domingo, 29 de enero de 2012

Una lejana estrella azul - Capítulo 2

¡Hola a todos!
Aquí me tiene de regreso. Y como les dije, suelo demorar un poquito a veces pero siempre tendrán finales, se los prometo.
Quería aprovechar la oportunidad para agradecerles por sus comentarios. Me dan a entender que “Una lejana estrella azul” ha sido de su agrado y eso me motiva mucho.
Es más he podido escribir bastante de la parte más interesante de esta historia, la cual está mucho más adelante. Pero créanme, esperar valdrá la pena. Hacer el viaje a través de la adolescencia de Mariana y Alessandra ayudará a comprender muchas cosas.
Muchas gracias por todos sus comentarios y mensajes de apoyo en twitter, lo aprecio mucho.
Sin más, con ustedes el segundo capítulo.
Enjoy it!




A dos días de su gran fiesta de cumpleaños y sus ánimos por los suelos. Sus padres se habían excedido por organizarle la mejor fiesta de dieciséis de la historia y ella solo podía pensar que un saludo agradable de Alessandra, y quizás un abrazo la podrían hacer tan feliz.
-          ¿Qué sucede, mi amor? –la voz de su madre la sacó de sus pensamientos.
-          Oh, lo siento mami. Estaba leyendo –sonrió y regreso su mirada hacia el libro que no estaba leyendo. Lo cerró y se puso de pie para abrazar a su madre.
-          Estás algo…distraída en estos días –abriendo los brazos para acoger a su hija. A su vez que la llevaba al sofá nuevamente para sentarse con ella–. Sabes que puedes confiar en mí, mi amor. Cuéntame, ¿qué está aquejando tu corazón?
-          ¿Cómo? –sorprendida que su madre le haya preguntado eso.
-          Por algo soy tu madre, mi princesa. Y creo que ha llegado el momento de conversar acerca de eso que está robándote el sueño. Creo que hay alguien que por fin logró entrar aquí, ¿verdad? –señalando el corazón de su preciosa hija.
-          Yo… –totalmente sonrojada.
-          ¿Quién es el afortunado muchacho que ha logrado conquistar a la más dulce de todos los nietos Cardelli? Vamos, cuéntame preciosa –tratando de hacer sonreír a su hija.
Mariana suspiró. No sabía qué hacer. ¿Por qué su madre tenía que ser tan perceptiva? No podía decírselo. No podía.
-          No se trata de eso, mamá. Es solo que…sabes que las fiestas siempre me ponen así. Estos eventos sociales…siempre he tenido dificultad para manejarlos. Es eso todo –sonriendo.
-          ¿Estás segura? –dudando seriamente–. Annabella me ha llamado bastante en estos días. Está muy contenta que Fabricio sea tu pareja de baile. También me ha dicho que tú lo acompañarás a su baile de graduación. ¿No hay nada que decirme acerca de ese apuesto joven? –tratando de bromear al respecto.
-          No, claro que no –también sonriendo–. Fabricio es un buen amigo. Lo veo más como mi primo que como un posible novio o algo así.
-          ¿Pero él te ve como algo más, no? Lo noté la noche de Año Nuevo. Es más, tuve que encadenar a tu padre para que no saliera disparado a golpearlo cuando intentó besarte –riendo un poco más fuertemente.
-          Lo siento –riendo al imaginarse la escena–. No, Fabricio es solo un amigo. Solo eso. No podría ser más. Al menos de mi parte –suspiró y confesó–. Y si. El si está seriamente interesado en mí. Pero no puedo corresponderle. Es algo que no me puedo obligar a sentir –sabia que mentiría descaradamente al asegurar lo siguiente, pero era lo mejor–. Aún no ha llegado la persona adecuada. Aún no –sonriendo tranquilamente para reforzar su respuesta.
-          Entiendo. ¿Sabes? Algún día llegará esa persona y lo sabrás. Eres una chica increíble. Y no lo digo porque seas mi hija. Realmente lo eres. Eres lo mejor que pudo habernos sucedido a tu padre y a mí. Te mereces lo mejor del mundo, mi princesa. La vida te guardará una gran historia, mi amor, una gran historia con alguien maravilloso a tu lado.
-          No sabes lo bendecida que me siento de tenerlos a ustedes como mis padres. Los amo tanto, tanto –aferrándose fuertemente al pecho de Gabrielle, quien pensaba que los bendecidos habían sido ella y Cesare cuando Mariana llegó a sus vidas.


