¡Vaya! ¡Qué rápido se van los días! Cuando
menos lo espero ya se hacen semanas sin poder escribir y antes de meterme de
lleno a cierto asunto con mi alma mater…bueno aquí les traigo la conti :)
Por cierto ¿alguien me leyó la mente o
algo así? O.o! Me pusieron un comentario acerca de que pensaba Alessa del beso
y pues eso tocaba O.O! Ups, sorry por el spoiler xD
Bueno, quiero agradecerles sus
comentarios que siempre me motivan. Y también agradecerle a Mayito su
participación, ahora está algo ajetreada pero pronto nos regalará otro capítulo
de su increíble historia. Créanme cuando les digo que es AMAZING.
Buenos sin más, ojalá les guste esta
conti y pues pronto esto se pondrá un poco húmedo y NO, no me refiero a ESO
jajajaja enjoy it!
Como era de esperarse al día siguiente
el coliseo de natación no soportaba el ingreso de una sola alma más. Muchos se
quedaron fuera y los que pudieron ingresar luchaban por ocupar las primeras
filas de las gradas.
Gemma observó todo mientras esperaba a
Mariana al borde de la piscina. Sin
lugar a dudas su amiga era una estrella en la escuela. Todos las querían mucho.
Todos menos…
Miró al frente suyo, a unos cuantos
pasos, ahí estaba Alessandra Figueroa Cardelli, la adorada prima de su mejor amiga y su inseparable amiga Calynda.
Alessandra…el amor platónico de
Mariana.
¿Cómo era posible que Mariana siendo
como era: guapa, tierna, dulce, considerada e inteligente podría haberse fijado
en la altanera, malcriada, egocéntrica y perversa morena? ¡Mariana podría tener
a cualquier chica que ella deseara! ¡Pero no! ¡No! ¡Y no! Se había fijado en alguien
que apenas reparaba en ella desde hace tantos años.
Si, terca era una cualidad que debía
agregar a la lista de “particularidades” de su amiga. No tan inteligente, en
cuanto a relaciones, debería aclarar. Algo masoquista y ¡tonta!
Pero se acabaría. El próximo año la
morena prima de su amiga ya no estaría más en la escuela y ella podría
desplegar todo su arsenal en su inagotable tarea de seguir buscándole una novia
a su amiga. Porque ahora cada vez que lo intentaba, Mariana solo sonreía
amablemente a su amiga y se negaba a salir con nadie argumentando que aún
estaba bastante cómoda en el closet.
¡Había rechazado una cita con una de
las jóvenes modelos más cotizadas de una reconocida casa de modas! Una chica
inteligente, sofisticada, nada pretenciosa, fuera del closet pero sumamente
discreta.
¡No quería salir con nadie más que a
esa tonta ojiazul que tenía estaba delante de ella!
¡Corrección! Miró hacia la primera
grada y soltó un suspiro de resignación: Fabricio jamás se rendiría. El y su
inagotable fijación por Marianita lo llevaba a escenas como la que observaba
resignada: un enorme cartel apoyando a su amor. Lo más curioso era que él era el
único con quien su mejor amiga aceptaba salir.
¿Debía rendirse?
¡NO! No se graduaría sin haber
conseguido que Mariana se haya olvidado de Alessandra. Así tuviera que
emborracharla y…
¡Momento!
Miró a la morena y luego viró su
mirada hacia la salida de los vestidores para encontrarse con su mejor amiga
saliendo ya preparada para empezar la carrera.
Acababa de recordar que la rubia le
debía un chisme. Algo había sucedido en su cumpleaños que hasta ahora no había
podido decirle. Y era comprensible con todo el ajetreo que había habido en su
vida en los últimos meses: los compromisos, su familia, Chiarita, etc.
Pero esta vez no se salvaba. No señor,
tenía que decirle que había sucedido y por que había culpado al alcohol que
había ingerido.
-
¿Gemma? —escuchó
la suave voz de su amiga y cuando salió de su trance se dio cuenta que tenia a
la rubia delante suyo.
