¡Hola! Si, sé que he demorado un poco en publicar pero queria darles tiempo para que puedan degustar tranquilamente Amarte asi...y bueno ahora regreso con una nueva historia. Una historia independiente.
Una historia que hacia mucho venia dando vueltas en mi cabeza. Mariana y Alejandra son personajes recurrentes en mi cabeza. Bajo muchos contextos siempre han estado presentes. Esos dos nombres me suenan con una química impresionante en mi cabeza. ¿Por qué? No lo se. Incluso alguna vez me puse a buscar rostros en internet y hallé dos perfectos. Y desde aquella vez, ambas tienen rostro y figura en mi mente.
Ojalá esta historia tenga alguito de la misma atención que tuvo Amarte asi y bueno, ojalá les guste.
No prometo actualizar pronto pues mi ritmo es leeeeeento, lo saben los que me siguen desde algunos años atrás en otros foros jejeje. Pero siempre termino lo que empiezo :). Además, en twitter siempre me hallaran divagando acerca de que publicar, claro no siempre, pero a veces lanzo spoilers jejeje
Sin más, con ustedes "Una lejana estrella azul", enjoy it!
Y de pronto un día
me descubrí quemándome
entre las azules llamas heladas
de tus maravillosos ojos...
Una lejana estrella azul
A veces los caminos de la vida nos llevan entre pasajes que terminan en puntos en los cuales jamás pensaste estar. La vida es un sinfín de historias, cíclicas y no consecuentes. Se repiten y entremezclan como telarañas antiguas en un viejo desván.
El viejo desván. Quien sabe porque había terminado ahí. Simplemente llegó y al no encontrar a nadie en casa y dirigirse a su habitación vio aquella puerta que…
Sus pasos la guiaron hasta ahí, tomó la manija y giró. Riendo por el descuido, entró y se encontró con un paisaje impecable. Sin duda, las personas que la ayudaban en casa eran muy cuidadosas con la limpieza de la casa.
Sin embargo, había un aroma a antigüedad y nostalgia que emanaba desde los viejos libreros y baúles que se amontonaban por la habitación. Uno de ellos captó su atención y se acercó a él. Tomó la tapa con ambas manos y encontró lo esperado.
Un extraño sentimiento se apoderó de ella. Quizás algo de miedo, emoción, alegría. No lo sabía, pero ese nudo que sentía en el pecho estaba a punto de ajustarse más a medida que sus manos conseguían sostener el álbum de fotos de la familia. Pero no el oficial, ese estaba en posesión de su nona. Este álbum era el no oficial de los Cardelli, pero era el que reflejaba toda su historia. Era el oficial de su rama de la familia. Su familia. Suya.
Respiró profundo y abrió la gruesa tapa que salvaguardaba el preciado contenido. Y en la primera foto estaban ellos, abrazándola, fuertemente. Protegiéndola como si fuera su más preciado tesoro. Casi pudo sentir la sensación nuevamente.
- Los extraño mucho –susurró suavemente mientras acariciaba la foto de aquellas dos personas que le habían dado tanto pero que la vida se había encargado de arrebatárselos de forma tan violenta–. Si pude construir mi propia historia.
Cerró los ojos y empezó a recordar el inicio de todo. El inicio de su propia historia.
El inicio de esta historia…
Un nuevo año empezaba y la casa de los Cardelli podía dar cuenta que la familia se encontraba nuevamente en uno de sus mejores momentos. El champagne y la comida iban y venían fluidamente por todo el salón de recepciones de aquella gran mansión.
Nada podía fallar. Nada que estuviese en manos de Isabella Caruso viuda de Cardelli debía fallar. No por nada había llevado ella misma las riendas de aquella familia y desde que se convirtió en viuda, también las riendas del negocio familiar. Corporación de Textiles Cardelli era y había sido durante los últimos 40 años una de las organizaciones más poderosas a nivel de muchos países. E Isabella Cardelli tenía toda la intención de hacer que eso mejorara. Las nuevas generaciones estaban siendo entrenadas especialmente en ello.