Y el día llegó. Mariana se preguntaba una y otra vez si de verdad esa joven que veía en el espejo era ella.
-          Te ves… ¡hermosa! –susurró su madre emocionada y con algunas lágrimas en los ojos.
-          Si…eso parece... –sonriendo.
-          No lo dudes, pequeña. ¡Esta hermosa! –susurraba también emocionada Cinzia, recordando lo hermosa que también se había visto su pequeña princesa Alessandra.
Y Mariana lo creyó. Lo creyó porque ella misma lo veía. Lo creyó porque en el fondo deseaba que fuera cierto. Que fuera cierto para que Alessandra la mirara. Por una vez en su vida que mirara como ella deseaba que la mirara. Cerró los ojos y lanzó una pequeña plegaria al cielo para ello.
La puerta sonó y se oyó la voz de Fabricio solicitando permiso para ingresar. Gabrielle se apresuró a abrir la puerta y dejó pasar al joven quien saludó a la que consideraba su futura suegra. Y quien al girarse hacia Mariana se quedó literalmente atontado.
Al ver la expresión del joven, ambas mujeres mayores se rieron a más no poder y se despidieron indicando que no demoraran mucho en bajar pues ya todos esperaban.
-          Hola Fabricio –saludó Mariana riendo suavemente.
-          ¡Lo siento! –sacudiendo la cabeza para espabilarse y después sonriendo se acerco a tomar de las manos a Mariana–. Estás hermosa –y procedió a arrodillarse y besar la mano derecha de la joven–. A tus pies, princesa.
-          ¡Qué dices! –sonrojándose y riendo suavemente–. Tu también estás muy guapo –mirando el especial cuidado que había tomado su primo para la ocasión.
-          La ocasión lo ameritaba, princesa. Sabía que te verías –suspiró fuertemente y continuó– hermosa. No podía quedarte mal. Pero serás la luz de la fiesta. No hay nadie más hermosa que tú.
-          Gracias, ¿nos vamos? –cortó para evitar el rumbo de las palabras del joven.
-          Cuando gustes –sonriendo completamente feliz, le ofreció su brazo y salieron de la habitación rumbo al gran salón.
Mariana comprobó que todo había salido tal cual lo había planeado con su madre y su tía Cinzia. Todo fue perfecto. Desde su ingreso a través del túnel del cruce de espadas hasta el tradicional baile con sus familiares más allegados.
Luego de todo el tradicional protocolo, inició la fiesta central para, principalmente, que los jóvenes  se divirtieran. Y Mariana intentó hacerlo, puso todo de sí para divertirse junto a sus mejores amigos y Fabricio.
Pero ver a Alessandra abrazando, besando y amando a su nuevo novio la desquiciaba tanto que apenas podía sonreír tratando de aparentar lo que realmente no sentía: felicidad. Esa morena era su verdadera felicidad.
Cuanto daría por tomarla de la mano, sacarla a la pista de baile y divertirse a lo grande juntando su perfecto cuerpo al suyo…y moverse al ritmo de la pegajosa música que ahora sonaba. Pero no, Alessandra tenía que hacerlo tan provocativamente con el gran idiota de Antón, quien tenía una cara de completa felicidad al ver lo atrevida que podía ser su novia.
¡Maldito infeliz! ¡Solo ponle una mano encima y me conocerás!, pensaba Mariana, mientras se imaginaba aplicándole todo tipo de dolorosas torturas al novio de su Alessandra. Y como si el deportista leyera mentes, fue bajando su mano lentamente a través de la espalda de Alessandra.
Mariana no lo soportó, se bebió de un trago el coctel que tenía en manos y arrastró a la pista de baile a Fabricio. No sabía que hacía, solo le importaba llamar lo suficiente la atención de la pareja para que el infeliz de Antón sacara sus sucias manos de encima de Alessandra. No le importaba si tenía que ponerse en el medio, no iba a seguir…manoseando a su Alessandra. No, no y no.
