jueves, 29 de marzo de 2012

Una lejana estrella azul - Capítulo 4



Mmmm creo que hice la publicación cuando estaba de amanecida en la oficina, porque la he leido y creo que le faltó un mejor control de calidad xD.


Vuelvo a publicarlo, editado, corregido y mejorado. No ha cambiado mucho, pero las correcciones me hacen sentir que les estoy dando algo un poco más trabajado.



=================================================================


Holas a todo@s ... los que siguen por aquí ^^ que a lo mejor después de semejante abandono no deben ser muchos…lo siento u.u.
Como recompensa este capítulo es larguísimo y se devela al menos una incógnita que dejó el capitulo anterior. En serio DISCULPEN la demora, pero ahora me han tenido como esclava…después de mis vacaciones no me han dejado pero ni respirar en la oficina.
Por otro lado, ¡les tengo una sorpresa! Si ven el menú de “Acerca de mi” podrán notar que hay alguien más. Por favor, démosle una calurosa bienvenida a Mayito. Ella es una EXCELENTE autora que ahora también compartirá sus historias con nosotros aquí. Créanme es INCREIBLE. Por eso me decidí a invitarla (y  actualiza con más frecuencia que yo =P). Me ha dejado encantada con su fic, un shipper de Brittana para variar :D lo disfrutaran :D. En cualquier momento empezará a publicar.
Bueno, sin más, con ustedes la conti.

Enjoy it!







Mientras se dirigía a clases a través de los pasadizos de la escuela pensaba que no habían sido unos días precisamente tranquilos después de la carrera donde había ganado la chaqueta de capitana de natación.
Recordó lo que había sucedido ese día…

Si, había disfrutado su momento de triunfo. Había pensado que quizás ahora podría obtener un poco de la atención y el respeto de su morena prima. Ya que no había sucedido, se había conformado con la sensación de admiración que le estaban dedicando los demás miembros del club de natación.
Y horas más tarde, en su casa al verla llegar con la prenda, Chiarita se le había trepado a los brazos y había preguntado todo al respecto. Gabrielle al oír la historia, lanzó un suspiro de resignación y le había advertido:
-          Eres increíblemente sociable, hija, ¿por qué Alessandra y tu no pueden llevarse bien?
-          Bueno —riendo para suavizar la situación— creo que Alessa no soporta un poquito de competencia. Y puedo ser todo lo tolerante y sociable que digas, pero no puedo dejar de dar lo mejor de mi solo por no incomodarla.
-          Tienes razón —soltando otro suspiro de resignación al darse cuenta que su hija tenía razón—. Cuando vea a Cinzia le preguntaré si todo está bien.
-          No tienes por qué hacerlo —respondió riendo Mariana—. Fue solo una competencia sin importancia y Alessa no parecía tan molesta. Ella me provocó y acepté su reto. Olvídalo, mamá. Aunque si hablar con tía Cinzia te deja más tranquila, adelante —encogiéndose de hombros.
-          ¿Por qué lo haces tan fácil, eh? —riendo también.
-          Mi hermana es tan inteligente, mami —dijo Chiara mientras miraba con atención los detalles de la prenda de su hermana sentada en sus piernas.
-          ¡Pequeño monstruo tienes que ser muy buena en todos y más en deportes! Si no te torturaré sin piedad —dijo en broma la joven rubia, mientras procedía a torturar con cosquillas a su hermana menor.
Gabrielle sonrió contenta al verlas lo unidas que se veían a pesar del poco tiempo que llevaba la pequeña Chiarita en casa y viendo eso casi se olvidó del asunto.