-
¡Lo siento! —se
espabiló y empezó a ayudar a su amiga a prepararse.
-
¿Sucede algo?
Estabas algo distraída cuando entré —sonriendo comprensivamente, quizás su
amiga estaba algo cansada de despertarse tan temprano solo para complacer un
capricho de ella.
-
No, no te
preocupes. Solo me quedé pensando.
-
¡Oh! ¿Todo
bien?
-
Sí, todo
perfecto. Ahora solo concéntrate en patearle el trasero a tu primita y luego yo
invitaré el almuerzo.
-
Eso suena muy
bien. Ojalá pueda ganarle —mirando a su
prima—. Sé que no ha estado entrenando mucho aquí pero…
-
¡Olvídate de eso!
¡Solo preocúpate por ti! ¡Debes ganar otra vez y ya no te podrá volver a
molestar! —tomó a la rubia de ambas mejillas y continúo— ¡Concéntrate!
-
Si, gracias —sonriendo
y acercándose hacia el borde de la piscina, tomando su posición.
Gemma, a la par que Calynda, corrieron
al otro borde de la piscina para poder recibir a sus amigas. Ambas prepararon
sus cronómetros, segundos después se oyeron un silbato y dos golpes contra el
agua.
El público enloqueció, si antes el
ruido era ensordecedor, ahora era incontrolable. Imposible pasar desapercibido
por nadie….
Las dos primera vuelta se habían
completado y ahora ambas empezaban la tercera. Nadie podía decir nada
definitivo aún: ambas iban muy parejas y ninguna perdía el ritmo. Disputaban
codo a codo cada centímetro de aquella enorme piscina.
Sin embargo, al iniciar la última y
decisiva vuelta, Gemma notó como Alessandra empezaba a perder el ritmo. Dar
todo de sí habiendo regresado hacia muy poco a entrenar, le estaba pasando
factura. No se sorprendería que terminara con un gran calambre al finalizar el
reto.
Se espabiló al sentir una mano sobre
su hombro, viró su mirada hacia el mismo y halló una delicada mano de piel muy
blanca y largos dedos. Tragó saliva muy fuerte y miró a Calynda quien también tenía
la misma expresión que ella. De forma sincronizada elevaron sus miradas y se
encontraron con la severa mirada de la entrenadora del equipo de natación.
Quien con ronca voz anunció:
-
Es un empate —y
se acercó al borde para mirar como sus pupilas sacaban del agua sus torsos para
empezar a tomar aire.
Ambas se veían sumamente agotadas. Sin
embargo, fue Mariana la primera en reaccionar y darse cuenta de quien estaba
frente a ellas.
-
Entrenadora —con
un nudo en su garganta.
Alessandra al oír ello, levantó
rápidamente la mirada y solo pudo tragar saliva fuertemente.
-
A mi oficina.
A-H-O-R-A —para luego ponerse de pie y retirarse del coliseo.
Gemma se acercó a su amiga y la ayudó
a salir del agua para luego acompañarla a ponerse presentable.
Quince minutos después ambas primas
estaban en la oficina de la entrenadora mirándose de reojo mutuamente mientras
esperaban que la pelirroja deportista que las entrenaba empezara a hablar. Y
por supuesto dejara de mirarlas con esos ojos que podrían atravesarlas si así
lo desearan.
-
Alessandra
Figueroa y Mariana Cardelli. Las primas estrellas del club de natación.
Sorpresas que da la vida, ¿verdad? —sin dejar de mirarlas.
Ninguna dijo nada. Respetaban
demasiado a la mujer que tenían delante y solo se limitaron a bajar la mirada.
-
¿No dirán
nada? —sonriendo tenebrosamente.
Mariana tragó saliva fuertemente y
haciendo de tripas corazón inició.
-
La semana
pasada decidí retar a Alessandra. Creí que ya estaba en la capacidad de asumir
la capitanía del club. No hemos cometido ninguna falta al reglamento. Esta
permitido hacerlo. Entonces la vencí —diciendo esa palabra muy bajo— y como se
lo dije en ese momento eso demostraba que podía tomar las riendas del equipo.