Y sin saber cómo, empezó a moverse como nunca lo había hecho. Pegó su cuerpo al de su impactado primo que solo atinó a intentar seguirle el ritmo. Empezó a rodearlo con sus brazos y pegó todo su cuerpo a él.  Sus caderas empezaron a moverse al ritmo de la música, sus brazos empezaron a dibujar formas en la amplia espalda de Fabricio y…
Le dio una rápida mirada a su prima y su pareja. ¡Lo había conseguido! Antón la miraba con una épica cara de enfermo.
Pero entonces, el famoso infeliz se acercó a susurrarle algo a Alessandra, ella sonrió y se retiraron de la pista con mucha prisa. Mariana se quedó helada. ¿Sería que…?
-          ¿Mariana? –preguntó extrañado Fabricio al notar que su pareja de baile se había quedado estática.
Al oír la voz de su primo, la rubia joven se espabiló y le sonrió.
-          Lo siento, no me siento bien.
-          ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Vamos! –y la llevó hacia un lado de la pista.
Fabricio estaba preocupado, realmente preocupado. Veía a Mariana sumamente pálida y con la mirada fija en un punto inexistente. Solo atino a ofrecerle una bebida sin alcohol, a lo cual la rubia asintió totalmente ida.
A penas el apuesto joven se alejó, Gabrielle se acercó a su hija, preocupada.
-          Princesa  ¿qué sucedió? ¿Te encuentras bien? –sentándose al lado de su hija y obligándola a mirarla.
-          Mamá… –por fin pudo enfocar en otra cosa que no era la puerta por donde Antón se había llevado a Alessandra.
-          ¿Qué pasó? Estabas sumamente alegre bailando con Fabricio y de pronto noté que te quedaste mirando a no sé qué y Fabricio… –Mariana no dejó terminar a su madre.
-          Nada, no te preocupes. Solo fue un mareo –sonriendo con mucho esfuerzo–. Estoy bien. Creo que se me subió un poco lo último que bebí y…bueno ya sabes que no resisto mucho la bebida. Disculpa si te preocupé, mami –abrazando a su madre.
-          ¡Oh, pequeña! No te preocupes. Solo que estabas tan feliz y tan bailarina –riendo pícaramente– que me sorprendió verte dejar la pista de forma tan imprevista. Entonces ¿todo bien?
-          Si, no te preocupes. Solo iré a tomar un poco de aire.
-          ¿Te acompaño?
-          No, no te preocupes. Ya regreso –y antes que su madre pudiera hacer algo salió del salón tomando el mismo camino que había tomado la parejita.
Sin embargo, su camino fue interrumpido por el padre de Alessandra: Armando Figueroa.
-          ¡Marianita, preciosa! ¿Cómo estás, hermosa? –y le dio un caluroso abrazo a la joven, quien pensaba que su cariñoso tío no podría haber sido más inoportuno.
-          Hola tío Armando –masticando el saludo–. Bien, gracias.
-          ¡Estás hermosa! –acariciando las suaves mejillas de su sobrina.
-          Gracias –algo ruborizada. No sabía porque pero su tío la ponía nerviosa.
-          ¿Cómo te sientes? ¿Estás feliz con esta gran fiesta?
-          Sí, mucho.
-          ¿Entonces por qué te has retirado? ¿Algo te ha incomodado?
-          No, no. Solo… –pensando que inventarse– solo estaba yendo por un poco de maquillaje.
-          ¡Pero si no lo necesitas! –sorprendido.
-          Gracias, tío. Pero sí que lo necesito. Permiso –respondió y sin darle oportunidad a su tío de replicar nada, salió corriendo.
-          Pero… –quedándose con la palabra en la boca pero sonriendo de haberse encontrado con su sobrina preferida.
Mientras, Mariana corría a toda velocidad a través de las habitaciones del cuarto piso de la mansión de su abuela tratando de saber donde podrían haber ido su prima y Antón.
-          ¿Dónde estás, Ale? ¿Dónde? Por favor que no sea lo…
