lunes, 27 de febrero de 2012

Una lejana estrella azul - Capítulo 3

Heyyyyy! ¿Cómo está mi gente? Espero todo bien.
Una disculpa por haberme demorado tanto pero…bueno, el mundo real a veces me retiene un buen. La oficina y la vida diaria me han tenido ocupada un 99.99% del tiempo que los he abandonado. Y en ese 0.01% he podido darme unas escapadas y escribir. Pero esta semana estoy de vagaciones. Si vaGaciones así que aprovecho y les traigo un pedacito más de esta historia después de abandonarlos casi un mes.
Porfa, nunca desconfíen, siempre termino mis proyectos. Y este no será la excepción, sino pregunten a las personas que han seguido “Amarte así…” después de casi siete años lo terminé (Hip, hip! Hurra!).
Muchísimas gracias por sus comentarios y sus tweets, me animan muchísimo a continuar. Leí uno donde comentaron uno de mis anteriores intros y leyeron que me puse a fantasear con los rostros de Alessandra y Mariana…de curiosa me puse a googlear y encontré dos rostros que podrían bien encajar con ellas de mayores. Quizás con algunos retoques y algunos cambios pero bien podrían ser las siguientes
Los pongo en links para que l@s personas que prefieran mantener su propia imagen en su mente no se vean obligadas a cambiarlas. Son ideas. Si pudiera meterme a estudiar algo de manga japonés (valga la redundancia) podría definir mejor mis personajes. Quizás más adelante :)
Tengo ahí un tema con las parejas conformadas por una rubia y otra morena. Por algo soy Brittana shipper y mientras duró Siophie shipper. Je, eso fue un OFF TOPIC. Y les cuento otro OT: Casi, casito llegamos a los 6KB de visitantes! :D Estoy muy feliz! 
¿Y saben que estoy pensando? Pues si alguno de ustedes tiene historias o fics que quisiera publicar, contacteme por Twitter  y conversamos. Asi pienso que el blog podria tener más variedad de historias y podriamos hacerlo crecer junt@s. Animense! :)

Bueno sin más preámbulos, la continuación. Ojalá les guste...

Enjoy it!