Sacudió su cabeza y pensó que tenía que despejar su mente porque por la tarde tenía un importante examen y si no se concentraba otra vez tendría problemas para recuperar el primer puesto a nivel de alumnos de su año.
Sin embargo, las miradas que le estaban lanzando todos disimuladamente desde que había llegado, no le ayudaban mucho.
No se había puesto más la chaqueta para no seguir echando leña al asunto de la competencia y aún así, podía oír los murmullos en los pasillos por donde pasaba para llegar a su salón. Aceleró un poco más el paso, la primera clase era Literatura Inglesa y no quería perderse la lección del día, la maestra era bastante exigente.
-          ¡Mariana! —era la voz de Gemma interrumpiendo sus pensamientos.
-          Hola Gemma —deteniéndose a un paso de ingresar al salón.
-          ¡Por fin te veo! —deteniéndose al lado de su amiga.
-          Ya faltan diez minutos para que inicie la clase. ¿Dónde más podría estar? —riendo mientras ingresaba al salón y se dirigía a su carpeta de siempre, al lado de Gemma.
-          ¿No lo sabes, verdad? —mirando angustiada a su amiga.
-          ¿Qué tengo que saber? —preocupada al ver la mirada de Gemma.
-          Alessandra…hay un rumor…que creo que no es rumor…ella…Antón… —mirando alrededor y como lo esperaba, todos estaban mirándolas, bajó aún más su voz y obligó su amiga a acercar más su oído a su boca— tu prima y Antón…dicen que ellos…que él…
-          ¿Qué dices? —sin aliento porque a pesar que Gemma no había dicho nada ya se imaginaba que había pasado.
-          Parece que tú prima…
-          ¡Hey! ¡Cardelli! ¿Es cierto lo que dicen de tu prima, Alessita? —preguntaba gritando desde el otro lado del salón uno de sus compañeros. Haciendo un énfasis lujurioso en el nombre de la morena.
Mariana no respondió inmediatamente, se quedó petrificada al ver el obsceno gesto que hizo el chico. Tampoco se dio cuenta cuando de repente lo tenía entre el suelo y sus puños, obligándolo a intentar repetir lo que había dicho.
-          No te atrevas, nunca más —con fuego en la mirada.
Todos miraban la escena estupefactos. No podían creer que la siempre pacifica y correcta Mariana Cardelli hubiera saltado cual tigre sobre su presa sobre el muchacho y lo hubiera tumbado de un solo movimiento, hasta tenerlo como lo tenía en esos momentos.
-          ¿Me oíste? —sacudiéndolo para obligarlo a responderle.
El muchacho estaba tan en shock que solo atinó a sacudir afirmativamente la cabeza y tratar de huir por donde pudiera, una vez que Mariana lo soltara.
-          ¿Oyeron todos? —gritándole a todos sus compañeros—. ¡Ni una palabra ni mucho menos murmullos acerca de mi prima!
Muchos asintieron, mientras otros se retiraban hacia sus asientos como que con ellos no era la cosa. Gemma se acercó lentamente y tirándola del brazo se la llevó fuera del salón.
Cuando llegaron hacia uno de los jardines más próximos dejó de arrastrar a la furibunda rubia.
-          ¿Sabes lo que acabas de hacer, verdad? —mirándola dubitativa.
-          Solo le di una lección a ese malcriado —cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.
-          No tienes remedio —suspirando con resignación.
-          ¿Qué? —sin entender a su amiga.
-          Acabas de defender a la chica que retaste hace unos dias. A tu prima.
-          ¿Y? —no lograba comprender.
-          ¡Esto lo hará peor! Ya imagino el titular del boletín del próximo lunes: ¡Las primitas Cardelli! Y estoy segura que será un artículo amarillista acerca de tu prima y su aventura con Antón…
-          ¡Calla! ¡No es cierto! —tratando de irse, pero Gemma, la detuvo tomándola del brazo.
-          Sabes que es cierto —hablándole suavemente.
Mariana no lo quería creer pero una voz muy dentro de ella le decía que si, que era muy probable. Le dolía tanto admitirlo, recordar lo que había sucedido el día de su cumpleaños. Si ella no hubiera llegado a tiempo…
-          Sabes bien porque no quiero creerlo —mirando con los ojos llenos de dolor a su mejor amiga.
-          Pequeña —abrazando a la rubia e intentando calmar los sollozos que acababan de empezar.