Y escuchó un gemido que la dejó estática. Se volvió sin poder creerlo ¿realmente había oído…? Otro profundo gemido, que indudablemente provenía de una mujer, se dejó oír dos habitaciones atrás de donde estaba ella.
Temblando se acercó lentamente y apoyó su oído en la puerta.
-          Vamos preciosa, hagámoslo aquí y ahora –reconoció inmediatamente la voz de Antón. Aunque ronca y entrecortada.
-          Yo…
-           Vamos, estás conmigo. Yo te cuidaré…
-          Antón yo…tu sabes que…
-          Yo no te haré daño.
Mariana se quedó impactada ante esa afirmación. ¿Eso significaba que su Alessandra ya…?
-          Lo sé, lo sé, pero no estoy…en estos momentos no estoy…
-          Yo traje protección, no te preocupes…
Dos profundos gemidos salieron de las personas que estaban dentro de aquella habitación. Mariana no sabía qué hacer.
-          Yo…
Notó inmediatamente que Alessandra no estaba segura y lo decidió. Tocó fuertemente la puerta y corrió a esconderse en la esquina más cercana. Se asomó para ver si salían y efectivamente lo hizo Antón, quien se asomó y al ver que no había nadie intentó entrar nuevamente pero Alessandra salió rápidamente.
-          ¿Amor?
-          No, hoy no Antón. Lo siento –y salió corriendo.
-          ¡Alessandra! –al ver que la morena no regresaría, tan solo atinó a pasarse una ofuscada mano por los cabellos y dar un golpe a la pared–. ¡Ya caerás, maldita! Ya caerás y esa figurita de princesita de hielo se va a quebrar frente a toda la escuela. Ya lo verás Cardelli.
Y se fue con dirección contraria a Alessandra…y ¡con dirección hacia ella! Se movió rápidamente metiéndose a la primera habitación que encontró. Esperó unos minutos y se asomó a ver si el deportista ya se había alejado. Al comprobarlo salió rumbo a la fiesta.
En el camino pensaba en lo que había oído: Antón solo quería acostarse con Alessandra. Eso le hizo lanzar una maldición entre dientes.
Ella quería realmente a Alessandra y ni siquiera podía acercarse a ella. Sin embargo, ese maldito patán la tenia y solo quería llevársela a la…
Un sollozo detuvo sus pensamientos. Viró su mirada hacia la derecha y escucho otro provenir de la habitación que miraba.
-          Alessandra…
Miró hacia ambos lados y no vio a nadie. Entonces sin poder detenerlas, sus manos cobraron vida propia y abrieron suavemente la puerta.
-          ¿Quién está ahí?
Era la voz de Alessandra, quien no veía nada a causa de la oscuridad de la habitación y se notó un claro pánico en ella. Mariana cerró la puerta y se acercó lentamente al lugar de donde venia esa voz que amaba. Tanteando entre toda la oscuridad. Guiada solo por la certeza de seguir esa preciosa voz.
-          ¿Quién es? ¿Antón? –su voz se comenzaba a calmar.
Mariana intentó poner la voz más ronca que su delicada garganta le permitía y emitió un sonido con la garganta afirmando.
-          Por favor, ya hemos hablado de esto…yo…no estoy lista…yo…
Por fin la joven rubia se topo con lo que parecía la cama de la habitación y a tientas se fue acercando hasta sentir la tela del vestido de su prima. Se sentó frente a ella y silenció a la morena colocándole unos de sus dedos sobre sus delicados labios. Su corazón se disparó.
-          ¿Antón? –extrañada por el delicado gesto de su novio.
-          Shhhhhh –sin dejar de disimular.
-          Amor…
Mariana no lo resistió más. No fue dueña de sus actos, tomó las manos de Alessandra con cada una de las suyas y juntó sus labios a los de la hermosa morena de la cual, ahora confirmaba, siempre estaría enamorada. Lo último que escuchó fue la expresión de sorpresa de la chica que ahora besaba con pasión.