Eso fue todo.
-
Es correcto
Mariana. Pero ¿qué pasó ahora?
-
Bueno… —se
quedó sin habla.
-
No quiero
irme de la escuela sin la capitanía del equipo. No lo haré, no puedo
simplemente sentarme y mirar como ella se lleva todo el crédito. He trabajado
demasiado para lograr todo lo que he logrado y dejar un legado muy grande en
este club. Por eso la reté nuevamente. Solo quería recuperar mi liderazgo.
La entrenadora sabía que ambas tenían
razón. Tenía dos líderes delante de ella y siempre supo que tarde o temprano
esto pasaría. No había mejores que ellas. Era normal competir por el liderazgo
del equipo siendo ambas buenas y más aún sabiéndolo.
Sonrió.
-
Se olvidaron
de un detalle señoritas Cardelli.
Ambas levantaron la mirada
preocupadas, luego se miraron extrañadas y volvieron a mirar a la entrenadora
con una clara expresión de confusión en el rostro.
-
Se olvidaron
que quien toma la decisión final es la persona que tienen delante de ustedes.
Quien decide autorizar un reto es esa misma persona. Y finalmente, quien lleva
las riendas de este equipo es ni más ni menos esa misma persona. Y por último —les
sonrío de manera triunfante— no pueden haber retos entre espacios menores de
dos meses. Es decir, mis estimadas, que si bien la mayor cantidad de reglas que
han quebrado ha sido de nivel bajo. Esta última es la más grave. ¿Qué creen que
debería hacer?
El silencio reinó durante treinta
incómodos segundos. Hasta que Mariana soltó un suspiro de resignación, tomó su
maleta, sacó la chaqueta y la extendió hacia la entrenadora.
-
Alessandra
tiene razón. Ella ha trabajado arduamente para lograr el cargo que tenia y el nivel
de rendimiento que ostenta. A mí me falta un poco para alcanzarla. Si hoy he
podido alcanzarla es porque ella ha dejado de entrenar algunos días de la
semana pasada por circunstancias ajenas a ella. Y la vez anterior pudo haber
sido un poco de suerte. Dejo el cargo a disposición para que usted, como
autoridad que es, pueda tomar la mejor decisión para el equipo. Incluso,
prescindir de mí. Alessandra tiene derecho a disfrutar de su último año. Se lo
merece —y no dijo más.
La entrenadora tomó la chaqueta entre
sus manos y la observó. Mientras, la morena se quedó muda mirando a su prima.
Nunca se esperó esa reacción. Mariana prácticamente había dado un paso al
costado y…
-
¿Nada que
agregar Alessandra? —dijo la entrenadora llamando así la atención de la morena.
Alessandra tomó aire y comenzó.
-
Si bien es
cierto que he dejado la piel por este club, eso no excusa y debo admitirlo: me
he pasado y he faltado al estatuto que juré cumplir al ingresar. Creo que solo
me resta decir que me atengo a la decisión que usted tome entrenadora.
Respetaré la misma, sin ninguna objeción.
Mariana solo sonrió para sí misma.
Todo era inútil. Debía de haberse hecho a la idea hacía mucho tiempo:
Alessandra no le daría ni un minuto de paz y tampoco ni un minuto de atención.
Prácticamente se había inculpado de todo y ella solo admitió que se pasó de la
raya, omitiendo el incidente que había desencadenado todo esto. Suspiró y
espero la decisión de la entrenadora. Solo acataría. No se defendería ni nada
por el estilo.
-
Son mis
mejores referentes y por ello aunque tenga ganas de sumergirlas en mi piscina
hasta que sus pulmones supliquen piedad…no las expulsaré a ninguna de las dos.
La cara de ambas fue un poema:
totalmente sorprendidas de las palabras de entrenadora.