 
-          ¿Marianita? —dijo la pequeña niña de seis años tirando a la joven rubia desde el brazo que no sostenía el balón.
La rubia se espabiló y miró a su alrededor buscando quien la llamaba. Hasta que dio con la pequeña que intentaba llamar su atención.
-          Lo siento ¿qué sucede, Chiarita? —poniéndose a su altura y sonriéndole a los hermosos ojos grises frente a ella. Tan parecidos a los de ella.
-          Te quedaste con el balón y mirando hacia… —la pequeña castaña fijó su mirada hacia donde antes se dirigía la de la rubia y se sorprendió.
-          Yo…
-          ¿Tu prima y tú no se llevan bien, verdad? —era la niña más despierta del albergue y Mariana nunca había podido entender cómo podía entender más de lo que su edad le debería permitir.
-          No, no mucho —sonriendo tristemente.
-          Ella es muy amable y linda con todos pero he notado que no se hablan…más de lo necesario —mirando a la guapa morena.
-          Tenemos algunas diferencias —tratando de llamar la atención de la pequeña.
-          Alguna vez deberías ser sincera contigo misma, Marianita —sonrió y tomando el balón salió corriendo hacia el lugar donde sus demás amigos la esperaban.
Mariana se había quedado en shock. ¿Acaso esa pequeña niña se había dado cuenta que…? Sacudió sus pensamientos y se dirigió hacia sus primos, quienes seguían compartiendo los nuevos juguetes que habían llevado.
Al verla acercarse todos sonrieron, todos menos su amada morena. Soltó un suspiro de resignación y se obligó a sonreír. Debía hacerlo, su misión era llevar un poco de felicidad a aquellos pequeños que lo habían perdido todo.
Sin embargo cada cierto tiempo se perdía observando a su amada prima: como interactuaba con los pequeños, como les hablaba, los acariciaba, como los comprendía y sobretodo como los amaba.
-          Ahora sabes porque la adoras tanto… —se dijo asimisma.
Al llegar por la tarde a su casa sus padres la esperaban para conversar con ella.
-          ¿Qué sucede?  —preguntó preocupada, mientras se sentaba en el sofá de la sala de estar.
-          ¿Siempre tiene que suceder algo? —preguntó su padre riendo.
-          Siempre nos reunimos aquí, princesa. ¿Por qué tanta preocupación? —dijo su madre acompañando en risas a Cesare.
-          Bueno, solo preguntaba —sonriendo y sentándose un poco más relajada.
-          ¿Cómo te fue en el centro? —preguntó su padre.
A Mariana se le iluminaron los ojos de alegría y eso lo notaron sus padres.
-          ¡Muy bien! Los chicos quedaron muy contentos. Creo que en vez de hacerlo cada cuatro meses podríamos ver la forma cómo conseguir fondos para hacerlo mensualmente. Quizás no siempre con juguetes, pero si con alguna reunión. Estábamos conversándolo con Fabricio, Demetrios y Antonella al regreso. Es más, antes de eso se lo comentamos a Nicolo para que lo vaya conversando con sus hermanos. Todos quedaron entusiasmados con la idea —hablaba con tanto entusiasmo que casi no se había dado cuenta que sus padres se habían quedado sumamente silenciosos para oírla—. Lo siento, me emocioné un poco —sonrojada.
-          Me encanta verte así, princesa. Tu madre y yo disfrutamos que tengas esa vocación de servicio —mirando a Gabrielle—. Ya sabes que así nos conocimos tu madre y yo.
-          Si, la verdad es que…me encanta.
Observó cómo sus padres intercambiaron una mirada cómplice y luego de tomar un poco de aire, su madre la miró fijamente, lo cual le produjo un escalofrío en la espalda. Se venía algo serio, pensó.
-          Hija, tu papá y yo hemos pensado algo en estas últimas semanas. Creemos que es algo que debimos haber hecho hace mucho pero…bueno…tu sabes que después de ti…yo…
-          Calma, mami —acercándose a sus padres para sentarse en medio de ellos y abrazar a su mamá—. ¿Qué sucede?
-          Tu mamá está intentando decir que después de ti, por diversos problemas, que tú conoces, no pudimos tener más hijos.
Mariana no sabía porque pero cada vez que se había tocado el tema, que habían sido contadas ocasiones, sentía un profundo hincón en el pecho. Dolor que la obligaba a usar todas sus fuerzas para forzarse a sonreír y decir alguna broma acerca de las ventajas de ser hija única para aliviar un poco el dolor que podía notar en los ojos de su madre.
-          Si, lo sé —sin embargo, esta vez no pudo sonreír y sin saber por qué su mirada se perdió recordando unos tristes ojitos grises que se despidieron de ella hace unos momentos.
-          A eso mismo me refería —dijo Cesare señalando la triste mirada de las dos mujeres de su vida.
-          Pero…yo soy sumamente feliz, papá, mamá —mirándolos intensamente.
Gabrielle sacudió sus pensamientos y sonriéndole a su hija continuó.
-          Mi princesa, tu padre y yo —tomando la mano de Cesare— hemos pensado que quizás…aunque haya pasado mucho tiempo…queremos adoptar un niño.
Silencio. La expresión de Mariana lo decía todo y nada a la vez. Sus ojos sumamente abiertos y mirando hacia nada. Sus padres se miraron y pretendieron tratar de empezar a convencer a su hija, cuando la joven rubia se abalanzó sobre su madre en un abrazo impregnado de emoción y decorado con lágrimas no derramadas.
-          ¿Hablan en serio? —llorando, tratando de pensar que quizás pudiera ser una broma.
-          Si, princesa. Es en serio —llorando Gabrielle.
-          ¡Es increíble! —gritó emocionada poniéndose de pie de un brinco.
-          Si —sonriendo agradecido Cesare.
-          ¿Ya saben quién será? ¿Han visitado centros? ¿Puedo ir con ustedes?
Sus padres rieron y le pidieron calma. Tras lo cual Mariana tomó aire y se sentó.
-          Lo siento, pero es que…es… ¡increíble!
-          En realidad todo ha pasado gracias a ti, princesa –continuó Cesare.
-          ¿Cómo? —dijo confundida la joven.
-          Hace unos meses atrás, en el compartir anterior, tu madre fue a recogerte de emergencia porque te lastimaste el tobillo ¿recuerdas? Aún no tenías el auto.
-          ¡Claro!
-          Te vi muy apegada a una pequeña niña de cabellos castaños claros y ojos grises —contó Gabrielle recordando—. No se despego de ti hasta saber que estabas en buenas manos. E incluso, cuando regrese días después se acercó muy preocupada a preguntarme por ti.
-          ¿Regresaste, mamá? —sorprendida.
-          No eres la única que tiene sus movimientos de ayuda, pequeñaja —sonrió y pellizcándole la nariz a su hija, continúo—. He regresado en varias ocasiones después de esa vez. Es una niña increíble.
-          Y me llevó a verla a mí. Perdóname, princesa, si ánimo de hacerte poner celosa, pero ha sido amor a primera vista. Si esa pequeña fuera más rubia, diría que eres tú de pequeña.
Mariana se estaba imaginando algo que quizás podría desilusionarla. Pero quería creer que…
-          Si tú no te opones, mi amor, tu padre y yo queremos adoptar a Chiarita. Queremos que sea parte de esta familia.
Mariana dejó correr el torrente de lágrimas que luchaba por explotar en sus ojos. Se levantó de un brinco y dijo con una gran sonrisa:
-          ¿Dónde tengo que firmar? —y se lanzó a abrazar a sus padres nuevamente.
Fue una gran noticia para los tres. Pero aún guardarían el secreto mientras los papeleos de la adopción seguían resolviéndose. Dos meses después la pequeña Chiarita ya era parte de la familia Cardelli.