Nunca había sido conformista y se preciaba de siempre haber tenido la cabeza fría para los negocios. Incluso cuando su esposo, el desaparecido Giuseppe Cardelli, aún estaba al frente de todo, ella siempre lo apoyó de manera invaluable. Sin el trabajo conjunto nunca hubieran podido construir tanto. Trabajo conjunto y en familia. Porque si bien Isabella Cardelli, o la nona como la llamaban sus adorados nietos, era una mujer de hierro en los negocios, con su familia era otra persona.
La familia era lo más importante. Siempre, por encima de todo.
- ¿Mamá?
La voz de su hija menor la sacó de sus pensamientos.
- ¿Cinzia, qué sucede, mi amor? –sonriendo al ver a su preciosa hija ya hecha una mujer hecha y derecha. El negro cabello, los ojos azules y tez blanca sin llegar a ser pálida. Todos los rasgos que identificaban a un Cardelli.
- Solo me preguntaba porque estás aquí, tan alejada. ¿Te encuentras bien? –acercándose y acariciando la mejilla de su progenitora con algo de preocupación.
- Claro que no, mi amor. Todo está bien. Solo salí a tomar un poco de aire. La fiesta está excelente. Te felicito como siempre –sonriendo y besando la blanca mano de su hija.
- Gracias, me esforcé mucho. Me alegro que te guste –suspirando de alivio.
- Sin embargo, debo preguntarte también si estás bien. Pareces agotada. ¿Deseas conversar de algo? –tomando la mano de su hija entre la suya y viendo la vacilación en los ojos de Cinzia. Aquello se lo dijo todo–. ¿Problemas con Armando? –y al ver la tez roja de su hija las dudas se disiparon.
- Son cosas que suelen pasar en los matrimonios, mamá. No pasa nada, lo solucionaremos –sonriendo tristemente.
- ¿Qué pasa Cinzia? Puedes hablarme de ello –conteniendo los deseos asesinos de ir a por su rubio yerno y obligarlo a confesar que estaba pasando. ¿Otra mujer, quizás? Se las vería con ella.
- No te preocupes -sonriendo–. Pasará, es la tensión del cierre del año, seguramente y…
- No te obligaré a hablar de ello, mi pequeña. Porque es obvio que no estás preparada para hacerlo pero…
- No te preocupes, ¿volvemos?
- Si –tomando las dos manos de su hija, las besó e ingresaron nuevamente al gran salón a disfrutar de todo.
- ¡Nona! ¡Nona!
Tan solo pisar la entrada al gran salón, fueron recibidas por una horda de jóvenes y niños llamando la atención de Isabella. A la cabeza, como siempre, iba Mariana. La prima intermedia pero a la que todos los menores seguían como líder. La mirada de la hija de Cesare Cardelli, segundo hijo de Isabella, robaba suspiros allá por donde iba, debido a su carácter dócil y de fácil trato. Con tan solo 15 años ya demostraba todo el porte, belleza y orgullo de su apellido. Lo único que no portaba era la apariencia pues su cabello rubio y ojos grises la hacían sumamente diferente a todos sus primos. Todos lo atribuían a la herencia genética de la esposa de Cesare, Gabrielle. El secreto era muy interno en la familia. Muy interno. O eso creían los adultos Cardelli.
- ¡Nona! –corriendo a abrazarse de su adorada abuela.
- Mi pequeña lucecita –siempre llamaba así a su rubia nieta. Pues a pesar de todo la quería igual que a todos sus demás nietos–. ¿Te estás divirtiendo mucho? –acariciando suavemente la larga melena de la joven.
- ¡Sí, claro que sí! ¡Muchas gracias tía Cinzia por esto! ¡Es increíble! ¡Cada año nos sorprendes más! –y corrió a los brazos de su tía, quien la recibió gustosa.