-
Eso no
significa que esto se quede así —mirándolas suspicazmente.
Ambas tragaron fuerte, a pesar del
alivio de saber que no las iban a expulsar, sabían que la gracia no les iba a
salir gratis.
-
Van a ser
asistentes del equipo durante el resto de la semana y quiero que esto se quede
aquí. No quiero más problemas porque sino las arrojaré a un enorme rio de algún
lugar de la Selva en época de celo de pirañas —sonrió al ver
la cara de susto de ambas chicas, sabía que era la versión italiana de Sue
Silvester y estaba orgullosa de ello—. Ahora retírense.
-
Gracias —murmuró
Alessandra.
-
Gracias,
entrenadora —agregó Mariana.
Ambas se levantaron, tomaron sus cosas
y cuando estaban a punto de cruzar la puerta…
-
Pequeñas
alborotadoras olvidan algo.
Ambas se volvieron asustadas y vieron
a la entrenadora observando la chaqueta de capitana como si fuera el anillo
único. Luego sonrió y la arrojó hacia ellas.
-
Toma,
Figueroa. Disfruta estos últimos meses a cargo del equipo. Quiero la medalla
nacional el próximo mes y sin esto no podrás ni acompañarnos. No hagas que me
arrepienta de esta decisión —dijo severamente.
Alessandra había tomado en el aire la
chaqueta y ahora la miraba con absoluta adoración. Mientras Mariana estaba ya a
punto de irse cuando oyó su apellido.
-
¡Hey, Cardelli!
No he dicho que te puedas retirar.
-
Lo siento
entrenadora —volviéndose a verla nuevamente.
-
Prepárate
para seguir con la racha de triunfos que vienes trayendo y más. El próximo año
serás tú —y mostró una imperceptible sonrisa—. ¡Ahora largo, par de alborotadoras!
Y ambas salieron disparadas de la
oficina de aquella leyenda de la natación, antes que algo la hiciera cambiar de
opinión.
Un minuto después y lo suficientemente
lejos como para que la entrenadora las alcance, se detuvieron, totalmente
agitadas de las carrera que se habían dado.
Alessandra se apoyo su frente contra
la pared más cercana y Mariana se detuvo tomándose el vientre con la mano, el
flato le empezaba a fastidiar.
-
¿Fuera de
forma, Marianita? —dijo con sarcasmo Alessandra en medio de su agitación.
-
No
hables…tanto —respondió entrecortadamente la joven rubia.
-
Creo que ha
sido porque nos echamos esta carrera sin calentar. Seamos indulgentes con ambas
por esta vez —volviéndose a ver a su prima y sonriéndole después de tantos
años.
-
Yo… —sin
poder creerse lo que veía: la hermosa sonrisa de Alessandra nuevamente dedicada
para ella. Un nuevo retrato ocuparía un lugar especial en su taller hoy mismo.
-
Mantengamos
la fiesta en paz y concentremos en ganar las nacionales del próximo mes. No
queda mucho y debemos entrenar tanto como podamos —mirando aún con desconfianza
a Mariana.
-
Si, cuenta
conmigo —sonriendo tontamente.
Unos segundos de silencio y Mariana
entendió que era hora de darle espacio a su prima. Iba a reanudar su camino
cuando la voz de la morena la detuvo.
-
Gracias por
lo que hiciste ahí…yo…
-
No, no. Ni lo
menciones. Solo fue…
-
Nadie en su
sano juicio hubiera hecho eso. ¿Por qué? —mirando extrañada a la rubia que
tenía en frente.
-
Yo… —y desvió
la mirada hacia otro lado. ¿Cómo podría decírselo? No había forma.
-
¿Tú? —insistiendo.
-
Solo no
quería que por una cosa así perdieras tu último año en el club. Es cierto lo
que dije allí —señalando en dirección de la oficina de la entrenadora—: se que
has dejado la piel en este club. Lo sé porque yo también lo he hecho. No sería
justo que no disfrutes del fruto de todo tu trabajo. A mi aún me queda un año
aquí, podría haber convencido de alguna forma a la entrenadora que me volviera
a admitir si es que me expulsaba. Eso es todo —encogiéndose de hombros,
restándole importancia al tema.