Mientras en la casa de los Figueroa — Cardelli, una desolada Alessandra se encontraba arrepintiéndose de sus más recientes decisiones.
-          Soy tan tonta…creyendo que… —susurró a la nada.
Tendida en su cama sin fuerzas para levantarse solo miraba la fresca lluvia primaveral escabullirse por entre las rendijas de su ventana. Se preguntaba en que estaría pensando cuando dio el primer paso para todo el desastre que se había desatado desde hace unos días. De pronto volvió su mirada furiosa y recordó nuevamente quien era la culpable.
-          Maldita Mariana…ojalá jamás hubieras nacido… —masticando las fuertes palabras.
Maldita fuera su prima por salir a defender a su maldita amiga…
Maldita fuera por retarla, sabiendo que el ímpetu de su sangre la haría seguirle el juego…
Maldita fuera por haberle ganado el reto y haberse llevado su más grande insignia de gloria…
Maldito fuera Antón por haberse aprovechado de su debilidad y…
Cerró los ojos fuertemente y deseó no recordar, pero las imágenes de lo que había sucedido en los últimos días regresaron como una enfurecida estampida que no dejaría piedra sobre piedra a su paso.
Recordó todo desde que salió furiosa del coloso deportivo, luego de perder el reto de su prima.


Aventó con fuerza su maletín deportivo hacia dentro de su auto, se metió con la misma violencia y arrancó a una velocidad espeluznante.
Ni siquiera respetó la señal de alto que le indicaban a la salida de la escuela, sino que casi se lleva de encuentro a los vigilantes.
No quería estar cerca de nada que le recordara la humillación que había sufrido hace unos minutos atrás.
Su desabrida primita le había ganado en su propio terreno. Había roto su marca y encima se había llevado su chaqueta de capitana. Ahora no era nada más que una simple integrante del equipo de natación. Había sido un desastre. Un verdadero desastre.
Tan concentrada iba en sus pensamientos que no se dio cuenta que estaba manejando por la contraria, hasta que un enorme tráiler casi la embiste y si no fuera por los buenos reflejos del chofer de este, ahora quienes estarían lamentando algo serian sus padres. Corrección su madre.
Maldito fuera Armando Figueroa, si él no existiera…si él no existiera…
Se estacionó al borde de la pista, temblando de ira, miedo y desesperación.
Tomó su móvil y marco el tan conocido número.
-          ¿Bueno, mi amor? —la varonil voz de su novio le respondió al otro lado de la línea.
-          Antón… —susurró al borde del llanto.
-          ¿Dónde estás? Te busqué por todos lados —preocupado.
-          Yo…yo… —el llanto no le dejó hablar.
-          Calma, aquí estoy yo. Por favor, calma y dime dónde estás. Iré enseguida.
-          Gracias —miró alrededor y le dio la dirección de un café donde tendrían privacidad y podrían conversar.
-          Estaré allí en unos minutos, por favor, espérame.
-          Si —y escuchó como la llamada terminó.
Con mucho cuidado volvió a encender el vehículo y se dirigió al punto de encuentro. Quince minutos después veía a su guapo novio ingresar apresuradísimo por la puerta y buscarla desesperadamente con la vista.
Cuando levanto la mano para que el la viera, corrió hacia ella y Alessandra no pudo menos que arrojarse a sus brazos.
-          Preciosa —estrechando fuertemente el frágil cuerpo de su morena novia.
-          Fue horrible —rompiendo en llanto.
-          Calma —mirando alrededor y notando que no estaba tan concurrido el lugar. Se llevó consigo a su chica y ambos se sentaron. Levantó el rostro de Alessandra con ambas manos y sonriéndole la besó tiernamente.
Segundos después los sollozos de la guapa morena remitían ante el cariño de su novio.
-          ¿Mejor?—mostrándole su mejor sonrisa.
-          Sí, mucho mejor —sonriendo tristemente.
-          No debiste irte así, te estuve buscando como loco en todo el campus. O debiste llamarme antes de salir así. Sabes que siempre cuentas conmigo —dándole un beso en la frente.
-          Lo siento —apoyándose en el amplio y fuerte pecho del muchacho—. Solo pude pensar que lo que había pasado y sin darme cuenta termine fuera del colegio.
-          No me dejes atrás —acariciando los cabellos de su novia.
-          Nunca más —sonriendo. El orgullo, el primer lugar y la chaqueta quedaban olvidados en los brazos de su novio.