-          ¡Eso es increíble, Marianita! ¡Tienes una nueva hermanita y es preciosa! —mirando la foto desde el celular de su mejor amiga.
-          ¡Siiiiiii! Es una preciosidad. Me tiene hecha, Gemma. Es un poco tímida aún pero mamá dice que es normal. Es diferente que me vea como alguien esporádico o una amiga…que como su hermana mayor y a mis padres como los suyos.
-          Claro que sí. Ten calma. Pronto se sentirá en familia y todo irá bien.
La rubia asintió y se quedó mirando la foto de todos los primos alrededor de Chiara, abrazándola. Era el día de su bienvenida oficial a la familia. Adoraba a su nueva hermana, pero le fue imposible no desviar su mirada hacia una morena que también sonreía abrazando primera a su hermanita. Gemma se dio perfecta cuenta.
-          Así que…ahora tiene codename… —mirando lo mismo que miraba su amiga y recordando lo que habían conversado el día anterior.
Mariana sonrió al darse cuenta de lo evidente que había sido.
-          Mmmm bueno, es complicado decirle por su nombre…todo el mundo lo sabría…en fin,  si ya no quieres hablar de tema podemos olvidarlo. Si, mejor eso. Olvida que te lo dije —haciendo un esfuerzo por aparentar que no le dolía el repentino cambio de actitud de su mejor amiga.
Como si la castaña se percatara de lo que estaba pasando por la cabeza de su rubia amiga, volvió su mirada hacia ella y pudo notar la tristeza en sus ojos.
-          Serás tonta —riendo.
-          ¿Cómo? —algo sorprendida.
-          Dije que así serás de tonta —riendo de la cara de sorpresa de su mejor amiga—. ¿Cómo se te ocurre? Te dije claramente que estaba contigo y que te apoyaría en todo. Eso incluye el hecho que quieras ponerle un apodo a tu…ejem…a tu amor platónico —riendo.
Mariana sonrió de medio lado y se apoyó nuevamente en la pared del patio más alejado de la escuela, guardando el celular en su bolsillo.
-          ¿Y a qué se debe el apodo? —preguntó curiosa la castaña de ojos verdes.
-          ¿No es obvio? —sonriendo mientras miraba a su amiga. Al ver la confusión en su mirada procedió a aclararlo—. Sus ojos.
-          ¡Ah, vaya! ¡Andabas inspirada! —burlándose intencionalmente de su amiga.
-           Basta —también riéndose y dándole un suave codazo a su amiga.
-          “Estrella azul”…solo falta que me digas que ya hay un lienzo… —miró la cara de culpabilidad de su amiga y soltó otra carcajada—. Eres incorregible ¿cuántos lienzos ya tienes en su nombre?
-          No se trata de la cantidad, Gemma, se trata de lo que siento cuando los hago —apenada.
-          No sé por qué pasó esto, pero si es así te juro que no quiero sentirlo —riendo y al oír la campana de término del descanso, tomó su lonchera del suelo y apremió a su amiga a regresar a clases.
-          Yo tampoco te lo deseo, créeme que no te lo deseo.
Y soltando un suspiro siguió a su castaña amiga al salón de clases, mientras pensaba lo mismo. ¿Por qué se enamoró  de su prima? Al mirar a lo lejos y ver a la causante de sus desvelos junto con sus amigos de siempre y del brazo de Antón, recordó otro de sus motivos.
-          Esos increíbles ojos azules que brillan cual lejana estrella.
-          Pídele un deseo, quien sabe y quizás se cumpla —sonreía Gemma, tratando de no desanimar a su amiga.
-          Está demasiado lejos para oír mi pedido. Vamos — soltando un suspiro y dirigiéndose hacia su aula de clases.