- Me alegra mucho que estén todos contentos –Cinzia también había sucumbido ante el carácter de esa niña.
De lo que no se daba cuenta Cinzia, ni nadie más, era de aquella azul mirada algo alejada que observaba aquella escena totalmente disgustada. No le gustaba compartir con nadie a su madre y mucho menos con Mariana. Detestaba a esa niña y solo ella sabia porque. ¿Es que acaso nadie se daba cuenta de lo hipócrita que era? Era una falsa. Tan falsa como su padre.
Sin embargo, no pensaba dejárselo así de fácil. Se acerco algunos pasos a su nona y la abrazó fuertemente.
- Alessandrita, ¿dónde te habías metido? –acariciando el rostro de su nieta dos años mayor que Mariana.
- Estaba en la biblioteca descansando un poco nona –dándole un genuino beso de cariño a su abuela.
Tan solo oír aquella ronca voz, tanto Cinzia como Mariana volvieron la vista y sus miradas quedaron prendidas de la joven y preciosa morena de ojos azules que estaba abrazada a su abuela. Los grises ojos se iluminaron y sonrió. Su prima era realmente hermosa, la más bella de todos los Cardelli, la chica más popular en la escuela y la mejor en todo. Pero en ocasiones como aquella cuando Alessandra, mientras abrazaba a su abuela fuertemente, la miraba con esa profunda agresividad le daba un poco de miedo.
Entendió la mirada y se separó lentamente de los cálidos brazos de su tía, quien se extrañó solo hasta sentir los brazos de su propia hija alrededor de ella y sonreír pletórica, mientras la besaba en la morena cabellera. Igual que la de ella.
Mariana observó la gran sonrisa de su tía Cinzia y la felicidad de Alessandra, cuando dejó de centrarse en su persona, para solo amar a su madre. Entonces sonrió y se volvió a ver como todos sus demás primos estaban alrededor de su abuela, dándole todo el amor y cariño que tenían.
Pensaba que gran bendición había sido nacer en una familia tan unida y amorosa, cuando sintió un brazo rodear su hombro. Se volvió para encontrarse con los azules ojos de su primo Fabricio, quien le sonreía ampliamente. Entonces apoyó su cabeza en el hombro de él y continúo observando la familiar escena.
Horas después todos disfrutaban del gran baile que se daba en el salón. Todos los miembros de la familia Cardelli disfrutaban de la música de la gran orquesta que había sido contratada por Cinzia. Y Mariana no era la excepción. Fabricio no había perdido la oportunidad de bailar con ella durante toda la noche. Era claro el interés de su joven primo.
- No parece que disfrutes mi presencia. ¿Estoy en lo cierto Mariana? –mirándola fijamente a los ojos.
- No, claro que no –sonriendo y evitando la mirada de su primo por unos segundos. Después lo miró y le aclaró–. Solo estoy un poco cansada y… –se detuvo al ver como Alessandra salía discretamente con dirección hacia los jardines, con su teléfono móvil en las manos.
- ¿Mariana? –tocándole el rostro para llamar su atención.
- Lo siento, Fabricio solo es un poco de cansancio. Después de todo son las cuatro de la mañana y ya ves que esto parece seguir de largo –sonriendo pero con la cabeza puesta en su prima.
- Bueno y yo no he ayudado tanto. Hemos bailado toda la noche –dándole su mejor sonrisa.
- ¡No! Como crees –riendo de la ocurrencia del chico.
- Entonces Mariana, ¿crees que ya te habrás recuperado para mañana si te invito al cine? –esperanzado en que esta vez le diga que sí.
- Fabricio –deteniéndose para pensar que decirle– sabes que somos primos y…
- No es cierto. Somos primos pero no de sangre, mi padre es hermano de la esposa de tu tío Andreas. Lo que hace que…
- Si, lo sé. No tenemos lazos consanguíneos, pero no…
- Solo dime que no estás interesada –riendo para suavizar la situación.