Antón había sido tan suave, tan lindo, tan dulce. Y no es que nunca lo hubiera sido. Es solo que ese día fue especial. Por eso no dudo un segundo cuando él le sugirió ir a un lugar donde estuvieran más cómodos y fuera más privado.

-          Vaya —exclamaba con real admiración Alessandra al ver la decoración tan bien elegida del departamento.
-          Sí, mi amigo es un poco exigente con sus gustos. Siempre podemos venir aquí a estudiar o tomarnos unas copas entre nosotros. Y soy uno de los pocos privilegiados que tiene una copia de su llave —atrayendo a su novia hacia él, mientras regaba suaves besos por todo el blanco cuello.
-          Si —suspirando de placer. Por dentro sabía que no debería dejar a Antón llegar tan lejos porque cuando lo detuviera, el se mostraría enfadado y toda la magia desaparecería.
Pero Antón no se llegó a enfadar porque ella no pudo detenerlo y es que ese momento lo necesitaba. Necesitaba sentirse cerca de alguien y ser amada.
Se entregó al apuesto deportista que le había robado el corazón y no pensó en más. Hasta la mañana siguiente cuando al despertar casi al mediodia, se dio cuenta que Antón se había ido y las cosas no volverían a ser las mismas.

-          Fui una completa estúpida. Debía haberlo imaginado —se decía asimisma, mientras se revolvía entre sus sábanas.

Su madre le había dado una gran llamada de atención cuando había llegado a su casa, pero decidió callar, solo oír y aceptar su castigo por haberse desaparecido el día anterior. Toda la tarde intentó contactar a Antón a su móvil, correo y su casa pero no pudo hablar con él.
Al día siguiente, haciendo uso de una fuerza que no tenia, se presentó en la escuela y lo buscó. Cruzó  pasadizos llenos de susurros que sabia iban dirigidos a ella. Todos las miraban y hablaban de ella. Lo sabía, pero no lo importó, lo único que quería era ver a su novio.
Por fin lo encontró con sus amigos de siempre. Se acercó a él y lo abrazó como siempre lo hacía. Sin embargo, la respuesta del joven fue muy diferente a otras ocasiones. Sin previo aviso la empujó bruscamente lejos de él.
Alessandra dio una cuantos traspiés para no caer por el fuerte empujón y cuando logró mantener el equilibrio, le dirigió una mirada confundida.
-          ¿Antón? —con la voz a punto de quebrarse al ver la mirada vacía y llena de burla del joven que tenia frente a ella.
-          No molestes, Cardelli.
-          Antón… ¿Qué sucede? Ayer te llamé muchas veces cuando… —calló al volver a percatarse que los amigos de Antón seguían ahí y oían muy atentamente todo—. ¿Podemos conversar en privado, por favor?
-          No hay nada de que conversar —riendo—. Pero ¿qué decías? ¡Ah, sí! Me llamaste muchas veces… ¿cuándo despertarse en mi apartamento? Bueno vamos, dilo, ¿cuándo fue que despertaste? Lo ven chicos que no presumía —señalándose asimismo y riéndose. Acción que acompañaron sus amigos.
-          Antón… —sin poderse creer que lo que veía. Su corazón se hizo añicos delante de todos aquellos que se burlaban junto con el chico que amaba y al cual…
Miró fijamente a Antón y en ese momento se percató que del rostro del chico había desaparecido cualquier rastro de la ternura y de pasión que le había mostrado el día de ayer. ¿Cómo no se había dado cuenta de todo eso? Pero no terminó ahí, su rostro se quedó lívido ante las siguientes palabras del joven.
-          ¿Qué? No me busques más Cardelli, para mí el juego se terminó. ¿Sabes? ¡Te cuento! Fue una apuesta, una jugosa apuesta que ahora cobraré. ¿De verdad crees que me interesa ir por ahí presumiendo a la princesita de hielo de los Cardelli? Preferiría mil veces darle una buena mordida a tu prima: Marianita —hizo un sonido y un gesto obscenos— esa sí que está para lucir. A por ella antes de irme de aquí y tendré dos estrellitas Cardelli en mi álbum de coleccionables—y guiñándole el ojo se fue con su grupo de amigos que ahora preguntaban por detalles y reían con lo que Antón les contaba.
El corazón de Alessandra terminó de resquebrajarse y sin importarle si alguien la vería las lágrimas empezaron a correr como torrentes por sus mejillas.
-          Antón…
Se preguntaba si era posible sentir tanto dolor sin morir en el acto. Porque en ese momento sintió que podía desaparecer y nada le importaría.
Durante varios minutos se quedó en el mismo lugar, inmóvil, inerte, sin ser consciente de lo que sucedía a su alrededor. Después comenzó a respirar entrecortadamente, a la vez que sentía náuseas. Se obligó asimisma a no regresar lo poco que había podido ingerir de desayuno, sería lo último que le podría pasar si alguien la viera.
Temblorosa por el esfuerzo de no derrumbarse y sintiéndose débil, dejó las lágrimas seguir fluyendo libremente. Imparables.
Por alguna sagrada señal del cielo, Calynda apareció minutos después, tras haberla buscado por todo el campus, y se encontró a una Alessandra en tal estado que su corazón se quebró por su amiga. Solo atinó a tomarla de la mano y se la llevó hacia su auto para poder dejarla en su casa. Era lo más que podía hacer por Alessandra, quien parecía seguirla de forma automática.
No podía darle consuelo, porque sabía seria en vano. Podía ver que todo lo sucedido había terminado con su morena amiga.