Los primeros días fueron difíciles para la pequeña Chiara. Acostumbrarse a su nueva vida fue algo complicado. Y si no hubiera sido porque recibió toda la aceptación y cariño de toda la familia, hubiera sido sumamente complicado.
Seis semanas después, sucedió el último episodio complicado para la familia.
Mariana despertó al oír unos suaves gemidos lastimeros desde la habitación contigua y al darse cuenta de quien eran, se levantó de un brinco de la cama. Chiara había aprendido a reducir el sonido de su llanto para evitar despertarlos a todos, pues en su casa todos estaban muy pendientes de ella.
Se encaminó hacia la habitación de su hermanita, mentalizándose que seguramente sería una de las tantas noches donde su nueva faceta de hermana mayor tendría que tirar del cansancio para poder ejercerse.
Llegó a la habitación de su hermanita y encontró todo a oscuras. Entró y prendió la luz. Lo que encontró era el mismo episodio que se había venido dando los primeros días pero que ya iba espaciándose cada vez más.
-          ¿Por qué no me llamaste? Sabes que no me molestaré —acercándose y cargando a la pequeña, quien avergonzada se aferró fuertemente a la mayor.
-          No…no…no quería…que… —intentaba explicar entre sollozos.
-          Calma, calma, yo me haré cargo de todo —acariciando los cabellos castaños.
Se dirigió con su pequeña carga hacia el baño y empezó a llenar la tina con agua tibia. Mientras esperaba, consolaba a Chiarita.
-          Pensé que ya nos teníamos un poquito más de confianza, pequeña —acariciando los suaves rizos de su hermana.
-          Ya no pasaba…solo que…me asusté…pensé que…no era real y pasó… —hipando aún.
-          Es normal. A penas llevas poco tiempo con nosotros, pero tranquila: nunca más estarás sola. Siempre estaré contigo, pase lo que pase —estrechando fuertemente el frágil cuerpecito contra ella.
Al ver que la tina estaba hasta la mitad, se desprendió un poco de su hermana y le retiró el pijama, para luego sentarla en la tina de agua tibia, mientras lavaba su cuerpo.
-          Ayúdame un poco Chiarita, aún no he tenido oportunidad de bañarte sola —sonriendo apenada la joven rubia.
-          Si —sonriendo un poco y aprestándose a ayudar a bañarse.
Una vez terminó de bañar y poner un pijama nuevo a la pequeña, esta cayó nuevamente rendida en sus brazos. Mariana al ver el desastre en la cama de la menor, decidió llevársela a su habitación. Dejó arropada a la castañita y regresó a la otra habitación para dejar todo listo y que la ayudante de la casa pudiera recoger y limpiar todo a la mañana siguiente.
Una vez terminó, regresó a su habitación, verificó su hermana siguiera descansando y se dio una pequeña ducha de agua para quitar el sudor del ajetreo. Una vez limpia, se metió a la cama, abrazó el frágil cuerpecito y antes de caer rendida, oyó la suave voz de la pequeña decir:
-          Te quiero, hermanita.
Sonrió de oreja a oreja. No se arrepentía que sus padres hubieran demorado esa decisión, había valido la pena esperar por esa pequeña.