Alessandra no sabía que decir. Nunca
se esperó una acción tan gentil de parte de su prima. No la creía capaz de…no sería
capaz de una acción así, no debería
estar en su naturaleza. Sintió un poco de vergüenza porque ella sí que nunca
hubiera sido capaz de algo así. Menos aún teniendo en cuenta como se llevaban.
-
Gracias —susurró
con voz entrecortada.
-
No tienes
porque —sonriendo, aunque por dentro estaba derritiéndose. ¡Estaba llevando una
conversación civilizada con Alessandra! —. Me retiro, tengo que ir a clases. Cuídate
—dirigiéndose a su salón.
-
Sí, nos
vemos. Oye —cuando Mariana la miró, continuo— por favor, saluda a Chiarita de
mi parte. Dile que pronto iré a verla —algo apenada de no haber visitado mucho
a su nueva primita.
-
Claro, se lo
diré. Ella…siempre se pone contenta cuando te ve.
-
La iré a ver
pronto. Nos vemos —y tomó el pasadizo que la llevaría a las bibliotecas.
-
Nos vemos —con
una sonrisa de ponqué que sabia no se le quitaría en muchos días.
Horas más tarde en el taller de
trabajo de la casa de la joven rubia, esta se encontraba bosquejando la imagen
de la mañana. Trazaba y trazaba como posesa sin reparar mucho en la joven
castaña que la miraba cada vez más molesta.
Gemma solo resistió quince minutos de
indiferencia y luego la tomó por los hombros llamando así su atención.
-
¡Hazme caso!
¡Llevó quince minutos mirando tu insana manía de trazar y trazar la cara de tu
primita y sinceramente ya me estoy cansando!
Mariana se sorprendió tanto que soltó
el carboncillo que estaba usando para dibujar el boceto de su nuevo cuadro. El
cual cayó al suelo y se quebró en muchas partecitas.
-
Lo siento —se
disculpó Mariana, soltándose delicadamente y procediendo a recoger los pedazos
de su herramienta—. Sabes que pierdo el sentido cuando estoy aquí y esta vez me
pase.
-
Sí, me
dijiste que querías decirme que había pasado en la oficina de tu entrenadora.
De eso me di perfecta cuenta porque todo el día has estado en otro mundo. ¡Me
tienes en ascuas! —llevándose las manos a la cabeza en claro gesto de
desesperación.
Mariana se rió y dejó los pedazos de
su carboncillo en su mesa de trabajo.
-
Ahora si te
contaré todo.
-
Incluyendo lo
que pasó en tu fiesta —y notó claramente su amiga se sonrojó en extremo—.
¡Dios! ¡Llevo esperando eso hace tiempo! ¡Ahora si vas a hablar! —cruzando los
brazos y mirando a la rubia fijamente.
-
Sí, creo que
es hora de sacarlo de aquí —señalando su cabeza—. Ya no puedo yo sola con todo
esto —tomando asiento en clara actitud de cansancio.
Gemma se sentó frente a ella dispuesta
a oírla.
-
¿Por dónde
quieres que empiece? —preguntó Mariana.
-
Por donde te
sientas más cómoda —comprensiva.
-
Será mejor lo
de hoy.
-
Está bien.
-
La
entrenadora…
Mientras en casa de Alessandra, más específicamente
en su habitación.
-
¿Estás segura
que estás hablando de la misma entrenadora que tú y yo conocemos? –preguntó sorprendida
Calynda.
-
Si, esa
misma. La versión italiana de Sue Silvester —sintiendo un escalofrío al
recordar a esa mujer de pesadilla que había visto en una conocida serie
estadounidense, pensó Alessandra.
-
¡Yo creí que
las iba a expulsar a ambas! ¡Tenía la cara de Depredator cuando llegó a la
piscina! ¡SU piscina olímpica! ¡Casi
me da un infarto! —llevándose una mano hacia el pecho, a la altura de su
corazón.