Su primer beso y tan intenso. Al principio sintió rigidez de parte de la morena. Pero segundos después, Alessandra soltó un gemido y eso descontroló Mariana. Tumbó en la cama a su prima, terminando el beso y reteniendo ahora las manos de la morena con una suya. La mano libre empezó a acariciar el rostro de su prima. Sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y al menos ahora podía ver la silueta de Alessandra. No le importó que ella también pudiera verla.
-          No eres Antón… –susurró la agitada morena pero sin hacer nada para desprenderse de la persona que la tenia atrapada entre su cuerpo y el suave colchón…de la persona que le había dado el beso más dulce de toda su vida y había provocado esa agitación en ella.
Al menos su amada morena ya sabía que no era el patán de su novio. Volvió a sus labios y con fiereza los devoró. Sintió la lengua de Alessandra tratar de invadir su boca y ella se lo permitió.
Pasión, fuego, mariposas, temblores…excitación. Todo lo que había hablado con sus amigas y más.
Dos gemidos salieron desde las profundidades de las gargantas de ambas chicas.
Y todo fue mágico, casi irreal…hasta que Alessandra liberó una de sus manos y tocó el pecho de Mariana. Entonces detuvo el movimiento de sus labios, los cerró y la rigidez en su cuerpo lo dijo todo.
La rubia sintió el brusco cambio y también se detuvo. Entonces se dio cuenta que es lo que había sucedido justo segundos antes que la morena la empujara con fuerza lejos de ella.
-          ¡¿Quién diablos eres?! –poniéndose de pie de un brinco.
Mariana estaba aún abrumada por el beso que acababan de compartir que no pudo reaccionar. No pudo correr ni detener a una confundida Alessandra, quien corrió hacia el interruptor de luz. Pero en un último segundo de lucidez, corrió detrás de la morena y la atrapó entre la pared y su cuerpo. Logrando aprisionar sus manos con las suyas.
-          ¡Eres una mujer! –susurró confundida Alessandra.
-          Shhhhhh –susurró en el oído de morena.
-          ¿Quién eres? –sintiendo un escalofrío al sentir el aliento de la rubia al lado de su oído.
Mariana depositó un beso en el cuello de Alessandra y la arrojó lejos de la puerta con una fuerza de no sabía dónde. Entonces abrió la puerta, salió y la cerró inmediatamente.
Alessandra se quedó atontada por unos segundos y cuando se pudo recuperar, se levantó rápidamente, salió de la habitación y miró ambos lados del enorme pasillo.
-          ¡Qué veloz! –sonriendo y salió corriendo por si la alcanzaba. Después de todo, no era que le hubiera desagradado pero si se había sentido un poco sorprendida y violenta. Pero…no le había desagradado.
Cuando llegó al salón de baile miró por todo lados, pero no pudo dar con alguien parecido a la silueta de aquella extraña que la había hecho sentir como nunca nadie lo había conseguido.
Miró al centro y vio a su rubia prima divirtiéndose de lo lindo con el aburrido de Fabricio. Se dio la vuelta, encontrándose frente a frente con su padre.
-          Miren que tenemos aquí. Mi preciosa hija –tomándola del mentón.
-          ¡Déjame! –con una rabia casi incontrolable brotándole por los poros.
-          ¿Qué pasa, hijita? ¿Por qué ese comportamiento? –sonriendo con sorna.
-          No me hagas responderte y suéltame –alejándose de su padre con pasos apurados.
Listo, solo encontrarse con su padre le había arruinado la noche. Recordar porque detestaba a Armando Figueroa le hacía tanto mal. Sacudió la cabeza y trato de borrar esas horribles imágenes de su mente. Ya lo había superado, se repitió muchas veces a ella misma. Era mejor irse a dormir antes de pescar una jaqueca de aquellas. Además, tampoco veía a Antón y si lo hubiera visto no creía tener fuerzas para discutir con él. Con un sonoro suspiro se retiró a la habitación que siempre le asignaban en la mansión de su abuela.