A la mañana siguiente, Gabrielle se asustó al no encontrar a Chiara en su habitación. Al ver la cama sin sábanas, una idea cruzó por su mente y corrió hacia el cuarto de la mayor de sus hijas. El cuadro que encontró le encogió el corazón de ternura: la pequeña abrazando firmemente a su hermana mayor y esta acunándola entre sus brazos.
Se acercó a ambas y con un beso en la frente de cada una, las despertó. La primera en abrir los ojos fue Mariana, quien sonriendo le devolvió el beso a su mamá.
-          ¿Qué pasó? —mirando a la pequeña estirándose, luchando contra el sueño.
-          Bueno, un pequeño accidente —dijo Mariana sonriendo.
Gabrielle sonrió al comprender y se recostó, dejando al medio a la pequeña Chiara, quien iba abriendo los ojos poco a poco.
-          Hola, princesa chiquita —acariciando los cabellos de la menor de sus hijas.
-          Hola, mami —desde hacía tres semanas había empezado a llamar así a Gabrielle y ya era una costumbre.
-          ¿Qué pasó? ¿La cama de tu hermana es más cómoda? —riendo.
-          Yo… —sonrojándose al intentar explicar que pasaba pero muy apenada.
-          Olvídalo, princesita, vamos a tomar desayuno. Su padre nos espera.
Ambas jóvenes asintieron y empezaron a alistarse.
-          ¡Papi! —ingresando al comedor corriendo con los brazos abiertos para abrazar a su padre.
-          ¡Mini – princesa! —abrazándola y alzándola por los aires.
Gabrielle y Mariana entraron riendo al ver la escena.
-          Buenos días papá —se acercó la joven y le dio un beso a su padre, para después sentarse a dar cuenta de su desayuno con bastante más entusiasmo que el acostumbrado.
-          Buenos días princesa. Parece que alguien se despertó con mucho apetito —dijo riendo Cesare, mientras se sentaba con Chiara en los brazos aún.
-          Bueno anoche tuve actividad extra curricular, necesito energía extra —haciendo una breve pausa de su croissant.
Cesare casi se desmaya al oír aquello y todas se rieron al ver su expresión.
-          Mi hermana me ayudó…con…
El hombre entendió y dándole un beso en la frente a la pequeña, la sentó en la silla que le correspondía.
-          Entiendo. Bueno, ya hemos mejorado mucho en ese tema, princesita. Solo hay que ponerle más empeño, ¿sí? —guiñándole un ojo a la castañita.
-          ¡Si, papi! —empezando a dar cuenta de su gran vaso de leche.
-          Mi amor, sino me equivoco ya esta semana inician las evaluaciones en la escuela. Hoy iremos a inscribirla, ¿verdad? —dirigiéndose a su esposa, quien estaba poniendo al día a la pequeña en casa con ayuda de maestros particulares.
-          Si, hoy iremos. Chiarita ya está bastante lista. ¿No, preciosa? —mirando a su hija menor.
-          ¡Sí! —animada—. Ya quiero ir a la misma escuela que mi hermana —luego se puso un poco seria—. Aunque solo estaré con mi hermana un año. ¿Ya terminas la escuela el siguiente, verdad? —mirando a Mariana.
-          Sí, pero igual siempre que pueda iré a verte y te llevaré seguido a la escuela –sonriendo.
-          ¿Cómo van los documentos para la universidad, princesa? —dirigiéndose a su hija mayor.
-          Bien, papá. Todo listo. Ya empecé a preparar el ensayo que me han solicitado. Es la primera fase y luego veremos qué pasa.
-          Le di una mirada hace unos días, Cesare —suspiró y continuo—. No tendrá complicaciones—sonriendo—. Conozco al jurado —ella había sido parte de él antes de dedicarse a la empresa de los Cardelli— y sé que es lo que le evaluarán. Marianita no tendrá problemas: su ensayo va impecable.
-          ¿Qué es lo que seguirás, hermanita? —mirándola con adoración.
-          Ciencias económicas —sonriendo orgullosa. Se le daban excelente los números.
-          ¡Ya quisiera ir contigo a la escuela! Mami me ha dicho que eres una de las mejores deportistas de la escuela —con los ojos brillándole de emoción.
-          Todos los Cardelli lo hemos sido, preciosa, y tú no serás la excepción en lo que elijas. Y ahora apresurémonos un poco que ya va siendo hora de salir. La directora nos espera.
Las tres mujeres asintieron y continuaron con el desayuno.
Una vez llegaron a la escuela, fueron recibidos por la directora de la escuela.
-          Buenos días, mis estimados señores Cardelli —y fijó su mirada en la pequeña que se aferraba a las manos de sus padres—. ¿A quién tenemos aquí? —acercándose un poco más.
-          Chiarita, te presentó a la madre Adabella. Es la directora de la escuela.
La niña dio un paso adelante y se presentó.
-          Hola, mi nombre es Chiara.
-          Hola preciosa —y le dio un beso en la frente antes de volverse a Mariana y sus padres—. Imagino que vienen a inscribirla. Pasemos a mi oficina. Mariana, tienes clases, puedes avanzar con ello.
-          Si, madre. Permiso —se despidió con besos de su familia y se retiró.
Una vez en la oficina de la madre superiora, los padres iniciaron con los trámites. El primero: la entrevista.
-          Madre Adabella, Chiara ha venido a formar parte de nuestra familia desde hace unos meses y es nuestro deseo que forme parte de esta escuela. Al igual como lo han sido todos los Cardelli desde hace tanto —Cesare presentaba el caso.
-          Yo misma la he venido preparando y poniéndola al día para rendir las evaluaciones que sé que tendrá que rendir. Tiene un nivel increíble y sé que usted estará encantada de recibirla en sus aulas —sonriendo con orgullo Gabrielle.
-          No me queda la menor duda. ¿Qué piensas, Chiara?
-          Yo…
Si bien la niña era un poco tímida con las personas que recién venia conociendo, pudo sobrellevar la conversación con la madre superiora. Y pasó la primera fase. Las evaluaciones no serian un problema, según las mismas palabras de la madre Adabella.
-          La pequeña Chiara no tendrá problemas en la entrevista. Deja de dar tantas vueltas que desgastarás el piso, mujer —renegaba una vez más Gemma.
-          Se cuanto intimida la madre Adabella la primera vez que la conoces. Aún recuerdo esa sensación —y se sacudió para olvidarse de ella.
-          Ni me lo digas. Pero tiene un ojo increíble para elegirnos. La pequeña Chiarita es tan mona que se ganará inmediatamente a la vieja momia.
-          No hables así —riendo de las ocurrencias de su amiga—. Pero tienes razón. Vamos a clases.
Durante el almuerzo, todos los Cardelli alcanzaron a Mariana en la cafetería para preguntar por su hermana. Incluyendo a Alessandra.
-          ¿Cómo le fue? —preguntó directamente Fabricio.
-          Todo fue muy bien —respondió sonriendo la joven rubia—. Hablé con mamá hace unos minutos y me dijo que la entrevista fue un poco densa al inicio. Pero ya saben como es Chiarita.
-          Si, al inicio hay que hacerla hablar —sonriendo Demetrios.
-          Sí, pero después se puso a hablar como lorita. La madre Adabella dio el visto bueno para el inicio de sus evaluaciones. Ahora solo resta esperar —agregó Mariana.
-          Otra Cardelli más llegará el próximo año a esta escuela, eso nadie lo duda –aseguró Antonella.
Siguieron conversando animadamente y Mariana estaba relajándose de la tensión del día, hasta que Antón pasó a llevarse a Alessandra y recordó porque en ese perfecto día, no todo podía ser perfecto.