-
Si también vi
tu cara —dijo riendo Mariana.
-
¡Y yo la tuya
mi estimada! —indignada—. Bueno al final
y al cabo su decisión creo fue la más sana. Sin ti y sin…sin…sin…
-
Alessandra,
Gemma, Alessandra —riendo— vamos no es tan difícil.
-
Si, si esa
misma. Sabes que no paso a tu prima ni aunque le pongan helado de frambuesa
encima.
-
A mí tampoco
me cae mucho esa tal Gemma, pero debo admitir que por lo que me cuentas cuando
se trata de ayudar a mi prima es capaz de todo —pensativa.
-
Sí, me estaba
hablando acerca de las posibles estrategias para ir en rescate de ustedes.
Claro que su principal preocupación era tu rubia primita pero estaba dispuesta
a aliarse conmigo incluso para salvarte a ti, si eso implicaba rescatar a
Mariana —sonriendo.
-
Bueno, no fue
necesario que se inmolen por nosotras. La entrenadora reconoció que somos
necesarias y por eso…
-
…nos perdonó
la vida —no creyó necesario mencionar el asunto de las pirañas.
-
Ya estaba yo
coordinando mi inmolación en nombre del equipo de natación junto con la amiga
de…tu prima…
-
¿Cómo así? —riendo.
-
Cosas —ante
la mirada de interrogación de la rubia, explicó—. Estábamos planeando como
rescatarlas o al menos convencer a la entrenadora de que sin ustedes su equipo
se iría al tacho.
-
¡Qué
ocurrencia! ¡Pensabas convertirte en mártir! —horrorizada.
-
Valía la pena
si el equipo conservaba a las dos—mirándola fijamente. Si bien ella no era
parte del equipo, era asistente y siempre había apoyado a su amiga.
-
Gracias —y
abrazó a su amiga.
-
No tienes
nada que agradecerme. Era lo menos que podía hacer —devolviéndole el abrazo a
la morena.
-
No, no es así.
Pero gracias, te quiero mucho amiga.
-
Y yo a ti,
pequeña —dándole un pequeño beso en la oreja y separándose—. Ahora a lo serio,
me debes un chisme desde hace mucho.
-
¿Yo? Pero si
te cuento todo —sorprendida.
-
¡No te hagas
la tercia! ¡Me dijiste que algo pasó el día de tu fiesta de cumpleaños cuando
te desapareciste! —indignada.
-
¡Oh, eso! —poniéndose
nuevamente roja.
-
¡Rayos! ¡Debe
ser fuerte! Van dos veces que te pones como tomate —señalándola—. ¡Oh vamos! ¿A
quién mataste? ¡Dímelo! —riendo.
-
No…no se
trata de eso…yo…no sé como decírtelo… —visiblemente avergonzada.
-
¡Diablos,
Mariana! ¿Qué pasó? —empezando a asustarse.
-
Yo… —tartamudeando
y sin saber cómo comenzar.
-
No me digas
que te pasaste a mi equipo —luego se puso pensativa y negó con la cabeza—. No,
eso no sería posible, Fabricio estaba en la fiesta buscándote como loco
mientras trataba de disimular y tu prima ¡nooooooooooooooooooo!
Mariana puso cara de culpabilidad y
Gemma empezó a maquinar miles de cosas en su cabeza. Lo mismo que Calynda.
-
Te
desapareciste cerca de una hora…junto con el-que-no-debe-ser-nombrado pero lo
vi irse como veinte minutos antes que tú aparecieras. Y no estaba precisamente
feliz —mirando fijamente a su amiga y notando su evidente cara de culpabilidad.
-
Es obvio, por
lo que te conté, que ese día no pasó nada. Pero…
-
¿Pero? —mirando
más fijamente a los azules ojos de su amiga.
-
Pasó algo que
jamás me esperé… —mirando hacia un punto inexistente, recordando la sensación.
