmóvil, inerte, sin ser
consciente de lo que sucedía a su alrededor. Después comenzó a respirar
entrecortadamente, a la vez que sentía náuseas. Se obligó asimisma a no
regresar lo poco que había podido ingerir de desayuno, sería lo último que le
podría pasar si alguien la viera.
Temblorosa por el esfuerzo de no derrumbarse y sintiéndose débil, dejó las
lágrimas seguir fluyendo libremente. Imparables.
Por alguna sagrada señal del cielo, Calynda apareció minutos después, tras
haberla buscado por todo el campus, y se encontró a una Alessandra en tal
estado que su corazón se quebró por su amiga. Solo atinó a tomarla de la mano y
se la llevó hacia su auto para poder dejarla en su casa. Era lo más que podía
hacer por Alessandra, quien parecía seguirla de forma automática.
No podía darle consuelo, porque sabía seria en vano. Podía ver que todo lo
sucedido había terminado con su morena amiga.
Ya habían pasado varios días desde
ello y solo Calynda se había preocupado por ella. Todos los días antes de irse
a casa pasaba a verla. Pero siempre la encontraba en la misma situación y su
amiga ya no sabía que excusa inventarle a Cinzia para justificar el
comportamiento de la joven morena.
-
Alessa, ya no
puedes seguir así. Tu madre me tiene loca presionándome para decirle que te
pasa —tirándose de los cabellos desesperada.
-
Dile que solo
estoy mal por el tema de la chaqueta. Después de todo, no estarías mintiendo —y
regreso su mirada hacia la ventana de su habitación.
-
¡Déjalo ir!
¡Es un maldito malnacido que no merece tu sufrimiento! ¡Vamos, tú no eres así!
—sentándose frente a ella y obligándola a mirarla.
-
Por favor, tu
no —susurró débilmente.
-
Nunca te
abandonaré y lo sabes. Eres mi mejor amiga, nos conocemos desde pequeñas. Nunca
te dejare sola pero por favor, sigue adelante. No va a ser el primer tropiezo
que tengas por amor, debes empezar a superarlo paso a paso. Él…él no se merece
tus lágrimas.
-
¿Tanta
importancia tiene con quien te acuestes y con quien no? —miró hacia sus manos—.
Yo lo quise, Caly, lo quiero realmente ¿por qué me hace esto? —susurrando con
la voz rota.
-
No lo sé
amiga, no lo sé pero ¿no vas a dejarlo ganar, verdad?
-
Déjame
terminar mi luto, el lunes regresaré y nada mas podrá herirme. Pero ahora
déjame llorar hasta cansarme, por favor —derramando la primera lágrima.
Calynda abrazó a su amiga y ambas se
recostaron en la cama de la segunda. La rubia intentando consolar a la morena y
la morena intentando sacar todo lo que llevaba dentro y quería dejar salir.
No era la primera vez que un hombre le
rompía el corazón. Desde pequeña había aprendido a sufrir ese tipo de embates
del destino. No se derrumbaría.
La semana siguiente supo que era más
fácil pensarlo o decirlo que hacerlo. Tan solo ver a Antón pasar con la larga
fila de admiradoras de siempre y verlo tan atento con ellas, su corazón volvió
a quebrársele.
Se dio vuelta y se alejó. Sin embargo,
no pudo evitar las miradas atentas a todo lo que hacía de parte de toda la
gente de la escuela. Sin duda, eran halagadoras cuando estabas en la cima, pero
a tres meses de acabar la escuela, haber caído desde tan alto…sí que dolía.
De pronto vio a lo lejos a la
responsable de todo. Mariana se encontraba almorzando con todos sus amigos. Sus
piernas la llevaron frente a ella. Y
dando un fuerte golpe a la mesa, justo frente a la joven rubia lo soltó:
-
Quiero la
revancha.
Mariana se quedó sorprendida mirándola
totalmente incrédula. La morena observo como tragaba fuerte y sonrió con
malicia: la había sorprendido.
-
Alessandra…creo
que no es momento ni lugar —tartamudeando un poco.
-
La semana
pasada me retaste delante de todos, ¿por qué no puedo hacer lo mismo? ¿Acaso
solo fue un golpe de suerte y ahora temes no conservar MI chaqueta? —qué bien
se sentía al poder poner en esa situación a su prima.
-
Si lo deseas
puedo regresártela. La verdad es que no me importa —suspirando con resignación.
-
¡No! ¡No te
atrevas a insinuar que no podría ganártela nuevamente! —perdiendo la calma.
-
Alessandra...
—soltó otro suspiro y aceptó— cuando gustes —nunca podría negarle nada.
-
Mañana a
primera hora, la misma apuesta pero ahora quiero solo mi chaqueta de regreso.
-
Si, como
gustes —suspirando con resignación.
-
Alessandra
creo que estás exagerando. Solo es una chaqueta y… —intentaba suavizar la
situación Fabricio.
-
No te metas
donde no te llaman, Fabricio. No es contigo, es con ella —señalando a la joven
rubia—. Mañana, no faltes.
Y la morena se retiró casi sintiendo
toda la adrenalina recorriendo su cuerpo. Mañana ganaría o dejaría de
apellidarse Cardelli.
-
¿Qué hiciste
qué? —gritó escandalizada Calynda.
-
¿Me apoyarás
o no? —mirándola fijamente.
-
¿Tienes que
preguntarlo? Si he estado en las cosas más locas que has hecho, ¿por qué habría
de dejarte sola cuando le patearás el trasero a tu primita? —guiñándole el ojo.
-
Gracias
—sonriendo.
-
Ahora llévame
a casa porque tengo que prepararme para levantarme mañana temprano. Yo pasaré por
ti y tú no traerás auto. No quiero peligro —al ver la inminente respuesta de su
amiga venir, la cortó— y no, no es que tema que hagas otra tontería como la
semana pasada, para nada —siendo totalmente sarcástica—. Solo es por precaución
y asegurar la supervivencia del guardián de la escuela. Además quiero ahorrarte
el combustible —riendo.
-
Gracias por
estar a mi lado —abrazando a su amiga.
-
Siempre,
loca, siempre —devolviéndole el abrazo.
Calynda tenía razón, siempre había
estado a su lado. En las buenas, malas y las peores. Sonrió, subió al auto y se
dirigió a dejar a su amiga en su casa.
Continuará...

3 comentarios:
Hola... Estoy muy intrigada sobre la relación de Alessandra con su padre, y de que esto tenga algo q ver con el resentimiento que tiene hacia Mariana, y una pregunta? después del beso en el cumpleaños de Mariana, qué ha pensado Alessandra sobre eso?... Tus seguidores no creo que hayan disminuido, ya nos hicimos el trabajo mental de que hay que tener paciencia, lo bueno se demora;) por aqui t estaremos esperando... Saludos y muchos éxitos en todo.
Ansiando más... Muy intrigada por la relación de Alessandra con su padre y la relación de esto con su resentimiento por Mariana... Una pequeña pregunta: qué ha pensado Alessandra sobre el beso en el cumpleaños de Mariana???... No t preocupes, tus seguidores seguimos al pie del cañón, pq desde q haya esperanza de q subas, aqui seguiremos :D
Estoy d acuerdo con Melisa,hay muchas preguntas rodando x mi cabeza, estuvo recorto el capitulo =( yo quiero mas, ojala no te demores con la actualizacion, q feo lo q le paso alessandra pero es lo q se veia venir con ese man, y tengo muchas ganas q pasara con la competencia
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