La primavera llegó a la ciudad y trajo consigo los juegos de la escuela. Sería el último año de muchos grandes atletas, entre ellos Alessandra y no pensaba irse sin al menos todas las medallas que dijeran número uno de todos los deportes en los que participaba.
Solo le preocupaba un pequeño e insignificante detalle: su rubia primita estaba muy a la par en cuanto a nadar se refería.
Mariana tenía un estilo que podía perfeccionarse aún, pero para el año que le quedaba en la escuela, sabía que probablemente también marcaria su propia leyenda. Pero ella escribiría la de campeona invicta y nunca vencida, podría ser alcanzada por la mosquita muerta de su prima, pero cuando estuviera ya afuera.
Inspiró profundo y tomó su toalla. Volvió su mirada hacia la salida y salió a seguir entrenando. No se lo dejaría tan sencillo. Nuevamente la dejaría en el segundo lugar, donde siempre estaría mientras ella siguiera en la escuela.
Al ir avanzando hacia la gran alberca olímpica con que contaba su escuela pudo divisar a su grupo de amigas esperándola. Sonrió y se acerco a ellas.
-          Es una rubiecita bien desabrida tu primita, eh Alessa.
-          Ya tenían que amargarme el día. Venia pensando que con ustedes me podía olvidar del tema —poniendo cara de víctima.
Todas se rieron y continuaron hablando de Mariana.
-          Tu primita sí que se está esforzando. Hace unos días la encontramos hasta altas horas de la noche entrenando mucho. Su amiguita, esa chica castaña de anteojos… ¿Cómo se llamaba?
-          Gemma —respondió una.
-          Si, esa misma. Ella la estaba ayudando con los tiempos.
-          ¿Y cómo le fue con eso? —preguntó curiosa Alessandra.
-          Pues amiga, solo te diremos que es bueno que sigas practicando como hasta ahora. Tu primita está mejorando rápidamente.
Alessandra se empezó a reír de forma un poco histérica, ante la asombrada mirada de sus compañeras. Cuando por fin, pudo calmarse las miró y les hizo una seña para que la siguieran.
Cuando por fin, se dieron cuenta a donde se dirigían muchas de ellas sonrieron con malicia: hora de molestar a la primita de Alessandra. A quien encontraron conversando con Gemma, que le mostraba las estadísticas de su mejora constante.
Alessandra sonrió: su primita casi había terminado de entrenar y estaba secándose para retirarse. Entonces sin que nadie pudiera hacer nada Mariana y Gemma terminaron en el agua.
Quizás Alessandra se lo esperaba porque lo primero que hizo, al darse cuenta que no era la única que había sido empujada, fue nadar rápidamente hacia Gemma quien estaba luchando por salir a flote. Una vez pudo acercarla al borde, la ayudo a salir y luego ella.
-          ¿Estás bien? —acercándose más a su amiga.
-          Si, no te preocupes. Gracias, me desespere un poco —sonriéndole con agradecimiento.
-          No te preocupes, dame unos minutos, por favor —hablando suavemente.
-          No, no, no lo hagas. Te meterás en un lio —tomándola de un brazo.
-          No se queda así.
-          Mariana… —pero la enfadada rubia ya no oyó palabra alguna.
Alessandra se estaba partiendo de risa cuando vio a su prima acercarse muy molesta hacia ella.
-          Hola, primita. ¿Cómo andas? Creo que un poco empapada —riendo cruelmente.
-          ¿Qué diablos te sucede, Alessandra? Pudiste hacerle daño —señalando con la mirada a su amiga, quien ya se ponía de pie y se estaba secando con la toalla más cercana.
-          ¡Ups! No me di cuenta lo siento —sonriendo con sorna.
-          Estás muy mal Alessandra, estás muy mal. ¿Por qué no te metes solo conmigo, eh? Sé que soy yo con quien tienes el problema. ¿O acaso tienes miedo? —lanzándole un palito a su prima y le resultó: Alessandra lo pisó.
-          Cuando quieras y donde quieras —arrogante pero ya sin risa de su parte.
-          Aquí y ahora.
-          ¿Cuál es el premio?
-          Si yo gano me darás tu chaqueta de capitana del equipo de natación y tanto tú como tu grupo dejarán de molestar a los menores —soltó sin asco Mariana, causando gran conmoción en todos los presentes.
Empezaron los murmullos y más gente empezó a aglomerarse alrededor de ellas.
Alessandra maldijo internamente y su mente empezó a procesar rápidamente que podría pedir. Una idea vino a su mente y lo dijo.
-          Tu auto por un mes completo, le pase lo que pase no será mi responsabilidad y tanto tu como tu amiguita mis esclavas por el mismo tiempo —directo a la yugular, sin asco ni trabas.