Ya habían pasado varios días desde ello y solo Calynda se había preocupado por ella. Todos los días antes de irse a casa pasaba a verla. Pero siempre la encontraba en la misma situación y su amiga ya no sabía que excusa inventarle a Cinzia para justificar el comportamiento de la joven morena.
-          Alessa, ya no puedes seguir así. Tu madre me tiene loca presionándome para decirle que te pasa —tirándose de los cabellos desesperada.
-          Dile que solo estoy mal por el tema de la chaqueta. Después de todo, no estarías mintiendo —y regreso su mirada hacia la ventana de su habitación.
-          ¡Déjalo ir! ¡Es un maldito malnacido que no merece tu sufrimiento! ¡Vamos, tú no eres así! —sentándose frente a ella y obligándola a mirarla.
-          Por favor, tu no —susurró débilmente.
-          Nunca te abandonaré y lo sabes. Eres mi mejor amiga, nos conocemos desde pequeñas. Nunca te dejare sola pero por favor, sigue adelante. No va a ser el primer tropiezo que tengas por amor, debes empezar a superarlo paso a paso. Él…él no se merece tus lágrimas.
-          ¿Tanta importancia tiene con quien te acuestes y con quien no? —miró hacia sus manos—. Yo lo quise, Caly, lo quiero realmente ¿por qué me hace esto? —susurrando con la voz rota.
-          No lo sé amiga, no lo sé pero ¿no vas a dejarlo ganar, verdad?
-          Déjame terminar mi luto, el lunes regresaré y nada mas podrá herirme. Pero ahora déjame llorar hasta cansarme, por favor —derramando la primera lágrima.
Calynda abrazó a su amiga y ambas se recostaron en la cama de la segunda. La rubia intentando consolar a la morena y la morena intentando sacar todo lo que llevaba dentro y quería dejar salir.
No era la primera vez que un hombre le rompía el corazón. Desde pequeña había aprendido a sufrir ese tipo de embates del destino. No se derrumbaría.
La semana siguiente supo que era más fácil pensarlo o decirlo que hacerlo. Tan solo ver a Antón pasar con la larga fila de admiradoras de siempre y verlo tan atento con ellas, su corazón volvió a quebrársele.
Se dio vuelta y se alejó. Sin embargo, no pudo evitar las miradas atentas a todo lo que hacía de parte de toda la gente de la escuela. Sin duda, eran halagadoras cuando estabas en la cima, pero a tres meses de acabar la escuela, haber caído desde tan alto…sí que dolía.
De pronto vio a lo lejos a la responsable de todo. Mariana se encontraba almorzando con todos sus amigos. Sus piernas la llevaron frente a ella.  Y dando un fuerte golpe a la mesa, justo frente a la joven rubia lo soltó:
-          Quiero la revancha.
Mariana se quedó sorprendida mirándola totalmente incrédula. La morena observo como tragaba fuerte y sonrió con malicia: la había sorprendido.
-          Alessandra…creo que no es momento ni lugar —tartamudeando un poco.
-          La semana pasada me retaste delante de todos, ¿por qué no puedo hacer lo mismo? ¿Acaso solo fue un golpe de suerte y ahora temes no conservar MI chaqueta? —qué bien se sentía al poder poner en esa situación a su prima.
-          Si lo deseas puedo regresártela. La verdad es que no me importa —suspirando con resignación.
-          ¡No! ¡No te atrevas a insinuar que no podría ganártela nuevamente! —perdiendo la calma.
-          Alessandra... —soltó otro suspiro y aceptó— cuando gustes —nunca podría negarle nada.
-          Mañana a primera hora, la misma apuesta pero ahora quiero solo mi chaqueta de regreso.
-          Si, como gustes —suspirando con resignación.
-          Alessandra creo que estás exagerando. Solo es una chaqueta y… —intentaba suavizar la situación Fabricio.
-          No te metas donde no te llaman, Fabricio. No es contigo, es con ella —señalando a la joven rubia—. Mañana, no faltes.
Y la morena se retiró casi sintiendo toda la adrenalina recorriendo su cuerpo. Mañana ganaría o dejaría de apellidarse Cardelli.