Casi al amanecer una agotadísima Mariana llegaba a su habitación y se derrumbaba sobre la cama.
-          ¡Dios! ¡La besé! ¡Y fue…increíble! –y se llevó sus dedos a sus labios–. Es el mejor cumpleaños de mi vida –sonriendo como tonta.
Sus ensoñaciones se vieron interrumpidas por unos toques en su puerta. Se levantó de un brinco y fue abrir. Eran sus padres.
-          Papi, mami –sorprendida.
-          Hola, princesa. ¿Podemos pasar? –preguntó Cesare Cardelli.
-          ¡Claro! –y se hizo a un lado dejando pasar a sus padres.
Una vez acomodados en los sillones de la gran habitación, Gabrielle tomó la palabra.
-          ¿Estás feliz?
-          Si, mami, claro que sí. Agotada pero feliz –recordando el beso robado a Alessandra.
-          ¡Qué bueno, mi amor! –declaró Cesare.
-          ¿Cómo no serlo si tengo los mejores padres del mundo? –arrojándose al medio de ambos.
-          Tu eres la mejor hija del mundo –dijo su madre besando sus cabellos.
-          Y por ello te tenemos un regalito más –dijo sonriendo su padre.
-          Pero todo lo que me han dado ha sido…demasiado…la fiesta, la banda, la ropa…papá, mamá… –sorprendida.
-          Hay algo más que sabemos deseabas pero no nos has dicho…como siempre –dijo Cesare.
-          Todo lo que quiero y necesito lo tengo papi –sonriendo y abrazando a su padre.
-          Ponte algo cómodo pero decente para salir, vamos. Te esperamos en la sala de recepción –decía Gabrielle nuevamente le dio un beso en sus cabellos y se retiró de la mano con Cesare.
La joven rubia se puso unos jeans, sudadera deportiva y tenis. Luego salió corriendo y encontró a sus padres esperándola. Ambos estiraron sus manos y la llevaron hacia el jardín trasero de la mansión. Ahí encontraron algo relativamente grande, tapado con una gran tela blanca. Cesare se acerco y lo destapo.
Mariana se quedó sin palabras y sus padres rieron por su expresión. Pocos se esperarían un Audi TT Roaster plateado como regalo de cumpleaños.
-          ¿Están bromeando? –con una cara cómica de incredulidad.
-          ¡No! ¡Vamos princesa! Ya tienes licencia, móntate que es tuyo –riendo Cesare. Había logrado la reacción que esperaba de su pequeña.
-          ¡No! ¡Esto es un sueño y no quiero despertar! –y cerró los ojos con fuerza.
Gabrielle estallo en risas y se acercó a su hija.
-          Marianita, princesita, vamos, es tuyo.
-          ¡Mami! –y se lanzó a abrazarla.
Luego se fue a abrazar igual de intenso a su padre que le dio sus llaves. Casi con miedo se acercó al auto y lo acaricio con cuidado, provocando risas en sus padres. Ella también sonrió. Estaba a punto de abrir la puerta y Cesare tronó los dedos.
-          ¿Papi? –la miró extraño–. ¡Lo sabía era broma! –con algo de decepción.
-          No, claro que no. Solo que nadie que tenga un descapotable se sube por la puerta. ¡Vamos brinca!
-          ¡Cesare! –le reprochó Gabrielle pero riendo.
Mariana sonrió e hizo caso a su padre.
-          ¡Genial! –luego hizo conexión de la llave en el arrancador, giró y se oyó el rugido del potente motor. El cansancio se le fue y despidiéndose con la mano de sus padres, salió de la mansión.
La pareja de padres sonrió y se dio un beso. Estaban felices de ver así de feliz a su pequeña. También sabían que Mariana no era imprudente y no iría lejos, solo probaría su regalo un rato y regresaría a descansar. Y no se equivocaron: una hora después oían al auto estacionarse frente a la entrada principal de la casa. Se abrazaron más fuerte y ahora si durmieron tranquilos, sabiendo que su princesa estaba a salvo en casa.

Mientras Mariana se ponía el primer pijama que encontraba a mano y caía en su cama con toda la gracia y elegancia de un costal de papas, pero con una hermosa sonrisa en su rostro. Hoy era feliz. Dios era bueno con ella.

Continuará...


6 comentarios:

marce dijo...

la beso!!!!, ya quiero saber que pasara en el siguiente capitulo....esperar con muchasss ganas!!!

Suki dijo...

wow! esta genialespero la continuacion!!

Narlyn Sanchez dijo...

genial a mi tambien me gustaria tener un regalo d cumpleaños d esos, me refiero a los dos, el regalo de los padres, y el q se dio asi misma x besar a la persona q ama

jenn dijo...

muy buen capitulo, lleno de muchos sentimientos encontrados ... gracias =D

japo dijo...

EXCELENTE CAPITULO !!! CUANDO SUBIERAS EL SIGUIENTE NO TE HAGAS ESPERAR

Melisa dijo...

Ya van dos findes y no sabemos de ti, se te extraña un montón... Una preguntita, creo haber leido que en google le habias dado caras a tus personajes, será q nos las puedes mostrar???... Saludes y escribes hermoso :)

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