- ¡Tú sí que sabes cómo convencer a una chica eh! Por eso las traes así a todas en la escuela.
- Pero mi interés solo está en una joven y preciosa rubia que cumplirá dieciséis años dentro de un mes. Y espero ser su pareja toda la noche. A su vez espero que ella me acompañe a mi baile de graduación.
- ¿Sabes que serias buen vendedor? No entiendo porque has elegido medicina. Harías un gran trabajo en la empresa de la familia.
- ¿Le interesa la oferta, señorita Cardelli? –llevándola lentamente por todo el salón al ritmo de la música.
- Yo…
- Solo di si –deteniéndose suavemente y acercándose lentamente a los labios de la joven.
- Yo… –volvió el rostro para evitar el contacto– lo siento Fabricio. Vayamos lento, ¿si? Yo no…
- Sé que no estás interesada en mí. Eso es obvio –un poco dolido– pero no me rendiré. No lo haré hasta que usted señorita Cardelli sea la señora Caracciolo en unos años adelante –y continúo llevando a una Mariana sorprendida a través de la pista.
¿Quien a los quince años podría imaginar casarse? Pensaba Mariana mientras se dirigía hacia el lugar que había visto ir a Alessandra. Se había logrado liberar de Fabricio cuando este fue llamado por sus padres para retirarse.
Adentrándose a través de los jardines de la enorme mansión, pensaba que podría estar haciendo Alessandra tan alejada de la fiesta. Sin bien ya habían bajado el ritmo y el festejo estaba pronto a terminar, era raro que no estuviera en medio de toda la jarana. Alessandra, al contrario de ella, siempre había sido el alma en las fiestas de la escuela y siempre las organizaba de las más grandes.
- Me alegra mucho que hayas podido huir unos minutos de la fiesta de tu familia para poder verme –esa ronca voz era inconfundible.
Mariana se acerco a paso lento para ver lo que ocultaba la enorme pared de pasto pero un pequeño agujero pudo evitar que se acercara y fuera descubierta. Miró por el espacio y pudo contemplar a Alessandra en brazos de Antón Rossi, capitán de basquetbol de la escuela.
Se preguntaba que estaba pasando, nadie se había dado cuenta en la escuela y ahora…ahora que veía a Antón devorar los labios de Alessandra, ella era espectadora en primera fila. Su corazón se detuvo con dolor y sin darse cuenta una lágrima corrió a través de su mejilla.
Sorprendida se toco la cara y al ver la salina gota de agua una enorme confusión se apoderó de ella. Alessandra. Solo podía ser por ella. Porque Antón no era de su agrado.
- Claro que sí. No iba a poder dejarte de ver. Sabes que te extraño mucho. Estas vacaciones se me hacen interminables, Ale. Ya quiero regresar a la escuela y decirle a todo el mundo que eres mi chica y que nadie más se atreva a acercársete. Te quiero, preciosa, te quiero –y la volvió a besar.
Se volvió por donde vino sin poder detener la catarata de lágrimas que inundaron sus ojos.
- Esto no me puede estar pasando a mí. No, ella…ella es…y yo…y además…me detesta…pero yo…
Ella sabía que podría ser, podría ser porque cada vez que veía a Alessandra era como si el Sol la iluminara, como si la vida la premiara con algo que ella no merecía, como si…
Le gustaba. La quería. Le gustaba verla sonreír, aunque ella nunca hubiera podido arrancarle una sonrisa por su causa. Alessandra parecía haber erigido una enorme muralla entre ellas. Una muralla que ni con todo el cariño ni dulzura propias de su persona había podido derribar.
¿Por qué no la dejaba acercarse?
Y ahora él.
Llegó rápidamente a la habitación que le habían asignado para pasar la noche y cerró la puerta. Respiró profundo y se dirigió hacia la cama. Necesitaba descansar. Pensar.