Mariana se paralizó: su precioso auto. Al cual cuidaba como si fuera su propio hijo. Sabía que de ser posible Alessandra lo arrojaría desde lo alto de algún abismo con tal de hacerle daño. Tragó fuerte y justo antes de responder sintió como alguien la tomaba del brazo.
-          No vale la pena, Mariana. Déjalo.
Gemma la orillaba a hacer lo correcto con esa dulce sonrisa que la caracterizaba, pero la vena Cardelli le ardía en el cuerpo y estaba más que dispuesta a hacer pagar a su prima.
A veces me pregunto porque te quiero tanto, Alessandra, pensaba la rubia. Pero la chaqueta era única, sería un símbolo de derrota terrible para la morena. Aunque a su padre le daría un infarto de saber que su precioso regalo estaba en manos de Alessandra “al volante, peligro constante” Cardelli.
-          Acepto —afirmó la rubia.
-          Mañana a las siete de la mañana aquí mismo.
-          Hecho —y extendió la mano para cerrar el pacto.
Alessandra también tendió su mano y  dio el respectivo apretón. Pero solo un segundo y se retiró con todo su grupo siguiéndola.
-          ¿Qué hiciste? ¡Tu padre te matará! ¡Y me matará a mí por alentarte en esto! —gritaba escandalizada Gemma, mientras acompañaba a su amiga a los vestidores.
-          No me alentaste, bueno si, pero para no seguir con esto —sonriendo.
-          Mariana yo creo que…espera…
-          ¿Sí? —haciéndose la inocente mientras se preparaba para ingresar a la ducha.
-          Eres una pilla, metete rápido, cuidare tus cosas.
-          ¿Y tú? Puedes usar la de al lado —riéndose pues sabía que su amiga ya se había dado cuenta de todo.
-          No, mejor te espero aquí afuera —no se fiaba de dejar solas sus pertenencias ahora que las dos Cardelli habían elevado la bandera de guerra.
Una hora después ambas se dirigían hacia la casa de la castaña.
-          Menos mal tenemos la misma talla y contabas con un traje de más —conversaba Gemma.
-          Sí, que bueno. Si no te podrías haber resfriado y nadie quiere que la única barra que tendré mañana esté mal —riendo.
-          Hablando de eso, no te creas que no he entendido lo que has hecho pilla —picando a su amiga.
-          No puedo creer que no te hayas dado cuenta sino hasta después —sonriendo con algo de malicia.
-          Es un trofeo que seguro usarás hasta despintar los gloriosos colores azules de nuestra amada escuela —imitando a la directora de su escuela.
-          Es raro que Alessandra no se haya dado cuenta —pensativa.
-          Lo que me preocupa de todo esto es…
-          ¿Sí?
-          Que ya no me traerás a casa si pierdes —poniendo un puchero.
-          ¡Cuánta confianza! —riendo— No perderé verás —guiñándole un ojo.
Mientras en el estacionamiento de la escuela…
-          ¿Por qué no me lo hiciste recordar? —se dirigía con ansias asesinas Alessandra hacia su mejor amiga Calynda.
-          ¡Pues con todo el alboroto no lo recordé! ¿Quién te manda a molestar a tu primita? —ahora riéndose de su amiga.
-          ¡Rayos! —golpeando su cabeza contra su auto— Hubiera preferido apostar a mi pequeño —refiriéndose a su Lexus LFA Nurburgring— en lugar de mi insignia de heroína —ahora refiriéndose a su chaqueta.
-          Bueno ve el lado positivo, si no fueran primas correrías el riesgo que te tilden de “rarita” —refiriéndose a la vieja costumbre de los atletas de darles sus chaquetas a sus parejas para que toda la escuela sepa que estaban juntos.
-          ¡No voy a perder! —escandalizada de la duda de su amiga.
-          No digo lo contrario solo…
-          ¡No! ¡Basta! ¡Vámonos! Creo que necesito descansar —subiéndose a su auto y arrancando a gran velocidad en cuando su amiga cerró la puerta.
Al día siguiente, después de mucho esfuerzo realizado y la gran exigencia que le dio a sus músculos en la carrera, Mariana llegaba a su primera clase con la chaqueta de capitana de natación y con una gran sonrisa en el rostro. Alessandra no apareció todo el día en la escuela.
La mayoría pensó que era un mal preludio para los juegos que se avecinaban. Al parecer el título de campeona invicta ya no era para Alessandra. Todos pensaban que la rubia de los Cardelli le quitaría el título a su prima mayor en los próximos juegos.
Pero a veces la vida te da en unas y te quita en otras. Mariana deseó haber perdido esa apuesta cuando se enteró de que es lo que había estado haciendo su prima después de haberle ganado la carrera.