-
Dime que…que
no es lo que estoy pensando…yo vi irse al fenómeno-de-testosterona-ex-novio-de-tu-prima
y estaba como toro en rodeo. Salió atropellando a todo aquel que se cruzara en
su camino. Pero antes había desaparecido junto con tu prima —hablando más para
ella que para Mariana y sacando sus propias conclusiones—. Luego tú te
desapareciste y sospeché que fuiste detrás de ellos —volviendo a mirar a su
amiga.
-
Fui detrás de
ellos —tragó saliva fuertemente y continuo—. Bueno…basta decir que cuando los
encontré fue en una de las habitaciones de huéspedes y…
-
Él quiso…ya
sabes…ese día…pero yo no pude…aún no estaba segura. Es más nunca lo estuve —riéndose
de sí misma—. Pero sonó la puerta, alguien tocó y nos interrumpió. El cobarde
se asustó tanto que brincó casi hasta el techo —ahora riendo en clara burla—. Fue
a abrir con su cara de no haber hecho nada y no había nadie.
-
Corrí lo más
lejos que pude y el fenómeno abrió la puerta. Al no ver a nadie, ese intentó
regresar a la habitación pero vi que Alessandra salió corriendo. Fue cuando
supe que el solo quería…eso con ella.
-
¿Cómo? —sorprendida.
-
Lo dijo en
voz alta y yo lo oí. Dijo que ya iba a caer y esas cosas —visiblemente
incómoda.
-
Salí corriendo
y me metí en el primer cuarto que encontré cuando lo perdí de vista. Luego de
unos minutos escuché que alguien entró y me volví asustada.
-
¿Qué hiciste
qué? —sorprendida.
-
Me metí al
cuarto del cual escuché su llanto —avergonzada—. No me arrepiento porque…
-
No sé cómo
empezó…no sé ni siquiera quien es…solo que…al inicio pensé que era él, pero
después me di cuenta que no. El nunca me había besado así…
Y ambas dijeron al mismo tiempo…
-
…fue…increíble…
Continuará...

4 comentarios:
Discúlpame por la sgte expresión, pero: No jodás, cómo lo vas a dejar ahí, no es justo que esperemos con tantas ansias para que nos dejes con unas ansias peores... Debo confesar que no entiendo por qué a Mariana le gusta tanto Alexandra, ps, coincido con Gema, debe ser una masoquista... Gracias por responder mi pregunta acerca del beso, aunque claramente quiero que Alessandra hable más de sus sentimientos... Espero que cuando hablas de húmedo, no sean lágrimas, y por fa, no nos dejes mucho tiempo con la duda de por qué Alex no quiere a Mari, ps, si van apenas 5 capítulos y yo ya estoy totalmente enamorada de su carácter... Bueno, sin más, feliz noche; gracias por hacerme trasnochar para mi trabajo... Saludos desde Colombia
Heyyyy, gracias Melisa! Tus comentarios siempre me caen muy bien! De por si, me gusta que preguntes por algunos temas porque me ayudas a no descuidarlos =D A veces a uno se le pasan cosas por las emociones del momento y comentarios como los tuyos son muy apreciados. En general, a todos los que me preguntan por dudas o cosas en particular deseo darles las gracias porque me ayudan a que la historia no quede con cabos sueltos. Ya saben que los comentarios son como la gasolina del motor de la inspiración y ustedes son los que las ponen =D
Muchas gracias por seguir leyendo =D prometo intentar no demorar
PD: No hay nada que disculpar, entiendo que es una expresión del momento XD
Joder sii definitivamente nos dejastes con muchas pero muchas ganas d saber q pasa en el siguiente capitulo no es justo >_<... Bueno Melisa tiene razon ya es hora d saber xq alexandra no quieres a mariana ^^ ... Bueno cuidate mucho y espero con mucho gusto el siguiente capitulo, besos bye
hola, ojala que subas pronto un capitulo mas !!! espero con muchas ansias escribes super !!!1
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