La mayoría de sus amigas de la escuela ya estaban detrás de alguien y alguna que otra ya se había echado algún enamorado. Todas corrían detrás de los deportistas más destacados de la escuela.
¿Y ella?
No podía negarlo. En las clases de gimnasia y natación. Vóley y tenis. Le llamaban mucho la atención las agraciadas formas de sus compañeras. Era más interesante verlas a ellas, sus delicadas curvas, formas y sonrisas…que ir corriendo detrás de algún musculoso tipo que a su vez corría detrás de un balón, todo sudoroso y haciendo un increíble despliegue de testosterona frente a un montón de jovencitas escandalosas y gritonas que se desvivían por algún gesto de atención.
Su casi secreta pasión por el arte la había llevado a tomar algunos cursos opcionales en la escuela y si bien no se consideraba ningún prodigio, sus profesores le decían que tenia futuro en eso. Lo que nunca habían visto sus maestros eran los perfectos y secretos lienzos que guardaba celosamente en su taller privado en casa.
Lienzos donde la protagonista era una joven alta, espigada, de largos dedos, delicadas manos, cabellos morenos e increíbles ojos azules.
Nadando, corriendo, sonriendo, caminando, tocando su preciado piano y hasta pensando. Lo hermosa que se había visto en su fiesta de dieciséis. Había captado todos esos momentos en su mente, que cual cámara fotográfica había logrado retener esas imágenes hasta lograr plasmarlas en los delicados cuadros y lienzos que desfilaban por su taller.
No le interesaba nadie más, lo sabía. Su único interés radicaba en esa preciosa morena de ojos azules que le robaba el aliento desde hacia tanto tiempo.
¿Admiración? ¿Simpatía? ¿Cariño? ¿Amor? No quería darle nombre, aún no. Casi tenía miedo de decirlo. O pensarlo. Era una chica y ella también. ¡Era su prima!
Si no fueran familia…
Si no fuera a derrumbar la armonía familiar declarando abiertamente sus pensamientos…
Sería un escándalo si algo se llegara a saber.
Su abuela. Casi podía ver la decepción en su mirada. No, no, no podía ser eso. Solo era algo pasajero. Quizás aceptar la atención de Fabricio podría ayudarla. Era el único en el que confiaba.
Pero solo pensar en la cercanía del agradable joven…si no terminaba de agradarle la sola idea, no sabía cómo podría tolerar algo más.
Pensando en ello se quedó dormida.
Al día siguiente la tradicional barbacoa de inicio de año se desarrollaba en los jardines alrededor de la piscina familiar. Alessandra se encontraba aprovechando el fuerte sol que estaba alumbrando el día para broncear su piel. Mientras que Mariana ayudada por unos lentes muy oscuros la contemplaba embelesada desde el otro lado de la alberca.
Debía hablar con ella, tenía que saber. ¿Por qué esa actitud con ella? Si solo había sido amable toda la vida. Habían sido casi siete años de fría indiferencia.
- Hola, ¿cómo estás? –se acerco mostrando una tierna sonrisa y sentándose en el sofá al lado de la morena.
Alessandra no se sorprendió cuando le dirigió la palabra. No era tonta y desde que la vio pararse y dirigirse hacia ella sabía que venían unos minutos algo tensos.
- Tranquila y en paz hasta hace unos…cinco segundos –sin prestarle mayor atención ni mirarla.
- Ale, yo…
- Ya pasó la fiesta de la familia, ya no tenemos que tratarnos con dicha familiaridad, Mariana. Y sabes perfectamente que amigas nunca hemos sido, ¿que quieres? –mirándola fijamente ahora. Sin embargo, ambas eran protegidas por las gafas oscuras.
- Solo quería conversar. Hace tiempo que no…
- Y así he sido feliz créeme –sonriendo con un gesto que traspasó el corazón de la rubia. ¿Y aún así tenía dudas?