Continuará...



7 comentarios:

marce dijo...

lo dicho! es genial!!! y si ya se, toca esperar al próximo y si también lo se, tu tienes tu tiempo, peroooo..... ya quiero el siguiente!!!!

Melisa dijo...

Noooooo, pssssssss, no lo dejes ahi, por favor :( :( ... Eres demasiado mala, pero demasiado... T podrías re-invindicar con otro post pronto, ¿no?... Gracias por las imágenes, le ayuda más a mi memoria imaginar toda la situación, además Alessandra es hermosa, sobre todo el contraste de sus ojos con su tono de piel, wowwww... Solo un último comentario: se que a medida que vaya prosperando la historia, nos vas a ir narrando más detalles, pero algo sí es seguro, ya estoy super intrigada... Muchos saludos, y felicitaciones, se q ya eres la escritora favorita de muc@s ;)

Narlyn Sanchez dijo...

wow wow wow genial, pero oye no seas tan mala como nos deja asi tan feo con la intriga ojala no te demores tanto, ya quiero saber pronto lo q hay en el otro capitulo siii por fis subalo pronto, =) gracias x escribir

natzi dijo...

este relato se puso muy bueno aunk en el final creo k ya me imagino k paso espero k la chakta le sirva a ale para ver mas aya y se de cuenta... espero el prox aunk pasen meses

kar dijo...

Me encanto, si estas de vagaciones espero y nos puedas regalar otra parte aunque sea chikitita.. ya se, ya se todo sin presiones pero sq siempre me dejas con la duda jeje.
Por otra parte las chicas que pusiste como Marianita y Alessandra quedan perfectas aunque en mi imaginacion no estaban nada mal XP.
Besos :D

Alexg dijo...

Me gusto la eleccion de las chicas, muy buen gusto ;) y porfa no tardes en continuar es simplemente excelente esta historia

Pke25 dijo...

Jen wow esto esta genial

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