-          ¿Qué hiciste qué? —gritó escandalizada Calynda.
-          ¿Me apoyarás o no? —mirándola fijamente.
-          ¿Tienes que preguntarlo? Si he estado en las cosas más locas que has hecho, ¿por qué habría de dejarte sola cuando le patearás el trasero a tu primita? —guiñándole el ojo.
-          Gracias —sonriendo.
-          Ahora llévame a casa porque tengo que prepararme para levantarme mañana temprano. Yo pasaré por ti y tú no traerás auto. No quiero peligro —al ver la inminente respuesta de su amiga venir, la cortó— y no, no es que tema que hagas otra tontería como la semana pasada, para nada —siendo totalmente sarcástica—. Solo es por precaución y asegurar la supervivencia del guardián de la escuela. Además quiero ahorrarte el combustible —riendo.
-          Gracias por estar a mi lado —abrazando a su amiga.
-          Siempre, loca, siempre —devolviéndole el abrazo.
Calynda tenía razón, siempre había estado a su lado. En las buenas, malas y las peores. Sonrió, subió al auto y se dirigió a dejar a su amiga en su casa. 

Continuará...

3 comentarios:

Melisa dijo...

Hola... Estoy muy intrigada sobre la relación de Alessandra con su padre, y de que esto tenga algo q ver con el resentimiento que tiene hacia Mariana, y una pregunta? después del beso en el cumpleaños de Mariana, qué ha pensado Alessandra sobre eso?... Tus seguidores no creo que hayan disminuido, ya nos hicimos el trabajo mental de que hay que tener paciencia, lo bueno se demora;) por aqui t estaremos esperando... Saludos y muchos éxitos en todo.

Melisa dijo...

Ansiando más... Muy intrigada por la relación de Alessandra con su padre y la relación de esto con su resentimiento por Mariana... Una pequeña pregunta: qué ha pensado Alessandra sobre el beso en el cumpleaños de Mariana???... No t preocupes, tus seguidores seguimos al pie del cañón, pq desde q haya esperanza de q subas, aqui seguiremos :D

Narlyn Sanchez dijo...

Estoy d acuerdo con Melisa,hay muchas preguntas rodando x mi cabeza, estuvo recorto el capitulo =( yo quiero mas, ojala no te demores con la actualizacion, q feo lo q le paso alessandra pero es lo q se veia venir con ese man, y tengo muchas ganas q pasara con la competencia

Publicar un comentario

 
;