- ¿Qué sucedió? –hablando bajo pues empezaba a sentir mucho dolor en el pecho.
- No sé a qué te refieres –intentando ponerse de pie y retirarse.
- Por favor, solo serán cinco minutos –tomando la mano de la morena para evitar su retirada.
- No hay nada de qué hablar –sacudiendo su mano para soltársela.
- Por favor –con una voz cargada de súplica.
- Cómo quieras, pero habla rápido –sentándose una vez más pero sin mirar a su prima.
- Esto no era así. Solíamos llevarnos bien. Es decir, no éramos las mejores primas del mundo pero…pero no era así. Solíamos salir a pasear al parque con nuestras madres y divertirnos como lo hacen la mayoría de primos. En la escuela siempre conversábamos y me ayudabas con los cursos muy complicados.
- ¿Eso quieres? ¿Ayuda con la escuela? Dile a mis tíos que te contraten un tutor, yo no…
- No, no por favor. No me refiero a eso. Solo que de repente un día me quitaste el habla, el saludo. Es como si mi presencia desde hace siete años ya no la toleraras y no me gusta estar así. Por eso quería hablar contigo…Ale yo…yo…te extraño tanto –diciendo lo último casi en un susurro apenas audible.
- Mariana esta será la única vez que te lo diga y por favor pon atención a mis palabras –sentándose frente a Mariana y quitándose las gafas para mirarla directamente a los ojos con la mejor de sus gélidas miradas–. No quiero volver a tener ningún tipo de trato contigo, no te quiero cerca de mí y mucho menos tener alguna familiaridad contigo. Sabes que de haber podido no habría elegido ser familia contigo. Pero no podría renunciar a mi familia solo por ti. Así que por favor, solo mantén las distancias y de esa forma llevaremos la fiesta en paz. Simplemente no te quiero cerca de mí. Y si me disculpas, primita, mi novio me está esperando –al ver el sobresalto en Mariana comprendió que no se lo había imaginado, sino que anoche si la había seguido–. Si, viste bien, y cuidado con andar divulgándolo. Permiso.
Y la orgullosa morena se retiró repartiendo besos y abrazos de despedida a todos sus tíos y primos. Mientras Mariana sostenía la mano en el corazón, que amenazaba con estallarle de dolor en el pecho. Había confirmado todas y cada una de sus sospechas. Las lágrimas que caían como torrentes por su rostro se lo demostraban.
Siempre había visto a Alessandra como algo grande. Lo más hermoso que hubiera existido jamás. Sus ojos, su mirada, su porte y su inteligencia. Aún recordaba su cálido abrazo aquella vez que se hirió una rodilla en el jardín de infancia. Sus tiernos brazos y la calidez del gesto. Y lo que menos podía olvidar era su pequeño corazón saltándose un latido y un suspiro de alivio al sentir disminuir el dolor.
¿Qué habría podido hacer para disgustar tanto a su prima?
¿Qué había pasado?
¿Qué había hecho?
Con esas preguntas taladrándole el corazón se dirigió hacia la casa sigilosamente. Se le avecinaba un terrible dolor de cabeza. Agradecía mentalmente a Dios, haberse negado a salir con Fabricio, no tenía ni ánimos, ni fuerzas para soportar las atenciones del muchacho.
Continuará...

6 comentarios:
wow! realmente me encanta como escribes, la historia de amarte asi ya la he leido completa mas de 2 veces y esta nueva tiene buen inicio, te seguire hasta que la termines!
esta genial!!! definitivamente escribes de una forma que atrapa desde el inicio, espero leer pronto el siguiente capitulo
esto es genial felicidades
ME GUSTA MUCHO EN LA FORMA QUE ESBRIBES
GRACIAS POR COMPARTIR TUS HISTORIAS.
wow encerio uff me dejastes sin palabras, esta historia inicio genial, espero q no te demores mucho en la continuacion ... katty sanz
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